20

may

2016

JUNTOS: LOS JUGADORES Y LA HINCHADA

El partido del 19 de mayo de 2016 quedará en la historia del club Atlético Nacional. Para los que tuvimos la fortuna de vivirlo en las graderías del estadio Atanasio Girardot, lo que se vio y se sintió fue algo orgásmico. Un sube y baja emocional que solo este equipo amado ofrece a través de un bello deporte como es el fútbol. Me devané las neuronas durante esta mañana tratando de encontrar un partido que supere lo que se dio ante Rosario y, a pesar de tener mil gestas épicas en la historia, no recuerdo haber visto algo como lo que sacudió a la hinchada verdolaga en el juego ante los rosarinos.

No busquemos un análisis táctico, acá la única táctica fue la de siempre buscar el arco del timorato Sosa y tener un equilibrio defensivo. No es necesario irnos a análisis rebuscados, nada, la cosa fue simple: Nacional siempre tuvo la iniciativa, siempre buscó demoler al rival, lo hizo por el centro, por las bandas, por arriba y por abajo. Y, las pocas veces que la visita inquietó (tengo en mi cabeza solo dos remates al arco en todo el partido, el penal no lo cuento, fue una jugada aislada), la defensa controló, y hablar de defensa incluye al gran Franco Armani. El resto un monólogo verde sobre campo canalla.

Lo que hace este partido algo único y orgásmico fue la comunión que se dio entre hinchada y jugadores. Era un ambiente siamés, unidos y pegados a través del corazón y el alma. El adn verdolaga, ese que habla de la berraquera, del honor, del hacer respetar la casa y el colectivo, afloró como nunca.

A pesar del penal tempranero la vocación no decayó ni en la tribuna ni en el gramado. Atlético Nacional fue un solo cuerpo, un puño cerrado que sabía que era más que el rival. Nada fue fácil. El gol de Macnelly fue en la agonía del primer tiempo y desde el punto de vista mental-emocional irse al camerino con un peso responsable de 3 goles era muy distinto a lidiar con uno de 2 anotaciones. Ahí empezó el cimiento para hacer crecer la grandeza y minimizar los ímpetus del rival. Ímpetus que se limitaron a la pérdida de tiempo, a jugadores rosarinos que se caían porque el césped les decía: ¡Hola! Pero de propuesta futbolística, poco. Eso sí, no chillo, lo que hicieron es parte de este deporte, es sacar ventaja del tiempo, eso lo hemos hecho todos lo que alguna vez pateamos un balón.

Y la hinchada gritaba, saltaba y el equipo seguía adelante siempre mirando a Sosa bajo esos tres palos, siempre con el radar ahí, siempre con la posesión del balón como arma de sometimiento absoluto. Y así llegó el segundo, y así el equipo siguió, siguió, siguió pero el tiempo corría más rápido.

Y llegó una aproximación de Rosario y apareció Armani con su grandeza. Fue una sacada de campeonato, de equipo grande con arquero inmenso. No sé si eso ayudó o si eso marcó una alteración fuerte en el electrocardiograma de los jugadores, en la tribuna sí lo hizo. La cosa no estaba de infarto, qué va, la situación estaba de muerte…

Y si usted habla de suerte en el tercer gol de Nacional, usted no ha jugado o entendido este deporte. La diagonal descontando rivales de Ibargüen no es suerte, la gambeta a su último marcador para enviar el centro no es suerte, el cabezazo para bajar el balón de Alexis Henríquez no es suerte, y la intuición y definición de Orlando Berrío no es suerte. No amigos, es vocación ofensiva, es talento puro, es amor propio. Repito: ni es suerte, ni eso lo compró Postobón o los que quieran al son de llanto…

Para definir lo que se sintió en la hinchada necesitaría 44 mil adjetivos en el Atanasio y más de 10 millones de los mismos para el país. Me remitiré a lo que viví: llanto. Llanto puro, llanto de agradecimiento, de felicidad, de éxtasis, de desahogo, furia, alegría, orgasmo total. Levanté mi cara en medio de abrazos y vi muchos llantos verdolagas. El gol se sintió en el alma y se expresó con la médula.

Ya vino la pelea, la provocación y el show maluco. Jamás será un buen espectáculo pero no hay que ser más papistas que el Papa. La moral se prostituye tan fácil que cada uno la vuelve maleable a su antojo. “Hay que saber perder y hay que saber ganar”, sí, muy lindo y todo, y el agua moja y si no te limpias te ensucias. Esto es fútbol, no Barbies y, como lo puse en un trino: “¡Negro de mierda! Te lo dicen 90 minutos, al final, el negro te la hace ver negra, pierdes y te lo cantan en la cara. A llorar a Arroyito…” Te provocan, provocas, sí, hay que controlarse pero a veces no siempre está la Urbanidad de Carreño para solucionar tus líos en un campo de fútbol. Repito: más papistas que el mismo Papa.

Por último, otro aspecto histórico fue lo de Alexánder Mejía. Jamás había visto una hinchada respaldar y cobijar así a un jugador cuando lo tratan de agredir. Fue otro momento mágico, fue la representación literal y gráfica del: “Juntos, los jugadores y la hinchada”.

En dos meses es la semifinal, por ahora disfrutemos lo vivido, el partido épico. Luego nos preocupamos por saber si van a desmantelar el equipo y cómo vamos a enfrentar a Sao Paulo.

Jamás olvidaremos lo del 19 de mayo de 2016, juntos: hinchada y jugadores, fuimos Atlético Nacional. Fuimos la templanza y la grandeza de este suelo. Hoy, con toda el alma lo tenemos que gritar: “¡Somos del Verde, somos orgullosamente felices!”

