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02

mar

2016

Los 11 equipos que me enamoraron del #FútbolDeLaCasa

Uno escucha hablar de fúbol colombiano a Peláez, a Hernández Bonnet, a Iván Mejía o a Vélez, a Wbeimar o a Giraldo Neira y pareciera que todo se echó a perder en los 90. Todos los jugadores de leyenda, los grandes equipos, los mitos del FPC parecieran quedar, en palabras de los popes del periodismo deportivo colombiano, lejos. Claro, ellos vieron al Millonarios de ‘El Dorado’ y al Cali de Pancho Hormazábal, ellos disfrutaron a Willington Ortiz en el azul, en Cali y en América, ellos vivieron la llegada de Zubeldía a Nacional, ellos comentaron las campañas tremendas del América de Ochoa, pero ellos también, gracias a esos equipos y figuras míticas del FPC, han logrado que los más jóvenes añoremos esos años que no vimos, que extrañemos a cracks que no pudimos disfrutar y de los que sólo hemos podido leer o con suerte ver en YouTube y, eso sí, escuchar en las anécdotas geniales de nuestros veteranos comentaristas.

Por eso hoy, en un arranque de egolatría, rebeldía y la juventud que puede que ya no tenga a mis 36 años, quiero contarle a usted cuáles han sido los once mejores equipos colombianos que he visto. Sólo me puse una condición para hacer esta lista: que fueran equipos de 1990 para acá. Claro, con eso me estoy saltando olímpicamente a cuatro equipazos que alcancé a ver en mi lejana infancia en los 80: al Nacional del 87 al 89 de los ‘Puros Criollos’, una máquina de demolición de toque y zona, el poderoso y ofensivo Millonarios de 1987, 88 y 89 (Arnoldo Iguarán es mi ídolo eterno y hay un lugar en mi corazón que se llama ‘Gambeta’ Estrada), al mágico Cali del 85 al 87 con Redín y Valderrama haciendo de cualquier cancha una mesa de billar a tres bandas (nota: ‘Gambeta’ también pasó por ahí), y al todopoderoso América de toda esa década: un equipo casi que invencible que atacando era una aplanadora (a ver, a lo largo de esos años tuvo a Cáceres, Battaglia, Willington, Cabañas, Gareca, De Avila… ¡qué nómina de por dios!) y en el fondo tenía todo el trabajo táctico de ese maestro que fue Ochoa Uribe y un arquero de leyenda (Falcioni… aunque sumen a Zape). No puedo hacer una lista de equipos que haya visto y me cautivaran sin mencionar a esos cuatro, pero es que, como dije antes, de ellos pueden hablar mejor mis mayores. Hoy quiero que usted, amigo treintón, veinteañero o culicagado, valore lo que ha visto desde que nació. Hoy quiero que hablemos de nuestra era.

Ahora, ¿qué hace a un equipo memorable? Por supuesto sus jugadores y su estilo de juego, algo que para la memoria del goloso es incluso más valioso que los títulos. Haciendo una primera lista me di cuenta de equipos que me enamoraron en estos últimos 26 años se quedaron grabados gracias a que era capaz de dar su alineación de un tirón, algo que no me pasa con muchos de los campeones de ese mismo periodo de tiempo. Espero que sonría con esta lista, espero que sienta nostalgia y espero, sobre todo, que me escriba a @PinoCalad o a @GolCaracol con el HT #FútbolDeLaCasa y me diga cuáles son los equipos de su vida.

 

11: Atlético Bucaramanga 1990-1992

No sé qué me impactaba más, si ver al ‘Kiko’ Barrios tirándole biblias a los espectadores desde la cancha de juego, o ver el buen fútbol ofensivo que comandaba el religioso (y bravucón) delantero junto a Olalla, ´Piripi’ Osma, Héctor Gerardo Méndez y Robert Villamizar. En el 92 regresó Jorge Ramoa y la cosa fue aún mejor: el argentino era un crack y tenía a Bernardo Redín. Sólido en casa y durísimo como visitante, este Bucaramanga que dirigía ‘El Tucho’ Ortiz alcanzó a ser tercero en 1990 y en 1991 y 1992 fue semifinalista con una fórmula de juego largo, transiciones muy rápidas en ataque, mucho fútbol aéreo y una dinámica que complicaba a cualquiera. Tristemente este buen equipo fue desmantelado para 1993 y en 1994 terminaría descendiendo por primera vez, un mal que por años acosó a una de las buenas plazas futboleras del país. La nómina que más recuerdo es la del 90-91: Van Stralhem (que sí era colombiano); Héctor Polo y Eugenio Uribe en las bandas; Enrique Simón Esterilla y Víctor Espinoza (¡qué par de centrales!); Robert Villamizar, Elías Correa, Héctor Gerardo Méndez y Carlos Araujo en el medio, y arriba con ‘Kiko’ Barrios y Héctor Manuel Olalla (también me la sé con el ‘Piripi’ en su lugar).

