26

may

2015

EL ADIÓS PARA EL MÁS GANADOR

Recuerdo que el periodista Nicolás Samper me hablaba del nuevo técnico que tenía Millonarios. Me decía que el señor era muy metódico y que le preguntaba en exceso por detalles del fútbol profesional colombiano. Pero ante todo, Nicolás me describía a Juan Carlos Osorio como un tipo decente y muy trabajador.

Recuerdo que llegó al Atlético Nacional un 3 de mayo de 2012. Todo era turbio. Los dueños del equipo acaban de sacar por la puerta de atrás a Santiago Escobar. Nacional había quedado eliminado de la Libertadores tras una inversión millonaria en refuerzos, y el ambiente futbolero de los verdolagas estaba lleno de chismes que hablaban de indisciplina de jugadores, y desunión. Era una “cocina”.

Recuerdo que mi padre me dijo: “El nuevo entrenador de Nacional es un tipo serio. Es honrado y trabajador, hay que creerle”. Recuerdo que por esos días me invitaron al programa del “Fenómeno Verdolaga”, que dirigía Carlos de la Ossa. Entrevistamos a Juan Carlos Osorio. Fue la primera vez que hablé con él. Fue una charla de una hora. Recuerdo que a todos los presentes nos sorprendió su conocimiento frente a la historia del club, su perfil y su hinchada. No se le quedaba un detalle. Recuerdo que empezó barriendo al Junior en la Superliga, luego ganó la Copa Postobón del mismo año, 2012. A pesar de ello, nada qué hacer, Osorio no convencía al 90 por ciento de la hinchada, incluyéndome.

Recordar los primero meses del 2013 me da vergüenza por mi comportamiento. Nacional no funcionaba y yo, a través de mis redes sociales y en la tribuna, fui implacable con Osorio. Pedí su salida, lo insulté, caí en lo bajo de lo bajo del hincha. Así estábamos muchos, iracundos, presos del miedo por lo que mostraba el equipo, por la rotación, por el nivel, por el profe…

Y el equipo llegó a la final. Y el equipo jugó un partido memorable en Bogotá y el equipo fue campeón en El Campín. Y recuerdo que en el televisor vi a Osorio y allí recibí sus primeras lecciones a punta de: paciencia, tolerancia, ver el fútbol de otra forma, aguantar el chaparrón en silencio, trabajar con humildad, celebrar con cautela, otorgar el crédito al equipo de trabajo…Todo ese paquete de enseñanzas llegó con ese título. Osorio aguantó, trabajó y ganó, y al ganar fue humilde. Es el reflejo de la vida: capotear la adversidad, trabajar con ahínco y ganar con humildad. Me dio pena de mí. Yo, que vociferaba a los cuatro vientos saber de este deporte, no sabía y aún no sé nada. El fútbol no es una constante en el sentimiento. No siempre se quiere, no siempre se odia. Si fuera constante sería el deporte más aburrido del mundo. El fútbol es sentimiento, y eso sí que fluctúa de acuerdo a lo que dicta el balón. Empecé a ver a Juan Carlos Osorio como una fuente de enseñanzas a través del deporte que amo.

En la victoria, no en la derrota como hacen muchos para tratar de “salvar los muebles”, Osorio habló de su estilo: de promover la fortaleza del núcleo familiar en sus jugadores, de hablar de una profesionalización al 1000% para el deportista, de ubicar a la institución en los máximos estándares a nivel de logística y de la parte administrativa y, en mi opinión, también darle más nivel al periodismo a través de su relación con los medios. En Nacional, en la era Osorio, el equipo estuvo limpio de chismes sobre indisciplina, sindicatos o líos internos. Y si los hubo, tuvieron un manejo de caballeros, de profesionales. Nada transcendió.

Todo lo anterior, hace parte del trabajo que vi en él, y que está por fuera del rectángulo de entrenamiento.

Pero más allá de eso. Jamás olvidaré el título de liga contra el Cali. Lo viví con mi hija, nunca habíamos visto juntos a Nacional coronarse campeón en el estadio. Lágrimas de felicidad que serán inolvidables para ambos. Cada título para cada hincha tiene recuerdos que son imborrables y se llevan a la tumba. Los invito a eso, a recordar cada felicidad que nos dio este equipo bajo el liderazgo de Juan Carlos Osorio. Cada abrazo con el amigo, el familiar, la esposa. Cada trago que se tomó bañado de felicidad. Cada sonrisa que le vio a su padre, abuelo o tío por culpa de una estrella más. De igual forma hace parte del recuerdo la derrota, la frustración de la eliminación en torneos internacionales, la final contra River que nos puso a vivir otra ilusión continental al máximo nivel de palpitación. No son sentimientos que se viven a diario. Con Osorio vivimos cosas que muchos no viven y mueren sin ellas.

La rotación, tal cambio por otro, mantener a X jugador, plantear el partido de una manera, poner a X en vez de Y cuando ha jugado de Z, todo queda ahí, en el plano del juego. Osorio se equivocó mil veces, Osorio acertó mil veces ¿Esos errores dieron tristeza? Tal vez sí, o no. Pero de algo estoy seguro, sus aciertos dieron alegría total, las vueltas olímpicas, seis en tres años, dan fe de ello.