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04

may

2016

GLOBO PENOSO

Ok, el arbitraje fue un desastre. El venezolano se puso una estrella en el pecho y se creyó el cuento de ser el sherrif dictador. Pechó, insultó y se equivocó. Dentro del marco del insultar me cuesta creer que un tipo que es más venezolano que una hallaca le diga a un jugador de Huracán: “Cerrá el orto cagón”. Cónchale vale, en serio me cuesta creerlo. Pero bueno, el tipo se equivocó, manejó mal el partido de cabo a rabo y eso causó el desmadre. Ya que esto haya causado la derrota de Huracán, lo dudo. Ya que eso denote que el equipo argentino merecía clasificar, lo dudo más. O, peor aún, como si fuera una escena de Dick Tracy, que eso indique que en una oficina oscura, bajo el disfraz de una gabardina, gafas oscuras y sombrero, el presidente de Nacional, el presidente de la Conmebol y Ardila Lulle hayan definido la compra del partido y le hayan pasado un maletín al árbitro veneco, la verdad, lo ultra dudo. Pero tristemente estamos en una era del fútbol en la que todo es robar: él robó, ellos roban, todo lo de ellos es robado pero pocas veces vemos un: yo robo. Y ese robar se mezcla con el llorar y la lloradera es insufrible. Con Nacional todos lloran. Para los otros, en su gran mayoría, todo es robado. Por eso es un alegato insufrible, mamón, tedioso ante tímpanos tercos e incultos que no ven más allá del odio regional o la simple envidia.

Ante eso, opino esto sobre el juego ante Huracán:

El penal es penal. En el área no es necesario amputarle un brazo al rival, darle 4 puñaladas, pegarle 3 tiros o dejarlo sin hígado para que se pite un penal. Al Lobito Guerra lo trabaron en el área y lo desestabilizaron ¿Fue sutil? Ok, pero fue. Y fue penal.

La expulsión de Mancinelli. Ok, no era. Pero los que estábamos en el estadio vimos que dos jugadas previas, el calvo agredió a Moreno. Ya lo tenía entre ceja y ceja y en ese roce Marlos vio que le iba a meter un codazo, ganó de viveza y cayó el juez. Ya el línea también lo había advertido.

El gol de Ábila: una pintura, un monumento al gesto técnico. Golazo por donde se le mire ¿Qué fue en fuera de lugar? No caigo en la lloradera, me quedo en el golazo espectacular. Es un gol que nace del cántico del óle de un sector de la tribuna que no ha podido entender este deporte ¿Cantar el óle al minuto 30 del segundo tiempo? ¡No jodan, sigan jugando FIFA 2016! Óle,óle óle y tomen su golazo de Ábila ¡Aún va mucho zurrón a la tribuna…!

¿Fue Huracán un equipo superior a Nacional? Los números dicen que de cuatro enfrentamientos Nacional ganó dos y dos quedaron en empates. Fue un equipo inferior al que el mismo Nacional dejó que le enredara la vida con un juego práctico. En eso el equipo verde debe mejorar toneladas, con menos fútbol, a punta de planteamiento y actitud, Huracán lo puso a parir.

Nacional ha bajado el nivel, eso es claro pero sigue teniendo picos altos. Creo que Alexis Henríquez debe estar en Libertadores. Ahí se necesita un tipo de recorrido, un capo, un grandote que infunda respeto, que dé línea atrás y que tiene una salida limpia con su pierna zurda. Jugadores con la piel con cicatrices son necesarios en la Libertadores. Veteranos que saben pelear estas guerras.

La zona media tiene sostén con Pérez y Mejía. Sebastián debe calmarse. Ya nadie le puede hablar porque estalla, se ha vuelto muy bravero, debe bajarle. En este deporte es muy fácil que un día te quiera contratar Barcelona, creas estar en Cataluña y termines en Guayaquil. Humildad y calma Sebastián. El camino es largo.

En la zona de ataque seguimos esperando que Ibarbo marque diferencia. Desde que llegó ha tenido destellos, pero no constantes. Gana salario europeo, por obligación tiene que marcar diferencia y no lo ha hecho. Contra Millonarios se hizo expulsar tontamente y ante Huracán la misma tontería ya lo estaba abrazando. Un gran jugador eso sí, pero debe dar más.

Ibarguen entra en la lista de los destacados. Hizo y deshizo, tenía locos a los jugadores del Globo, especialmente al barbudito insufrible ese que no sabe de juego limpio. Gran partido jugó el ex Tolima.

El caso Marlos Moreno es una especie de Space Jam mezclando con el diván de Freud. Pero la hinchada debe seguir al lado del buen Marlos, tener paciencia, ya todo volverá en él. Mientras tanto, Orlando no fue Berrío, fue Usain Bold, su ingreso al campo de juego fue clave. Literalmente: se tragó la cancha. Corrió, corrió como Forrest Gump y fue fundamental. Gestó un cuarto gol de ensueño. Figurón, el odiado por muchos.

No hay un ciudadano venezolano más digno que haya vestido la camiseta verdolaga. Ni Rojas, menos aún Rey, no, no hay otro como Alejandro Guerra. Crack en todo el sentido de la palabra.

Leo que este Nacional no va bien, que le llegan, que le hicieron dos goles…Si señores, no es el torneo del Dorado en Envigado, es la Libertadores y acabamos de despachar a un equipo insufrible, tedioso y que, por si no lo recuerdan, fue finalista de la última Copa Suramericana (pequeño logro ¿no?).

¿Mucho por mejorar? Sí ¿Hay con qué mejorar? Sí ¿Seguimos en carrera? Absolutamente. Y ese factor, por la gloria eterna de San Franco Armani, es lo que importa y es lo que tiene llorando a los que nos odian y envidian.

