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16

oct

2015

Cuando el periodista se “vende”

Creo firmemente en que la principal responsabilidad social del periodismo es la denuncia. Por supuesto, un periodista también debe exaltar lo positivo, debe destacar lo que es ejemplar, lo que le sirve al grupo social al que pertenece, pero como herramienta del poder (y los medios lo son, más al pertenecer en todo el mundo a grandes corporaciones) el periodista tiene un deber casi que sagrado de tratar de enfrentarlo. Por eso en este blog y en mis diferentes columnas siempre encontrarán denuncias contra los malos manejos del poder en el fútbol, contra los dirigentes abusivos con sus empleados, contra los gobernantes que quieren aprovecharse del fútbol para captar votos, contra la presencia de los dineros ilegales en el fútbol, contra los abusos de esa industria cultural llamada fútbol al hincha que no se da cuenta de que es cliente, contra esos vándalos vestidos de hincha que se convierten en el brazo armado e ignorante de esos poderosos… Sin embargo, el post de hoy es un mea culpa: este es un blog de fútbol en el que esporádicamente se habla de otros deportes, pero tristemente debo admitir que con otros deportes no he tenido el rigor y la crítica que tengo con el balompié.

Podría alegar que soy un periodista que trabaja en fútbol, pero ese es precisamente mi pecado y el pecado general de la prensa en Colombia. En este país lo que vende es el deporte de patear balones y el periodismo que cubre deportes termina siendo en verdad un periodismo que cubre fútbol, de los otros deportes se habla en coyunturas específicas: triunfos o grandes eventos, y el día a día se le deja a unos cuantos quijotes que tienen los espacios radiales, digitales o de papel (en TV la verdad es muy difícil que se vea eso) para hablar de la cotidianidad de esas otras actividades que mueven a millones de colombianos aunque no vendan tanto como la pelota que alguna vez tuvo pecas.

El mejor ejemplo es el ciclismo. La gran prensa está ahí cuando los pedalistas colombianos brillan, cuando tienen posibilidades de figurar en grandes carreras, y los nombres que se busca son los exitosos, los que llamen la atención en un titular. Por eso, por no pararle bolas al día a día del ciclismo, a aquellos que no son las grandes estrellas, fue que dejamos que se nos pasara la vergüenza que pasó con el Team Colombia.

El equipo patrocinado por Coldeportes (sí, con nuestros impuestos, lo que hace que el tema sea aún más importante) se acaba después de cuatro años de competición en el que fue cuna de muchos corredores, y lo hace en medio de una polémica que demuestra el abandono de fiscalización de la prensa en general. Lo más triste es que todo lo que ha pasado deja a las claras que de esos ‘quijotes’ que cubren ciclismo no había nadie detrás del tema, no había nadie capaz de decir algo e, incluso, todo parece indicar que algunos estaban en la nómina del patrón de la escuadra, el italiano Claudio Corti.

Vamos por partes. El pasado 10 de septiembre Gustavo Duncan, un prestigioso académico de la Universidad de Los Andes con un muy interesante blog en la web de ‘El Tiempo’, publicó un post en el que denunciaba los malos manejos en el Team Colombia, los maltratos a los ciclistas por parte de Corti y el hecho de que Héctor Urrego, sin duda el periodista más veterano y prestigioso en el mundo del ciclismo, fuera fiel escudero del italiano, exdirector de un equipo muy famoso como el Barloworld del que salió una figura como Froome (actual campeón del Tour de Francia) pero que terminó acabándose por escándalo de dopaje en los años negros de Armstrong. La columna de Duncan es contundente y puede leerla en este enlace

Ahora, lo triste es que ‘el profe’ Urrego respondió a esta acusación a lo uribista: en vez de articular y argumentar su posición de defensa permanente al proyecto del Team Colombia, desacreditó a Duncan tratándolo de ser un don nadie en el mundo del ciclismo. En este audio puede escuchar la respuesta de Héctor Urrego a la columna de Duncan.

Sin embargo, lo que plantea Duncan terminó tomando peso con los días: el presupuesto de Coldeportes para el Team Colombia fue de casi tres millones de euros al año desde 2012 (sí, tres millones de euros de nuestros impuestos, como 9.000 millones de devaluados pesos al año) y no sólo los resultados en particular de los dos últimos años fueron pésimos para un equipo de esa categoría, sino que el objetivo planteado por el director de Coldeportes, Andrés Botero, no se cumplió. Acá hay que ser puntuales, el propio Botero señaló recientemente en una entrevista a la Revista Mundo Clicístico (de Urrego)  que el objetivo del Team Colombia era llevar la imagen del país al extranjero, lo que muestra que el plan no era de resultados (un sinsentido cuando le estás metiendo tanta plata al año a algo y más sabiendo que sólo los éxitos deportivos le garantizan a un equipo de ciclismo figurar y el ser invitado a las grandes carreras donde de verdad vale llevar la imagen del país).

