Archivo de septiembre, 2012

28

sep

2012

Asunto Pezzuti

Defender ídolos es complicado, fácil es destruirlos. Ídolo es una palabra muy grande que conlleva muchas responsabilidades. En Nacional pasa un fenómeno curioso que se da por el cambio generacional: el concepto de ídolo se volvió difuso y ese puede ser un buen tema para otro post. Hoy el tema será Gastón Pezzuti, para mí, el último ídolo que ha tenido el cuadro verdolaga.

Recuerdo cuando llegó. Vi las imágenes de su presentación en el estadio Atanasio Girardot. La cosa no fue multitudinaria. Pezzuti llegó mechudo, con gesto de timidez, sin hablar mayor cosa, sin mayores pergaminos. Incluso muchos, me incluyo, acudimos a Google para saber quién era el nuevo arquero extranjero que había traído el equipo.

No la tuvo fácil el ex Racing de Avellaneda. Basta con decir que si en Nacional no la tiene fácil alguien de Bogotá, Barranquilla y otras regiones, menos aún la iba a tener fácil un arquero que llegaba sin cartel al arco que tuvo como dueño a hombres como David Ospina, Miguel Calero, René Higuita, Lorenzo Carrabs y Raúl Navarro.

Con bajo perfil empezó a trabajar Pezzuti. Atajaba poco, cuando lo hacía había indiferencia de la tribuna, las mujeres lo empezaban a referenciar por “pintoso” y así, sin sobresalir, pasó el tiempo. Un día cambió de “look”. Nacional se debatía en una de sus épocas oscuras de malos resultados, fútbol pobre y ambientes enrarecidos por divisiones dentro del grupo de jugadores. De buena fuente sé que el “sindicato” de la época que lideraba Humbertico Mendoza apartó a los argentinos. Le hacían mal ambiente a Maggiolo, no le hablaban a Pezzuti, pero el guardameta mantuvo su profesionalismo, siguió trabajando y fue profesional.

Llegó la escoba de Santiago Escobar y barrió con todo. Pezzuti sobrevivió. Nacional empezó el torneo bien, llegaron los incidentes, el bajón, la sanción, el equipo mendigando dónde jugar. Rabia, amor propio y las heridas mutaron hacia un Nacional que empezó a eliminar rivales en la fase del “mata-mata” que tenía el torneo colombiano. Palomino, Ibarbo, Macnelly: nombres que sobresalían en ese equipo. Pero en el arco estaba el sostén de todo. Estaba Gastón Pezzuti. Nacional no era un derroche de buen fútbol, menos aún una sólida muralla defensiva (¡estaban Giraldo y Aguilar!), al equipo le llegaban por todo lado y ahí apareció el argentino. Era figura partido tras partido sacando balones imposibles, ganando mano a manos, impulsando al equipo desde el arco. Se acuñó la frase: “Ahí tenemos a Gastón, menos mal…”

Llegó la final y tapó lo que dio el título. Quedará en la historia verdolaga y quedará en la historia del fútbol colombiano: la estrella 11 del club Atlético Nacional se estructuró bajo la figura de su arquero, el señor Gastón Pezzuti. Eso lo hace ÍDOLO.

La hinchada lo vio así: cántico para él, trapo en la barra Los del Sur y a partir de ese momento se desató la “Pezzutimanía”.

De nuevo el nubarrón se posó en Nacional: eliminación de los cuadrangulares, la novela de la Libertadores y de nuevo eliminación del primer torneo local de 2012… Pezzuti con altas y bajas, humano es. Poco a poco se empezó a evidenciar un desprecio de un sector minoritario del estadio liderados por “periodistas vendepauta”, borregos futboleros sin criterio, imberbes del fútbol divorciados del conocimiento y pegados al insulto. Pero no hay que olvidar que en el fútbol, del amor al odio, hay una jugada de distancia.

