14

dic

2013

Una reverencia para Juan Carlos Osorio

Estaba en mora de volver a escribir sobre Atlético Nacional. No soy de los que escribe por escribir, creo que eso lo lleva a uno por el camino de la mediocridad y a decir pavadas. Yo escribo cuando me lo dicta el corazón, la pasión y la sensatez. Me alejé, sí. Los motivos van desde los insultos hasta las leyes de matoneo e intransigencia de las redes sociales. Hay que estar por encima de ciertas cosas como también hay que evaluar tiempos para escribir. Nada lo justifica ante ustedes, los lectores, y por eso pido disculpas, por la lejanía.

El primer año de Juan Carlos Osorio fue duro para él como para nosotros los hinchas. Yo critiqué a Osorio. Lo hice desde la vereda del respeto, siempre valorando su profesionalismo y decencia. Las diferencias eran claras: la rotación, el estilo de juego que se fundamentaba en el pelotazo y muchas veces el alejamiento y frialdad con algunas respuestas de su discurso. Para nadie es un secreto, la percepción casi general era que el DT pereirano no encajaba con la historia y filosofía de Nacional.

La tesis de montarse en el bus de la victoria, con la que algunos obtusos y facilistas argumentan lo que uno ahora siente por Osorio, es digna de quienes jamás han jugado fútbol o lo han sentido en las entrañas. Si el fútbol fuera una constante, una línea rígida en la que siempre hay que sentir lo mismo (amar siempre, odiar siempre) sería, sin un ápice de duda, el deporte más aburrido del planeta. Menos mal no es así. El fútbol es una montaña rusa de emociones y sentimientos. Nada más piensen en lo siguiente: uno empieza un partido insultando a un jugador, y éste con un par de magias revierte el discurso hacia el lado del corazón, de la ovación. Si todo en el fútbol fuera plano e igual, que se acabe ya. Menos mal no lo es.

Nadie logra escribir páginas doradas en la historia sin sufrir. Eso no es espontáneo, la grandeza se teje, se gana a pulso, se padece…Cuando Oswaldo Juan Zubeldía llegó a Nacional, llegó resistido, fue más resistido aun cuando impuso una férrea disciplina. Francisco Maturana no llegó a Nacional y se sentó de inmediato en el trono. No, no le tocó fácil en su primera temporada al chocoano. Su filosofía del toque no caló de inmediato, mal que bien el hincha verde venía de algo muy distinto, del fútbol del Maño Ruiz…

A lo que va el anterior párrafo es a lo siguiente: al hincha de Nacional le cuesta adaptar el chip de los cambios, tres etapas de hombres que rompieron paradigmas ha vivido el equipo, tres cambios hacia caminos distintos y para ninguno de ellos, Zubeldía, Maturana y Osorio, el inicio del camino fue fácil ¿Qué no debería ser así? Válido, pero es tal la grandeza de Nacional que hoy un DT tuvo que ser campeón 4 veces para embolsillarse el corazón de una hinchada.

Pero la cosa no es de un solo lado. Es de doble vía. La opinión pública verdolaga también aprende, cede y se educa. Con terquedad, sí, pero lo hace. Hoy vivimos un modelo de hinchada muy distinto al de hace 20 años. Hoy existe el hincha digital que suple al de radio, hoy hay un flujo de información que amplía y castra criterios. Soy de la tesis que cada quien se labra su criterio, lo labra su cultura, su formación y su todo. Yo respeto todo, trato de hacerlo, pero mi línea va hasta que se trasgrede el respeto. Hasta ahí llego. Es mi ley en Twitter.

El punto de quiebre en la relación con Juan Carlos Osorio se dio con el título del primer semestre de 2013. El estadio El Campín fue testigo del inicio de la historia Osorista. No hay Supercopa o Copa Postobón que le den la talla en alegría e importancia a ganar una estrella, eso es una verdad a pulso. Ahí empezó una fase de este proceso educativo: La hinchada cambió, Osorio cambió y Nacional cambió.

Sí, fue una mutación compartida. Osorio, un hombre por demás inteligente, cambió cosas que en el primer semestre alejaban al hincha: el pelotazo pasó de ser la vía principal de llegada al rival a ser una de las opciones de ataque al rival. Nacional empezó a ofrecer una tenencia de balón basada en el toque con cambios de ritmos y velocidad, cambios de frente, la misma apertura del campo pero acompañada del toque para la apertura de espacios. Ocurrió lo que siempre pensamos: el fútbol histórico de Nacional, mezclado con la filosofía de velocidad y ocupaciones de espacios de Osorio. De igual forma Osorio cambió su discurso, pasó de lo defensivo a lo dialógico, de lo evasivo a la claridad y con eso fue más afable. Por último, se acordó de dos aspectos que hacen que los hinchas tengan tranquilidad: acercó a la sede de Guarne a un histórico como Víctor Aristizábal y empezó a mover a los jugadores jóvenes.

Y los hinchas cambiamos. Empezamos a entender más. A mirar más allá de la ovación por ovacionar y del insulto por insultar. Juan Carlos Osorio nos da una clase de humildad. Nos abre el espectro para ver y entender cosas nuevas. Lo nuevo siempre da miedo, lo novedoso cuesta, lo novedoso ayuda. Captamos que la rotación tiene su lógica, que tres defensas dan seguridad, que un solo delantero no es síntoma de poco ataque, aprendimos y aprendimos en la medida en que el invicto crecía. Vimos una máquina aceitada en donde todos los piñones sirven. Vimos un grupo ajeno a chismes, a indisciplina, vimos profesionalismo. Nos educamos en el nuevo Nacional. Hicimos la respectiva pataleta como el niño que no quiere la sopa, la prueba y luego ama la sopa.

Humildad y ser abiertos a los cambios, he ahí la gran enseñanza de Osorio para la hinchada verdolaga. Enseñanza que recibo y agradezco e invito a ello. Nos rasgamos las vestiduras en las redes sociales, le pasamos factura a los que criticamos. Todo eso se borra. Todo se borra ante este equipo que hace historia. Ante este Director Técnico de fútbol que siempre mantuvo la compostura. Que reveló las claves de su trabajo no en el momento de la derrota, las reveló cuando fue campeón. Osorio es sinónimo de carácter.

