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Información provista por datafactoryTodo fue una vergüenza y todos debemos sentir vergüenza. Si usted se precia de ser hincha de Nacional, si usted alguna vez ha jugado fútbol y se ha preocupado por conocer más a fondo este deporte; incluso si usted conoce algo de lo que significa el equipo verde de Antioquia: usted, después de lo visto ayer en el Atanasio Girardot debe sentir vergüenza. La victoria ante Millonarios no debe generar alegría, ganar así solo tiene el sabor de la frustración, triunfar de esa manera solo indica mediocridad, ignorancia y el tufillo rancio del conformismo. Si usted hoy saca pecho por esa pírrica conquista, no siga leyendo este texto.
Yo siento vergüenza por el cuerpo técnico, siento vergüenza e impotencia por esos dirigentes, siento vergüenza y mucha rabia con el 85 % de los jugadores, siento vergüenza, pesar y pena ajena por los hinchas que se regocijaron con esa triste victoria. Sí, en eso nos hemos convertido como institución, pido excusas y meto la cabeza entre la tierra, como el avetruz, por lo que hoy puedan estar pensando de nosotros apellidos como: Zubeldía, Cueto, Navarro, Moncada, Higuita, Asprilla, Aristizábal y muchos, muchos más. Porque afortunadamente nos queda la historia para soportar esta vergüenza que atenta contra la misma, contra lo que nos ha hecho grandes. Y ese mismo atentado se viste de verde, tiene ese bello escudo en el pecho y se pavonea como si nada por las redes sociales, en las tribunas, en la dirigencia, en el cuerpo técnico y en la gran mayoría de los jugadores. El mal que hoy nos carcome y nos tiene en la mediocridad no está en Millonarios, América, el DIM o el que ustedes quieran elegir. El mal de Nacional está en el mismo Nacional y, repito, no queda nadie eximido dentro de lo que forma una institución.
Lo de ayer no tiene un análisis más sencillo: un equipo que cuenta con una nómina de lujo, armada para ser protagonista, enfrentó a un equipo que se vio debilitado por lesiones y expulsiones. Lo vimos todos, y salvo que su lógica sea la de un abducido por un extraterrestre, o que usted sea un obtuso (cosas respetables), lo que se vio fue un equipo de once jugadores contra uno de ocho. El de once tuvo la inmensa oportunidad de golear, arrasar y pasar por encima de su malherido rival. Era la forma de demostrarle respeto a ese rival tradicional del que se jactan en la tribuna con coros que dicen que: “Lo odian porque el papito así se los ha enseñado”. Pero no pasó, Nacional en lugar de aplastar a Millonarios, se replegó, le dio el balón, no aprovechó esa premisa sagrada que se aplica en cualquier deporte: “La de aprovechar la superioridad numérica”.
Desde el banco el señor Osorio decidió mantener a un solo delantero, dejó a cuatro defensores cuidando a un sólo atacante azul, incluso por varios pasajes no tenían a quién marcar. Denigrante ver eso desde la tribuna ¡Qué impotencia de verdad! Muy pocos le gritamos “burro”. La gente cayó en la misma apatía, no era una cuestión de que llovieran insultos, era una cuestión de hacer sentir que la pobreza de Nacional era evidente.
Pero en el campo de juego se reflejó lo más patético: los jugadores. Salvo lo de Sherman, Medina, Nájera (que terminó jugando de delantero) y de ñapa meto a Murillo, nadie se salva. Apáticos, fríos, sin la entereza y la berraquera que debe tener un jugador de fútbol al que se le paga millones por su trabajo. Fueron unos auténticos mediocres que al final celebraron una victoria indigna en medio de abrazos, aplausos y gestos que indicaban que habían ganado “la final de la Champions League” ¡No señores! No celebren esa victoria ante un equipo que era un muerto en vida con solo ¡ocho jugadores! A eso hemos llegado en Nacional, a que jugadores e hinchas celebren victorias de este tipo. Respetable pero les pido que me respeten que considero eso una auténtica mediocridad.
Y yo felicito a Millonarios. Aplaudo su entrega, su vocación ofensiva con 10 jugadores, con 9 y con 8. Y les admiro esa valentía. Fue un equipo de valientes. Y ojalá en Nacional se copiara hoy un 10% de eso.
Yo canté el gol de Sherman Cárdenas. Pero lo cante por él. Lo canté por el gran partido que hizo, por su profesionalismo y actitud. Resistido desde que se anunció su llegada (me incluyo en esa lista, fui muy crítico con él) y hoy le doy gracias porque le escribo estas letras: ¡Gracias Sherman!
Y ya para terminar, estamos en el limbo. Lo de Juan Carlos Osorio no tiene ya justificación por desgaste, resultados y ambiente: se tiene que ir. Y con los jugadores: le exijo, a nuestra también mediocre dirigencia, que se tomen medidas de preaviso, multas y en algunos casos licenciamientos por bajo rendimiento. Y a los hinchas que ayer celebraron esa pírrica victoria, que se burlaron de Millonarios y que se sienten satisfechos con eso: respetable pero no lo comparto, yo me crié con un Nacional diferente, un equipo con un signo de grandeza, no de mediocridad, por eso de nuevo lo repito: ¡Vergüenza!