Dos tertulias sobre fútbol compartí con Juan Carlos Osorio. No lo digo por alardear, no apreciado lector, lo que busco es contarle sobre el ser que conocí. Un hombre con valores, orgulloso de la educación que le dieron en su hogar, que mira hacia atrás y encuentra en el camino de la vida todos los sacrificios que tuvo que hacer para prepararse en el exterior, para abrirse paso como colombiano en el extranjero. Un hombre humilde, que valora su conocimiento porque nadie se lo regaló, se lo ganó a pulso. Un hombre que respeta la opinión del otro, aprecia los aportes inteligentes y se nutre de ellos. Un señor educado. Una persona de familia, un respetuoso absoluto de su trabajo y del trabajo de su equipo. Un ser que quiere dejarle un legado al país a través del fútbol.

Las personas pasan, las instituciones quedan. Esa premisa es cierta y la hemos leído por años. Pero la grandeza de las instituciones no la forjan los ladrillos, no, se sustentan en el legado de quienes han pasado por ella sin mediocridad. Osorio es una de ellas, una de sus más importantes ¿Su principal razón? Es el director técnico más ganador en la historia del club. Eso rompe cualquier otro argumento, crítica, lo que se quiera decir sobre él. Es el más, y mientras no llegue otro más, su legado tiene aún más validez. Zubeldía, Maturana, Osorio, he ahí el tridente desde la dirección técnica que soporta gran parte de la grandeza de este club.

“La alegría de la victoria como la tristeza de la derrota al día siguiente son pasado, y lo que cuenta es que amas el juego”: le decía el gran 10 rumano, Gheorghe Hagi, a la revista SoHo en su última edición. Es cierto. Atlético Nacional seguirá adelante con o sin Juan Carlos Osorio. Pero seguirá fuerte gracias a su legado y enseñanza. Así pasó con Zubeldía, así fue con Francisco Maturana. Sin esas maestrías la grandeza se estanca.

Mis padres me enseñaron que no hay nada peor que ser malagradecido y tacaño. Yo, Andrés “Pote” Rios y en nombre de mi hija, le agradezco desde el corazón y con toda mi fuerza, profesor Juan Carlos Osorio. Las puertas del club Atlético Nacional siempre estarán abiertas para usted, ya sea en un año, tres, cinco o cuando usted tenga 80. Jamás a los ganadores se les puede cerrar la puerta, y menos a usted, que en tres años nos hizo inmensos y nos deja más afilados para ser más grandes.

¡Gracias, gracias, mil veces gracias Maestro Juan Carlos Osorio!

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08

may

2015

LO MENOS GRAVE FUE PERDER

Le leí a mi primo Juan Esteban un resumen contundente de lo que fue el partido de Nacional ante Emelec: “Desde que tengo uso de razón y memoria, nunca había visto que mi equipo no llegara ni una sola vez al arco”. Contundente. Sí, salvo ese cabezazo incómodo de Alejandro Guerra que se fue por arriba del arco defendido por Esteban Dreer, nada más pasó para Nacional a nivel ofensivo. Lo de anoche no fue una derrota común, de esas que uno digiere con facilidad. La de anoche fue una de esas derrotas “corta-esperanza”, “pone-desánimo”, “quita-alegría”. Lo menos grave fue perder, lo más grave fue el cómo y, ver con resignación, que eso es lo que hay y que la cosa está muy nublada para enderezar el camino.

Nada peor que un borrego adulador, de esos que adulan y adulan y no paran de adular. Mi respeto hacia el profesor Juan Carlos Osorio se basa en eso: el respeto para adular cuando fuimos los mejores y el respeto para decirle que hoy, tras el juego de anoche, no tuvimos vergüenza deportiva frente a la historia y grandeza de nuestro club. Osorio me ha callado la boca, me ha enseñado de la vida, me ha enseñado a tener paciencia futbolera, paciencia de vida, me ha transmitido legados a través de este deporte que muchas situaciones de mi vida no han lograron. Pero hoy, parte de esa enseñanza y respeto, es decir: Profe, la cosa no va bien, hay que enderezar.

Sabemos de sobra que este Nacional un día está arrastrándose por la calle como un mendigo tras una mala racha, y al otro día lo vemos impecable, de frac, con sus mejores prendas luego de una buena presentación. Pero la sensación tras lo visto en Ecuador castra hasta esa opción. Y la castra hoy, el domingo luego del juego de Día de Madres ante Santa Fe, no lo sé.

Lo de ayer quebró muchas cosas. Ver a ese Nacional sin una idea creativa, ver la zona defensiva sosteniendo el partido a punta de piezas de Lego, y ver que con el balón en su poder, el equipo no es importante, es factor de impotencia pura. Y lo sabemos, sin saber qué hacer con el balón, nadie es nada. Esa premisa estará vigente por los tiempos de los tiempos, así usted juegue con el sistema que le dé la gana y con los “movimientos de ruptura” que se quiera inventar.

Todo fue un desastre ante Emelec. La actitud, el nivel de los jugadores, las decisiones del cuerpo técnico. Nadie se salva. Pero si queremos tener bondad, salvemos a Camilo Vargas y lancemos un salvavidas para Óscar Murillo. El primero porque evitó más goles y el segundo, porque a pesar del error en el primer gol, tuvo valentía y entereza ¿El resto? No me voy a centrar en nombres, menos aún en insultos, simplemente: no se salva nadie.

Ya la parte de las decisiones del segundo tiempo: Valencia de enganche, Copete de lateral, Manga que salió lesionado y nadie lo extrañó (les confieso que me enteré hoy que había salido lesionado), todo hace parte de la debacle.