¿Hablar de lo que hicieron los jugadores de Huracán al final del partido? Vean las fotos, los vídeos y todo lleva a una definición: Globo Penoso. El resto, es el llanto, esa lloradera de los que consideran que todo es robado, es el análisis de los “juega parqués”, es la mediocridad.

Seguimos adelante, este equipo va paso a paso ¡Soy del Verde, soy Feliz!

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01

abr

2016

Golpe de humildad

Las derrotas en el fútbol como el despecho en el amor, deben durar poco, así sea de dientes para afuera. Es fútbol, el sol siempre sale y la frente siempre debe estar altiva, apuntando al horizonte.

La victoria de Millonarios fue clara, diáfana y merecida. Hasta el minuto 56 el partido fue parejo, con opciones en ambas áreas pero siempre me quedó la sensación de ver a un Nacional tipo Muhammad Alí. Y no lo digo por ser el boxeador, libra por libra, más grande que ha visto la humanidad. No, Alí tenía unas fases de soberbia en las que dejaba que el rival le atizara golpes. Alí le daba la iniciativa a su retador, le entregaba la opción del puño, lo desgastaba y luego lo remataba. La diferencia es que siempre percibí que Nacional le dio muchas largas y confianza a Millonarios, y nunca lo remató. Y el azul, con un planteamiento inteligente y una dosis impresionante de actitud y sacrificio, pasó por encima de Nacional y lo noqueó.

En el fútbol perdono que me pasen por encima a nivel táctico (Millonarios ayer lo hizo) pero hay algo que causa urticaria con asma: que a uno le pasen por encima a punta de actitud. Millonarios avasalló en actitud a Nacional. Salvo Franco Armani, en la nómina de Nacional no se salva ninguno a nivel futbolístico y, peor aún, repito, a nivel de actitud y entrega.

Nacional quiso ganar de escudo, y ese escudo, que es sagrado y se respeta, lo irrespetaron los mismos jugadores. Mientras que el 10 de Millonarios era un derroche de entrega, planchazos (de ahí nace el segundo gol), pedir el balón, asumir las riendas del equipo. El 10 verde buscaba su “magia sublime estratosférica” en el sombrero, sombrero de mago que tampoco encontró (ese vicio de endiosar y endiosar y denigrar y denigrar, ambas igual de nocivas). Y es solo un ejemplo. Todos en el azul corrieron, metieron, sintieron la camiseta. En el verde, repito, solo Franco Armani. Y no me quedaré en nombres: no se salva nadie más.

El punto es que hoy el sol volvió a salir. Uno hace digestión de la rabia, de la frustración, masca la derrota y debe escupirla. Bien lo ha dicho el profesor Rueda: “Cuando ganamos no somos el “dream Team”, cuando perdemos no somos un desastre”. Como suele suceder bajo el razonamiento tuitero, hay gente que pide  que se vayan todos, que Rueda es un burro, que ya estamos para arder en una caldera del averno. Pero no. Este equipo ha mostrado cosas muy buenas, bellas por demás, con un fútbol que llena la retina. Seguimos en Libertadores, seguimos en el torneo local, seguimos con una nómina de lujo, seguimos siendo muy grandes.

Fue una noche fatal. No para el olvido. Millonarios nos ganó muy bien, nos dio una cachetada que hay que recibir con humildad. A veces nos sobra fútbol pero nos falta humildad. Esas enseñanzas no se deben olvidar.

Gran partido del azul. Felicito de corazón a sus hinchas,especialmente a mi hermano y a todos los amigos que son embajadores. Como hincha verde debo crecer en la derrota ¡Soy del Verde, Soy Feliz, siempre!

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11

mar

2016

MI PADRE, UN ROLLING STONE

NOTA: Les pido excusas, sé que es un blog de fútbol, un blog verdolaga, pero lo vivido en el concierto de los Rolling Stones me lleva a escribir sobre rock en este espacio. Espero me sepan comprender. Gracias.

Él no paró de brincar. Yo que tenía estrés por su salud, que estaba pendiente todo el tiempo de su bienestar, quedé atónito. Desde el primer acorde del maestro Keith Richards en Jumpin’ Jack Flash, canción que de forma inusual abrió el concierto, fue como si algo hubiera penetrado su alma, fue como si un hidratante o un energizante mágico le hubiera regado sus órganos. Su rostro cambió, ya no eran sesenta y pico de años los que tenía. No, ahora tenía 20, 30, de nuevo estaba en la comuna Villahermosa de Medellín tratando de crear su propia banda: “Los Speddies del Twist”. Luchaba de nuevo por poder oír la última canción de Elvis, de los Beatles y, como no, de los Rolling Stones. Allá, en medio de los tangos, los boleros, las rancheras y los vallenatos, géneros que también conoce a la perfección y le apasionan, mi padre se hizo rockero.

Luego tuvo la fortuna de vivir en Bélgica. Allá empezó a gozar con Bob Dylan, Cat Stevens, The Yardbirds, Queen, Eric Clapton, Led Zeppelin y Black Sabbath, entre otros. Pero fue allá en tierra europea, a mediados de la década del setenta, cuando yo era un niño que balbuceaba el francés, que mi padre y los Stones se vieron por primera vez en un concierto. Ellos con treinta inviernos y él con veintitantos. El amor creció y yo crecí con anécdotas, libros, cuadros y discos de Jagger y compañía. Ahí también creció mi amor y se incrustó muy dentro de mi sistema el adn del rockero, el adn de una cultura única, el adn de ser feliz.