*Este texto también está publicado en www.blogverdolaga.com
“Sancionado con dos (2) fechas de suspensión que deberá jugar a puerta cerrada en el Estadio Atanasio Girardot de la ciudad de Medellín, por invasión a la cancha de los espectadores considerados como sus seguidores antes del partido entre D. Quindío y A. Nacional realizado el 3 de marzo correspondiente a la 5ª fecha de la Liga Postobón .I 2013 (Art. 98 num. 2 y 7). D”
Así reza la sanción que le impuso la Dimayor al club Atlético Nacional. Escueta, fría y sin preámbulos, como son todas las sanciones, más aún cuando viene de esta entidad.
Partamos del hecho que todo este novelón nace de una pelea entre hinchas de Nacional. Acá, nada de esto estaríamos lamentando si no hay pelea entre hinchas. Que sean de la tal “Nación Verdolaga” (grupo que ni conocía y no quiero conocer) o de Los Del Sur (barra que siempre he respetado), el punto es que una pelea entre seguidores del mismo equipo, entre gente que sigue lo mismo, entre personas que llevan el mismo escudo en el corazón. Es bochornoso, es más, es ridículo, da pena ajena, oso, produce alergia…
Ahora bien, más allá del hecho que es claro (la pelea), antes, durante y después, lo que pasó en Armenia tiene unos ingredientes que hacen que la misma sanción sea medida con guantes de seda a la hora de juzgar (sobra decir que la Dimayor para ese tipo de cosas lo que tiene es guantes de plomo).
Antes
La misma barra Los del Sur había advertido de la peligrosidad de la otra barra. Hablaron con las directivas de Nacional y éstas, repito, esto fue antes, llevaron el tema a la mesa de seguridad y convivencia que se hace antes de los partidos. Lo han dicho Víctor Marulanda y el presidente De La Cuesta: Atlético Nacional le advirtió a las autoridades de Armenia sobre el riesgo de ubicar en una misma tribuna a estas dos barras. La gente de Armenia estaba advertida, conocían del riesgo y tomaron las decisiones que desencadenaron estos hechos. Fueron, los de la mesa de seguridad y convivencia, sordos, negligentes y relajados. Ellos merecen sanción.
Durante
Se arma el zafarrancho entre las barras y ¿qué hace la gente que nada tiene que ver? Pues lo que haríamos todos: protegernos. Eso hicieron con el consentimiento de la autoridad. Incluso lo pidieron por los megáfonos del estadio, incluso la misma policía guió a los hinchas al gramado mientras que en la tribuna se trataba de controlar a los peleadores.
“Hinchas del equipo visitante, quienes se encontraban en la tribuna oriental del Estadio Centenario de Armenia, ingresaron al terreno de juego, originando una invasión”, dice el informe arbitral. Otro ingrediente que ayuda a la sanción. Si el señor árbitro en vez de “invasión” utiliza la palabra “evacuación”, pues la sanción no tiene lugar. Simple, a la gente la evacuaron a la gramilla para que tuviera más seguridad… Creo que el árbitro merece sanción por no conocer los hechos y, peor aún, no saber interpretarlos.
Después
Hoy el equipo, el estadio, los hinchas, los vendedores que tienen su sustento por lo que la gente consume dentro y fuera del Atanasio, todos, todos estamos sancionados. Todo el contexto que expliqué anteriormente forjó esta sanción.
En declaraciones concedidas a Nacional Es Pasión, el presidente De La Cuesta dijo que se siente impotencia, que advirtieron de todo y dieron todas las precauciones y alarmas, y pasó lo que pasó. Manifestó que: “Hay que enderezar el camino y defendernos. Es una lección para los hinchas, policía y mesas de seguridad y convivencia”.
Conclusión
Estoy casi seguro que la sanción la bajan a una sola fecha. Muy de acuerdo estoy con el presidente De La Cuesta: esto es una lección para todos. Hay que darse la pela y pedirle a la “Divina Providencia” que en cada torneo no seamos los protagonistas de la novela de una sanción.
*Este texto también está publicado en www.blogverdolaga.com
Los grandes equipos tienen grandes hinchadas que no solo se quedan en el acompañamiento. Generar opinión respetuosa, debates sanos, opiniones diversas que van por fuera del contexto del sabio o de estar pontificando, hablar sin arandelas, comunicar lo que se siente con claridad, resumiendo: hablar como hincha para hinchas. Ese es el objetivo de Verdolagas.FM. El nuevo programa que debuta hoy a partir de las 7 pm y que se podrá oír, bajar y llevar a cualquier lado a través de www.verdolagas.fm
Este proyecto tuvo sus raíces con Frecuencia A/N, luego pasó por Caracol Radio con el Fenómeno Verdolaga y ahora, en aras de no dejar huérfanos a los fieles oyentes, renace como Verdolagas.FM. El equipo de trabajo lo conforman integrantes del Blogverdolaga y de Nacional Es Pasión, sin duda lo mejor de lo mejor en cuanto a información de Atlético Nacional en la web.
No lo olviden, la cita es todos los martes a las 7 pm. Estaremos con ustedes Carlos De La Ossa (@carlosdelaossa), Santiago Dávila (@sandavila88), Arlen Pavón (@arlenpav), Sebastián Arango (@Sebasttian77) y yo (@poterios).
Nada mejor que hablar de Nacional, nada mejor que un debate de hinchas y para hinchas con respeto y alegría, es Verdolagas.FM ¡El programa es de ustedes!
¿CÓMO ESCUCHARNOS? Muy simple.
Opción 1: Accede desde tu computador (Mac o PC) o dispositivo (iOS, Android, WindowsPhone o Blackberry) a verdolagas.fm. De forma automática (si estamos emitiendo el programa en ese momento) comenzarás a oír el programa de HINCHAS, para HINCHAS.