El punto más complicado de lo que plantea Duncan es el manejo de los ciclistas. Urrego no responde al tema pues Duncan “es un ignorante del ciclismo”, pero una autoridad internacional como Georgina Ruiz Sandoval, la famosa ‘Goga’ que nos abruma con sus conocimientos técnicos y comentarios acertados en las transmisiones de ESPN, relata en su columna de esta semana las indiginantes historias de vida de los ciclistas del Team Colombia: “De nosotros no se entendían sino hasta un día antes de correr alguna prueba. Si comíamos bien o estábamos enfermos a nadie le importaba. Una vez a un compañero lo dejaron tirado en la casa 3 días con temperatura y los demás en carrera. Nadie se preocupaba por la salud de nosotros, el tesoro más grande que tiene un ciclista profesional. Algunos ante la situación delicada de la salud tuvieron que pagar sus gastos médicos y ni qué decir de que se lo rembolsaran. El médico no servía de médico sino de entrenador y cuidar de nuestra nutrición era la última de sus preocupaciones. Como estábamos solos pues había que hacer de todo y cuando regresábamos de entrenar tan cansados la verdad es que no comíamos bien. Además con los pagos retrasados nunca teníamos suficiente dinero para lo básico. Muchas veces nos tocó comer solo arroz y lentejas porque no nos alcanzaba para otra cosa”, cita la ‘Goga’. Lea acá la columna de Georgina Ruiz Sandoval.

Una vergüenza.

Ahora hablemos de plata; Coldeportes no puede pagar para el 2016 los casi tres millones de euros por recorte presupuestal (lo que es una delicia, porque si vamos a hablar de plata de Coldeportes hay que hablar de las obras incumplidas de los fallidos Juegos Nacionales de Ibagué y de las obras de los Juegos Bolivarianos de 2017 que obviamente están en pañales y, dada la experiencia, así se pueden quedar), así que para el próximo año ofreció 1.5 millones de euros y Corti dijo no. No, cuando un equipo como Caja Rural tiene un presupuesto de dos millones (y lleva ya 15 victorias esta temporada, como bien señala Duncan) o el Lampre (uno de los siempre presentes en las grandes del ciclismo) tiene un presupuesto de tres millones. Corti dijo no, pues no apareció otro socio que le cumpliera la cuota, lo que es lamentable en términos de gestión, pero sobre todo deportivamente pues se pierde un semillero de talentos.

Todo en esta historia es indignante, todo huele mal, todo sabe amargo, pero debo decir que lo que más me duele es que no hubo un solo periodista antes de Duncan (que por cierto, no es periodista) que denunciara lo que estaba pasando en el Team Colombia. ¿Qué pasa con el periodismo que cubre ciclismo? Es lamentable acceder a las cuentas del equipo y encontrarse con un rubro mensual de 20 millones de pesos para “Agencia de Prensa” (ver foto al final); ¿cuál agencia de prensa? ¿a quién va esa plata? ¿Hay periodistas en nómina?

Por supuesto, la práctica de llevar periodistas a un evento para que lo cubran y así éste llegue a los medios y así a las grandes audiencias es demasiado vieja y no es exclusiva del ciclismo. Lo hacen todos los gobiernos, los han hecho los equipos de fútbol, lo hacen los patrocinadores de grandes eventos… pero la pregunta es qué tanto puedes ser crítico como periodista cuando tu hotel, tu comida y tu vuelo está siendo pagado por el dueño del evento. Es un dilema ético sensacional al que todos nos tenemos que enfrentar y que todos asumimos de una forma diferente, unos más tristemente que otros.

Cuando el periodista se vende por privilegios, por prebendas o simplemente por entrar en la nómina de un patrocinador, la información siempre va a estar cubierta por una niebla que deja ver sólo lo bueno y nunca muestra los defectos, los problemas, lo que puede dañar todo. Se deja de ser periodista para ser oficina de prensa; “agencia de prensa”, como dice el documento de abajo. Siento, tristemente, que eso pasó en este caso del Team Colombia: por un lado unos -la mayoría- no prestamos atención por estar en nuestro mundillo particular del fútbol, y por otro los que que cubren ciclismo o no se dieron cuenta de lo que estaba pasando, o simple y vulgarmente no quisieron ver. Espero de verdad que sea lo primero.