 

10: Once Caldas 2003-2004

La memoria es ingrata con el Once campeón en Colombia en 2003 y de Libertadores en 2004; muchos lo acusan de ultradefensivo, otros dicen que era Henao y diez más y la mayoría se olvida de las delicias ofensivas de un equipo muy sólido atrás pero con un derroche de talento adelante comandado por Arnulfo Valentierra y Elkin Soto en el medio campo. ¿Qué equipo con ese par de jugadorazos puede ser tacaño con el espectáculo? Ese Once, además, tenía gol con Sergio Galván, quien se fue en 2004 y le dejó la batuta a un muchachito llamado Dayro Moreno y a un goleador eficiente como Agudelo. Claro, si sólo te acuerdas de Herly Alcázar (que jugó la final y terminó rompiendo la Copa Libertadores) crees que el Once era malísimo en ataque, pero no, no lo era. Lo que más me gustaba de ese Once Caldas, sin embargo, es que tenía el carácter de hierro: no sólo le ganó el título local a un durísimo Junior con mucha más experiencia, sino que en Libertadores se llevó por delante a Vélez Sarsfield, Santos, Sao Paulo y Boca Juniors. El XI que más me gustó de ese muy buen equipo que fue el Caldas de Luis Fernando Montoya es: Henao (¡eterno!); Miguel Rojas, Samuel Vanegas, Edgar Cataño, Mauricio Casierra; Jhon Viáfara (de por dios: ¡se le tiraba a un tren en movimiento! Además, prohibido olvidar que en la final en La Bombonera se cagó, y no figurativamente -eso nunca-), Rubén Darió Velásquez, Elkin Soto, Arnulfo Valentierra; Dayro Moreno y Sergio Galván

 

9: Santa Fe 2013

Sí, el equipo del 2012 es leyenda porque acabó con una sequía cruel que tenía al primer campeón -sin un título desde 1975-, pero la versión mejorada del 2013 que montó Wilson Gutiérrez para mi es de los mejores equipos que he visto en estos últimos 26 años. Omar Pérez en su mejor momento de madurez, Wilder Medina y Cuero destrozando defensas, Gerardo Bedoya mostrándole a todo el continente cuántos pares son tres moscas… era un equipo bravo, cojonudo, que además pasaba muy rápido al ataque y jugaba muy bien al piso, pero sobre todo con pelotas largas enviadas ya fuera por el 10, por Bedoya o por Anchico desde la banda derecha. Si hoy Santa Fe es un equipo respetado continentalmente se debió en buena medida a lo que hizo esta nómina semifinalista de Libertadores y que, además, ese año fue subcampeona de liga y se llevó la Superliga. Si me preguntan por un XI, el que tengo en la cabeza va con: Camilo Vargas; Yulián Anchico, Carlos Valdez, Pacho Meza (jovencito) y Marino García; Bedoya, Daniel Torres y Luis Carlos Arias en primera línea; Pérez mandando el medio campo y surtiendo a Cuero y Medina.

 

8: Deportivo Cali 1992

No fue campeón, quedó tercero, pero el equipo de Miguel Company era una delicia. Toninho, un brasileño complicadísimo que anotó el 0-1 que le quitó al Junior un invicto en casa de más de 30 fechas, comandaba el ataque junto a esa fiera que fue Níver Arboleda, y atrás tenían a ‘La Bruja’ Aredes y al paraguayo Gustavo Sotelo, aparte de contratar al ‘Pájaro’ Juárez, a Olalla (sí, el del Bucaramanga del 90) y al Willy Rodríguez; pero este Cali, más allá de atacar, le daba manejo a la pelota, era equilibrado y tuvo la mejor defensa de ese año en el que tuvo un invicto de 19 fechas sin perder. Rayo era un arquerazo y ese año vimos el debut de un joven Miguel Calero con la verdiblanca después de haber estado por el Caribe colombiano, así como la consolidación  de ídolo azucarero Andrés Estrada en la zona de recuperación. El XI que tengo en la cabeza (y acepto correcciones porque sé que me gana el romance y está muy ofensivo) era con Calero (Rayo); Polo, Sarmiento, Esterilla, Miguel Marrero; Andrés Estrada, Sotelo, Aredes, Juárez; Níver y Toninho.

 

7: Cúcuta 2007

El Cúcuta campeón del 2006 era un buen equipo, no lo voy a discutir, pero era un equipo de Jorge Luis Pinto, es decir, sólido y eficiente, pero no te va a dar espectáculo. En cambio el que jugó la Libertadores de 2007 llegando hasta semifinales frente a Boca Juniors daba gusto. Macnelly Torres en un momento de gracia infinita, Blas Pérez haciendo una dupla de ataque memorable junto al ‘Burrito’ Martínez, la media distancia de Rubén Bustos, el medio campo de hierro y con salida de Dumar Rueda, Charles Castro y Del Castillo… fue un equipazo que trataba bien la pelota y salía a buscar el partido en todas las canchas. Tal vez por eso, y por su falta de experiencia, Boca le impidió llegar a la final de esa Copa. El XI creo que todos los colombianos nos lo supimos de memoria a pesar de que varios jugadores no eran precisamente estrellas: ‘Rufay’ Zapata; Bustos, Walter Moreno, Julián Hurtado, Elvis González; Rueda, Del Castillo, Castro (si quieren poner a David Córdoba, vale), Macnelly, Martínez y Blas. ¡Equipazo!