Y ahí estábamos en el estadio El Campín, sus tres hijos y él compartiendo nuestro primer concierto de rock, juntos. Logramos gambetear la fila, la lluvia, logramos acomodarnos a tiempo en unos excelentes puestos. Él vio la tienda oficial de productos de los Stones y no dudó en comprarse una gorra, no dudó en ponérsela. Estaba vestido con una gran chaqueta y encima de la gorra stoneana se puso la capucha. Yo lo miraba y pensaba: “¡Qué pinta de rockero tiene! ¡Qué bello se ve!”

Fluyó el concierto con himnos como Wild horses, Before They Make Me Run, Gimme Shelter, Sympathy for the Devil, Start Me Up y Brown Sugar, entre otras perlas maravillosas, y él no se sentó. No paró de mover sus brazos, no paró de aplaudir, no paró de tararear, de cantar, de comentarnos cosas, sus ojos estaban pletóricos, brillantes, embrujados por los riffs enloquecedores de Wood y Richards, por, como bien él lo describió: “La entereza y decencia de Charlie Watts”, por Mick Jagger y todo su él, por todo lo que este genio del rock, este “frontman extraterrestre”, ofrece en una tarima.

Mi padre, con un cáncer al que derrota cada día desde hace 17 años, con más de 60 cirugías de todo tipo encima, con las secuelas que todo esto le deja y le ocasiona, mi padre todos los días madruga a trabajar, va al gimnasio, hace su vida normal. Pero gracias a lo vivido en el concierto de los Stones, amigos lectores, la cosa pasó a mayores: quedé lelo.

Más allá del concierto absolutamente espectacular que se vivió. Más allá de ver a un Juanes que recordó sus buenos pasos, sus pasos de rockero (queda perdonado por todos los discos malos), más allá de las palabras de Jagger, del blues orgásmico que nace de Keith Richards, del coro de mi universidad Javeriana, más allá de todo lo maravilloso, ayer entendí que es ser un Rolling Stone.

Corroboré que la vida hay que vivirla plena, sin prejuicio, con respeto, encaminada hacia el gusto que lleva a la felicidad. Que mil cervezas no son graves si fueron tuyas y te hicieron feliz, que mil acordes de guitarra y mil redoblantes en la batería no son pocos. Que hacer lo que te gusta no lo paga el mejor de los sueldos. Que los que te imponen cosas son los mediocres que necesitan imponer, que si uno impone y hace feliz a otros no es imponer, es compartir. Que mover la cadera con setenta y pico de años como hace Jagger no me da derecho moral para quejarme como una nenita por el dolor de mis rodillas a mis cuarentas. Que lo mejor para una tusa es ser feliz con el rock. Que no hay nada mejor que ver a una bella mujer rockeando. Que la vida debe sustentarse en llegar a la vejez con la capacidad para rockear, no para estar lleno de achaques. Que en la vida hay que tener pasiones, sueños y se deben hacer realidad. Que cada minuto debe sustentarse en el amor y, repito, en ser feliz.

Siempre que me ven con mi padre nos dicen: “Juan Guillermo, su hijo es más alto que usted”. A lo que él responde con cierto sarcasmo: “Sí, él es el alto pero yo soy el grande”. No es una respuesta soberbia, no, es una verdad a pulso que me llena de orgullo. No en vano, él, con el rock fluyendo en la sangre, no paró de saltar y gozar.

No importa nada más, solo ser feliz. Por eso mi padre es un Rolling Stone, por eso yo voy en camino de serlo ¡Qué concierto sublime!

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02

mar

2016

Tic-tac, tic-tac,tic-tac, juega Nacional

Tic-tac,tic-tac,tic-tac… Te la doy a ti, me la das a mi, se la devuelvo a él, él se la da al otro, vamos adelante, no, también vamos atrás, la ponemos a un lado, la cambiamos de frente, la movemos, la movemos, la acariciamos, la manejamos con velocidad, metemos cuarta a 160 kilómetros por hora, no, decidimos bajar los cambios y pasar a 60 kilómetros por hora, no hay espacio, hay que encontrarlo. Tic-tac,tic-tac,tic-tac… No se la damos al rival, nos defendemos con ella, hacemos daño con ella, tic-tac, de Armani, a Henríquez, a Sánchez, vamos por izquierda, ok, también está la derecha, salen con Faryd, no hay lío si es con Bocanegra, recibe Álex Mejía, tic-tac, retrocede para Henríquez, entrega a Sebastián Pérez, tic-tac, sigue el toque, recibe el que quiera recibir, abren espacios, tic-tac, el juego va de un lado a otro, es largo, es corto, el ingrediente es tenerla, el menú puede ser con cualquiera, tic-tac, el rival va de un lado a otro, trata de marcar, no encuentra el útil, se abren espacios, recibe Marlos: todo es magia y desequilibrio, recibe Ibarbo: todo es potencia con genialidad, recibe Copete: calla bocas con goles, reciben y recibe y juegan fútbol, es diversión pura, es puro fútbol, tic-tac,tic-tac,tic-tac..

Es Nacional respetando la base absoluta del fútbol: el balón. Jugar con él, para él y demoler un rival a punta de presión, dominación, orden, repliegues, paciencia, cambios de ritmos. Busque cómo se aplica lo correcto en defensa, en fase ofensiva y anda el equipo de Reinaldo Rueda por el camino correcto.

Es la Copa Libertadores, esto es paso a paso, el de ayer fue un lindo paso. Pies sobre la tierra, disfrute cada partido de este equipo, tenga paciencia cuando las cosas no salgan bien, deje de exigir por exigir…Vamos bien, falta camino. Tic-tac,tic-tac,tic-tac, goza el buen fútbol.