Opción 2: Accede desde tu computador (Mac o PC) o dispositivo (iOS, Android, WindowsPhone o Blackberry) a nuestra cuenta en Mixlr (plataforma sobre la cual transmitiremos el programa). Para hacerlo tienes dos caminos: el primero es yendo al inicio y haciendo clic en el logotipo de Mixlr que aparece dentro del cajón blanco de transmisión (ver imagen a la derecha) y el segundo camino es yendo directamente a Mixlr.com/VerdolagasFM.
Si tienes alguna duda o dificultad no dudes en contactarnos vía correo electrónico o a través de nuestra cuenta en twitter @VerdolagasFM.
Los inicios de año son sinónimo de cambio, renovación, esperanza y ambición por nuevos proyectos. No importa que muchos de estos deseos, como la intención de bajar de peso, duren solo hasta marzo, lo que importa es la intención. Como hincha de Atlético Nacional hubiera deseado empezar el año 2013 con esos sentimientos de expectativa positiva hacia lo que pueda hacer mi equipo en el primer semestre del año. Me encantaría tener esa sensación, esa seguridad de iniciar el torneo con un equipo que va a borrar ese sinsabor con el que terminamos el 2012. Pero no, la realidad es cruda, el sinsabor se mantiene, la incógnita sigue y uno en su corazón de hincha mantiene esa triste sensación de no ser importante para quienes hoy manejan el club. Eso sí, una cosa no cambia: para los abonados, las sombrillas siguen llegando a granel, un fiel ejemplo de lo que es nuestro club hoy.
Últimamente veo que a los hinchas de Nacional nos acusan de inconformes por todo. Incluso en una columna que hice para @blogverdolaga, una vez hablé del tema. Creo que a veces uno se deja llevar por las calenturas, cae en argumentos blandos y termina en el mediocre concepto del hincha que no tiene ni idea de lo que habla. Se queda todo en charlatanerías. Pero la otra cara de la moneda indica que la grandeza de Atlético Nacional va de la mano de una hinchada que le exige no ser inferior al reto de su historia. Que el hincha exija es válido, válido hasta que el mismo hincha transgrede la barrera de lo civilizado y cae en vandalismos e irrespetos tontos. Dentro del marco de la decencia, creo yo, el hincha puede exigirle a su equipo lo que quiera. Es parte de las reglas de juego de la relación hincha-equipo.
Yo me siento inconforme, no es algo de hoy, la cosa viene de años atrás. Es una sensación que el título del 2011 anestesió por momentos y que la Superliga y la Copa Postobón no le hacen mella. La ecuación lleva a lo mismo: en Nacional no se están haciendo las cosas bien. Mi argumento no se centra en que en el pasado todo era mejor y ahora todo es peor. No, en el pasado hubo embarradas administrativas del tamaño de la Vía Láctea e igual trajeron troncos, eso pasa y no dejará de pasar. Lo que más me preocupa, lo que busca tapar esa gigante sombrilla que hace rato abrieron los directivos (llámese Lizarazo, Zurek, Marulanda, De La Cuesta, el que sea), es la pérdida de la mística y la identidad del club.
Es una secuencia en cadena.
La voz del hincha. Poco o nada se tiene en cuenta. Miremos los precios de la boletería frente al nivel del equipo, es cuestión de entender el bolsillo del hincha humilde que siempre acompaña, la baja en las asistencias o lo que se dice en las redes sociales o en la calle. Son síntomas claros que en las oficinas de la sede del equipo no ven. O si ven, pero no sé si es por soberbia, incompetencia o pereza, no se quieren solucionar.
El manejo con los ídolos. De nuevo se abre la sombrilla para que reboten preguntas como: ¿Por qué no se acercan a los ídolos para que aporten con sus experiencias y enseñanzas? ¿Por qué no costear su capacitación para que sean los técnicos y/o asesores del futuro del equipo? ¿Por qué no tener cerca, del lado del club, a los hombres que forjaron su historia e identidad? Más aún cuando hoy está muy perdida. Preguntas que rebotan en la sombrilla…
El cuerpo técnico. Osorio va a completar 9 meses en el cargo y por lo menos yo (y creo que la mayoría de ustedes) no entiende sus decisiones, su metodología y su filosofía. Me pregunto: ¿Atlético Nacional debe adaptarse a Osorio? U ¿Osorio debe adaptarse a Nacional? Creo que el término medio entre la respuesta de estas preguntas es el camino indicado. Por ahora lo que veo es que Osorio impone, Marulanda asiente, De La Cuesta se ocupa de los números y el hincha padece.
Pongo de ejemplo a Millonarios. Contrató a cuatro jugadores y se desprendió de varios importantes, pero uno percibe que hubo planeación, que estudiaron cada nombre en aras de buscar un beneficio y dejaron a la hinchada conforme para pelear por la Libertadores y defender el título del 2012.