 

6: América de Cali 1994-1996

De todos los grandes y buenos equipos que ha tenido el América de Cali (sí, incluyendo al multicampeón de los 80) mi favorito de lejos es el que dirigió Diego Umaña entre 1994 y 1996. Fútbol ofensivo, cantera, talento, velocidad… este equipo atacaba increíblemente rápido con su combo de enanos, De Ávila-Zambrano, y con las asistencias mágicas de Alex Escobar; pero por ahí también alcanzaron a pasar ‘Polilla’ Da Silva y ‘El Diablo’ Etcheverry, así como un jovencito Giovanni Hernández. ‘Guama’ Cardona y Foad Maziri como amos de las bandas, Wilmer Cabrera reinventado como volante acompañando Frankie Oviedo y a Berti o a la ‘Pelusa’ Pérez, línea por línea el América de esos años derrochaba talento (incluso en el arco pasó de Eduardo Niño a Oscar Córdoba, los dos de Selección), por lo que no deja de ser triste que no ganara nada: fue tercero en el 94, subcampeón en el 95, semifinalista de Copa Conmebol ese año y finalista de la Libertadores en 96, cuando perdió otra vez con River Plate el título continental. Para mi el XI de recitar de ese equipo era con: Córdoba; Cardona, Jorge Bermúdez, Carlos Asprilla, Maziri; Cabrera, Berti, Oviedo, Escobar; Zambrano y ‘Pipa’.

 

5. Deportivo Cali 1999

La nómina la puedo decir como si fuera el Padre Nuestro: Rafael Dudamel; Mario Yepes y Andrés Mosquera en defensa, ‘Pelusa’ Pérez reinventado como lateral derecho y Gerardo Bedoya en la banda izquierda; Martín Zapata mandando en el medio campo junto a ‘Carepa’ Gaviria; Mayer Candelo, Arley Betancour y Víctor Bonilla moviéndose por toda la zona de ataque y acompañando a Giovanni Córdoba o Carlos Castillo. Es más, si quieren meter en el medio a Alex Viveros, también vale. Un equipazo que llegó a la final de la Libertadores y la perdió en penales con Palmeiras, pero que venía de ganar el campeonato del 98 y que aprovechó el trabajo de promoción de cantera de Reinaldo Rueda ese año para hacer historia en el 99 bajo el mando de ‘Cheché’ Hernández. Pocas veces el fútbol colombiano vio tanto talento junto como cuando Mayer, Arley y Bonilla se encontraban en el campo, pero además el Cali de ‘Cheché’ tenía a ‘Carepa’, Zapata y Bedoya para hacer el trabajo sucio. El 4-0 a Cerro Porteño en semifinales de esa Copa es de los grandes momentos futbolísticos que le he visto a un equipo colombiano en Libertadores.

 

4. Atlético Nacional 1991-1992

El Nacional de Bolillo. Así se le conoce a este equipo que dejó para la posteridad la dupla maravillosa de Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal, dos sub 23 que se dieron el lujo de sentar al que entonces era el goleador e insignia del club, JJ Tréllez (aunque ojo, cuando jugaron los tres el equipo era una cosa demnete), mandar al Cali a Níver Arboleda, que era otro delanterazo, y dejar como alternativa a esa maquinita del gol que era Rubén Darío Hernández. Hernán Darío Gómez heredó el equipo de Francisco Maturana, campeón de Copa en 1989, y a ese trabajo zonal y de toque/desgaste le sumó intensidad y goles, muchos goles. Fue un equipo tremendo al que sólo logró frenar el América de -irónicamente- Maturana, en el que tal vez sólo dos jugadores no se convirtieron en leyenda. De un tirón el XI era con Omar Franco; Andrés Escobar y Giovannis Cassiani en el centro de la defensa, Diego León Osorio (¡crackl!) y León Villa cubrían las bandas; Gabriel Jaime Gómez y Ricardo Pérez eran los duros del medio campo (ojo, ‘Chicho’ Serna también estaba pero jugaba más adelante), mientras Alexis García y ‘Bendito’ Fajardo daban ideas y Asprilla y Aristizábal destruían defensas. Esa base, con otros técnicos y una que otra novedad, sería campeona también de 1994 y subcampeona de Libertadores en 1995.

 

3. Millonarios 1994-1995

Nunca volví a ver un equipo colombiano que atacara tanto y tan bien. Ese Millonarios, subcampeón del 94 y eliminado de Libertadores por Nacional en los cuartos de final de 1995, era una especie de fuerza de la naturaleza que hizo 83 goles en 46 partidos de la liga en 1994, 13 más que el buen América de Umaña que hizo 70 y 18 más que el campeón verdolaga que hizo 65. En la Libertadores 95 llegó a cuartos y se fue con 16 goles anotados, uno menos que su verdugo que fue subcampeón de América y claro, cómo no si tenía adelante a Freddy León, ‘El Pony’ Maturana, ‘El Piripi’ Osma y, por encima de todos ellos y en sus últimos años de gloria, al inmarcesible Arnoldo Iguarán. Pero no se trataba sólo de delanteros; Carlos Rendón generaba juego y definía partidos con sus tiros libres con derecha, mientras Edison Domínguez hacía lo propio con izquierda, Flaminio Rivas atacaba por derecha a placer y Jhon Mario Ramírez exhibía el talento micrero capitalino en el medio quitándole la titular a Marcelo Benítez, que para rematar también tenía gol. Fue el último gran Millonarios que vi, incluso por encima del subcampeón del 96 (que tenía más fútbol pero menos pegada) y del campeón en 2012, un buen equipo, serio, sólido e histórico, pero que no enamoraba de la forma en la que lo hacía el cuadro dirigido por Vladimir Popovic, del que puedo decir su once (bueno, mi once) como si entonara el Himno: Villarraga; Flaminio Rivas, Osman López, Oscar Cortés, Domínguez; Yesid Mosquera, Bonner Mosquera; Carlos Rendón, Jhon Mario; Arnoldo Iguarán y ‘Muelas’ León.