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11

dic

2015

El sol vuelve a salir

Nada peor que escribir con la pasión ardiendo, sobretodo cuando se ha perdido. Por eso me gusta esperar hasta que el sol vuelva a salir, porque la realidad es esa con este deporte: al otro día, el sol siempre vuelve a salir. Y eso lo enseñan las canas, los años. Las derrotas duran lo que dura la salida del sol. Al otro día hay espacio para una reflexión más limpia. Y si eso pasa cuando un equipo pierde la Copa del Mundo ¿Cómo no va a pasar cuando un equipo tiene el chance de recomponer, remontar y se mantiene vivo?

Leía ayer reacciones que iban desde el “que se vayan todos”, “fuera Rueda”, “no se salva ninguno”…¿Faltó ir ayer con antorchas a quemar la sede e imolar todo lo que se ha construido? En fin, respeto lo que digan, cada quien que maneje sus neuronas como le de la gana al son de sus calenturas o congelamientos.

El clásico de ayer lo ganó muy bien el Medellín. Desde el minuto cero aplicó un torniquete de presión en todas las zonas, ahogó, ahogó y ahogó a Nacional. Eso se logra a punta de actitud, orden, mantener el equipo corto y un gran despliegue físico. Virtud toda del rival. Por cierto: ante Nacional los equipos también tienen virtudes. Esa san benito de creer que el equipo de uno es infalible ante todo es síntoma de idiotez. A nosotros también nos da gripa.

El rojo lo hizo bien y el verde lo hizo mal. Por momentos Nacional tuvo destellos. Mal que bien, generó tres opciones claras de gol. Pero queda en la retina el fútbol de sometimiento del DIM liderado por un Marrugo que fue tres veces lo que no fue Macnelly y se tragó la cancha.

Pero si de llenar la retina es el tema, si de lírica futbolística se trata, lo de Franco Armani fue una sinfónica de Mozart a la hora de mostrar lo que debe hacer un arquero en su trabajo. Sublime, artístico, eficiente…Se viste de símbolo bajo los tres palos verdolagas en los que se han parado las glorias llamadas: Navarro, Carrabs, Higuita, Calero, Ospina y Pezzuti.

Ya si hablamos de lo que mostró el equipo, la cosa se centra en muy bajos niveles individuales. Un Macnelly Torres sin liderazgo, sin actitud y con el talento huyendo, un Mejía que ya no mete los huevos con los que la tribuna lo identifica y un Murillo errático al que le hacen un daño enorme anunciando su traspaso al Pachuca de México en esta instancia.

Ahora bien ¿Esto ya se cerró? ¿Llamamos a los bomberos para que apaguen el incendio que ocasionamos en la sede? No señores, no hay que tener muchos años y dos dedos de frente para darnos cuenta que esto está más abierto que las partes nobles de una actriz porno. Nacional es un equipo serio, bien parado y que tiene con qué remontar. La lección de ayer queda aprendida: hay que salir a tragarse al rival, hay que mejorar un mil por ciento en la actitud, hay que jugar con mil gónadas, hay que imponer…

Tengo la fe intacta, otro será el análisis si quedamos eliminados pero por ahora seguimos vivos. El domingo hay que convertir el Atanasio en una caldera llena de aliento, de apoyo, de paciencia para trabajar el resultado. Es hora de dejar ese vicio de hundir a Nacional sin piedad cada vez que la cosa está para arriba y complicada. Demostremos de verdad lo que es esta raza antioqueña: una raza que cuando la cuesta o la situación pone más obstáculos, más ganas se sacan para superarla.

Con todo pues, a levantar esa cabeza hinchas verdolagas. Todo está por hacer ¡Vamos Nacional carajo!

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14

oct

2015

Selección sin mimos

La histórica actuación de Colombia en el Mundial fue hace poco más de un año. Repito: fue hace más de 365 días. Eso ya es historia patria, es pasado concluso. El agradecimiento es eterno, sí, totalmente. Pero esto es fútbol. Esto no es Barbie con Kent, el juego de “mamacitas” o un kit de Hello Kitty. Acá el romanticismo tiene cabida cuando merece esa cabida y la realidad indica que hoy no estamos para ternuras. Es fútbol, repito, y para quiénes lo hemos jugado, esto merece crítica respetuosa y un fuerte llamado al orden, casi que con el rejo en la mano a ver si el infractor de faltas recompone su camino. Así que si usted, querido lector, es de los que no permite que le digan nada de Pékerman, Falcao y demás porque los va a amar por siempre pase lo que pase, lo invito a no leer esto. Y lo invito a dejar el fútbol como su deporte. Lo suyo: son las novelas rosa en donde todo es lindo. Esto, acá, es fútbol.

Nada le salió a Colombia, nada le salió a Pékerman, nada le salió a los jugadores, ni al aguatero o al utilero, nada. Todo fue un: DESASTRE. ¿Y al frente? Uruguay en Montevideo. Y recalco lo de Montevideo porque este equipo es una cosa en Islandia y otra muy distinta en la capital de su país. Allá son unas fieras así pongan en el campo su categoría Pony Fútbol (y pensar que acá más de uno pedía una victoria fija de Colombia ante las ausencias de algunas estrellas charrúas. ¡Ay Dios! Ellos en un solo pie son peligrosos). Y fueron fieras y nos clavaron tres y nos dieron un repaso de fútbol con baile incluido.

Pékerman muestra improvisación. Con dos laterales que no son eficientes marcando, Fabra es un buen lateral, flojo como marcador. Arias, en su presente, ni en lo uno ni en lo otro. Los centrales, que al menos mostraban seguridad, ayer fueron la sede de un banco de Soacha: inseguros. En el gol de Godín el uruguayo hizo lo que le dio la gana con Zapata.