Yo en Nacional no veo eso. Veo sí una nómina de respeto, veo que no se desarmaron (si Macnelly se iba no estaría escribiendo estas palabras) pero lo que trajeron no colma, no llena. Neco llega a pelear el puesto con Armani y Bonilla. La verdad creo que sobraba su contratación. Sherman Cárdenas es una esperanza que no ha sido, no cuajó en Millos, no cuajó en Junior y ojalá cuaje en Nacional. Pero a un jugador de este tipo Nacional lo compra y le hace un contrato por ¡tres años! De verdad, ¿eso es sensato? Yo no lo creo. Diego Arias sí me llena. Creo que va a dar mucho más de lo que poco o nada que dio Jhersson Córdoba. Ahí acertaron. Ahora estamos a la espera de un delantero. Se habla de Juan Pablo Ángel. Creo que fue un referente del club en la campaña del 94, un jugador que dejó huella, no es ídolo, pero aportaría mística, buen ambiente, experiencia, consejo, ayudaría a recuperar identidad, genera taquilla, pero ¿fútbol? ¿Es el delantero que necesita el equipo? Está Duque por recuperarse y está Uribe, veo que lo que necesitamos es un delantero de velocidad, gol y desborde. Ángel a sus 37 años ya no ofrece eso…
Empieza el torneo, los hinchas estamos llenos de dudas. A Osorio el margen de paciencia que le dimos ya se le acabó, Nacional debe jugar bien y pelear arriba en la tabla. Los jugadores deben ser dignos de la grandeza del club y la inversión que hace. Nosotros los hinchas llevaremos las 4 o 5 sombrillas que nos siguen dando por el abono. Sombrillas que no usamos para tapar los errores, las usamos para alentar y protegernos del sol y de la lluvia. Somos más prácticos.
*Este texto también aparecerá publicado en www.blogverdolaga.com
Yo no tengo nada personal en contra del profesor Juan Carlos Osorio. Soy hincha de Atlético Nacional y como tal me duele demasiado lo que pasó en el clásico que el cuadro verde empató a un gol con el DIM. De entrada les quiero decir que lo que voy a exponer en este post no va a tener ningún arrepentimiento si Nacional es finalista, campeón de Colombia, de la Libertadores o del mundo, todo de la mano de Osorio (ojalá fuera así). Vivo el presente y hoy este post fechado al 8 de diciembre, tiene como objetivo analizar el por qué Juan Carlos Osorio es el principal responsable de la NO victoria nacionalista ante su rival de patio, en un partido que estaba para ganarlo.
Hablar de la formación titular que plantó Osorio es un desgaste. Acá me puedo quedar escribiendo 15 mil palabras al respecto para llegar a una conclusión: la tal rotación solo la entienden las neuronas de Juan Carlos Osorio y de pronto las de su asistente técnico, Pompilio Páez. Por lo menos yo, un terrícola más, he tratado de entenderla con los argumentos del profe, con lo visto en la cancha y con los argumentos de los demás y me doy por vencido: no entiendo ese rollo tan “sofisticado”.
Ya en el plano del rendimiento del equipo, Nacional en el primer tiempo jugó bien. Nacional le cerró espacios al rival, lo metió en su campo, lo atacó por ambos flancos y fue amplio dominador. La temprana lesión de Mosquera permitió el ingreso de un Uribe que a punta de diagonales y movilidad complicó a la pareja de centrales del rojo e hizo figura al arquero Castellanos, que sacó de todo. Y cuando el arquero es figura, pues el análisis no amerita más cosa: el rival tuvo un buen flujo de ataque.
Con el tema de Uribe la cosa es sencilla. No juega mal pero no la mete. Pero ayer al pereirano se le veía un hambre y unas ganas de meterla y celebrar impresionantes. Al final del partido en esos corrillos que se oyen a la salida del estadio entre los hinchas, oía a varios decir que el culpable de la no victoria verde había sido del “petardo” de Uribe. Respetable opinión, pero a mi gusto muy equivocada.
Volviendo al tema. Nacional logra un gol justo y con eso se fue al descanso. La tribuna, la barra, el hincha, reflejó lo que mostró el equipo en la primera etapa con una tanda de cánticos llenos de alegría que duró casi la mitad del descanso.
Los primeros diez minutos del segundo tiempo tuvieron un pequeño impulso del Medellín que fue bien controlado por el verde y de nuevo el equipo cargó sobre predios de Castellanos y lo corroboró como figura. Luego llegó la decisión que cambió el destino de lo que debió ser este clásico…
Yo hasta ese momento veía un cambio para Nacional: la salida del apático, poco dinámico y errático Jersson Córdoba y el ingreso del joven explosivo, metelón y más coherente, es decir: Sebastián Pérez ¿Qué ganaba ahí el equipo? Fácil, Mejía contaría con un socio “obrero” y “raspador” que le ayudaría en la recuperación, ganaba el equipo en marca y no se desbarataba la figura y el espíritu ofensivo que le estaba causando mucha preocupación a la defensa del rojo.
Pero todo eso fue algo que pasó por mi humilde cabeza. Yo ni he estudiado en Manchester, ni tengo libreta para apuntar fórmulas de ecuaciones cuánticas futbolísticas, ni hablo con términos raros sobre volantes “resolutivos”. No, yo y creo que el 99% de los que leen este texto y han visto a Nacional, vemos el fútbol con más facilidad, sin tanta arandela.
Volvamos al momento nefasto. Juan Carlos Osorio envía al campo a Sebastián Pérez y saca a Fernando Uribe. Malo, regular o bueno, resistido o aceptado, Uribe era una preocupación para el DIM y Juan Carlos Osorio le quitó esa preocupación. Un Director Técnico tiene como función primordial el generar estrategias para complicar al rival para así ganarle. Pero no, nuestro DT lo que hizo fue quitarle un problema de encima al rival…Lo vimos todos.
Pero la cosa no paró ahí. El volante creativo, Macnelly Torres (un hombre que no es de velocidad, que su virtud, de sobra, es ser un gran pasador de balón) pasó a ser el centrodelantero. Y Jersson Córdoba, el más discreto de Nacional hasta el momento, pasó a ser el eje creativo. El mundo al revés, el mundo de los espejos invertidos, el mundo de Alicia en el País de las Maravillas, el mundo del fútbol que ve Juan Carlos Osorio.