Anexo:

Gastos del Team Colombia; nótese los 20.7 millones para “Agencia de Prensa”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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19

nov

2014

Ramón Hoyos Vallejo, el hombre que reemplazó al Dorado

La era del mito en el fútbol colombiano tiene pocos nombres colombianos y muchos llegados del sur. El Dorado, ese momento ubicado temporalmente entre 1949 y 1953, pero eterno en la memoria de todos los hinchas que nos llenamos de sueños imaginándonos a Di Stéfano y Pedernera con la camiseta de Millos, Pontoni con la de Santa Fe, el gran Heleno con la de Junior, Tito Draco con la del DIM, Vides Mosquera y Valeriano López con la del Cali, Villaverde y Barbieri con la del Cúcuta, Deambrossi con la del Bucaramanga… fue mágico, sin duda, pero prestado.

Si uno repasa las sensacionales nóminas de la época se encontrará con pocos referentes nacionales: ‘Cobo’ Zuluaga en Millonarios, ‘Caimán’ Sánchez en América, Cali y Junior, ‘Chonto’ Gaviria en Santa Fe, ‘Memuerde’ García en Junior, el mítico ‘Turrón’ Alvarez en Nacional… los verdaderos ídolos colombianos estaban en la acera del frente, en el otro deporte que desde que en 1951 nació la Vuelta a Colombia se robaba la atención de un país que no quería saber más de violencia política. Y entre todos los nombres del ciclismo había uno que generaba amores y odios pero nunca indiferencia, la primera superestrella de las bielas, el hombre que falleció esta madrugada en Medellín, cerca a su natal Marinilla, una leyenda llamada Ramón Hoyos Vallejo.

En 1953, cuando El Dorado dijo adiós al comenzar el éxodo de los cracks de otras nacionalidades, encabezados por Di Stéfano y su novela entre Barcelona y Real Madrid, Ramón Hoyos Vallejo comenzaba su leyenda ganando la primera de las cinco Vueltas a Colombia que quedaron a su nombre, récord que sólo superó en los 70 Rafael Antonio Niño. Sin embargo, ‘El Marinillo’ se convertiría en mito dos años después.

Ramón Hoyos Vallejo llegó a los Juegos Panamericanos de Ciudad de México como el mejor ciclista nacional. Sus títulos en las ediciones de 1953 y 1954 de la Vuelta a Colombia lo habían convertido en el mayor ídolo deportivo del país, y habían convertido al departamento de Antioquia en la tierra de los más grandes pedalistas de esos tiempos. Pero el problema es que en México estaban los mejores de todo el continente, comenzando por el extraordinario equipo anfitrión, comandado por Rafael Vacca.

Sin embargo, Colombia tenía lo suyo. Hoyos Vallejo no sólo tenía la experiencia local, sino que ya había tenido la oportunidad de conocer el trabajo de los grandes pedalistas europeos. Además, a ‘Don Ramón de Marinilla’ lo escudaban el cundinamarqués Benjamín Jiménez, soldado de profesión y legendario trepador de montañas, Justo ‘Pintado’ Londoño, su gran coequipero en la Vuelta a Colombia, y el mítico ‘Zipa’ Forero, el ciclista colombiano más famoso en el mundo por esos días.

Ellos cuatro, operando como una máquina perfectamente aceitada, destrozaron a los cuartetos de México, Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Guatemala, y lograron las dos primeras medallas de oro en la historia del ciclismo colombiano en unos Juegos Panamericanos.

Colombia, que en la primera edición de estas justas había logrado un solitario oro en atletismo con el gran Jaime Aparicio, alcanzaba gracias al ciclismo su mejor figuración deportiva internacional con los primeros lugares en el podio de Hoyos Vallejo y del cuarteto que él conformó. Además, Benítez obtuvo una más que meritoria presea de plata y en la pista Octavio Echeverri también logró el segundo lugar en los 1.000 metros contra el reloj.

Ese año, además, se disputó la más legendaria Vuelta a Colombia de todos los tiempos y Ramón Hoyos Vallejo, ‘El Campeonísimo’, logró una gesta que nadie ha logrado superar 55 años después: fue campeón del certamen ganando 12 de las 18 etapas disputadas, las seis primeras de forma consecutiva.

De nada valió la presencia del ex campeón Bayaert, ni el trabajo del ‘Zipa’, ni la notable actuación del equipo mexicano de Rafael Vacca; la superioridad de ‘Don Ramón de Marinilla’, como lo llamaba el locutor Carlos Arturo Rueda, era incontestable y no sólo por sus condiciones, sino por el respaldo de un equipo excepcional, la famosa ‘licuadora paisa’.