En la mitad no hay nada, perdón, sí hay: hay desorden. Sánchez solo recuperando el balón con dos aliados de “peso”: Guarín y Cardona. Rescato a Cardona que al menos le metió ganas y corrió. Pero lo de Guarín es penoso. Tiene más nalga que Celia Cruz, no tiene sacrificio y está pesado.

No son los llamados a marcar. Se debe jugar con un doble cinco con Mejía o Cuéllar, o el que sea que marque de verdad y le de la mano a Sánchez (uno de los pocos que rescato de la hecatombe) ¿Cuadrado? Nada de nada. Ni la sombra, incluso se deja marcar por su propia sombra. Gira en su propio eje, da más vueltas que un mensajero necesitado de dinero y no es efectivo. Bien expulsado, tendrá su tiempo para meditar y preguntarse:¿Dónde está el verdadero Cuadrado, el de antaño?

Los circuitos de ataque no conectan. Llegamos atropellados a tres cuartos de cancha y no se ven paredes, sociedades, se ven ganas, y a punta de ganas, si no hay conceptos ofensivos, todo se queda en sudor insulso.

¿Y los cambios? Ahí si fue un pogo el que armó Pekerman y sus 5, 4,6,7 o no sé cuántos asistentes ¡Macnelly de volante de marca! ¡Falcao a salvar un buque cuando él olvidó qué es un buque (lleva ya muchas oportunidades y seguimos esperando)! Y Castillo (¿Quién es Castillo?) entra a que le saquen amarilla y le hagan un túnel del tamaño del de La Línea, nada más.

Al final, nos golearon, nos repasaron, nos bailaron y todo con justicia. Por el mérito de Uruguay y por el caos nuestro.

Se viene noviembre con Chile y Argentina. Acá yo no pido descabezados ni nada de eso. Pido que rectifiquen, que justifiquen sus millonarios sueldos, que trabajen y que apaguen este caos que viene desde la Copa América.

Hoy, literalmente, no tenemos fútbol. Hay material, lo sabemos de sobra. Entonces: ¡A trabajar! A dejar la soberbia, a oír consejos y a recomponer el camino.

Capítulo aparte para el tema Jackson Martínez: es todo un señor. Un tipo que se aguanta ese manoseo, esa falta de respeto, merece el Nobel de Paz. Tenía que jugar ayer. Otro ejemplo más del caos (y repito de nuevo esta palabra) en el que estamos.

Recuerden: esto es fútbol, no Hello Kitty. No es momento de mimar lo que no merece mimos.

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29

sep

2015

NACIONAL Y LA LÓGICA

Cuatro meses completa Reinaldo Rueda como Director Técnico de Atlético Nacional. Según el estratega vallecaucano, el cuerpo técnico del que también hace parte como asistente técnico el mítico Bernardo Redín, ha dirigido aproximadamente 105 unidades de entrenamiento. Rueda ha sido claro, su objetivo desde que llegó al cuadro verde es el de mantener gran parte del exitoso trabajo de Juan Carlos Osorio y mejorar el potencial que el equipo tiene. Pero sin duda, luego de estos cuatro meses de trabajo, el sello Rueda está presente y la Liga Águila muestra lógica con Nacional como líder. Y no sobra decir que dentro de ese sello a veces luce timorato el DT en varios partidos, pero ahora el presente es de plácemes.

Literalmente, el elenco verdolaga pasó por encima de Boyacá Chicó. Fue una aplanadora verde la que se vio en el gramado del estadio Atanasio Girardot. Al término de los primeros 45 minutos el marcador era 5 por 0. En el segundo tiempo Nacional tuvo cinco opciones claras para aumentar el marcador (dos de Duque, una de Guerra, otra de Pérez y una de Marlos Moreno) y solo concretó una. Entre tanto, Chicó mostró toda su debilidad. No hizo un solo remate al arco. Ni siguiera el del gol, ya que fue autogol…Y Nacional es el menos culpable de lo flojo que fue su rival y cumplió goleándolo sin piedad. Así debía ser.

El punto es que el actual líder de la Liga Águila es líder porque en 13 fechas ha ganado 8 partidos, empatado 3 y tan solo ha perdido 2. Tiene la mejor delantera del torneo con 25 goles y la mejor defensa con tan solo 5 anotaciones en contra. Por donde usted mire a este Nacional, lo ve como el mejor de la actual liga. Tiene un promedio de rendimiento del 69 % y aún tiene un partido aplazado contra Patriotas. Los números lo avalan y ahora lo avala su fútbol.

Nadie duda de la potencia de la nómina del verde paisa. Nacional jugando mal es peligroso, jugando de forma confusa gana, es una cuestión de jerarquía, Nacional pocas veces pierde. Lo que ahora se ve y en eso hay que poner al verde en primer orden para llegar a la gran final, es que ahora el fútbol fluye para bien del equipo.

Nacional se fundamenta en la tenencia de balón, en el cambio de ritmo, en los cambios de frente, en la salida por las bandas (con los laterales y con los aleros en ataque) y en la presión para recuperar la pelota cuando se pierde. A eso súmele la aplicación defensiva. Pero el menú tiene algo más: secuencias largas de pases, a veces son 30 pases sin que le quiten el balón. Y ahí nacen sociedades que han crecido: Chará-Guerra, Sebastián Pérez- Álex Mejía. Y arriba, Duque. “La Fiera” ya contabiliza 12 goles en solo 13 partidos. Con continuidad y sin lesiones rinde que da gusto. A lo anterior hay que sumar los próximos regresos de Copete (ya regresó), Macnelly, Bocanegra y Peralta.

Cuatro meses después, el equipo de Rueda muestra un muy buen fútbol. Ahí está Nacional, siempre candidato al título, pero con lo que mostró ante Chicó y con los números de su campaña, la lógica lo pone de primero en la lista. Ganar el título es una obligación para el verde. Así digan que el fútbol no tiene lógica.