 

2. Junior 1993-1995

Si usted, como yo, vio jugar al Junior del ‘Pibe’ Valderrama entiende a la perfección por qué el samario de rizos rubios es para muchos el mejor futbolista colombiano de la historia. Este equipo, dirigido primero por Julio Comesaña y luego por Carlos ‘Piscis’ Restrepo, con una que otra variante en nómina, giraba alrdededor del talento del ‘Pibe’, quien educó bajo su sombra a Víctor Pacheco y Oswaldo Mackenzie para generar junto al uruguayo Héctor Gerardo Méndez una sinfonía de fútbol que, como si fuera poco, tenía el poder goleador de Iván René Valenciano y Miguel ‘Niche’ Guerrero, quien luego sería reemplazado por Cristian Montesinos. Fue un equipazo campeón de la final más emotiva que haya visto, cuendo en el cuadrangular final de 1993 todos, Medellín, América, Nacional y Junior, acariciaron en algún momento la estrella en una última fecha cargada de drama. El XI memorable para mi es el del 93 con José María Pazo; Góber Briasco, Alexis Mendoza, Francisco Cassiani y Eugenio Uribe; Méndez, Mackenzie, Pacheco y Valderrama, ‘Niche’ y Valenciano. Con los años Hugo Galeano se quedaría con el lugar de Uribe y Montesinos reemplazaría a Guerrero, pero esa base no sólo dominó el fútbol local durante tres temporadas, sino que en 1994 fue semifinalista de Libertadores y sólo el poderoso Vélez Sarsfield de Chilavert le impidió llegar a una final.

 

1. Deportivo Independiente Medellín 2002-2003

Seguramente tiene que ver el que durante la Libertadores 2003 cubrí al Medellín y estuve ahí, en la cancha, el día en que Santos eliminó de la final al ‘Poderoso’ en un partido de locos; es probable que en mi memoria pesen de más las lágrimas de ‘Mao’ Molina mientras se despedía de su afición (lo que hace que hoy me alegre tanto verlo de vuelta con esa camiseta roja); estoy casi seguro de que en esta elección pesen mis primeras crónicas como periodista cubriendo a ese DIM que acabó en 2002 con una racha de 45 años sin ganar un título, pero lo cierto es que para mi el mejor equipo del fútbol colombiano en estos últimos 26 años, al menos el que más disfruté ver, el que mejores sensaciones me dejó, el que más sonrisas me sacío, fue el Deportivo Independiente Medellín del segundo semestre de 2002 y primer semestre de 2003. Un equipo raro para Colombia, que se defendía con una línea de tres y no con el habitual cuatro, que jugaba con carrileros y que tenía tres volantes 10 y un único delantero, pero que jugaba deliciosamente al piso, que hacía goles de todas partes con Serna, ‘Mao’, Montoya, Tressor, Vásquez Chacón y hasta con Roberto Carlos Cortés. ¡Cómo jugaba ese ‘Poderoso’! David González apenas empezaba su carrera como ídolo rojo en el arco; Amaranto Perea, Felipe Baloy (¡qué central!) y Andrés Orozco en una línea de tres memorable; William Vásquez Chacón y ‘el Choto’ Cortés (o Ricardo Calle y Robinson Muñoz, porque jugaban los cuatro) en las bandas; Alex ‘Conejo’ Jaramillo junto a ‘Choronta’ Restrepo dando equilibrio y salida en el medio campo, y adelante ‘Mao’, David Montoya o Tressor Moreno (elija dos de tres, yo me quedo con los tres y siento a uno de marca) y Jorge Horacio Serna (o Tressor, si el partido era más para jugar al piso).

Ese DIM fue tan fiel a su historia de sufrimiento y fútbol de potrero, que para mi son inolvidables los partidos frente a Boca Juniors en fase de grupos y las dramáticas series frente a Cerro Porteño, Gremio y, por supuesto, Santos: nunca dejó de luchar a pesar de todo, nunca dejó de buscar el arco rival y nunca dejó de darle espectáculo a la tribuna. Tal vez es por eso que lo recuerdo con tal aprecio, porque eso es lo que espero siempre de un equipo de fútbol.

¿Cuáles son sus equipos memorables del #FútbolDeLaCasa? Cuéntemelos en @PinoCalad o en @GolCaracol

 

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13

ago

2015

Yo no me llamo Max Barrios

Últimamente la idea del fútbol y la esquizofrenia me da demasiadas vueltas en la cabeza. No se trata sólo de que haya equipos como Millonarios que son a la vez el Doctor Jekyll (en el caso azul, un equipo que ataca con ideas y velocidad con Candelo, Núñez y Rangel) y Mister Hyde (siguiendo con el ejemplo embajador, una defensa de terror que bien podría ser usada para asustar niños en la noche), o de esa extraña doble personalidad que tiene todo hincha (como ese que te escribe insultos callejeros y te amenaza apelando a la homofobia a más no poder vía Twitter porque criticaste a su club, y cuando revisas su cuenta descubres que es alguien educado, con un empleo, con argumentos políticos serios y hasta con buen gusto musical…); se trata básicamente de que el fútbol es esquizofrénico: es una enfermedad mental que altera nuestro comportamiento, nuestra personalidad y nuestra percepción de la realidad, tanto que incluso creemos que un negocio privado llamado “club” nos pertenece cuando en verdad somos nosotros los que lo mantenemos pagando por todo lo que tenga que ver con él, de boletas a camisetas, pasando por derechos de TV.