Ad portas de la estrella 13, con un grupo de ensueño en la Libertadores, en Nacional los retos siempre están ahí. Juan Carlos Osorio teje su carrera como el técnico más ganador en la historia nacionalista. Bienvenido profesor, yo hoy le hago una reverencia y se lleva toda mi admiración.

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08

jul

2013

¡Matáme Verde Matáme!

Era uno de los coros más populares de la hinchada en la década de los ochenta. De la mano de la narración del “Paisita” Munera Eastman el Atanasio Girardot se convertía en una sola garganta que brotaba el sentimiento de: “¡Matáme Verde Matáme!”¿Matar qué dirán algunos? ¿Qué significaba, qué comunicaba este coro? Con tres palabras se resumía mucho, se pasaba por el sufrimiento, por ese estado de clamor, de petición de buscar la palabra “matáme” con tal de seguir viendo los colores verdolagas. Se manifestaba el desahogo ante la frustración o la necesidad de escape ante tanta alegría. “Matáme Verde Matáme” en la boca de 35 mil almas era una forma de decir te quiero pero me haces sufrir, te odio pero me haces amarte…”Matáme verde Matáme” durante este semestre, en la fase “Todos contra Todos” y sobretodo en los cuadrangulares, más aún contra Pasto, Nacional de la era Juan Carlos Osorio lo aplicó con creces. Una lástima que ese coro se diluyó en el tiempo.

Hoy somos finalistas. A punta de suerte (mucha suerte), berraquera, pundonor, actitud y empuje, este equipo paso a paso se metió a una final que hace 15 días era totalmente impensada.

Yo no me arrepiento de nada de lo que escribo y si debo de hacerlo lo hago con la mayor humildad. Lo he dicho varias veces desde esta ventana y sigo pensando lo mismo: no me gusta el proceso de Juan Carlos Osorio, me parece un gran profesional, un buen técnico pero no un director técnico para Atlético Nacional. Es eso y a pesar de ser finalista y disfrutarlo hasta la médula, no dejo de ver el fondo: Osorio, no es un técnico para la filosofía de Nacional. Como también hay jugadores que no son para vestir estos colores.

La misma clasificación a esta final lo demuestra: fue una clasificación irregular como ha sido el nivel del equipo a lo largo del semestre, llena de dudas en el andamiaje, con baches profundos, sin denotar un esquema táctico sólido y un juego fluido. Y así se clasificó, y así también vale. Los más grandes también clasifican sin convencer, los más grandes también llegan a la meta trastabillando, pero llegan.

Nacional apeló al amor propio, a ese mismo amor propio que en el 2011 nos hizo campeones luego de ser suspendida la plaza y salir como parias a buscar estadio por todo el país. El verdolaga cuando apela a ese amor propio saca algo que lo impulsa, un algo que va más allá de nombres, esquemas y niveles, ese algo no se consigue de la noche a la mañana, ese algo es de pocos, no de muchos, se llama: jerarquía.

Esto ya no es algo de los que apoyan a Osorio o de los que van contra Osorio, no hinchas verdolagas, por encima de los directivos, de un cuerpo técnico, de los mismos jugadores está la institución, su historia, su abolengo y, la hinchada. Nada está por encima de esto. Por eso hoy que somos finalistas, que sufrimos y que vimos que sufriendo también es bueno y válido, hay que estar unidos alrededor de este equipo.

Ha sido un semestre duro, lleno de altas y bajas (más bajas) pero la jerarquía de Atlético Nacional lo tiene ahí de nuevo ad portas de coser una nueva estrella en el escudo (eso sí vale, las otras copitas son lindas pero la estrella es lo realmente valioso). Hay que llenar el Atanasio, el rival no pudo ser mejor, es Santa Fe, el equipo del que escribí que le envidio cosas (repito, no me arrepiento), uno de los cuatro mejores del continente y posible finalista de la Libertadores. Contra equipos así es que son buenas las finales. Por eso hago un llamado a la unidad por nuestro equipo, por ese bello Atlético Nacional que nos inculcaron nuestros abuelos, padres y tíos.

Para terminar quiero felicitar a todo la institución, desde la señora de los tintos, pasando por la parte administrativa, los directivos (incluyendo los flojos), los jugadores (especial reconocimiento de mi parte para Sherman Cárdenas, Francisco Nájera, Stefan Medina y Alejandro Bernal por su profesionalismo, no lloran por nada, no les da gastritis, son unos trabajadores gigantes y honestos) y al cuerpo técnico que encabeza Juan Carlos Osorio.

De nuevo Nacional está en una final, no es de extrañar, es su hábitat natural, su grandeza así lo exige. Los hinchas siempre ahí, con el corazón en la mano, las lágrimas en los ojos, la garganta doblada y el alma plena. Verdolagas, no lo olviden: “Matáme Verde Matáme”

¡Todos por la 12!

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23

may

2013

Lo que hoy envidio de Santa Fe

Soy hincha de Nacional hasta la médula pero ante todo me gusta disfrutar de todo lo que involucra un buen equipo de fútbol. Así como uno ve cosas de su equipo que no tienen otros, me parece sano y provechoso, hasta nostálgico, ver en otros equipos cosas que alguna vez tuvo el de uno. Eso me pasa con Independiente Santa Fe. Lo veo hoy y me trae recuerdos de algunos equipos que tuvo Nacional y que vivieron épocas doradas. Épocas que a pesar de estar clasificados y con buenos números, están distantes…

Nunca he sentido animadversión por Santa Fe. Siempre me ha parecido un equipo digno y  leal, con una hinchada que ha construido parte de su historia con base en el sufrir. Más de tres décadas sin títulos duelen pero al mismo tiempo forjan y en los rojos de Bogotá eso se llevó con altivez.