Horrible jugó Nacional, horrible imagen dejó ante el continente. Esas derrotas sin adjetivos que la rescaten de la amargura, esas duelen como nada más pueden doler ¿Optimismo? No hay. Sé que hay revancha. Este cuerpo técnico, esta era que vivimos con Nacional, ha demostrado que sabe pararse. Pero a veces eso desgasta, lo que queremos es estar siempre de pie. Estas derrotas donde perder es lo menos grave, esas son las que rompen la esperanza.

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02

abr

2015

Reflexión para Armani

Como hinchas no podemos estar de “apoyo en apoyo incondicional”. Eso es una hipocresía del tamaño del trasero de la gorda de Botero. Es igual que en la amistad, uno a su lado no necesita gente que le diga que todo está correcto, que uno es un “ícono fantástico” y que la vida está ideal, sobre rieles. No, uno muchas veces necesita que lo aplanen, que lo pongan en su sitio y que le hagan ver lo que el ego enceguece ¿Duele? Sí, pero se agradece.

Franco Armani es un arquero con una historia muy peculiar. Aterrizó por “accidente” en Nacional, era un desconocido, una especie de experimento que a punta de paciencia, humildad y trabajo se supo ganar el respeto y admiración por sus atajadas.

Todo arquero aprende y se forja con el error. Esas lecciones las aprendieron hasta el último balón arqueros como Dino Zoff, Preud´Homme, Zape, el gran José René Higuita y otros. Cada balón es una lección, en cada pelota se juegan el rol de héroes o villanos.

Ayer el buen Armani se hizo un gol tonto. Tonto por donde se le mire y la pelota se metió. Leo que hay que apoyarlo incondicionalmente y difiero. Difiero porque se le hace un mal y acolitamos la hipocresía del “apoyo incondicional”.

Duele el gol, duele porque es Armani, duele por él que ha sacado balones increíbles y se le coló el más tierno, duele por la derrota.

En el fútbol hay que llamar al orden. No sobra el regaño, el buen regaño que haga reaccionar. No sobra un buen jalón de orejas que lleve a mejorar.

Es fútbol, no es jugar a las muñecas.

Armani es un hombre inteligente, un arquero muy capaz. De goles bobos se aprende, no siempre de “apoyos incondicionales”. Los regaños también sirven. Mal que bien, hoy de nuevo salió el sol.

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16

mar

2015

DUQUE: EL RESILIENTE

Resiliencia según la Real Academia de la Lengua: Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

Después de 239 días regresó al fútbol profesional “La Fiera” ¡Y de qué manera lo hizo! Lo hizo como lo hacen los grandes: sin dejar dudas, imponiendo su grandeza y diciendo con autoridad: “Me fui, acá estoy de nuevo, mi grandeza sigue intacta, mi esencia está más fuerte”.

Jefferson Duque representa a la perfección lo que significa la palabra: RESILIENCIA. Él, que salió del barrio Popular de la zona nororiental de Medellín, que siempre ha tenido que gambetear la pobreza, la dificultad y el obstáculo, él, es un resiliente, él es sinónimo de resiliencia.

“La Fiera” nos da una lección de vida que va más allá del fútbol. Este hombre optó por el balón en un ambiente en donde las oportunidades son escasas y el camino del delito a veces es el más fácil. Duque pasó por el Pereira, descolló en Rionegro en donde se cansó de hacer goles y llegó a Nacional. Era su sueño, lo cumplió, pero dentro del sueño ha vivido pesadillas. El 9 verdolaga anotó un gol de poesía en la final de 2013 ante Santa Fe en Bogotá, el centro delantero paisa le ha convertido a los rivales tradicionales, siempre va adelante, sus defensas lo marcan al cuello y sienten esa respiración de toro que está lista para embestir, y los arqueros ¡madre mía si han tenido pesadillas con él! Incluso el buen Camilo Vargas debe agradecer hoy de tener en su pecho el mismo escudo que tiene en el alma Jefferson Duque.

Pero más allá de lo que es el balón. “La Fiera” es fiera por lo que ha demostrado en su vida. Sus rodillas han sido su debilidad. La ruptura de ligamentos en una rodilla es uno de los peores escenarios a los que se puede enfrentar un futbolista. De por sí, hay muchos que con una sola ruptura quedan por fuera del fútbol. Hoy la medicina ofrece una recuperación completa, pero afirman los galenos que un 70 % de esa recuperación depende de la disciplina, las ganas y la fortaleza mental que tiene el jugador para recuperarse y regresar óptimo a un nivel competitivo ¡Jefferson Duque ha tenido que lidiar con esta misión del destino en tres ocasiones!

La “berraquera” hace parte del ADN del antioqueño. El caer, levantarse, el fracasar, la cabeza en alto, vencer la presión que nos empuja hacia abajo y, a punta de tesón, tener más fuerza y echar para adelante. Sí, Jefferson Duque representa eso y es hermoso ver ese ejemplo.

Yo llevo un año sin un trabajo estable, he tenido épocas duras, me dan crisis fuertes y a veces me siento derrotado. Pero ayer en la tribuna de oriental del Atanasio este jugador me dio una lección de vida. Y lloré ese gol, desde el gol de Valoy al Junior no lloraba un gol de Nacional, y el de “La Fiera” sacó lágrimas.

En esta época en la que gradúan de ídolo a cualquier jugador que tenga un momento de inspiración en la cancha, es bueno informar que lo que hace Jefferson Duque con la camiseta de Nacional es el abono para un camino adecuado para ser ídolo.

Hace unos días el tuitero @aalzatev me decía que ojalá el regreso de Duque fuera como el de Martín Palermo cuando, tras una larga lesión, le hizo gol a River en un clásico. Profético fue, y así se dio. Los grandes regresan haciendo cosas grandes y el fútbol da justicia ante las adversidades de la vida.