Nacional, como lo podía pronosticar cualquier mortal que sepa que la pelota es redonda, se quedó sin flujo ofensivo y Medellín empezó a pensar en el empate, cuando antes del cambio de Uribe pensaba en no dejarse encajar el segundo gol. En resumen, por orden de Osorio, Nacional al minuto 15, ganando 1 a 0, se echó para atrás. Con todo respeto, eso es algo que va contra la filosofía, la historia y la grandeza de este club. Es una falta de respeto. Si eso se hace ante el Barcelona, vale… Pero ¿hacerlo ante un equipo con la propuesta futbolística que ofrece el rival de plaza?
Luego viene una decisión que corrobora el sin rumbo de Osorio en el partido. Ingresa a Micolta para ubicar de nuevo a un delantero y retrasa a Macnelly a su puesto de origen. Es decir, un ejemplo de improvisación en un partido catalogado de final.
Llega el empate en una jugada ingenua. Pero más allá del error del joven pero buen arquero Bonilla (bien decía Óscar Córdoba que un arquero se forma cuando le han encajado mínimo 600 goles) Nacional había sentenciado su suerte con los cambios que le dieron la llave al DIM para animarse a empatar un partido impensado.
Porque en lo individual yo esta vez rescato muchos nombres. Son mayoría en esta ocasión los que lo hicieron bien. Faryd Díaz: impasable. Medina y Murillo: sólidos. Bernal: lleno de ganas y buen rendimiento. Mejía: capo en el medio. Macnelly: chispazos pero no dejo de reconocer esos chispazos. Valencia: el gol y mil más que se come. Uribe: ganas, muchas ganas pero lo sacaron. Y se rajan con creces: Córdoba: el más flojo. Avilés: el más inmaduro. Bonilla: el error, no se le puede rebajar y de ahí debe aprender.
Este año no había salido tan aburrido del estadio como el 6 de diciembre. Lleno de preguntas estoy: ¿Entiende Juan Carlos Osorio la filosofía que ha forjado la historia de Nacional? ¿No estamos llenos en el equipo de un discurso de verso y lógica sin lógica? ¿Tanto aparataje no complica más al jugador? ¿No es el fútbol más sencillo, fácil y práctico? ¿Osorio sabe tanto que ya no sabe lo que dice saber? ¿Es Nacional el equipo para Osorio? ¿Hay que volver a la escuela nuestra, la de los técnicos de la “casa”? ¿El técnico está en un estado de terquedad que se va a morir con la de él así Moby Dick le hunda el barco? ¿Ha sido Juan Carlos Osorio el principal rival del mismo Nacional en este cuadrangular? ¿No ganar la Liga, no sumar una estrella en el escudo es un fracaso total o lo salvan la Copa Postobón y la Superliga? ¿Merecemos llegar a disputar un título? ¿Yo estoy completamente desfasado?
En fin, les dejo esas inquietudes. Por ahora lo único real es que hay que ir a apoyar el domingo, sufrir por que se dé otro resultado y esperar lo más difícil: que no vuelvan las locuras que nacen desde nuestro propio banco técnico.
Este post también aparece publicado en el Blogverdolaga http://www.blogverdolaga.com/post/37476717084/osorio-ganaba-el-clasico-osorio-empato-el-clasico
Cuando Nacional pierde perdemos todos, pierde desde el mensajero que trabaja en el equipo pasando por los jugadores, el cuerpo técnico y ni qué decir de nosotros los hinchas que llevamos a cuesta el peso de la amargura. Pero si nos ponemos en la moda que vivimos en el país de buscar responsables por perder cosas (remítase al caso: perder miles de kilómetros con Nicaragua), la derrota en el primer clásico de los cuadrangulares ante el DIM tiene un responsable, en mi opinión: el director técnico, Juan Carlos Osorio.
Mucho se ha hablado del tema, que son los jugadores los que corren el campo, que el técnico no tiene la culpa que dilapiden opciones de gol increíbles, que el DT no suda, que el profe trabaja en la semana y ya lo que pasa en el partido es del que se viste de cortos. Pero no, los entrenadores también pierden partidos y ayer fue un ejemplo perfecto de esa situación.
Osorio sabe, no tengo dudas. Pero a veces sabe tanto que sabe mal. Nadie duda de su decencia y honradez, como lo dije hace un buen tiempo con el caso Sachi Escobar: “muy caballero y querido pero se le paga un sueldo para que lidere una empresa llamada Atlético Nacional, que tiene como objetivo ganar”. Con el profe es igual. Acá no estoy pidiendo su cabeza, ni más faltaba, aún queda trecho por recomponer. Simplemente, reitero, es que ese clásico se perdió por su culpa.
Yo defiendo la tesis de que el fútbol es claro y me atrevo a decir que sencillo. Yo con lo poco que he visto de fútbol y con lo que logro entender, no necesito hacer un sinnúmero de cursos de dirección técnica o llenar 20 libretas de apuntes, para dilucidar que en un equipo de fútbol competitivo deben jugar los jugadores que tienen mejor nivel y, más aún, los que tienen ritmo de competencia. La cosa se debe aplicar con más rigor cuando se va a jugar un partido importante y ni que decir de un clásico.