Mi equipo, Atlético Nacional, dirigido por Juan Carlos Osorio, está clasificado a los cuadrangulares, tiene unos números que denotan un buen rendimiento pero no me llena, no me hace feliz, no colma mi retina y me deja siempre con un vacío. Es como luchar por tener a Maria Sharapova de novia y descubrir que es bruta, mala persona y pésima en la cama. Es ver que el empaque es muy lindo pero en el fondo no hay nada. Es ver que hay todos los insumos pero son mal aprovechados. Es ver que se deja de lado una historia y una filosofía en aras del resultado. Es ver que prima el QUÉ, por encima del CÓMO. Eso veo en mi equipo…

Por eso envidio lo que hoy es Santa Fe. Para empezar desearía tener a tres de sus jugadores en las filas verdolagas. El primero de ellos es Ómar Pérez. Cerebral, preciso, de fútbol elegante, contagia positivismo, líder total, un jugador que pone a jugar a los que sean mediocres. Un tipo honesto. Este sí es un ídolo. Envidio no tener en Nacional a Ómar Pérez.

El segundo es Wilder Medina. Desechado en alguna etapa de su vida por Nacional. Letal en el área, una culebra, escurridizo y definidor. A veces me lo imagino al lado de Jefferson “La Fiera” Duque ¡Menudo banquete se darían este par de hambrientos del gol! Pero no, Wilder es cardenal. Envidio no tener en Nacional a Wilder Medina.

El tercero sería el arquero Camilo Vargas. Me gusta su estilo forjado en las inferiores de su club. Le admiro su sentido de pertenencia. Con errores y todo, me parece una garantía, un símbolo camino a seguir la huella de Mina Camacho en la historia del Expreso Rojo.

Pero mi envidia a Santa Fe va más allá. Envidio su estilo de juego, la idea de tener la pelota al piso, de manejar una dinámica que va al son del 10, del calvo del que hablé antes. Me gusta la transición de defensa a ataque con diferentes ritmos: Santa Fe juega en segunda, pasa a cuarta, baja a tercera, todo con la posesión del balón, todo con el respeto por la pelota. Veo en ellos una idea, no veo rotaciones sin ton ni son, no veo improvisación, veo trabajo, proceso. Eso llena la retina…

Al técnico Wilson Gutiérrez también se los envidio. Me gusta que sea un tipo que salió de la nada, que soportó los juzgamientos, que en silencio montó esta estructura, fue campeón y no ha perdido ni su esencia ni lo más importante: la humildad. Gutiérrez habla sin complicaciones, no busca ser el protagonista, no busca enredar, no demuestra que sabe a punta de sobreactuaciones con “libretas” o términos extraños, no, el demuestra lo que sabe con lo hace su equipo.

Pero hay algo más importante que lo futbolístico que envidio en Santa Fe. Este es un equipo con mística, con unión, con valores. En Santa Fe priman más las personas que el dinero. Sobra decir que lo que hicieron y hacen con Wilder Medina  es un ejemplo de ello. Todo el mundo le dio la espalda a Medina y el cardenal tuvo la humildad de apostar por él. Eso me demuestra un estilo de pensamiento distinto sustentado en lo humano por encima de cualquier cosa.

Veo a Santa Fe y recuerdo a Nacional del 81, del 89, del 91, del 94 e incluso del 2005 y 2007. Veo jugadores alegres, humildad (no me canso de repetir esta palabra), ideas claras, unión, comunión: veo un equipo.

Felicito a mis buenos amigos hinchas de Santa Fe, hoy, lo tienen todo para escribir grandeza. Mi envidia es sana y obliga a mirar con nostalgia la realidad de mi amado Nacional. Una realidad que me indica que no todo en un hincha son resultados: el corazón, el gusto y la retina también necesitan llenarse.

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17

abr

2013

¡Vergüenza!

Todo fue una vergüenza y todos debemos sentir vergüenza. Si usted se precia de ser hincha de Nacional, si usted alguna vez ha jugado fútbol y se ha preocupado por conocer más a fondo este deporte; incluso si usted conoce algo de lo que significa el equipo verde de Antioquia: usted, después de lo visto ayer en el Atanasio Girardot debe sentir vergüenza. La victoria ante Millonarios no debe generar alegría, ganar así solo tiene el sabor de la frustración, triunfar de esa manera solo indica mediocridad, ignorancia y el tufillo rancio del conformismo. Si usted hoy saca pecho por esa pírrica conquista, no siga leyendo este texto.

Yo siento vergüenza por el cuerpo técnico, siento vergüenza e impotencia por esos dirigentes, siento vergüenza y mucha rabia con el 85 % de los jugadores, siento vergüenza, pesar y pena ajena por los hinchas que se regocijaron con esa triste victoria. Sí, en eso nos hemos convertido como institución, pido excusas y meto la cabeza entre la tierra, como el avetruz, por lo que hoy puedan estar pensando de nosotros apellidos como: Zubeldía, Cueto, Navarro, Moncada, Higuita, Asprilla, Aristizábal y muchos, muchos más. Porque afortunadamente nos queda la historia para soportar esta vergüenza que atenta contra la misma, contra lo que nos ha hecho grandes. Y ese mismo atentado se viste de verde, tiene ese bello escudo en el pecho y se pavonea como si nada por las redes sociales, en las tribunas, en la dirigencia, en el cuerpo técnico y en la gran mayoría de los jugadores. El mal que hoy nos carcome y nos tiene en la mediocridad no está en Millonarios, América, el DIM o el que ustedes quieran elegir. El mal de Nacional está en el mismo Nacional y, repito, no queda nadie eximido dentro de lo que forma una institución.

Lo de ayer no tiene un análisis más sencillo: un equipo que cuenta con una nómina de lujo, armada para ser protagonista, enfrentó a un equipo que se vio debilitado por lesiones y expulsiones. Lo vimos todos, y salvo que su lógica sea la de un abducido por un extraterrestre, o que usted sea un obtuso (cosas respetables), lo que se vio fue un equipo de once jugadores contra uno de ocho. El de once tuvo la inmensa oportunidad de golear, arrasar y pasar por encima de su malherido rival. Era la forma de demostrarle respeto a ese rival tradicional del que se jactan en la tribuna con coros que dicen que: “Lo odian porque el papito así se los ha enseñado”. Pero no pasó, Nacional en lugar de aplastar a Millonarios, se replegó, le dio el balón, no aprovechó esa premisa sagrada que se aplica en cualquier deporte: “La de aprovechar la superioridad numérica”.