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26

may

2015

EL ADIÓS PARA EL MÁS GANADOR

Recuerdo que el periodista Nicolás Samper me hablaba del nuevo técnico que tenía Millonarios. Me decía que el señor era muy metódico y que le preguntaba en exceso por detalles del fútbol profesional colombiano. Pero ante todo, Nicolás me describía a Juan Carlos Osorio como un tipo decente y muy trabajador.

Recuerdo que llegó al Atlético Nacional un 3 de mayo de 2012. Todo era turbio. Los dueños del equipo acaban de sacar por la puerta de atrás a Santiago Escobar. Nacional había quedado eliminado de la Libertadores tras una inversión millonaria en refuerzos, y el ambiente futbolero de los verdolagas estaba lleno de chismes que hablaban de indisciplina de jugadores, y desunión. Era una “cocina”.

Recuerdo que mi padre me dijo: “El nuevo entrenador de Nacional es un tipo serio. Es honrado y trabajador, hay que creerle”. Recuerdo que por esos días me invitaron al programa del “Fenómeno Verdolaga”, que dirigía Carlos de la Ossa. Entrevistamos a Juan Carlos Osorio. Fue la primera vez que hablé con él. Fue una charla de una hora. Recuerdo que a todos los presentes nos sorprendió su conocimiento frente a la historia del club, su perfil y su hinchada. No se le quedaba un detalle. Recuerdo que empezó barriendo al Junior en la Superliga, luego ganó la Copa Postobón del mismo año, 2012. A pesar de ello, nada qué hacer, Osorio no convencía al 90 por ciento de la hinchada, incluyéndome.

Recordar los primero meses del 2013 me da vergüenza por mi comportamiento. Nacional no funcionaba y yo, a través de mis redes sociales y en la tribuna, fui implacable con Osorio. Pedí su salida, lo insulté, caí en lo bajo de lo bajo del hincha. Así estábamos muchos, iracundos, presos del miedo por lo que mostraba el equipo, por la rotación, por el nivel, por el profe…

Y el equipo llegó a la final. Y el equipo jugó un partido memorable en Bogotá y el equipo fue campeón en El Campín. Y recuerdo que en el televisor vi a Osorio y allí recibí sus primeras lecciones a punta de: paciencia, tolerancia, ver el fútbol de otra forma, aguantar el chaparrón en silencio, trabajar con humildad, celebrar con cautela, otorgar el crédito al equipo de trabajo…Todo ese paquete de enseñanzas llegó con ese título. Osorio aguantó, trabajó y ganó, y al ganar fue humilde. Es el reflejo de la vida: capotear la adversidad, trabajar con ahínco y ganar con humildad. Me dio pena de mí. Yo, que vociferaba a los cuatro vientos saber de este deporte, no sabía y aún no sé nada. El fútbol no es una constante en el sentimiento. No siempre se quiere, no siempre se odia. Si fuera constante sería el deporte más aburrido del mundo. El fútbol es sentimiento, y eso sí que fluctúa de acuerdo a lo que dicta el balón. Empecé a ver a Juan Carlos Osorio como una fuente de enseñanzas a través del deporte que amo.

En la victoria, no en la derrota como hacen muchos para tratar de “salvar los muebles”, Osorio habló de su estilo: de promover la fortaleza del núcleo familiar en sus jugadores, de hablar de una profesionalización al 1000% para el deportista, de ubicar a la institución en los máximos estándares a nivel de logística y de la parte administrativa y, en mi opinión, también darle más nivel al periodismo a través de su relación con los medios. En Nacional, en la era Osorio, el equipo estuvo limpio de chismes sobre indisciplina, sindicatos o líos internos. Y si los hubo, tuvieron un manejo de caballeros, de profesionales. Nada transcendió.

Todo lo anterior, hace parte del trabajo que vi en él, y que está por fuera del rectángulo de entrenamiento.

Pero más allá de eso. Jamás olvidaré el título de liga contra el Cali. Lo viví con mi hija, nunca habíamos visto juntos a Nacional coronarse campeón en el estadio. Lágrimas de felicidad que serán inolvidables para ambos. Cada título para cada hincha tiene recuerdos que son imborrables y se llevan a la tumba. Los invito a eso, a recordar cada felicidad que nos dio este equipo bajo el liderazgo de Juan Carlos Osorio. Cada abrazo con el amigo, el familiar, la esposa. Cada trago que se tomó bañado de felicidad. Cada sonrisa que le vio a su padre, abuelo o tío por culpa de una estrella más. De igual forma hace parte del recuerdo la derrota, la frustración de la eliminación en torneos internacionales, la final contra River que nos puso a vivir otra ilusión continental al máximo nivel de palpitación. No son sentimientos que se viven a diario. Con Osorio vivimos cosas que muchos no viven y mueren sin ellas.

La rotación, tal cambio por otro, mantener a X jugador, plantear el partido de una manera, poner a X en vez de Y cuando ha jugado de Z, todo queda ahí, en el plano del juego. Osorio se equivocó mil veces, Osorio acertó mil veces ¿Esos errores dieron tristeza? Tal vez sí, o no. Pero de algo estoy seguro, sus aciertos dieron alegría total, las vueltas olímpicas, seis en tres años, dan fe de ello.

Dos tertulias sobre fútbol compartí con Juan Carlos Osorio. No lo digo por alardear, no apreciado lector, lo que busco es contarle sobre el ser que conocí. Un hombre con valores, orgulloso de la educación que le dieron en su hogar, que mira hacia atrás y encuentra en el camino de la vida todos los sacrificios que tuvo que hacer para prepararse en el exterior, para abrirse paso como colombiano en el extranjero. Un hombre humilde, que valora su conocimiento porque nadie se lo regaló, se lo ganó a pulso. Un hombre que respeta la opinión del otro, aprecia los aportes inteligentes y se nutre de ellos. Un señor educado. Una persona de familia, un respetuoso absoluto de su trabajo y del trabajo de su equipo. Un ser que quiere dejarle un legado al país a través del fútbol.