Jefferson Duque es un ejemplo de resiliencia. Sobra decir que seguirá para adelante, él en ese aspecto ya tiene un Doctorado. Yo, aprendo de él y advierto: “Volvió La Fiera, regresó con todo, ya lo padeció el “vecino” ¡Ténganse fino!”

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03

dic

2014

¡Puro Nacionalismo!

Y se murió…En la sala de velación rondaba la misma inquietud entre los chismosos de turno: “¡Tan buen tipo qué fue! Cómo amaba a ese equipo…Una lástima que nunca lo vio en una final, menos aún campeón, pobre Casimiro”.

De Casimiros está lleno el infierno y el cielo. Eso sí, no son de Nacional.

Hoy la historia y este magnífico club me pone ante una cita que, a diferencia del pobre Casimiro, me llevaré a la tumba con satisfacción. La Libertadores del 89 la viví junto a mis tíos y padres en El Campín, la final de la Libertadores del 95 junto a mis tíos y primos en el Atanasio, la final de la Sudamericana me tocó desde Bogotá. Tres finales continentales, una ganada. De sobra mi balance es mejor que el del pobre Casimiro.

Hoy de nuevo viviré una final continental de Atlético Nacional en vivo, en el estadio, con ese olor peculiar que solo tienen los estadios míticos. Hoy tiene un tinte especial: será al lado de mi hija. Ella, heredera del legado de mis abuelos, padres, tíos y primos (no me canso de repetir esto por agradecimiento) y heredera de mi pasión por el fútbol, vivirá esto a sus 15 años. Será su primera final continental, les aseguro que no será la única.

Esto me da un tinte de más orgullo y de un profundo agradecimiento con este equipo, con Osorio y cada uno de sus jugadores, con todo Atlético Nacional.

Hoy no debe existir esa idiotez que han contagiado como clamidia los imberbes hinchas 2.0 al hablar de “cardonismo”, “shermanbielevers”, “bocanegrismo “y otras “locuritas”. No, esto es NACIONALISMO PURO, es Atlético Nacional en su raza montañera forjada a punta de berraquera. Tampoco es el espacio de algunos que interpretan la final contra River como una venganza porque le van a Boca, no niños, esto es, repito, es Atlético Nacional puro. Menos aún es el trillado: le voy a River porque odio a Nacional. No jóvenes, eso es bipolarismo y les recomiendo un buen psicoanalista.

No pido que le hagan fuerza a Nacional, no, pido que respeten sus propias camisetas y convicciones, es coherencia en el discurso.

Hoy es una fiesta, una fiesta que el pobre Casimiro no pudo vivir. Por eso hay que gozarla, vivirla, respetarla y recordar este día como un día memorable. Porque yo al igual que Casimiro estaré en un cajón y al lado estará mi hija, y ella dirá con orgullo: “Mi padre amó el fútbol como ninguno, amó a su equipo y qué agradecido fue Nacional con él: se cansó de darle alegrías. Por cierto, ¿pueden enterrar rápido a mi papá? Debo irme a la final continental que disputa de nuevo Atlético Nacional. Gracias”.

¡SOY DEL VERDE, SOY FELIZ!

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13

may

2014

¡Todos a creer en Nacional!

Videos que nacen de los hinchas, videos del mismo club, mensajes por doquier en las redes sociales, HT tan simples pero tan llenadores para el alma como #YoCreoenNacional,  fotos,  en las calles la tertulia llena de positivismo,  todo,  todo en un mismo costal llamado: optimismo, fe y apoyo a lo que pueda hacer Atlético Nacional en su partido de vuelta contra Defensor Sporting, por los cuartos de final de la Copa Libertadores.

Hace rato, previo a un partido internacional en condición de visitante, con un 2 a 0 en contra, no se veía tal muestra de credibilidad en la hinchada de Nacional. Lo que hoy despierta el equipo de Juan Carlos Osorio da argumentos de sobra para sostener el optimismo.

Pero la cosa no queda allí. Atlético Nacional por historia en un equipo que saca lo mejor de su casta en medio de la dificultad. No quiere decir esto que seamos un equipo forjado en el sufrimiento. No, para eso el fútbol colombiano tiene un par o más de exponentes. No, lo del cuadro verde va más allá.

En Nacional se activa un chip, algo del ADN que forja la piel del equipo, en donde la dificultad no es un obstáculo sino un aliciente. Va de la mano de lo que es la raza antioqueña: para el arriero la montaña podía ser inmensa pero había que superarla, sacarle provecho y convertirla en  aliada.

Este equipo de fútbol se ha forjado así: en la dificultad saca lo mejor de sí.

Y la verdad es que en este grupo de Osorio, en donde hay jugadores de varias regiones del país, esta filosofía de la pujanza caló con creces. Veo un grupo que está herido en su amor propio por la derrota ante Defensor. Herido por el cómo y no por el qué. Todos lo vimos: un equipo inferior al que se le generaron más de 12 opciones claras de gol. Pero bien lo dice el profe Osorio: No es de querer es de hacer. Y ellos, los charrúas, hicieron par goles.

La era Osorio generó polarización, a mí me dio una cachetada de humildad, me enseñó respeto, tolerancia, a tener más paciencia, a aprender a contenerme para juzgar, a analizar mejor. Creo que a la hinchada nos ha dejado eso: enseñanzas. Y aún en cada partido nos sigue dando un par de nalgadas en la soberbia.