Desde el banco el señor Osorio decidió mantener a un solo delantero, dejó a cuatro defensores cuidando a un sólo atacante azul, incluso por varios pasajes no tenían a quién marcar. Denigrante ver eso desde la tribuna ¡Qué impotencia de verdad! Muy pocos le gritamos “burro”. La gente cayó en la misma apatía, no era una cuestión de que llovieran insultos, era una cuestión de hacer sentir que la pobreza de Nacional era evidente.

Pero en el campo de juego se reflejó lo más patético: los jugadores. Salvo lo de Sherman, Medina, Nájera (que terminó jugando de delantero) y de ñapa meto a Murillo, nadie se salva. Apáticos, fríos, sin la entereza y la berraquera que debe tener un jugador de fútbol al que se le paga millones por su trabajo. Fueron unos auténticos mediocres que al final celebraron una victoria indigna en medio de abrazos, aplausos y gestos que indicaban que habían ganado “la final de la Champions League” ¡No señores! No celebren esa victoria ante un equipo que era un muerto en vida con solo ¡ocho jugadores! A eso hemos llegado en Nacional, a que jugadores e hinchas celebren victorias de este tipo. Respetable pero les pido que me respeten que considero eso una auténtica mediocridad.

Y yo felicito a Millonarios. Aplaudo su entrega, su vocación ofensiva con 10 jugadores, con 9 y con 8. Y les admiro esa valentía. Fue un equipo de valientes. Y ojalá en Nacional se copiara hoy un 10% de eso.

Yo canté el gol de Sherman Cárdenas. Pero lo cante por él. Lo canté por el gran partido que hizo, por su profesionalismo y actitud. Resistido desde que se anunció su llegada (me incluyo en esa lista, fui muy crítico con él) y hoy le doy gracias porque le escribo estas letras: ¡Gracias Sherman!

Y ya para terminar, estamos en el limbo. Lo de Juan Carlos Osorio no tiene ya justificación por desgaste, resultados y ambiente: se tiene que ir. Y con los jugadores: le exijo, a nuestra también mediocre dirigencia, que se tomen medidas de preaviso, multas y en algunos casos licenciamientos por bajo rendimiento. Y a los hinchas que ayer celebraron esa pírrica victoria, que se burlaron de Millonarios y que se sienten satisfechos con eso: respetable pero no lo comparto, yo me crié con un Nacional diferente, un equipo con un signo de grandeza, no de mediocridad, por eso de nuevo lo repito: ¡Vergüenza!

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08

mar

2013

La sanción

“Sancionado con dos (2) fechas de suspensión que deberá jugar a puerta cerrada en el Estadio Atanasio Girardot de la ciudad de Medellín, por invasión a la cancha de los espectadores considerados como sus seguidores antes del partido entre D. Quindío y A. Nacional realizado el 3 de marzo correspondiente a la 5ª fecha de la Liga Postobón .I 2013 (Art. 98 num. 2 y 7). D”

Así reza la sanción que le impuso la Dimayor al club Atlético Nacional. Escueta, fría y sin preámbulos, como son todas las sanciones, más aún cuando viene de esta entidad.

Partamos del hecho que todo este novelón nace de una pelea entre hinchas de Nacional. Acá, nada de esto estaríamos lamentando si no hay pelea entre hinchas. Que sean de la tal “Nación Verdolaga” (grupo que ni conocía y no quiero conocer) o de Los Del Sur (barra que siempre he respetado), el punto es que una pelea entre seguidores del mismo equipo, entre gente que sigue lo mismo, entre personas que llevan el mismo escudo en el corazón. Es bochornoso, es más, es ridículo, da pena ajena, oso, produce alergia…

Ahora bien, más allá del hecho que es claro (la pelea), antes, durante y después, lo que pasó en Armenia tiene unos ingredientes que hacen que la misma sanción sea medida con guantes de seda a la hora de juzgar (sobra decir que la Dimayor para ese tipo de cosas lo que tiene es guantes de plomo).

Antes

La misma barra Los del Sur había advertido de la peligrosidad de la otra barra. Hablaron con las directivas de Nacional y éstas, repito, esto fue antes, llevaron el tema a la mesa de seguridad y convivencia que se hace antes de los partidos. Lo han dicho Víctor Marulanda y el presidente De La Cuesta: Atlético Nacional le advirtió a las autoridades de Armenia sobre el riesgo de ubicar en una misma tribuna a estas dos barras. La gente de Armenia estaba advertida, conocían del riesgo y tomaron las decisiones que desencadenaron estos hechos. Fueron, los de la mesa de seguridad y convivencia, sordos, negligentes y relajados. Ellos merecen sanción.

Durante

Se arma el zafarrancho entre las barras y ¿qué hace la gente que nada tiene que ver? Pues lo que haríamos todos: protegernos. Eso hicieron con el consentimiento de la autoridad. Incluso lo pidieron por los megáfonos del estadio, incluso la misma policía guió a los hinchas al gramado mientras que en la tribuna se trataba de controlar a los peleadores.

“Hinchas del equipo visitante, quienes se encontraban en la tribuna oriental del Estadio Centenario de Armenia, ingresaron al terreno de juego, originando una invasión”, dice el informe arbitral. Otro ingrediente que ayuda a la sanción. Si el señor árbitro en vez de “invasión” utiliza la palabra “evacuación”, pues la sanción no tiene lugar. Simple, a la gente la evacuaron a la gramilla para que tuviera más seguridad… Creo que el árbitro merece sanción por no conocer los hechos y, peor aún, no saber interpretarlos.

Después

Hoy el equipo, el estadio, los hinchas, los vendedores que tienen su sustento por lo que la gente consume dentro y fuera del Atanasio, todos, todos estamos sancionados. Todo el contexto que expliqué anteriormente forjó esta sanción.