John Pajoy venía de una para de un poco más de un mes. Ayer fue titular y se le notó esa falta de ritmo. Centros erráticos e intrascendentes, remates al arco sin potencia y/o desviados y poca efectividad para ganar en el uno contra uno. El partido ideal para que Pajoy cogiera ritmo hubiera sido un Nacional vs Cúcuta o Huila de la fecha 6 o 13 del Todos contra Todos, en la banca, e ingresando al minuto 70. Y así, de a poco, hasta ganarse la titular a punta de minutos. Pero no, en la cabeza de Osorio la lógica es otra. Entre tanto, Avilés Hurtado, que venía de anotar goles, con ritmo, con un nivel ascendente, se quedaba en la banca de suplentes e ingresaba para el segundo tiempo cuando la lógica que sí tiene el fútbol, le mostró al DT que lo que había hecho era un error.
Por ese lado va una equivocación. La otra la ubico en la conformación del banco de suplentes. A pesar de la poca producción goleadora de Fernando Uribe, creo que venía de menos a más y para un partido contra un equipo como el DIM, que se sabe que llena de gente la mitad del campo y se mete con 11 en su propio terreno, pues un hombre de área, un nueve neto, no sobraba para buscar otra alternativa para llegar al gol.
Eso fue lo que pasó. Por más fea que nos pueda parecer la propuesta del DIM, “Bolillo” Gómez le dio una lección a Osorio: el fútbol se lee fácil, no hay que sobreactuarse y hay que apuntarle al recurso más óptimo.
Nacional tuvo un primer tiempo timorato y lleno de lagunas, para el segundo tiempo fue más dominante y atacó y atacó ¿Cómo? Con un bombardeo de centros digno de Hiroshima pero que hacía el daño de una pluma…No había un 9, los balones eran un manjar para los dos centrales del equipo rojo. La solución de Osorio fue meter a Valencia para rematar (¿Rescatar?) el juego ¿Es Juan David Valencia un rematador de partidos?
Lo anterior se suma al recurso repetido de querer salir siempre arriesgando el balón con posesión. Ayer se perdieron unos diez esféricos cuando el DIM presionaba a Medina, Bonilla y Henríquez.
Son cuatro errores de planteamiento y decisión del Director Técnico. A eso súmele el flojo partido de Macnelly (sí, él también tiene malos partidos), la flojera de Mosquera, la pasividad de Córdoba, la soledad de Micolta y el error individual de Bonilla (sí, él también se equivoca).
Valoro que Juan Carlos Osorio reconoció sus errores. Gallardo es. No estamos hundidos y queda mucho por pelear y hay desquite en pocos días contra los rivales de plaza. Pero ayer sí que dolió perder así…
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Ya son 18 títulos. 18 vueltas olímpicas. Ser hincha de Atlético Nacional es un privilegio que va más allá de amar al equipo más ganador de país. Pensar que hay equipos, y lo digo como mucho respeto, que han luchado toda su existencia y no saben lo que es dar la ronda del campeón. El hincha de Nacional es un privilegiado y el título de la Copa Colombia es otra alegría más, una que estaba pendiente, el problema es que para el cuadro verde siempre habrá algo “pendiente”. Es el precio de la grandeza.
Analizar el partido de la final sobra. La superioridad del campeón fue notoria y la justificación de este título no merece ni un margen de duda. Hay que mirar más allá, hay que escudriñar lo que costó obtenerlo y el plus que genera. No en vano, no hay que olvidar, aún con el tufo de la victoria encima, que el equipo de Juan Carlos Osorio está ad portas de enfrentar la fase semifinal del torneo que da estrella. Del más importante.
Soy de la siguiente tesis: Nacional por historia y grandeza debe ganar todo lo que se le ponga enfrente. Pero hay que tener sensatez en las evaluaciones. Yo, por ejemplo, gano la Superliga y aplaudo, gano la Copa Colombia y celebro, gano la Liga, una estrella más, y me enloquezco, gano la Suramericana o la Libertadores y no sé en cuántos días regrese a la casa. Ni hablar de ganar un Mundial de Clubes…
Pero con la Copa Colombia la cosa es curiosa. Salvo Equidad, todos los hinchas de los equipos que la han ganado han renegado de ella antes de tener en sus manos el trofeo. La ganó Cali, Santa Fe y Millonarios y todos la menospreciaron cuando no la tenían. Nosotros, los verdolagas, fuimos iguales.
Pero llámela Copa Colombia o Trofeo de San Bonifacio, lo que sea, para Nacional este “oasis” de victoria cae como anillo al dedo. Este equipo no llenaba la retina, el técnico era incomprendido, los hinchas no entendíamos la tal rotación, las lesiones eran pan de cada día, en casa se jugaba pésimo, en fin, razones en contra sobraron. Pero poco a poco, confiando en la fortaleza de su trabajo, el conocimiento del grupo y con mucha paciencia, el técnico Juan Carlos Osorio se mantuvo firme y hoy celebra dos títulos desde que llegó a Nacional.
Ahora se vienen los cuadrangulares y el candidato es el cuadro verde. Viene de ser campeón, su nómina está intacta (salvo la lesión de Duque y Armani), la hinchada está en comunión con el equipo y el nivel de juego es muy bueno. Todo a favor, poco o nada en contra. Ojo, repito, Nacional es firme candidato para ser campeón de la Liga Postobón y colgar la estrella 12 en el escudo. Somos unos privilegiados, somos del verde, somos felices.
No es un chiste ni una ironía el título de este post. Pero hoy, a pocas horas de disputar la final de la Copa Colombia ante Pasto, Atlético Nacional goza de buena salud física y mental. Algo de lo que no ha gozado en los últimos meses. Todo está dado para que el cuadro verde sume otra copa en su amplia galería de trofeos.