Osoristas vs no Osoristas, Cardonistas vs Shermanistas (pedazo de idiotez esa ¿cuándo vimos Asprillistas vs Arististas, Villistas vs Gildarditas?) y ahora hasta Abonados vs No Abonados. De verdad que no aprendemos. Uno debate, sí, tiene gustos, sí, preferencias, sí, pero creo que hay una frontera que colinda con la tontería que esa mutación de “hincha tuitero” cruzó con creces.

Por eso valoro el hecho de promover YO CREO EN NACIONAL. Valoro que sigamos adelante, valoro el positivismo, valoro esa buena energía. Les aseguro que eso que hoy flota en la red, en el aire, eso lo siente el jugador, el grupo. Y eso, amigo lector, vale más que el buen equipo que tenemos. Eso sumado a lo que ya sabemos que tenemos a nivel futbolístico, genera un poder demoledor que nos dará la clasificación el jueves.

De nuevo ante la dificultad, Nacional toma fuerza, así como los arrieros que forjaron estas tierras antioqueñas, la tierra de los ancestros ¡Yo creo en Nacional!

*Este texto también aparece publicado en www.blogverdolaga.com y www.nacionalespasion.com.co

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14

dic

2013

Una reverencia para Juan Carlos Osorio

Estaba en mora de volver a escribir sobre Atlético Nacional. No soy de los que escribe por escribir, creo que eso lo lleva a uno por el camino de la mediocridad y a decir pavadas. Yo escribo cuando me lo dicta el corazón, la pasión y la sensatez. Me alejé, sí. Los motivos van desde los insultos hasta las leyes de matoneo e intransigencia de las redes sociales. Hay que estar por encima de ciertas cosas como también hay que evaluar tiempos para escribir. Nada lo justifica ante ustedes, los lectores, y por eso pido disculpas, por la lejanía.

El primer año de Juan Carlos Osorio fue duro para él como para nosotros los hinchas. Yo critiqué a Osorio. Lo hice desde la vereda del respeto, siempre valorando su profesionalismo y decencia. Las diferencias eran claras: la rotación, el estilo de juego que se fundamentaba en el pelotazo y muchas veces el alejamiento y frialdad con algunas respuestas de su discurso. Para nadie es un secreto, la percepción casi general era que el DT pereirano no encajaba con la historia y filosofía de Nacional.

La tesis de montarse en el bus de la victoria, con la que algunos obtusos y facilistas argumentan lo que uno ahora siente por Osorio, es digna de quienes jamás han jugado fútbol o lo han sentido en las entrañas. Si el fútbol fuera una constante, una línea rígida en la que siempre hay que sentir lo mismo (amar siempre, odiar siempre) sería, sin un ápice de duda, el deporte más aburrido del planeta. Menos mal no es así. El fútbol es una montaña rusa de emociones y sentimientos. Nada más piensen en lo siguiente: uno empieza un partido insultando a un jugador, y éste con un par de magias revierte el discurso hacia el lado del corazón, de la ovación. Si todo en el fútbol fuera plano e igual, que se acabe ya. Menos mal no lo es.

Nadie logra escribir páginas doradas en la historia sin sufrir. Eso no es espontáneo, la grandeza se teje, se gana a pulso, se padece…Cuando Oswaldo Juan Zubeldía llegó a Nacional, llegó resistido, fue más resistido aun cuando impuso una férrea disciplina. Francisco Maturana no llegó a Nacional y se sentó de inmediato en el trono. No, no le tocó fácil en su primera temporada al chocoano. Su filosofía del toque no caló de inmediato, mal que bien el hincha verde venía de algo muy distinto, del fútbol del Maño Ruiz…

A lo que va el anterior párrafo es a lo siguiente: al hincha de Nacional le cuesta adaptar el chip de los cambios, tres etapas de hombres que rompieron paradigmas ha vivido el equipo, tres cambios hacia caminos distintos y para ninguno de ellos, Zubeldía, Maturana y Osorio, el inicio del camino fue fácil ¿Qué no debería ser así? Válido, pero es tal la grandeza de Nacional que hoy un DT tuvo que ser campeón 4 veces para embolsillarse el corazón de una hinchada.

Pero la cosa no es de un solo lado. Es de doble vía. La opinión pública verdolaga también aprende, cede y se educa. Con terquedad, sí, pero lo hace. Hoy vivimos un modelo de hinchada muy distinto al de hace 20 años. Hoy existe el hincha digital que suple al de radio, hoy hay un flujo de información que amplía y castra criterios. Soy de la tesis que cada quien se labra su criterio, lo labra su cultura, su formación y su todo. Yo respeto todo, trato de hacerlo, pero mi línea va hasta que se trasgrede el respeto. Hasta ahí llego. Es mi ley en Twitter.

El punto de quiebre en la relación con Juan Carlos Osorio se dio con el título del primer semestre de 2013. El estadio El Campín fue testigo del inicio de la historia Osorista. No hay Supercopa o Copa Postobón que le den la talla en alegría e importancia a ganar una estrella, eso es una verdad a pulso. Ahí empezó una fase de este proceso educativo: La hinchada cambió, Osorio cambió y Nacional cambió.

Sí, fue una mutación compartida. Osorio, un hombre por demás inteligente, cambió cosas que en el primer semestre alejaban al hincha: el pelotazo pasó de ser la vía principal de llegada al rival a ser una de las opciones de ataque al rival. Nacional empezó a ofrecer una tenencia de balón basada en el toque con cambios de ritmos y velocidad, cambios de frente, la misma apertura del campo pero acompañada del toque para la apertura de espacios. Ocurrió lo que siempre pensamos: el fútbol histórico de Nacional, mezclado con la filosofía de velocidad y ocupaciones de espacios de Osorio. De igual forma Osorio cambió su discurso, pasó de lo defensivo a lo dialógico, de lo evasivo a la claridad y con eso fue más afable. Por último, se acordó de dos aspectos que hacen que los hinchas tengan tranquilidad: acercó a la sede de Guarne a un histórico como Víctor Aristizábal y empezó a mover a los jugadores jóvenes.