En fin, como decía antes, la idea de esa múltiple personalidad que genera el fútbol me está dando vueltas en la cabeza hace días hasta que de pronto apareció en mi pantalla de TV otra vez Max Barrios. Fue en el partido entre Liga de Loja y Santa Fe en el que el número 25 de los ecuatorianos, un duro defensa central que controló bien los ataques cardenales, fue mencionado por el equipo de narración de Fox Sports como Juan Carlos Espinoza Mercado, nombre con el que aparece en la ficha del Loja en la Conmebol. Pero no, él no es sólo Espinoza, él también es Max Barrios Prado.

En el 2013 la selección Sub-20 de Perú llegó al Sudamericano en el que Colombia saldría campeona con un equipo que buscaba dar el golpe y quedar entre los cuatro primeros. Sin embargo, tras ganar su grupo y clasificar al hexagonal final, la Federación Peruana de Fútbol tuvo que separar del plantel a su defensa central Max Barrios, pues tras el partido en que Perú enfrentó a Ecuador varios jugadores ecuatorianos denunciaron ante sus dirigentes que el tipo que jugaba con la 16 de los vecinos no sólo no era peruano, sino que ni siquiera se llamaba así y, además, que no tenía los 18 años que mostraba en su DNI ni a bate.

El escándalo fue absolutamente delicioso y llegó hasta el congreso de Perú: Max Barrios no existía, en realidad se llamaba Juan Carlos Espinoza Mercado, había nacido en 1987 y no en 1995 como decía su documento de identidad peruano, y era de Machala, que queda en Ecuador y no en cercanías de Lima.

Lo peor del cuento es que el otro protagonista era Angel ‘Maradona’ Barrios, un futbolista peruano de los 80 que se hizo famoso por imitar en todo al Diego, lo que lo llevó a jugar en Sporting Cristal sin mayor suceso. El imitador registró a Espinoza como su hijo y fue el responsable de que obtuviera la cédula de ciudadanía peruana gracias a registros de nacimiento falsos. ¿Para qué hizo esto? Para que lo fichara Juan Aurich como prometedor joven de 17 años en 2012 (ojo, en verdad tenía 25) y así recibir su comisión.

Con la vil trampa descubierta, el supuesto papá terminó siendo detenido a comienzos de este año mientras su “hijo” Max Barrios huyó de Perú y se fue a jugar en la segunda división de Ecuador, de donde lo rescató Liga de Loja como refuerzo para esta temporada, en donde el impostor ya debutó en un torneo internacional jugando frente a Santa Fe la Sudamericana.

Lo increíble es que, más allá del caso por falsedad de documentos que tiene encima en Perú (lo que haría que lo detuvieran si es que Loja llegase a jugar en ese país), deportivamente hablando no ha pasado nada con Barrios/Espinoza. Es decir, su vulgar trampa no ha tenido ningún tipo de castigo por las autoridades del fútbol, por lo que el próximo jueves, a las 7 de la noche, tendremos a este prófugo en El Campín.

Creo que ese tipo de cosas son las más esquizofrénicas del fútbol: lo que es delito fuera de él pasa de largo cuando se acerca al mundo de la pelota. Si no, pregúntenle a Blatter…

En Twitter: @PinoCalad

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26

feb

2015

El primer campeón: breve homenaje a Santa Fe

Este 28 de febrero Independiente Santa Fe cumple años; 75 para ser más exactos pues fue fundado en 1941, en un momento de confusión política y transformaciones sociales que el país nunca había visto. Por eso hoy quiero contar la otra historia de ese primer campeón, porque a Santa Fe uno puede decirle de muchas formas, pero lo único que no puede quitarle a ese equipo que hoy tiene ocho títulos, que para mi como hincha de Millos es fundamental en términos de rivalidad y de apuesta de que sí se puede vivir el fútbol en paz, a esos colores que tantas veces me han hecho celebrar a su costa y otras tantas me han humillado (sí, yo vi el 7-3), es que es el primer campeón del fútbol colombiano. Acá va la historia detrás de esa estrella:

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10

nov

2014

Recordando a Manuel Galarcio, o cuando el fútbol te da pena

Diego Latorre,  delanterazo del Boca Juniors de comienzos de los 90 y hoy uno de los buenos comentaristas del fútbol argentino, fue el protagonista de una entretenida entrevista de Emilse Pizarro en la revista del diario La Nación de Buenos Aires de la que quiero rescatar esta pregunta y su respuesta:

“Hace más de treinta años que estás en el mundo del fútbol, ¿cómo mantenés el gusto por el juego en sí mismo con tantas cosas turbias alrededor?