No me monto en el bus de la victoria con antelación, ni me nubla la pasión y el hinchismo, es una cuestión de simplismo. La cosa no es una ecuación compleja, es sencilla, tal cual: Nacional es más que Pasto. Lo que no justifica que en el partido de vuelta en el Atanasio el cuadro verdolaga no tenga que corroborarlo en la cancha.
Más allá del poder económico del club, de su historia, de la capacidad de cada jugador, sus pergaminos y de su técnico, Nacional llega en un mejor momento. El verde solo ha perdido dos partidos, sus números avalan una campaña buena que no ha dejado de ser dura. Mal que bien a la actual nómina y especialmente al profe Osorio, les ha costado “sudar sangre” para ganarse el corazón de la hinchada. Solo hay que ver cómo ha jugado el equipo en condición de local.
De ahí se desprende el único miedo que me asalta para esta final: la presión que siente Nacional jugando en casa y sus flojas presentaciones. Pasto no es cualquier perla pero complica, y mucho. Si el verdolaga cae en esas presentaciones de local llenas de letargo y mediocridad, la situación se podría poner difícil.
Pero llenémonos de positivismo. Nacional llega sin jugadores lesionados, algo que curiosamente hay que celebrar en la nómina a la que se le llegó a bautizar con el nombre de: “EPS, Verdolaga”. Todos los jugadores están disponibles, menos Nájera, que se pierde el juego por acumulación de amarillas. Fuera de eso, ya en lo futbolístico, Nacional viene jugando bien. Clasificó por anticipado a los cuadrangulares de la Liga y logró lo más importante: se reconcilió con el gol.
Pero el factor importante es la hinchada. El apoyo de 40 mil personas en el Atanasio es fundamental. A Nacional su historia lo obliga a ganar todo lo que se le atraviese, por eso el empuje del hincha es vital. Allá estaremos, con lluvia o sin ella, alentando, apoyando y siendo positivos. Este título sería fundamental para el impulso que ya tiene el equipo para ser favorito al título que da una nueva estrella en diciembre ¡Vamos los verdes! ¡Nacional dále campeón!
Me siento en oriental, esa mítica tribuna del estadio Atanasio Girardot donde todo pega más duro. Si llueve, te mojas hasta los tuétanos y si hace sol, entras como un albino y sales más colorado que Paul Scholes o más tostado que Gervinho. Allá tengo un combo familiar conformado por primos. Somos cuatro en total y a ello se suma el grupo de los otros hinchas de siempre donde se mezcla juventud con veteranía. A todos nos une algo que no nos suelta últimamente: nada que Nacional logra hacernos felices de nuevo.
Yo entiendo que el equipo solo ha perdido un partido de la Liga Postobón, tengo claro que estamos a seis puntos de la clasificación cuando quedan quince en disputa, también veo que estamos en el quinto lugar, que el promedio de rendimiento bajo el mandato de Juan Carlos Osorio es casi de un 72%. Todo eso lo pondero, pero se los confieso, y no sé si interpreto un sentir general: siento un vacío con el equipo, que algo me falta, no me siento feliz cada vez que voy al estadio y de empate en empate salgo achantado. Los números muy lindos, sirven, pero el alma futbolera que tenemos los hinchas está vacía.
Pienso a veces que los hinchas de Nacional por momentos molestamos mucho. Lo escribía en otro post en Blogverdolaga: con pocos minutos de juego y “puteamos” por todo, poco margen de error otorgamos, como dirían las tías: “somos a veces cansoncitos”. Y me incluyo, cae uno en eso pero es parte del hincha. No sobra hacer el ejercicio de mirar en qué clase de hincha nos estamos convirtiendo. El hincha paga y exige pero no sobra reflexionar si a veces nos pasamos. Miren que este equipo juega distinto en condición de visitante. Lo que para nada justifica que los jugadores se excusen en “el exceso de presión que sienten en el Atanasio”. Para mí, pataletas de unos señores a los que se les paga millones por jugar fútbol. Pero reitero, no sobra la reflexión.
Contra Santa Fe la cosa es clara. Un primer tiempo para el olvido, el bostezo y la amargura. Un Nacional parco, sin vocación, con un par de remates al arco rojo y ya. El equipo sin dinámica, errático y confuso. Nos sacó de la modorra el golazo de ese crack que es Ómar Pérez. Nunca me había tocado ver un gol olímpico y menos aún había visto uno tan limpio y hermoso. Si uno no reconoce eso, por más que se lo hayan anotado al equipo de sus amores, mejor no ver más fútbol.
Para el segundo tiempo apareció otro Nacional. Salió Fernando Uribe. Es una lástima, no cuaja en el verde, vamos en la fecha 13 y Uribe no engranó. Búsquele las explicaciones que quiera, pero por ahora la camiseta verdolaga le quedó grande.
Nacional metió en su campo a Santa Fe, lo atacó por todos los lados y de todas las maneras posibles y logró el empate con otra pintura de nuestro crack: Macnelly Torres ¡Qué penal se fajó! Santa Fe con mucho amor propio logra el segundo gol. Una anotación que refleja aún el daño que le causa al verde el cobro de costado y la pelota quieta.
Y de nuevo apareció el empuje de la hinchada. Lo reconoció el profesor Osorio, no dejamos de alentar. El área de Santa Fe era un campo de bombardeo. Y se juntaron dos factores: la inmensa actuación de ese joven arquero que es Camilo Vargas y el Festival Nacional del Desperdicio del Gol que fue Nacional.