En declaraciones concedidas a Nacional Es Pasión, el presidente De La Cuesta dijo que se siente impotencia, que advirtieron de todo y dieron todas las precauciones y alarmas, y pasó lo que pasó. Manifestó que: “Hay que enderezar el camino y defendernos. Es una lección para los hinchas, policía y mesas de seguridad y convivencia”.

Conclusión

Estoy casi seguro que la sanción la bajan a una sola fecha. Muy de acuerdo estoy con el presidente De La Cuesta: esto es una lección para todos. Hay que darse la pela y pedirle a la “Divina Providencia” que en cada torneo no seamos los protagonistas de la novela de una sanción.

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19

feb

2013

Verdolagas.FM: de hinchas, para hinchas

Los grandes equipos tienen grandes hinchadas que no solo se quedan en el acompañamiento. Generar opinión respetuosa, debates sanos, opiniones diversas que van por fuera del contexto del sabio o de estar pontificando, hablar sin arandelas, comunicar lo que se siente con claridad, resumiendo: hablar como hincha para hinchas. Ese es el objetivo de Verdolagas.FM. El nuevo programa que debuta hoy a partir de las 7 pm y que se podrá oír, bajar y llevar a cualquier lado a través de www.verdolagas.fm

Este proyecto tuvo sus raíces con Frecuencia A/N, luego pasó por Caracol Radio con el Fenómeno Verdolaga y ahora, en aras de no dejar huérfanos a los fieles oyentes, renace como Verdolagas.FM. El equipo de trabajo lo conforman integrantes del Blogverdolaga y de Nacional Es Pasión, sin duda lo mejor de lo mejor en cuanto a información de Atlético Nacional en la web.

No lo olviden, la cita es todos los martes a las 7 pm. Estaremos con ustedes Carlos De La Ossa (@carlosdelaossa), Santiago Dávila (@sandavila88), Arlen Pavón (@arlenpav), Sebastián Arango (@Sebasttian77) y yo (@poterios).
Nada mejor que hablar de Nacional, nada mejor que un debate de hinchas y para hinchas con respeto y alegría, es Verdolagas.FM ¡El programa es de ustedes!

¿CÓMO ESCUCHARNOS? Muy simple.

Opción 1: Accede desde tu computador (Mac o PC) o dispositivo (iOS, Android, WindowsPhone o Blackberry) a verdolagas.fm. De forma automática (si estamos emitiendo el programa en ese momento) comenzarás a oír el programa de HINCHAS, para HINCHAS.

Opción 2: Accede desde tu computador (Mac o PC) o dispositivo (iOS, Android, WindowsPhone o Blackberry) a nuestra cuenta en Mixlr (plataforma sobre la cual transmitiremos el programa). Para hacerlo tienes dos caminos: el primero es yendo al inicio y haciendo clic en el logotipo de Mixlr que aparece dentro del cajón blanco de transmisión (ver imagen a la derecha) y el segundo camino es yendo directamente a Mixlr.com/VerdolagasFM.

Si tienes alguna duda o dificultad no dudes en contactarnos vía correo electrónico o a través de nuestra cuenta en twitter @VerdolagasFM.

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14

ene

2013

El equipo “Sombrilla”

Los inicios de año son sinónimo de cambio, renovación, esperanza y ambición por nuevos proyectos. No importa que muchos de estos deseos, como la intención de bajar de peso, duren solo hasta marzo, lo que importa es la intención. Como hincha de Atlético Nacional hubiera deseado empezar el año 2013 con esos sentimientos de expectativa positiva hacia lo que pueda hacer mi equipo en el primer semestre del año. Me encantaría tener esa sensación, esa seguridad de iniciar el torneo con un equipo que va a borrar ese sinsabor con el que terminamos el 2012. Pero no, la realidad es cruda, el sinsabor se mantiene, la incógnita sigue y uno en su corazón de hincha mantiene esa triste sensación de no ser importante para quienes hoy manejan el club. Eso sí, una cosa no cambia: para los abonados, las sombrillas siguen llegando a granel, un fiel ejemplo de lo que es nuestro club hoy.

Últimamente veo que a los hinchas de Nacional nos acusan de inconformes por todo. Incluso en una columna que hice para @blogverdolaga, una vez hablé del tema. Creo que a veces uno se deja llevar por las calenturas, cae en argumentos blandos y termina en el mediocre concepto del hincha que no tiene ni idea de lo que habla. Se queda todo en charlatanerías. Pero la otra cara de la moneda indica que la grandeza de Atlético Nacional va de la mano de una hinchada que le exige no ser inferior al reto de su historia. Que el hincha exija es válido, válido hasta que el mismo hincha transgrede la barrera de lo civilizado y cae en vandalismos e irrespetos tontos. Dentro del marco de la decencia, creo yo, el hincha puede exigirle a su equipo lo que quiera. Es parte de las reglas de juego de la relación hincha-equipo.

Yo me siento inconforme, no es algo de hoy, la cosa viene de años atrás. Es una sensación que el título del 2011 anestesió por momentos y que la Superliga y la Copa Postobón no le hacen mella. La ecuación lleva a lo mismo: en Nacional no se están haciendo las cosas bien. Mi argumento no se centra en que en el pasado todo era mejor y ahora todo es peor. No, en el pasado hubo embarradas administrativas del tamaño de la Vía Láctea e igual trajeron troncos, eso pasa y no dejará de pasar. Lo que más me preocupa, lo que busca tapar esa gigante sombrilla que hace rato abrieron los directivos (llámese Lizarazo, Zurek, Marulanda, De La Cuesta, el que sea), es la pérdida de la mística y la identidad del club.

Es una secuencia en cadena.

La voz del hincha. Poco o nada se tiene en cuenta. Miremos los precios de la boletería frente al nivel del equipo, es cuestión de entender el bolsillo del hincha humilde que siempre acompaña, la baja en las asistencias o lo que se dice en las redes sociales o en la calle. Son síntomas claros que en las oficinas de la sede del equipo no ven. O si ven, pero no sé si es por soberbia, incompetencia o pereza, no se quieren solucionar.

