Archivo de mayo, 2013

23

may

2013

Lo que hoy envidio de Santa Fe

Soy hincha de Nacional hasta la médula pero ante todo me gusta disfrutar de todo lo que involucra un buen equipo de fútbol. Así como uno ve cosas de su equipo que no tienen otros, me parece sano y provechoso, hasta nostálgico, ver en otros equipos cosas que alguna vez tuvo el de uno. Eso me pasa con Independiente Santa Fe. Lo veo hoy y me trae recuerdos de algunos equipos que tuvo Nacional y que vivieron épocas doradas. Épocas que a pesar de estar clasificados y con buenos números, están distantes…

Nunca he sentido animadversión por Santa Fe. Siempre me ha parecido un equipo digno y  leal, con una hinchada que ha construido parte de su historia con base en el sufrir. Más de tres décadas sin títulos duelen pero al mismo tiempo forjan y en los rojos de Bogotá eso se llevó con altivez.

Mi equipo, Atlético Nacional, dirigido por Juan Carlos Osorio, está clasificado a los cuadrangulares, tiene unos números que denotan un buen rendimiento pero no me llena, no me hace feliz, no colma mi retina y me deja siempre con un vacío. Es como luchar por tener a Maria Sharapova de novia y descubrir que es bruta, mala persona y pésima en la cama. Es ver que el empaque es muy lindo pero en el fondo no hay nada. Es ver que hay todos los insumos pero son mal aprovechados. Es ver que se deja de lado una historia y una filosofía en aras del resultado. Es ver que prima el QUÉ, por encima del CÓMO. Eso veo en mi equipo…

Por eso envidio lo que hoy es Santa Fe. Para empezar desearía tener a tres de sus jugadores en las filas verdolagas. El primero de ellos es Ómar Pérez. Cerebral, preciso, de fútbol elegante, contagia positivismo, líder total, un jugador que pone a jugar a los que sean mediocres. Un tipo honesto. Este sí es un ídolo. Envidio no tener en Nacional a Ómar Pérez.

El segundo es Wilder Medina. Desechado en alguna etapa de su vida por Nacional. Letal en el área, una culebra, escurridizo y definidor. A veces me lo imagino al lado de Jefferson “La Fiera” Duque ¡Menudo banquete se darían este par de hambrientos del gol! Pero no, Wilder es cardenal. Envidio no tener en Nacional a Wilder Medina.

El tercero sería el arquero Camilo Vargas. Me gusta su estilo forjado en las inferiores de su club. Le admiro su sentido de pertenencia. Con errores y todo, me parece una garantía, un símbolo camino a seguir la huella de Mina Camacho en la historia del Expreso Rojo.

Pero mi envidia a Santa Fe va más allá. Envidio su estilo de juego, la idea de tener la pelota al piso, de manejar una dinámica que va al son del 10, del calvo del que hablé antes. Me gusta la transición de defensa a ataque con diferentes ritmos: Santa Fe juega en segunda, pasa a cuarta, baja a tercera, todo con la posesión del balón, todo con el respeto por la pelota. Veo en ellos una idea, no veo rotaciones sin ton ni son, no veo improvisación, veo trabajo, proceso. Eso llena la retina…

Al técnico Wilson Gutiérrez también se los envidio. Me gusta que sea un tipo que salió de la nada, que soportó los juzgamientos, que en silencio montó esta estructura, fue campeón y no ha perdido ni su esencia ni lo más importante: la humildad. Gutiérrez habla sin complicaciones, no busca ser el protagonista, no busca enredar, no demuestra que sabe a punta de sobreactuaciones con “libretas” o términos extraños, no, el demuestra lo que sabe con lo hace su equipo.

Pero hay algo más importante que lo futbolístico que envidio en Santa Fe. Este es un equipo con mística, con unión, con valores. En Santa Fe priman más las personas que el dinero. Sobra decir que lo que hicieron y hacen con Wilder Medina  es un ejemplo de ello. Todo el mundo le dio la espalda a Medina y el cardenal tuvo la humildad de apostar por él. Eso me demuestra un estilo de pensamiento distinto sustentado en lo humano por encima de cualquier cosa.

Veo a Santa Fe y recuerdo a Nacional del 81, del 89, del 91, del 94 e incluso del 2005 y 2007. Veo jugadores alegres, humildad (no me canso de repetir esta palabra), ideas claras, unión, comunión: veo un equipo.

Felicito a mis buenos amigos hinchas de Santa Fe, hoy, lo tienen todo para escribir grandeza. Mi envidia es sana y obliga a mirar con nostalgia la realidad de mi amado Nacional. Una realidad que me indica que no todo en un hincha son resultados: el corazón, el gusto y la retina también necesitan llenarse.

*Este texto también aparece publicado en www.blogverdolaga.com

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