Lesión, recuperación y errores. Parte del hecho de forjarse como ídolo está en eso, en ser grande en la época dura, la difícil, la que duele, y ser humilde en la del éxito, la de los gozosos. Gastón Pezzuti lo ha hecho. Es una persona que maneja todo con un sentido de familia. Su familia es su razón de ser y dentro de esa familia está Atlético Nacional. Le duele el equipo, aprendió a sentirlo y supo interpretar su filosofía.

Su calidad humana no amerita una sola sílaba de discusión, su calidad profesional tampoco.

Hoy su nivel no es el mejor. La ley del fútbol es clara: juega el que mejor esté. El gran Pezzuti debe ir al banco y hacer lo que mejor nos ha demostrado: trabajar para volver a ser el mejor. Lo hará, le enseñará a Bonilla, lo guiará y con humildad se sentará en el banco a aportar. Él ha demostrado que es así.

Para mí es ídolo de Nacional, me rehúso a insultarlo. Insultarlo es el camino fácil… Gastón Pezzuti es ídolo verdolaga, eso se gana con sudor, sangre, honestidad, victorias y derrotas. Él lo hizo.


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17

sep

2012

La primera vez verdolaga

Hay cosas en la vida que quedan por siempre en la memoria. El primer amor, el primer desamor, el primer concierto o un logro académico. Son muchas situaciones pero pocas calan tanto en la memoria de una persona como la primera vez en la que uno ve en vivo y en directo, en un estadio de fútbol, al equipo del que uno es hincha. La situación cobra el doble de valor sentimental cuando quien lo lleva a uno es el padre o la madre.

Me pasó con mi hija de 13 años. No había querido llevarla antes, o era muy pequeña para ir a fútbol o a veces no veía un partido con un ambiente ideal en seguridad o en el estado coyuntural del nivel de Atlético Nacional. El juego contra el Quindío, un rival inferior en nómina, más el ascenso del equipo verde, me hicieron tomar la decisión de darle el debut a mi hija como espectadora en el estadio Atanasio Girardot.

Camiseta de Nacional, sombrilla blanca con el escudo del equipo y cojín oficial de la Tienda Verde, íbamos completamente equipados. Entramos al estadio y fue curioso ver la cara de asombro de mi hija al pasar los filtros de requisa de la Policía. Subimos a la tribunal de oriental, la asistencia de 12 mil espectadores no ofrecía una gran espectáculo en las tribunas pero el ímpetu de siempre de Los del Sur y el aniversario número 13 de la barra Prado Verde, ayudó a romper la monotonía.

Pero en la cara de mi hija todo reflejaba novedad. Se le iluminó el rostro con la salida del equipo, se le erizó la piel al ver a su ídolo Gastón Pezzuti y su primer grito dentro de un estadio fue en el epílogo del himno antioqueño con el inconfundible: “¡Oh Libertad, Oh Nacional!”

Al minuto 37 del primer tiempo vivimos la parte más dulce de este episodio: gol de Nacional anotado por Fernando Uribe. Queda en el registro histórico como el primer gol verdolaga que canta mi hija en el Atanasio Girardot abrazada a mí, su padre…

Luego se viene la parte agria. El capítulo que corresponde a un equipo enredado, difuso desde que nacen las decisiones en el cuerpo técnico, errático en su planteamiento, en sus cambios y en la percepción del estado del partido. Jugadores con exceso de confianza y con falta de amor por la camiseta. Un espectáculo pobre desde todo punto de vista, incluso desde la visión de mi hija de 13 años.

Al final, otra escena lánguida de este Nacional que se acostumbró a ceder puntos en casa y a dejar a sus seguidores con esa cara de melancolía que remite a equipos de antaño que siempre hicieron del Atanasio un fortín sagrado.

Mi hija salió contenta. Vio a su equipo por primera vez, vivió el ambiente de un estadio y la magia indescriptible que lo rodea. Yo le dije que no siempre el equipo verde jugaba así de mal, ella me interrumpió y me dijo: “Tranquilo papi, hay que estar en las buenas y en las malas con Nacional”. Ahí entendí el por qué los hinchas de Atlético Nacional siempre decimos con orgullo: ¡Soy del verde, soy feliz!

 

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10

sep

2012

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