Me dejo sorprender por los jugadores, por los partidos. Vuelvo a ese estado primitivo en el que todo me causaba ilusión, porque si no, no puedo. Esta industria está tan alejada de lo que nosotros hemos vivido, de lo que piensa y siente un pibe cuando toca una pelota. Yo lo veo en mi hijo, está fresco. Si te ponés a analizar, más allá de que hay un camino, que es el de la profesionalización inevitable, el fútbol en sí sigue siendo el mismo. Lo que pasa es que uno ya no se maravilla porque sospecha de todo; la gente sospecha de los árbitros, de sus propios jugadores que quieren ir para atrás contra su técnico. Sospecha que son pechos fríos. A mí cuando un jugador controla la pelota y hace algo lleno de talento, imaginación, todavía me pasa que me gustaría hacerlo a mí. Creo que soy yo el que lo está haciendo. Vivo cuando yo hacía esas cosas. Un sombrero, una jugada, un gol… Esas cosas te quedan. Esa pasión no la voy a perder nunca”.

La verdad, hoy me gustaría tener ese entusiasmo de Latorre, hoy quisiera hablar del talento de Yimmi Chará, del gran momento de Daniel Bocanegra, de “lo bonito del fútbol”, pero es que tantas cosas turbias alrededor me hacen decir simplemente que no puedo. Hoy, en vez de pensar en la emotividad de nuestro fútbol, me acordé de Manuel Galarcio.

Tal vez usted no recuerde al recio defensa central que pasó por el Bucaramanga con su particular peinado y sus rústicas maneras, pero el tipo se hizo un nombre en las canchas por duro y fuera de ellas por su expediente judicial, que incluye porte ilegal de armas y el homicidio culposo de dos ciclistas a los que atropelló. Sin embargo, hay un capítulo oscuro y nunca explicado con el nombre de Galarcio que bien vale evocar.

En el 2004 se jugaba la última fecha de los cuadrangulares de la Primera B y Valledupar, el equipo en el que Galarcio era titular, líder y uno de los capitanes, recibía a Real Cartagena. Cúcuta necesitaba una victoria sobre Alianza Petrolera para ser finalista y los cartageneros urgían de una goleada en tierras vallenatas para ir derecho a la final. Al minuto 85 el motilón estaba clasificando gracias a un 3-1 a sus vecinos de Barranca y al 0-0 en cancha valduparense, pero de pronto todo cambió y en menos de seis minutos la defensa que comandaba Galarcio recibió cinco anotaciones y el Real pasó a la final con un histórico e inexplicable 0-5.

Por supuesto, no se puede probar que se arreglara el partido, es imposible para mi señalar que Galarcio y el Valledupar se “vendieran”, pero lo cierto es que Real Cartagena pasó a la final, ascendió, y su primer refuerzo para el 2005 fue el defensa central Manuel Galarcio. Como dice el viejo y conocido refrán, “la mujer del César no sólo debe ser casta sino parecerlo”, y nada de lo que pasó ahí se vio como casto.

Con el tiempo se descubriría que Valledupar estaba bajo la influencia del paramilitar Jorge 40, que en unas grabaciones publicadas por la Revista Semana en 2007 dijo sin pudor que “ellos (los del Real Cartagena) conmigo tienen cierta gratitud”, y señaló que iban a llegar refuerzos provenientes del América (club en el que luego jugaría Galarcío, vea usted), pero bueno, no vamos a entrar en esos detalles…

Lo más complicado de ser periodista es saber digerir la sobrecarga de información que recibes. La gente cree que porque uno trabaja en deportes se la pasa todo el día viendo fútbol y sí, es cierto, pero el fútbol no es sólo un programa de TV, es un negocio que en Colombia, y en muchos otros lugares, tiene oscuros y truculentos intereses detrás. Y eso, como dice Latorre, “está tan alejado de lo que nosotros hemos vivido, de lo que piensa y siente un pibe cuando toca una pelota”, que a veces te abruma, te golpea en donde más duele: en la dignidad.

Por eso te vuelves malpensado. Muy malpensado. En 2005, por ejemplo, me tuvieron que esconder en el baño del Diario Deportivo porque los “primos” de Aldo Leao Ramírez fueron hasta la oficina a sacarme una rectificación a las buenas o a las malas, y mientras mi entonces jefe Germán Blanco los calmaba, yo gritaba que me dejaran hablar con ellos (era joven, pendejo y alzado… salvo lo primero, sigo igual). ¿Qué había escrito yo? Una fuerte crítica al papel del entonces volante de Santa Fe en la final frente a Nacional, pues me había enterado de su preacuerdo con el club verdolaga y justo, casualmente, había bajado su nivel en el partido por el título frente a su futuro equipo.

¿Se vendió Aldo en esa final? No, no puedo demostrarlo, pero no se vio bien, como no se vio bien lo de Galarcio, o como no se vio bien lo de Germán Centurión, un desastre para el Pasto en el partido de vuelta de la final de Copa Colombia frente a Santa Fe en 2009, y en 2010 flamante refuerzo cardenal.