El manejo con los ídolos. De nuevo se abre la sombrilla para que reboten preguntas como: ¿Por qué no se acercan a los ídolos para que aporten con sus experiencias y enseñanzas? ¿Por qué no costear su capacitación para que sean los técnicos y/o asesores del futuro del equipo? ¿Por qué no tener cerca, del lado del club, a los hombres que forjaron su historia e identidad? Más aún cuando hoy está muy perdida. Preguntas que rebotan en la sombrilla…

El cuerpo técnico. Osorio va a completar 9 meses en el cargo y por lo menos yo (y creo que la mayoría de ustedes) no entiende sus decisiones, su metodología y su filosofía. Me pregunto: ¿Atlético Nacional debe adaptarse a Osorio? U ¿Osorio debe adaptarse a Nacional? Creo que el término medio entre la respuesta de estas preguntas es el camino indicado. Por ahora lo que veo es que Osorio impone, Marulanda asiente, De La Cuesta se ocupa de los números y el hincha padece.

Pongo de ejemplo a Millonarios. Contrató a cuatro jugadores y se desprendió de varios importantes, pero uno percibe que hubo planeación, que estudiaron cada nombre en aras de buscar un beneficio y dejaron a la hinchada conforme para pelear por la Libertadores y defender el título del 2012.

Yo en Nacional no veo eso. Veo sí una nómina de respeto, veo que no se desarmaron (si Macnelly se iba no estaría escribiendo estas palabras) pero lo que trajeron no colma, no llena. Neco llega a pelear el puesto con Armani y Bonilla. La verdad creo que sobraba su contratación. Sherman Cárdenas es una esperanza que no ha sido, no cuajó en Millos, no cuajó en Junior y ojalá cuaje en Nacional. Pero a un jugador de este tipo Nacional lo compra y le hace un contrato por ¡tres años! De verdad, ¿eso es sensato? Yo no lo creo. Diego Arias sí me llena. Creo que va a dar mucho más de lo que poco o nada que dio Jhersson Córdoba. Ahí acertaron. Ahora estamos a la espera de un delantero. Se habla de Juan Pablo Ángel. Creo que fue un referente del club en la campaña del 94, un jugador que dejó huella, no es ídolo, pero aportaría mística, buen ambiente, experiencia, consejo, ayudaría a recuperar identidad, genera taquilla, pero ¿fútbol? ¿Es el delantero que necesita el equipo? Está Duque por recuperarse y está Uribe, veo que lo que necesitamos es un delantero de velocidad, gol y desborde. Ángel a sus 37 años ya no ofrece eso…

Empieza el torneo, los hinchas estamos llenos de dudas. A Osorio el margen de paciencia que le dimos ya se le acabó, Nacional debe jugar bien y pelear arriba en la tabla. Los jugadores deben ser dignos de la grandeza del club y la inversión que hace. Nosotros los hinchas llevaremos las 4 o 5 sombrillas que nos siguen dando por el abono. Sombrillas que no usamos para tapar los errores, las usamos para alentar y protegernos del sol y de la lluvia. Somos más prácticos.

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08

dic

2012

Osorio ganaba el clásico, Osorio empató el clásico

Yo no tengo nada personal en contra del profesor Juan Carlos Osorio. Soy hincha de Atlético Nacional y como tal me duele demasiado lo que pasó en el clásico que el cuadro verde empató a un gol con el DIM. De entrada les quiero decir que lo que voy a exponer en este post no va a tener ningún arrepentimiento si Nacional es finalista, campeón de Colombia, de la Libertadores o del mundo, todo de la mano de Osorio (ojalá fuera así). Vivo el presente y hoy este post fechado al 8 de diciembre, tiene como objetivo analizar el por qué Juan Carlos Osorio es el principal responsable de la NO victoria nacionalista ante su rival de patio, en un partido que estaba para ganarlo.

Hablar de la formación titular que plantó Osorio es un desgaste. Acá me puedo quedar escribiendo 15 mil palabras al respecto para llegar a una conclusión: la tal rotación solo la entienden las neuronas de Juan Carlos Osorio y de pronto las de su asistente técnico, Pompilio Páez. Por lo menos yo, un terrícola más, he tratado de entenderla con los argumentos del profe, con lo visto en la cancha y con los argumentos de los demás y me doy por vencido: no entiendo ese rollo tan “sofisticado”.

Ya en el plano del rendimiento del equipo, Nacional en el primer tiempo jugó bien. Nacional le cerró espacios al rival, lo metió en su campo, lo atacó por ambos flancos y fue amplio dominador. La temprana lesión de Mosquera permitió el ingreso de un Uribe que a punta de diagonales y movilidad complicó a la pareja de centrales del rojo e hizo figura al arquero Castellanos, que sacó de todo. Y cuando el arquero es figura, pues el análisis no amerita más cosa: el rival tuvo un buen flujo de ataque.

Con el tema de Uribe la cosa es sencilla. No juega mal pero no la mete. Pero ayer al pereirano se le veía un hambre y unas ganas de meterla y celebrar impresionantes. Al final del partido en esos corrillos que se oyen a la salida del estadio entre los hinchas, oía a varios decir que el culpable de la no victoria verde había sido del “petardo” de Uribe. Respetable opinión, pero a mi gusto muy equivocada.

Volviendo al tema. Nacional logra un gol justo y con eso se fue al descanso. La tribuna, la barra, el hincha, reflejó lo que mostró el equipo en la primera etapa con una tanda de cánticos llenos de alegría que duró casi la mitad del descanso.

Los primeros diez minutos del segundo tiempo tuvieron un pequeño impulso del Medellín que fue bien controlado por el verde y de nuevo el equipo cargó sobre predios de Castellanos y lo corroboró como figura. Luego llegó la decisión que cambió el destino de lo que debió ser este clásico…

Yo hasta ese momento veía un cambio para Nacional: la salida del apático, poco dinámico y errático Jersson Córdoba y el ingreso del joven explosivo, metelón y más coherente, es decir: Sebastián Pérez ¿Qué ganaba ahí el equipo? Fácil, Mejía contaría con un socio “obrero” y “raspador” que le ayudaría en la recuperación, ganaba el equipo en marca y no se desbarataba la figura y el espíritu ofensivo que le estaba causando mucha preocupación a la defensa del rojo.