Murillo empata el asunto y hasta el último segundo del partido voló Vargas en ese remate de Mac. Nacional de nuevo no ganó en casa. Una casa que hoy ya no es un fortín, es el Palacio del Empate. Por eso no hay felicidad, no se gana y sin el factor victoria el hincha no puede estar feliz. Pero no importa, ahí estaremos de nuevo: con sol o con lluvia, aguantando lo que sea, incluso la falta de definición de nuestros jugadores.
*Este texto también aparecerá publicado en Blogverdolaga.
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Defender ídolos es complicado, fácil es destruirlos. Ídolo es una palabra muy grande que conlleva muchas responsabilidades. En Nacional pasa un fenómeno curioso que se da por el cambio generacional: el concepto de ídolo se volvió difuso y ese puede ser un buen tema para otro post. Hoy el tema será Gastón Pezzuti, para mí, el último ídolo que ha tenido el cuadro verdolaga.
Recuerdo cuando llegó. Vi las imágenes de su presentación en el estadio Atanasio Girardot. La cosa no fue multitudinaria. Pezzuti llegó mechudo, con gesto de timidez, sin hablar mayor cosa, sin mayores pergaminos. Incluso muchos, me incluyo, acudimos a Google para saber quién era el nuevo arquero extranjero que había traído el equipo.
No la tuvo fácil el ex Racing de Avellaneda. Basta con decir que si en Nacional no la tiene fácil alguien de Bogotá, Barranquilla y otras regiones, menos aún la iba a tener fácil un arquero que llegaba sin cartel al arco que tuvo como dueño a hombres como David Ospina, Miguel Calero, René Higuita, Lorenzo Carrabs y Raúl Navarro.
Con bajo perfil empezó a trabajar Pezzuti. Atajaba poco, cuando lo hacía había indiferencia de la tribuna, las mujeres lo empezaban a referenciar por “pintoso” y así, sin sobresalir, pasó el tiempo. Un día cambió de “look”. Nacional se debatía en una de sus épocas oscuras de malos resultados, fútbol pobre y ambientes enrarecidos por divisiones dentro del grupo de jugadores. De buena fuente sé que el “sindicato” de la época que lideraba Humbertico Mendoza apartó a los argentinos. Le hacían mal ambiente a Maggiolo, no le hablaban a Pezzuti, pero el guardameta mantuvo su profesionalismo, siguió trabajando y fue profesional.
Llegó la escoba de Santiago Escobar y barrió con todo. Pezzuti sobrevivió. Nacional empezó el torneo bien, llegaron los incidentes, el bajón, la sanción, el equipo mendigando dónde jugar. Rabia, amor propio y las heridas mutaron hacia un Nacional que empezó a eliminar rivales en la fase del “mata-mata” que tenía el torneo colombiano. Palomino, Ibarbo, Macnelly: nombres que sobresalían en ese equipo. Pero en el arco estaba el sostén de todo. Estaba Gastón Pezzuti. Nacional no era un derroche de buen fútbol, menos aún una sólida muralla defensiva (¡estaban Giraldo y Aguilar!), al equipo le llegaban por todo lado y ahí apareció el argentino. Era figura partido tras partido sacando balones imposibles, ganando mano a manos, impulsando al equipo desde el arco. Se acuñó la frase: “Ahí tenemos a Gastón, menos mal…”
Llegó la final y tapó lo que dio el título. Quedará en la historia verdolaga y quedará en la historia del fútbol colombiano: la estrella 11 del club Atlético Nacional se estructuró bajo la figura de su arquero, el señor Gastón Pezzuti. Eso lo hace ÍDOLO.
La hinchada lo vio así: cántico para él, trapo en la barra Los del Sur y a partir de ese momento se desató la “Pezzutimanía”.
De nuevo el nubarrón se posó en Nacional: eliminación de los cuadrangulares, la novela de la Libertadores y de nuevo eliminación del primer torneo local de 2012… Pezzuti con altas y bajas, humano es. Poco a poco se empezó a evidenciar un desprecio de un sector minoritario del estadio liderados por “periodistas vendepauta”, borregos futboleros sin criterio, imberbes del fútbol divorciados del conocimiento y pegados al insulto. Pero no hay que olvidar que en el fútbol, del amor al odio, hay una jugada de distancia.
Lesión, recuperación y errores. Parte del hecho de forjarse como ídolo está en eso, en ser grande en la época dura, la difícil, la que duele, y ser humilde en la del éxito, la de los gozosos. Gastón Pezzuti lo ha hecho. Es una persona que maneja todo con un sentido de familia. Su familia es su razón de ser y dentro de esa familia está Atlético Nacional. Le duele el equipo, aprendió a sentirlo y supo interpretar su filosofía.
Su calidad humana no amerita una sola sílaba de discusión, su calidad profesional tampoco.
Hoy su nivel no es el mejor. La ley del fútbol es clara: juega el que mejor esté. El gran Pezzuti debe ir al banco y hacer lo que mejor nos ha demostrado: trabajar para volver a ser el mejor. Lo hará, le enseñará a Bonilla, lo guiará y con humildad se sentará en el banco a aportar. Él ha demostrado que es así.
Para mí es ídolo de Nacional, me rehúso a insultarlo. Insultarlo es el camino fácil… Gastón Pezzuti es ídolo verdolaga, eso se gana con sudor, sangre, honestidad, victorias y derrotas. Él lo hizo.
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