Por eso tengo que decirlo de frente: no se vio bien lo que pasó el domingo en Barranquilla. Recapitulemos: se juega el descenso y por el juego limpio hay simultaneidad en los partidos de Uniautónoma y Fortaleza, lo que no deja de ser irónico pues en la fecha anterior también había drama, pero Fortaleza jugó el sábado por la noche y Uniautónoma el domingo por la tarde. Claro, ahí la seguridad de Bogotá pesó más que el juego limpio pues era peligroso tener a las barras de Nacional y Millonarios a la misma hora, pero tal vez si se hubiese optado por hacer partidos diurnos y no apostarle al rating del juego nocturno la cosa habría sido mejor. En fin…

El caso es que se juega el descenso y en el segundo tiempo, cuando el empate en Barranquilla está mandando a Uniautónoma a la B, hay un apagón en las luces de oriental del estadio Metropolitano… No puedo afirmar que alguien recurrió al viejo truco de apagar el interruptor, maña que llegó a nuestro país junto a muchísimas otras desde Estudiantes de La Plata con Zubeldía en Nacional y Bilardo en el Cali; es más, bien vale la pena recordar que no es el primer apagón en el Metropolitano producto de la lluvia (el monumental aguacero de 2013 que hizo que el Colombia vs. Ecuador se suspendiera por hora y media tuvo aún más drama cuando antes de empezar el segundo tiempo las luces sufrieron un bajón). Es decir, es normal, pasa, pero no se ve bien que pase justo cuando el dueño de casa se está jugando el descenso.

Tampoco se ve bien que el gol de Uniautónoma llegue cuando el partido de Fortaleza justo termina, y queda la suspicacia de Ricardo ‘Gato’ Pérez, presidente de los descendidos, quien dejó en el ambiente un mal sabor al recordar que el arquero del Huila, (Ernesto Hernández, un gran arquero, por cierto, al que poco esfuerzo se le vio en el gol de Michael Barrios), llegó a Neiva desde Uniautónoma.

Pero ahí debo decir también que no se ve nada bien la falta de entrega y hambre de Fortaleza en sus recientes partidos. Es decir, ¿tiene en sus manos el salvarse del descenso y juega a no perder frente a Chicó y Pasto? No, no se ve bien. Menos cuando hace dos semanas te enteras de que el equipo está en venta, de que tuvo la posibilidad de irse a Itagüí (ya no va a pasar: el dueño de Águilas Doradas no da el aval para que jueguen en “su” plaza) y de que el nuevo comprador está más interesado en comprar al equipo en la B pues le sale más barato y más rentable.

Es lo jarto de esto, a veces el fútbol te da pena por todo lo que está detrás de él. Por eso es buena la sentencia de Latorre. Porque es preferible pensar en el enorme talento de Aldo y en todo el fútbol que ha dejado en Santa Fe, Nacional, Morelia, Atlas y la Selección, que malpensar en su paso del rojo al verde. Porque a veces necesitas sólo pensar en el juego para volver a enamorarte de él y dejar atrás las sombras que lo amargan.

En esas ando…

Twitter: @PinoCalad

PD. Celebro la sanción a Wilson Lamouroux, inexplicablemente árbitro FIFA, a quien decidieron suspender tras no sancionar un penal clarísimo a favor de Uniautónoma en su partido frente a Millonarios. Si el descendido hubiese sido el equipo barranquillero, el nombre del juez llanero hoy estaría en boca de todos por su pésimo comportamiento en un partido definitivo, pero no dejemos pasar la oportunidad para recordar qué mal juez es.

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19

jul

2013

Ser hincha en Colombia, o la dinámica de lo absurdo

Escenario 1:

“¡Qué vergüenza ser hinchas de Nacional si son bogotanos!”. Así, con más  insultos y groserías que no quiero reproducir, miles de mensajes en redes sociales criticaban a los hinchas verdolagas nacidos en la capital que, según los autores del insulto, tendrían que ser seguidores de Millonarios y Santa Fe sólo por haber nacido 2.600 metros más cerca de las estrellas.

No pasa sólo con Nacional. América tiene una cuota grande de hinchas en Bogotá que también son criticados por muchos conciudadanos, y a los bogotanos hijos de padres costeños, santadereanos, pastusos o de cualquier otra región (y son millones), estos radicales ultrabogotanos también los miran feíto, aunque les aguantan que le vayan a Junior, Once Caldas, Cali, Bucaramanga o el que sea, sólo porque  sus familias “no son de acá”.

Y ojo; no pasa sólo en Bogotá. Ser costeño y no ser del Junior es considerado traición, un paisa hincha de Millonarios siempre es ridiculizado por sus coterráneos verdolagas o rojos, un vallecaucano que quiera al Pereira es objeto de burla, y así, en cada ciudad, con la región que quieran. ¿No hay cada tanto actos violentos en Manizales entre caldenses que son del Once y caldenses que le van al América? Lo mismo pasa en Ibagué, en Cúcuta, en Bucaramanga…

Es curioso, mucho, porque según esa lógica es una vergüenza, una traición, un absurdo insoportable ser hincha de un equipo que no es de tu tierra pero, ¡oh sorpresa!, cuando uno mira las cuentas de la gran mayoría de los que insultan a sus coterráneos “traidores” descubre que son hinchas de River Plate, de Chelsea, del Barcelona, del Real Madrid, de Boca Juniors… Es más, no hace mucho me tocó presenciar peleas a puño entre “hinchas” del Real y el Barcelona que, curiosamente, no tenían acento castellano y hablaban catalán, sino que decían “juepucha” y usaban la muletilla “huevón” como buenos colombianos.

Entonces: ¿está bien ser hincha de un equipo del exterior pero está mal ser hincha del equipo de otra ciudad colombiana?

