05

nov

2014

¿Y si Maradona le pegara a su mamá?

Diego se disculpó y juró que jamás le había levantado la mano a una mujer. El video, sin embargo, parecía decir otra cosa. Maradona se postraba agresivo ante su exnovia, patán, malsano, y la amenazaba con una actitud desafiante. Nadie al final dijo nada. Pasaron los días y, como siempre, cegamos los ojos creyendo que un ídolo puede hacer lo que se le dé la gana sin reparo alguno.

Asegurar que Maradona solo alzó mal la mano para hacer el gol más tramposo del mundo suena a mentira. Otra vez el tal “Dios” de muchos se equivocó y muchos ya lo olvidaron sin que él pidiera perdón.

Yo no.

La figura de Maradona ha sido una montaña rusa, con vaivenes, perdones y agresiones, además, claro está, de otra que derrochó talento. Pero hoy en día es una caricatura de lo grande que fue.

Lo que pasó es un periódico de ayer. Sí. Pero lo que sucedió también sirve para el futuro: demuestra la gran hipocresía de todos nosotros.

En primer lugar, de los medios de comunicación, de los argentinos especialmente, que prefirieron tratar el tema superficialmente, en lugar de exponer este pésame como la antesala de un caso más de violencia de género. Esto por si acaso no fue intimidad y tampoco debería entenderse como algo normal.

Además, nos recordó que tantos crédulos (ridículos) que se confiesan hijos de ese D10S son incapaces de encontrar en él una figura carnal, digna de escarnios sociales.

No hay que equivocarse: se puede exaltar la magia de Maradona en la cancha hasta la eternidad, pero no subestimar lo vulgar que ha hecho fuera de ellas.

Maradona “Jugó, venció, meó, perdió”, narró Eduardo Galeano en una crónica sobre el crack después del Mundial de 1994, luego del famoso doping

Pero Maradona no meó hace unos días, ¡la cagó otra vez! Está sucio hace rato gracias a sus incontables escándalos. Y es una pena que eso pase sin mayores reflexiones por parte de los periodistas y de sus incontables hinchas.

Lejos quedaron los tiempos en que el futbolista era solo el de la cancha. Ya el jugador es una marca, una estampa de un negocio y, a pesar de eso, la posibilidad de ejemplo e inspiración para nuevas generaciones. “Messi ya superó a Maradona pero a los de nuestra generación nos cuesta asumirlo”, dijo Marcelo Gallardo en una frase que encaja perfectamente en estos días. “Maradona es el gran ídolo futbolístico argentino, pero no deja de ser eso”, apuntó con absoluta razón Fabián Cubero.

Ojalá esta fuera una diatriba, pero no lo es. La gente debe conocer a quién idolatra. Gracias a Dios hay buenos sucesores de Maradona en la actualidad. “Cuando los ídolos se desvanecen en su propia humanidad da grima”, escribí alguna vez sobre la mentira que fue Lance Armstrong en bicicleta.

Quien ame a Maradona debe saber que el amor es ciego. Con cualidades y defectos que no nos excusan de hacernos ciegos ante sus continuas barbaridades. Si Maradona, estimado lector, amenazará como en el video a su mamá, a su hija, a su hermana, la percepción sería diferente, ¿no?

Los días pasaron y ya está bueno de ese escándalo. Una frase de Juan Villoro en el “Obituario de Maradona” resume un sentimiento: “Ningún héroe deportivo ha llorado tanto en público, jurado tantas cosas por sus hijas, aceptado con tal sinceridad haberla cagado”. Me parece que él, Maradona, como todos, se puede equivocar, aunque nosotros ya deberíamos dejarlo de ver en estos casos como lo que fue en 1986.

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