Pero todo eso fue algo que pasó por mi humilde cabeza. Yo ni he estudiado en Manchester, ni tengo libreta para apuntar fórmulas de ecuaciones cuánticas futbolísticas, ni hablo con términos raros sobre volantes “resolutivos”. No, yo y creo que el 99% de los que leen este texto y han visto a Nacional, vemos el fútbol con más facilidad, sin tanta arandela.

Volvamos al momento nefasto. Juan Carlos Osorio envía al campo a Sebastián Pérez y saca a Fernando Uribe. Malo, regular o bueno, resistido o aceptado, Uribe era una preocupación para el DIM y Juan Carlos Osorio le quitó esa preocupación. Un Director Técnico tiene como función primordial el generar estrategias para complicar al rival para así ganarle. Pero no, nuestro DT lo que hizo fue quitarle un problema de encima al rival…Lo vimos todos.

Pero la cosa no paró ahí. El volante creativo, Macnelly Torres (un hombre que no es de velocidad, que su virtud, de sobra, es ser un gran pasador de balón) pasó a ser el centrodelantero. Y Jersson Córdoba, el más discreto de Nacional hasta el momento, pasó a ser el eje creativo. El mundo al revés, el mundo de los espejos invertidos, el mundo de Alicia en el País de las Maravillas, el mundo del fútbol que ve Juan Carlos Osorio.

Nacional, como lo podía pronosticar cualquier mortal que sepa que la pelota es redonda, se quedó sin flujo ofensivo y Medellín empezó a pensar en el empate, cuando antes del cambio de Uribe pensaba en no dejarse encajar el segundo gol. En resumen, por orden de Osorio, Nacional al minuto 15, ganando 1 a 0, se echó para atrás. Con todo respeto, eso es algo que va contra la filosofía, la historia y la grandeza de este club. Es una falta de respeto. Si eso se hace ante el Barcelona, vale… Pero ¿hacerlo ante un equipo con la propuesta futbolística que ofrece el rival de plaza?

Luego viene una decisión que corrobora el sin rumbo de Osorio en el partido. Ingresa a Micolta para ubicar de nuevo a un delantero y retrasa a Macnelly a su puesto de origen. Es decir, un ejemplo de improvisación en un partido catalogado de final.

Llega el empate en una jugada ingenua. Pero más allá del error del joven pero buen arquero Bonilla (bien decía Óscar Córdoba que un arquero se forma cuando le han encajado mínimo 600 goles) Nacional había sentenciado su suerte con los cambios que le dieron la llave al DIM para animarse a empatar un partido impensado.

Porque en lo individual yo esta vez rescato muchos nombres. Son mayoría en esta ocasión los que lo hicieron bien. Faryd Díaz: impasable. Medina y Murillo: sólidos. Bernal: lleno de ganas y buen rendimiento. Mejía: capo en el medio. Macnelly: chispazos pero no dejo de reconocer esos chispazos. Valencia: el gol y mil más que se come. Uribe: ganas, muchas ganas pero lo sacaron. Y se rajan con creces: Córdoba: el más flojo. Avilés: el más inmaduro. Bonilla: el error, no se le puede rebajar y de ahí debe aprender.

Este año no había salido tan aburrido del estadio como el 6 de diciembre. Lleno de preguntas estoy: ¿Entiende Juan Carlos Osorio la filosofía que ha forjado la historia de Nacional? ¿No estamos llenos en el equipo de un discurso de verso y lógica sin lógica? ¿Tanto aparataje no complica más al jugador? ¿No es el fútbol más sencillo, fácil y práctico? ¿Osorio sabe tanto que ya no sabe lo que dice saber? ¿Es Nacional el equipo para Osorio? ¿Hay que volver a la escuela nuestra, la de los técnicos de la “casa”? ¿El técnico está en un estado de terquedad que se va a morir con la de él así Moby Dick le hunda el barco? ¿Ha sido Juan Carlos Osorio el principal rival del mismo Nacional en este cuadrangular? ¿No ganar la Liga, no sumar una estrella en el escudo es un fracaso total o lo salvan la Copa Postobón y la Superliga? ¿Merecemos llegar a disputar un título? ¿Yo estoy completamente desfasado?

En fin, les dejo esas inquietudes. Por ahora lo único real es que hay que ir a apoyar el domingo, sufrir por que se dé otro resultado y esperar lo más difícil: que no vuelvan las locuras que nacen desde nuestro propio banco técnico.

Este post también aparece publicado en el Blogverdolaga http://www.blogverdolaga.com/post/37476717084/osorio-ganaba-el-clasico-osorio-empato-el-clasico

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nov

2012

El clásico lo perdió Osorio

Cuando Nacional pierde perdemos todos, pierde desde el mensajero que trabaja en el equipo pasando por los jugadores, el cuerpo técnico y ni qué decir de nosotros los hinchas que llevamos a cuesta el peso de la amargura. Pero si nos ponemos en la moda que vivimos en el país de buscar responsables por perder cosas (remítase al caso: perder miles de kilómetros con Nicaragua), la derrota en el primer clásico de los cuadrangulares ante el DIM tiene un responsable, en mi opinión: el director técnico, Juan Carlos Osorio.

Mucho se ha hablado del tema, que son los jugadores los que corren el campo, que el técnico no tiene la culpa que dilapiden opciones de gol increíbles, que el DT no suda, que el profe trabaja en la semana y ya lo que pasa en el partido es del que se viste de cortos. Pero no, los entrenadores también pierden partidos y ayer fue un ejemplo perfecto de esa situación.

Osorio sabe, no tengo dudas. Pero a veces sabe tanto que sabe mal. Nadie duda de su decencia y honradez, como lo dije hace un buen tiempo con el caso Sachi Escobar: “muy caballero y querido pero se le paga un sueldo para que lidere una empresa llamada Atlético Nacional, que tiene como objetivo ganar”. Con el profe es igual. Acá no estoy pidiendo su cabeza, ni más faltaba, aún queda trecho por recomponer. Simplemente, reitero, es que ese clásico se perdió por su culpa.