Las personas pasan, las instituciones quedan. Esa premisa es cierta y la hemos leído por años. Pero la grandeza de las instituciones no la forjan los ladrillos, no, se sustentan en el legado de quienes han pasado por ella sin mediocridad. Osorio es una de ellas, una de sus más importantes ¿Su principal razón? Es el director técnico más ganador en la historia del club. Eso rompe cualquier otro argumento, crítica, lo que se quiera decir sobre él. Es el más, y mientras no llegue otro más, su legado tiene aún más validez. Zubeldía, Maturana, Osorio, he ahí el tridente desde la dirección técnica que soporta gran parte de la grandeza de este club.

“La alegría de la victoria como la tristeza de la derrota al día siguiente son pasado, y lo que cuenta es que amas el juego”: le decía el gran 10 rumano, Gheorghe Hagi, a la revista SoHo en su última edición. Es cierto. Atlético Nacional seguirá adelante con o sin Juan Carlos Osorio. Pero seguirá fuerte gracias a su legado y enseñanza. Así pasó con Zubeldía, así fue con Francisco Maturana. Sin esas maestrías la grandeza se estanca.

Mis padres me enseñaron que no hay nada peor que ser malagradecido y tacaño. Yo, Andrés “Pote” Rios y en nombre de mi hija, le agradezco desde el corazón y con toda mi fuerza, profesor Juan Carlos Osorio. Las puertas del club Atlético Nacional siempre estarán abiertas para usted, ya sea en un año, tres, cinco o cuando usted tenga 80. Jamás a los ganadores se les puede cerrar la puerta, y menos a usted, que en tres años nos hizo inmensos y nos deja más afilados para ser más grandes.

¡Gracias, gracias, mil veces gracias Maestro Juan Carlos Osorio!

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08

may

2015

LO MENOS GRAVE FUE PERDER

Le leí a mi primo Juan Esteban un resumen contundente de lo que fue el partido de Nacional ante Emelec: “Desde que tengo uso de razón y memoria, nunca había visto que mi equipo no llegara ni una sola vez al arco”. Contundente. Sí, salvo ese cabezazo incómodo de Alejandro Guerra que se fue por arriba del arco defendido por Esteban Dreer, nada más pasó para Nacional a nivel ofensivo. Lo de anoche no fue una derrota común, de esas que uno digiere con facilidad. La de anoche fue una de esas derrotas “corta-esperanza”, “pone-desánimo”, “quita-alegría”. Lo menos grave fue perder, lo más grave fue el cómo y, ver con resignación, que eso es lo que hay y que la cosa está muy nublada para enderezar el camino.

Nada peor que un borrego adulador, de esos que adulan y adulan y no paran de adular. Mi respeto hacia el profesor Juan Carlos Osorio se basa en eso: el respeto para adular cuando fuimos los mejores y el respeto para decirle que hoy, tras el juego de anoche, no tuvimos vergüenza deportiva frente a la historia y grandeza de nuestro club. Osorio me ha callado la boca, me ha enseñado de la vida, me ha enseñado a tener paciencia futbolera, paciencia de vida, me ha transmitido legados a través de este deporte que muchas situaciones de mi vida no han lograron. Pero hoy, parte de esa enseñanza y respeto, es decir: Profe, la cosa no va bien, hay que enderezar.

Sabemos de sobra que este Nacional un día está arrastrándose por la calle como un mendigo tras una mala racha, y al otro día lo vemos impecable, de frac, con sus mejores prendas luego de una buena presentación. Pero la sensación tras lo visto en Ecuador castra hasta esa opción. Y la castra hoy, el domingo luego del juego de Día de Madres ante Santa Fe, no lo sé.

Lo de ayer quebró muchas cosas. Ver a ese Nacional sin una idea creativa, ver la zona defensiva sosteniendo el partido a punta de piezas de Lego, y ver que con el balón en su poder, el equipo no es importante, es factor de impotencia pura. Y lo sabemos, sin saber qué hacer con el balón, nadie es nada. Esa premisa estará vigente por los tiempos de los tiempos, así usted juegue con el sistema que le dé la gana y con los “movimientos de ruptura” que se quiera inventar.

Todo fue un desastre ante Emelec. La actitud, el nivel de los jugadores, las decisiones del cuerpo técnico. Nadie se salva. Pero si queremos tener bondad, salvemos a Camilo Vargas y lancemos un salvavidas para Óscar Murillo. El primero porque evitó más goles y el segundo, porque a pesar del error en el primer gol, tuvo valentía y entereza ¿El resto? No me voy a centrar en nombres, menos aún en insultos, simplemente: no se salva nadie.

Ya la parte de las decisiones del segundo tiempo: Valencia de enganche, Copete de lateral, Manga que salió lesionado y nadie lo extrañó (les confieso que me enteré hoy que había salido lesionado), todo hace parte de la debacle.

Horrible jugó Nacional, horrible imagen dejó ante el continente. Esas derrotas sin adjetivos que la rescaten de la amargura, esas duelen como nada más pueden doler ¿Optimismo? No hay. Sé que hay revancha. Este cuerpo técnico, esta era que vivimos con Nacional, ha demostrado que sabe pararse. Pero a veces eso desgasta, lo que queremos es estar siempre de pie. Estas derrotas donde perder es lo menos grave, esas son las que rompen la esperanza.

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