Y los hinchas cambiamos. Empezamos a entender más. A mirar más allá de la ovación por ovacionar y del insulto por insultar. Juan Carlos Osorio nos da una clase de humildad. Nos abre el espectro para ver y entender cosas nuevas. Lo nuevo siempre da miedo, lo novedoso cuesta, lo novedoso ayuda. Captamos que la rotación tiene su lógica, que tres defensas dan seguridad, que un solo delantero no es síntoma de poco ataque, aprendimos y aprendimos en la medida en que el invicto crecía. Vimos una máquina aceitada en donde todos los piñones sirven. Vimos un grupo ajeno a chismes, a indisciplina, vimos profesionalismo. Nos educamos en el nuevo Nacional. Hicimos la respectiva pataleta como el niño que no quiere la sopa, la prueba y luego ama la sopa.

Humildad y ser abiertos a los cambios, he ahí la gran enseñanza de Osorio para la hinchada verdolaga. Enseñanza que recibo y agradezco e invito a ello. Nos rasgamos las vestiduras en las redes sociales, le pasamos factura a los que criticamos. Todo eso se borra. Todo se borra ante este equipo que hace historia. Ante este Director Técnico de fútbol que siempre mantuvo la compostura. Que reveló las claves de su trabajo no en el momento de la derrota, las reveló cuando fue campeón. Osorio es sinónimo de carácter.

Ad portas de la estrella 13, con un grupo de ensueño en la Libertadores, en Nacional los retos siempre están ahí. Juan Carlos Osorio teje su carrera como el técnico más ganador en la historia nacionalista. Bienvenido profesor, yo hoy le hago una reverencia y se lleva toda mi admiración.

*Este texto también aparece publicado en www.blogverdolaga.com

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08

jul

2013

¡Matáme Verde Matáme!

Era uno de los coros más populares de la hinchada en la década de los ochenta. De la mano de la narración del “Paisita” Munera Eastman el Atanasio Girardot se convertía en una sola garganta que brotaba el sentimiento de: “¡Matáme Verde Matáme!”¿Matar qué dirán algunos? ¿Qué significaba, qué comunicaba este coro? Con tres palabras se resumía mucho, se pasaba por el sufrimiento, por ese estado de clamor, de petición de buscar la palabra “matáme” con tal de seguir viendo los colores verdolagas. Se manifestaba el desahogo ante la frustración o la necesidad de escape ante tanta alegría. “Matáme Verde Matáme” en la boca de 35 mil almas era una forma de decir te quiero pero me haces sufrir, te odio pero me haces amarte…”Matáme verde Matáme” durante este semestre, en la fase “Todos contra Todos” y sobretodo en los cuadrangulares, más aún contra Pasto, Nacional de la era Juan Carlos Osorio lo aplicó con creces. Una lástima que ese coro se diluyó en el tiempo.

Hoy somos finalistas. A punta de suerte (mucha suerte), berraquera, pundonor, actitud y empuje, este equipo paso a paso se metió a una final que hace 15 días era totalmente impensada.

Yo no me arrepiento de nada de lo que escribo y si debo de hacerlo lo hago con la mayor humildad. Lo he dicho varias veces desde esta ventana y sigo pensando lo mismo: no me gusta el proceso de Juan Carlos Osorio, me parece un gran profesional, un buen técnico pero no un director técnico para Atlético Nacional. Es eso y a pesar de ser finalista y disfrutarlo hasta la médula, no dejo de ver el fondo: Osorio, no es un técnico para la filosofía de Nacional. Como también hay jugadores que no son para vestir estos colores.

La misma clasificación a esta final lo demuestra: fue una clasificación irregular como ha sido el nivel del equipo a lo largo del semestre, llena de dudas en el andamiaje, con baches profundos, sin denotar un esquema táctico sólido y un juego fluido. Y así se clasificó, y así también vale. Los más grandes también clasifican sin convencer, los más grandes también llegan a la meta trastabillando, pero llegan.

Nacional apeló al amor propio, a ese mismo amor propio que en el 2011 nos hizo campeones luego de ser suspendida la plaza y salir como parias a buscar estadio por todo el país. El verdolaga cuando apela a ese amor propio saca algo que lo impulsa, un algo que va más allá de nombres, esquemas y niveles, ese algo no se consigue de la noche a la mañana, ese algo es de pocos, no de muchos, se llama: jerarquía.

Esto ya no es algo de los que apoyan a Osorio o de los que van contra Osorio, no hinchas verdolagas, por encima de los directivos, de un cuerpo técnico, de los mismos jugadores está la institución, su historia, su abolengo y, la hinchada. Nada está por encima de esto. Por eso hoy que somos finalistas, que sufrimos y que vimos que sufriendo también es bueno y válido, hay que estar unidos alrededor de este equipo.