Yo defiendo la tesis de que el fútbol es claro y me atrevo a decir que sencillo. Yo con lo poco que he visto de fútbol y con lo que logro entender, no necesito hacer un sinnúmero de cursos de dirección técnica o llenar 20 libretas de apuntes, para dilucidar que en un equipo de fútbol competitivo deben jugar los jugadores que tienen mejor nivel y, más aún, los que tienen ritmo de competencia. La cosa se debe aplicar con más rigor cuando se va a jugar un partido importante y ni que decir de un clásico.

John Pajoy venía de una para de un poco más de un mes. Ayer fue titular y se le notó esa falta de ritmo. Centros erráticos e intrascendentes, remates al arco sin potencia y/o desviados y poca efectividad para ganar en el uno contra uno. El partido ideal para que Pajoy cogiera ritmo hubiera sido un Nacional vs Cúcuta o Huila de la fecha 6 o 13 del Todos contra Todos, en la banca, e ingresando al minuto 70. Y así, de a poco, hasta ganarse la titular a punta de minutos. Pero no, en la cabeza de Osorio la lógica es otra. Entre tanto, Avilés Hurtado, que venía de anotar goles, con ritmo, con un nivel ascendente, se quedaba en la banca de suplentes e ingresaba para el segundo tiempo cuando la lógica que sí tiene el fútbol, le mostró al DT que lo que había hecho era un error.

Por ese lado va una equivocación. La otra la ubico en la conformación del banco de suplentes. A pesar de la poca producción goleadora de Fernando Uribe, creo que venía de menos a más y para un partido contra un equipo como el DIM, que se sabe que llena de gente la mitad del campo y se mete con 11 en su propio terreno, pues un hombre de área, un nueve neto, no sobraba para buscar otra alternativa para llegar al gol.

Eso fue lo que pasó. Por más fea que nos pueda parecer la propuesta del DIM, “Bolillo” Gómez le dio una lección a Osorio: el fútbol se lee fácil, no hay que sobreactuarse y hay que apuntarle al recurso más óptimo.

Nacional tuvo un primer tiempo timorato y lleno de lagunas, para el segundo tiempo fue más dominante y atacó y atacó ¿Cómo? Con un bombardeo de centros digno de Hiroshima pero que hacía el daño de una pluma…No había un 9, los balones eran un manjar para los dos centrales del equipo rojo. La solución de Osorio fue meter a Valencia para rematar (¿Rescatar?) el juego ¿Es Juan David Valencia un rematador de partidos?

Lo anterior se suma al recurso repetido de querer salir siempre arriesgando el balón con posesión. Ayer se perdieron unos diez esféricos cuando el DIM presionaba a Medina, Bonilla y Henríquez.

Son cuatro errores de planteamiento y decisión del Director Técnico. A eso súmele el flojo partido de Macnelly (sí, él también tiene malos partidos), la flojera de Mosquera, la pasividad de Córdoba, la soledad de Micolta y el error individual de Bonilla (sí, él también se equivoca).

Valoro que Juan Carlos Osorio reconoció sus errores. Gallardo es. No estamos hundidos y queda mucho por pelear y hay desquite en pocos días contra los rivales de plaza. Pero ayer sí que dolió perder así…

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08

nov

2012

Ser campeón para ser campeón

Ya son 18 títulos. 18 vueltas olímpicas. Ser hincha de Atlético Nacional es un privilegio que va más allá de amar al equipo más ganador de país. Pensar que hay equipos, y lo digo como mucho respeto, que han luchado toda su existencia y no saben lo que es dar la ronda del campeón. El hincha de Nacional es un privilegiado y el título de la Copa Colombia es otra alegría más, una que estaba pendiente, el problema es que para el cuadro verde siempre habrá algo “pendiente”. Es el precio de la grandeza.

Analizar el partido de la final sobra. La superioridad del campeón fue notoria y la justificación de este título no merece ni un margen de duda. Hay que mirar más allá, hay que escudriñar lo que costó obtenerlo y el plus que genera. No en vano, no hay que olvidar, aún con el tufo de la victoria encima, que el equipo de Juan Carlos Osorio está ad portas de enfrentar la fase semifinal del torneo que da estrella. Del más importante.

Soy de la siguiente tesis: Nacional por historia y grandeza debe ganar todo lo que se le ponga enfrente. Pero hay que tener sensatez en las evaluaciones. Yo, por ejemplo, gano la Superliga y aplaudo, gano la Copa Colombia y celebro, gano la Liga, una estrella más, y me enloquezco, gano la Suramericana o la Libertadores y no sé en cuántos días regrese a la casa. Ni hablar de ganar un Mundial de Clubes…

Pero con la Copa Colombia la cosa es curiosa. Salvo Equidad, todos los hinchas de los equipos que la han ganado han renegado de ella antes de tener en sus manos el trofeo. La ganó Cali, Santa Fe y Millonarios y todos la menospreciaron cuando no la tenían. Nosotros, los verdolagas, fuimos iguales.

Pero llámela Copa Colombia o Trofeo de San Bonifacio, lo que sea, para Nacional este “oasis” de victoria cae como anillo al dedo. Este equipo no llenaba la retina, el técnico era incomprendido, los hinchas no entendíamos la tal rotación, las lesiones eran pan de cada día, en casa se jugaba pésimo, en fin, razones en contra sobraron. Pero poco a poco, confiando en la fortaleza de su trabajo, el conocimiento del grupo y con mucha paciencia, el técnico Juan Carlos Osorio se mantuvo firme y hoy celebra dos títulos desde que llegó a Nacional.

Ahora se vienen los cuadrangulares y el candidato es el cuadro verde. Viene de ser campeón, su nómina está intacta (salvo la lesión de Duque y Armani), la hinchada está en comunión con el equipo y el nivel de juego es muy bueno. Todo a favor, poco o nada en contra. Ojo, repito, Nacional es firme candidato para ser campeón de la Liga Postobón y colgar la estrella 12 en el escudo. Somos unos privilegiados, somos del verde, somos felices.

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