Ah, bueno…

Escenario 2:

Tras ganar la estrella 12 y en medio de su algarabía, el responsable de redes sociales de la barra Los del Sur de Nacional envió un mensaje absolutamente delicioso que circuló en Twitter y Facebook: “Este título es de los paisas, de los verdaderos y únicos verdes…valen culo los rolos, costeños, caleños, tolimenses, cucuteños, pastusos, huilenses, boyacos, todos putos disque (sic) hinchas de nacional (sic) esos no pertenecen a esa hinchada, amargos, faltos de identidad y amor a su tierra. El verde es paisa y nada más”.

Muchos señalaron que el mensaje era falso, pero la idea es sostenida y defendida por miles. Reforzando la escena uno, pero desde el otro lado, parece que sí, efectivamente es absurdo que alguien de otra ciudad sea hincha de tu equipo… Curioso.

Los clubes grandes del mundo se vanaglorian de tener hinchadas en todas partes y lo que hacen es promover el crecimiento del nombre de su marca más allá de sus fronteras. Todas las semanas vemos cómo Manchester United cautiva en Asia, cómo Barcelona busca crecer en seguidores en Brasil, cómo Real Madrid, Porto, Liverpool, Arsenal y un largo etcétera viajan por todo el planeta tratando de ganar hinchas que hagan crecer su nombre, su fama, su gloria, pero no, en Colombia los hinchas creen que el que personas de otras tierras sean seguidores de tu equipo es un absurdo, aunque ojo, muchos barras se vanaglorian de que sus colegas de otras fronteras le van a su equipo, argentinos particularmente, por una especie de hermandad inventada.

Mejor dicho, ¿está bien que un extranjero sea hincha de tu equipo porque eso demuestra la grandeza de tu camiseta, pero es una vergüenza que alguien de otra región de tu país sienta tus colores como propios?

Ah, bueno…

Escenario 3:

Bogotá, tantas veces vilipendiada, tantas veces insultada, tan odiada por culpa de ese proceso histórico de la Constitución del 86 que hizo que todo dependiera de la capital y dejó en el olvido a las regiones (¿cómo vas a tener una buena imagen de Bogotá si durante cien años el alcalde de tu pueblo era nombrado por un decreto firmado en la lejana ciudad en donde iban a darle el puesto a un burócrata X?), se convirtió precisamente gracia a eso en la ciudad de todos.

Millones de colombianos se vinieron a Bogotá escapando de la violencia, buscando oportunidades y aún hoy tenemos en nuestras universidades una enorme cuota de jóvenes paisas, costeños, vallecaucanos, boyacenses, tolimenses y demás que encuentran que, por culpa de ese proceso histórico centralista, es mejor educarse y buscar trabajo en la capital.

La gran mayoría de bogotanos actuales son hijos de “inmigrantes regionales”, disfrutan desayunar con el tamal de la región en que nació su mamá y comer la arepa de la región de su papá les trae recuerdos de infancia y, además, son nacidos orgullosamente en Bogotá y se asumen como bogotanos: critican al alcalde de turno, insultan a los Nule, evitan botar basura en la calle…

Sin embargo, en la final entre Santa Fe y Nacional vimos una muestra de xenofobia tan poco digna de la ciudad capital de un país que pretende ser moderno, que no puedo más que señalarla como una vergüenza. Sí, es vergonzozo el trato que nos están dando a los bogotanos en Medellín desde hace rato, en donde prohibieron la entrada de hinchas de Millonarios y Santa Fe, lo que habla terriblemente mal de la capacidad de la administración local para manejar la seguridad de un partido de fútbol; pero creo que es peor que Bogotá, la ciudad de todos, la que está llena de bogotanos hijos de alguien de otra región, nietos de alguien de otra región, esposos y esposas de alguien de otra región, le cierre las puertas a los demás.

Si algo ha caracterizado históricamente a Bogotá es ser una ciudad de puertas abiertas con los inmigrantes, y eso que pasó el miércoles en algunas tribunas del Campín, en las que por orden de Santa Fe se podía “expulsar del estadio” a alguien del que se sospechase que no era hincha del rojo, es lamentable.

Si el fútbol empieza a segregar en los escenarios más libres que tiene el país, los únicos en los que de verdad uno puede decir lo que quiera, como son los estadios, nuestra sociedad definitivamente está condenada al fracaso. Cerremos entonces puertas y fronteras y quedémonos como unos endogámicos que sólo aceptamos lo que nació a seis cuadras de nuestra casa… ¡a menos, claro, que sea el Barcelona, el Real Madrid, el Manchester United, el Chelsea y por TV!

Ah, bueno…

En Twitter: @PinoCalad

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2011

Hablemos de finales

Este miércoles se definirán los finalistas de la Liga Postobón II. Y ojo, nada está escrito porque sí, el 3-0 de Millos fue muy bueno, pero el Junior tiene con qué dar la pelea y clasificar (le metió 4-0 al Quindío, 3-0 a Equidad e hizo 23 goles en 10 partidos como local… aunque también le metieron 14), y claro que el empate de Santa Fe fue valioso, pero Once Caldas ya le ganó este semestre en Bogotá por 1-2. Lo que quiero decir es que aún quedan 90 minutos y ni los hinchas tiburones y blancos se pueden dar por derrotados, ni los azules y cardenales deben hablar aún de final bogotana.

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