Ha sido un semestre duro, lleno de altas y bajas (más bajas) pero la jerarquía de Atlético Nacional lo tiene ahí de nuevo ad portas de coser una nueva estrella en el escudo (eso sí vale, las otras copitas son lindas pero la estrella es lo realmente valioso). Hay que llenar el Atanasio, el rival no pudo ser mejor, es Santa Fe, el equipo del que escribí que le envidio cosas (repito, no me arrepiento), uno de los cuatro mejores del continente y posible finalista de la Libertadores. Contra equipos así es que son buenas las finales. Por eso hago un llamado a la unidad por nuestro equipo, por ese bello Atlético Nacional que nos inculcaron nuestros abuelos, padres y tíos.

Para terminar quiero felicitar a todo la institución, desde la señora de los tintos, pasando por la parte administrativa, los directivos (incluyendo los flojos), los jugadores (especial reconocimiento de mi parte para Sherman Cárdenas, Francisco Nájera, Stefan Medina y Alejandro Bernal por su profesionalismo, no lloran por nada, no les da gastritis, son unos trabajadores gigantes y honestos) y al cuerpo técnico que encabeza Juan Carlos Osorio.

De nuevo Nacional está en una final, no es de extrañar, es su hábitat natural, su grandeza así lo exige. Los hinchas siempre ahí, con el corazón en la mano, las lágrimas en los ojos, la garganta doblada y el alma plena. Verdolagas, no lo olviden: “Matáme Verde Matáme”

¡Todos por la 12!

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23

may

2013

Lo que hoy envidio de Santa Fe

Soy hincha de Nacional hasta la médula pero ante todo me gusta disfrutar de todo lo que involucra un buen equipo de fútbol. Así como uno ve cosas de su equipo que no tienen otros, me parece sano y provechoso, hasta nostálgico, ver en otros equipos cosas que alguna vez tuvo el de uno. Eso me pasa con Independiente Santa Fe. Lo veo hoy y me trae recuerdos de algunos equipos que tuvo Nacional y que vivieron épocas doradas. Épocas que a pesar de estar clasificados y con buenos números, están distantes…

Nunca he sentido animadversión por Santa Fe. Siempre me ha parecido un equipo digno y  leal, con una hinchada que ha construido parte de su historia con base en el sufrir. Más de tres décadas sin títulos duelen pero al mismo tiempo forjan y en los rojos de Bogotá eso se llevó con altivez.

Mi equipo, Atlético Nacional, dirigido por Juan Carlos Osorio, está clasificado a los cuadrangulares, tiene unos números que denotan un buen rendimiento pero no me llena, no me hace feliz, no colma mi retina y me deja siempre con un vacío. Es como luchar por tener a Maria Sharapova de novia y descubrir que es bruta, mala persona y pésima en la cama. Es ver que el empaque es muy lindo pero en el fondo no hay nada. Es ver que hay todos los insumos pero son mal aprovechados. Es ver que se deja de lado una historia y una filosofía en aras del resultado. Es ver que prima el QUÉ, por encima del CÓMO. Eso veo en mi equipo…

Por eso envidio lo que hoy es Santa Fe. Para empezar desearía tener a tres de sus jugadores en las filas verdolagas. El primero de ellos es Ómar Pérez. Cerebral, preciso, de fútbol elegante, contagia positivismo, líder total, un jugador que pone a jugar a los que sean mediocres. Un tipo honesto. Este sí es un ídolo. Envidio no tener en Nacional a Ómar Pérez.

El segundo es Wilder Medina. Desechado en alguna etapa de su vida por Nacional. Letal en el área, una culebra, escurridizo y definidor. A veces me lo imagino al lado de Jefferson “La Fiera” Duque ¡Menudo banquete se darían este par de hambrientos del gol! Pero no, Wilder es cardenal. Envidio no tener en Nacional a Wilder Medina.

El tercero sería el arquero Camilo Vargas. Me gusta su estilo forjado en las inferiores de su club. Le admiro su sentido de pertenencia. Con errores y todo, me parece una garantía, un símbolo camino a seguir la huella de Mina Camacho en la historia del Expreso Rojo.

Pero mi envidia a Santa Fe va más allá. Envidio su estilo de juego, la idea de tener la pelota al piso, de manejar una dinámica que va al son del 10, del calvo del que hablé antes. Me gusta la transición de defensa a ataque con diferentes ritmos: Santa Fe juega en segunda, pasa a cuarta, baja a tercera, todo con la posesión del balón, todo con el respeto por la pelota. Veo en ellos una idea, no veo rotaciones sin ton ni son, no veo improvisación, veo trabajo, proceso. Eso llena la retina…

Al técnico Wilson Gutiérrez también se los envidio. Me gusta que sea un tipo que salió de la nada, que soportó los juzgamientos, que en silencio montó esta estructura, fue campeón y no ha perdido ni su esencia ni lo más importante: la humildad. Gutiérrez habla sin complicaciones, no busca ser el protagonista, no busca enredar, no demuestra que sabe a punta de sobreactuaciones con “libretas” o términos extraños, no, el demuestra lo que sabe con lo hace su equipo.

Pero hay algo más importante que lo futbolístico que envidio en Santa Fe. Este es un equipo con mística, con unión, con valores. En Santa Fe priman más las personas que el dinero. Sobra decir que lo que hicieron y hacen con Wilder Medina  es un ejemplo de ello. Todo el mundo le dio la espalda a Medina y el cardenal tuvo la humildad de apostar por él. Eso me demuestra un estilo de pensamiento distinto sustentado en lo humano por encima de cualquier cosa.

Veo a Santa Fe y recuerdo a Nacional del 81, del 89, del 91, del 94 e incluso del 2005 y 2007. Veo jugadores alegres, humildad (no me canso de repetir esta palabra), ideas claras, unión, comunión: veo un equipo.