El técnico argentino Julio Arrastía Bricca formó un pelotón de escuderos que garantizaron el triunfo de Hoyos o, de no ser este posible, de un pedalista antioqueño. Eran ellos los que determinaban cuándo se atacaba o en qué momento se debía ir con calma, y el término de licuadora nació porque aquel que no cumplía con sus mandatos simplemente era ‘licuado’ del lote. Por eso mismo fue que entre los siete primeros de la general no había nadie que no hubiera nacido en ese departamento.

Hay una anécdota espectacular de esa Vuelta que muestra el impacto que tenía la presencia de Hoyos Vallejo en las carreteras del país: La etapa Pasto-Tulcán fue un infierno. La lluvia había deteriorado un camino de herradura y los ciclistas se resbalaban y caían por doquier. Sin embargo, al día siguiente, cuando la prueba regresaba de Tulcán por ese mismo camino, el pelotón que comandaba ‘El Marinillo’ se encontró con lo inesperado: la vía estaba perfecta. Apenas cruzó la meta el último ciclista de la etapa, el ingeniero jefe de la zona, Luis Palacios, convocó a todos los hombres de la región y en un tiempo récord lograron drenar la carretera, aplanarla y eliminar cualquier riesgo que esta tuviera para los pedalistas. La Vuelta a Colombia había obrado su primer milagro.

Hoyos lograría su cuarto título consecutivo un año después, y lo volvería a obtener en 1958. La corona del 57 fue para el español José Gómez del Moral, quien aprovechó el retiro de la armada antioqueña para dar el segundo golpe extranjero a nuestra gran prueba.

Ese 1958 fue el último episodio de ese mito nacido en Marinilla. El furor por el ciclismo en el país había dejado atrás al fútbol y los periódicos y las emisoras le dedicaban más páginas y tiempo a los pedalazos que a lo que sucedía en un campeonato de pelota en el que incluso los excampeones Nacional y Medellín se habían tenido que fundir en un mismo equipo, el Independiente Nacional, para poder participar ese año. Por eso cuando Angelo Fausto Coppi aterrizó en el Aeródromo de Techo el 18 de diciembre de 1957 Colombia entera se paralizó. A fin de cuentas, se trataba nada más y nada menos que del campeón mundial del 53, del dueño del récord de la hora por catorce años y del hombre que al pisar el Hotel Tequendama, en donde se alojó, contaba con dos títulos del Tour de Francia y cuatro del Giro de Italia. Era el mejor ciclista del mundo, el ‘Campionissimo’, y fue la primera superestrella de las bielas que llegó a nuestro territorio.

Coppi llamó tanto la atención, que incluso en el diario El Tiempo dieron como un hecho su participación en la Vuelta a Colombia de 1958, ya que varios empresarios estaban reuniendo el dinero para montarle un equipo y acabar así con la hegemonía antioqueña del multicampeón Ramón Hoyos Vallejo.

Esto, por supuesto, no se dio. Pero lo que sí se vivió en las carreteras del país fue el duelo particular entre Coppi y Vallejo en la tercera edición de la Clásica El Colombiano, organizada por el tradicional diario de ese nombre.

Varios patrocinadores respaldaron a Coppi, y su presencia atrajo a la más nutrida delegación de figuras extranjeras que hubiera visto Colombia. En la prueba doble entre Medellín y La Pintada estarían el italiano, sus paisanos Ettore Milano y Luigi Casolla, y el suizo Hugo Koblet, campeón del Tour en 1951 y tres veces campeón de la Vuelta de su país.

Sin embargo, a pesar del favoritismo y de la increíble experiencia de los europeos, el campeón fue Hoyos Vallejo. Koblet y Coppi impusieron condiciones, no se descolgaron en los ascensos y dieron cátedra sobre cómo descender, pero en el segundo y último día de la prueba, en pleno ascenso, el italiano no pudo aguantar el ritmo y ‘Don Ramón de Marinilla’ logró vencer al mejor ciclista del mundo con una ventaja escandalosa.

Hoy murió esa leyenda, el primer deportista capaz de eclipsar al fútbol en un país en el que a veces pareciera que no hay otro deporte. Por eso desde esta lejana esquina de internet lo único que puedo es darle las gracias por el mito, por la gloria, por el ciclismo, y asegurarle a la memoria de Ramón Hoyos Vallejo,  ‘Don Ramón de Marinilla’, que nunca será olvidado.

En Twitter: @PinoCalad

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