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dic

2015

La ‘Omar-dependencia’: el paradigma que rompió Gerardo Pelusso

“Quiero jugar, pero haré la fila. Las cosas a mis compañeros le están saliendo bien, el equipo está rindiendo”: Omar Pérez, después del partido ante Sportivo Luqueño en Bogotá.

 

Que Santa Fe jugó mal, que no supo tomar el protagonismo de la final, que en el juego ofensivo no fue claro y muchos puntos de vista más han salido luego de la final de la Copa Sudamericana. Opiniones que toman fuerza cuando uno analiza el juego, pero tampoco hay que dejar de lado que Huracán nunca hizo nada por el título, que su única estrategia, o eso pareció, era que su portero Marcos Díaz, simulara molestias musculares durante casi diez minutos de los 120 que se jugaron en El Campín. Marrulla que llaman.

Pero sería muy injusto desvalorar el título de Santa Fe priorizando estos aspectos, teniendo en cuenta que al fútbol colombiano le cuesta tomar protagonismo en este tipo de torneos; solo dos Libertadores y una Sudamericana.

El juego hay que analizarlo, pero antes de esto hay que valorar la campaña, el por qué Santa Fe ganó este título cuando afrontó más de 40 partidos en menos de cinco meses; sufrió lesiones como las de Omar Pérez, Dairon Mosquera, Sergio Otálvaro y la separación de Luis Quiñones del plantel. Priorizó la Sudamericana sin dejar de lado la Copa  Colombia (subcampeón) y la Liga (eliminado en cuartos de final), con una nómina reducida, que dio más de las expectativas y que deja esperanza para el futuro con nombres como Almir Soto, Jair Arboleda o Yordi Monroy, todos juveniles.

A las dificultades se les buscó solución. Con la llegada de Gerardo Pelusso en un principio se jugaba con un módulo 4-3-1-2, con un Omar Pérez como eje central de las ideas de Santa Fe, como sucedió en estos últimos tiempos, pero tras su lesión se rompió un paradigma, o más bien, Pelusso rompió un paradigma: la ‘omar-dependencia’.

Esa tanto que se le criticó a los equipos dirigidos por Wilson Gutiérrez y Gustavo Costas, técnicos campeones con el club capitalino. Pelusso rompió el paradigma apostándolo a un 4-4-2, con dos volantes de marca neto como Yeisson Gordillo y Sebastián Salazar en la mayoría de juegos, hasta que Baldomero Perlaza le ganó el pulso al bogotano.

Santa Fe priorizó mantener el arco en cero, el orden en la mitad, un equipo corto en sus líneas para ganar los rebotes en propia área. Balanta, lateral izquierdo y quien fue el reemplazo natural de Mosquera, fortaleció esa zona defensiva. Precisamente esa fue la gran virtud, jugar a otra cosa. Tal vez no es el gusto del hincha, ya que no se exhibe un juego generoso en ofensiva, pero resalta el hecho de cambiar la idea de juego y adaptarse a lo que quería el técnico uruguayo. Eso es de admirar al equipo, jugar a otra idea para lograr resultados positivos.

Estoy seguro de que si a Santa Fe no se le hubieran presentado estos problemas anteriormente nombrados, el equipo habría jugado “más bonito” que de lo que se puso en práctica en estos últimos meses. En el 2013 se llegó a una semifinal de Libertadores exhibiendo un fútbol encantador para la vista, pero no se fue campeón porque no se defendió el cero en Paraguay ante Olimpia.

Esto me recuerda a una frase de un profesor que tuve en la Universidad y me corregía diciendo: “aprenda, no se trata de que si es bonito o no, se trata de que si funciona o no”, y esto Santa Fe lo puso en práctica, funcionó mantener el cero para lograr la Copa Sudamericana.

 

Tiempo extra: en una entrevista que concedió a El Espectador, Gerardo Pelusso afirmó: “si tenemos que jugar, jugaremos, si tenemos que luchar, lucharemos”. Esta fue la radiografía de Santa Fe en esta final, más ganas que juego, pero así también se es campeón.

Jhon Álvaro Clavijo /Twitter: @siperohoyno

 

 

 

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