Felicito a mis buenos amigos hinchas de Santa Fe, hoy, lo tienen todo para escribir grandeza. Mi envidia es sana y obliga a mirar con nostalgia la realidad de mi amado Nacional. Una realidad que me indica que no todo en un hincha son resultados: el corazón, el gusto y la retina también necesitan llenarse.

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17

abr

2013

¡Vergüenza!

Todo fue una vergüenza y todos debemos sentir vergüenza. Si usted se precia de ser hincha de Nacional, si usted alguna vez ha jugado fútbol y se ha preocupado por conocer más a fondo este deporte; incluso si usted conoce algo de lo que significa el equipo verde de Antioquia: usted, después de lo visto ayer en el Atanasio Girardot debe sentir vergüenza. La victoria ante Millonarios no debe generar alegría, ganar así solo tiene el sabor de la frustración, triunfar de esa manera solo indica mediocridad, ignorancia y el tufillo rancio del conformismo. Si usted hoy saca pecho por esa pírrica conquista, no siga leyendo este texto.

Yo siento vergüenza por el cuerpo técnico, siento vergüenza e impotencia por esos dirigentes, siento vergüenza y mucha rabia con el 85 % de los jugadores, siento vergüenza, pesar y pena ajena por los hinchas que se regocijaron con esa triste victoria. Sí, en eso nos hemos convertido como institución, pido excusas y meto la cabeza entre la tierra, como el avetruz, por lo que hoy puedan estar pensando de nosotros apellidos como: Zubeldía, Cueto, Navarro, Moncada, Higuita, Asprilla, Aristizábal y muchos, muchos más. Porque afortunadamente nos queda la historia para soportar esta vergüenza que atenta contra la misma, contra lo que nos ha hecho grandes. Y ese mismo atentado se viste de verde, tiene ese bello escudo en el pecho y se pavonea como si nada por las redes sociales, en las tribunas, en la dirigencia, en el cuerpo técnico y en la gran mayoría de los jugadores. El mal que hoy nos carcome y nos tiene en la mediocridad no está en Millonarios, América, el DIM o el que ustedes quieran elegir. El mal de Nacional está en el mismo Nacional y, repito, no queda nadie eximido dentro de lo que forma una institución.

Lo de ayer no tiene un análisis más sencillo: un equipo que cuenta con una nómina de lujo, armada para ser protagonista, enfrentó a un equipo que se vio debilitado por lesiones y expulsiones. Lo vimos todos, y salvo que su lógica sea la de un abducido por un extraterrestre, o que usted sea un obtuso (cosas respetables), lo que se vio fue un equipo de once jugadores contra uno de ocho. El de once tuvo la inmensa oportunidad de golear, arrasar y pasar por encima de su malherido rival. Era la forma de demostrarle respeto a ese rival tradicional del que se jactan en la tribuna con coros que dicen que: “Lo odian porque el papito así se los ha enseñado”. Pero no pasó, Nacional en lugar de aplastar a Millonarios, se replegó, le dio el balón, no aprovechó esa premisa sagrada que se aplica en cualquier deporte: “La de aprovechar la superioridad numérica”.

Desde el banco el señor Osorio decidió mantener a un solo delantero, dejó a cuatro defensores cuidando a un sólo atacante azul, incluso por varios pasajes no tenían a quién marcar. Denigrante ver eso desde la tribuna ¡Qué impotencia de verdad! Muy pocos le gritamos “burro”. La gente cayó en la misma apatía, no era una cuestión de que llovieran insultos, era una cuestión de hacer sentir que la pobreza de Nacional era evidente.

Pero en el campo de juego se reflejó lo más patético: los jugadores. Salvo lo de Sherman, Medina, Nájera (que terminó jugando de delantero) y de ñapa meto a Murillo, nadie se salva. Apáticos, fríos, sin la entereza y la berraquera que debe tener un jugador de fútbol al que se le paga millones por su trabajo. Fueron unos auténticos mediocres que al final celebraron una victoria indigna en medio de abrazos, aplausos y gestos que indicaban que habían ganado “la final de la Champions League” ¡No señores! No celebren esa victoria ante un equipo que era un muerto en vida con solo ¡ocho jugadores! A eso hemos llegado en Nacional, a que jugadores e hinchas celebren victorias de este tipo. Respetable pero les pido que me respeten que considero eso una auténtica mediocridad.

Y yo felicito a Millonarios. Aplaudo su entrega, su vocación ofensiva con 10 jugadores, con 9 y con 8. Y les admiro esa valentía. Fue un equipo de valientes. Y ojalá en Nacional se copiara hoy un 10% de eso.

Yo canté el gol de Sherman Cárdenas. Pero lo cante por él. Lo canté por el gran partido que hizo, por su profesionalismo y actitud. Resistido desde que se anunció su llegada (me incluyo en esa lista, fui muy crítico con él) y hoy le doy gracias porque le escribo estas letras: ¡Gracias Sherman!

Y ya para terminar, estamos en el limbo. Lo de Juan Carlos Osorio no tiene ya justificación por desgaste, resultados y ambiente: se tiene que ir. Y con los jugadores: le exijo, a nuestra también mediocre dirigencia, que se tomen medidas de preaviso, multas y en algunos casos licenciamientos por bajo rendimiento. Y a los hinchas que ayer celebraron esa pírrica victoria, que se burlaron de Millonarios y que se sienten satisfechos con eso: respetable pero no lo comparto, yo me crié con un Nacional diferente, un equipo con un signo de grandeza, no de mediocridad, por eso de nuevo lo repito: ¡Vergüenza!

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