Tags de Posts ‘Brasil 2014’

09

jul

2014

Los periodistas también lloran

La noticia era monumental: semifinal de una Copa del Mundo, las dos mayores potencias en la historia del fútbol frente a frente, un resultado abrumador, un reto periodístico enorme y, de pronto, el centro de medios quedó en silencio. Un periodista brasileño, con la camiseta de su selección, la misma que acababa de ser eliminada humillantemente de la Copa del Mundo, estalló en llanto.

Por supuesto, no fue el único. Un país gigante lloró por la peor humillación que ha sufrido en su casi siempre gloriosa historia futbolística.

El día había comenzado, claro, de otra manera. Brasil recibió con batucada su undécima semifinal. Claro, no tenía a Neymar, no tenía a Thiago Silva, pero 200 millones de brasileños pensaban en todo menos en ser eliminados por Alemania. A fin de cuentas, en el único duelo entre los dos en una Copa del Mundo, la canarinha había logrado su pentacampeonato mundial con un 2-0 en Japón y Corea 2002, y esta vez, con todo Belo Horizonte de su lado, con todo el Mundial de su parte, no había por qué pensar que iba a ser diferente.

No importaba la condición social, no importaba el lugar, Brasil era uno solo, un gigante de 200 millones de cabezas que iba por su hexacampeonato Mundial tras eliminar a Colombia en el partido de la polémica. Sin embargo, la alegría pronto se convirtió en tristeza y la tristeza en una sensación de estar viendo lo imposible.

No fue uno, ni fueron dos, fueron siete los goles de Alemania y los brasileños, entusiastas en un comienzo, fueron retirándose de los lugares en los que decidieron acompañar a su selección.

Era increíble: 5 goles en 30 minutos, algo nunca visto, algo que ni el más optimista de los alemanes habría pensado, algo para la historia, pues nunca se había dado en un partido de Copa del Mundo.

Pero la cifra fue peor. No sólo se trató de que Miroslav Klose le quitara el récord de goleador de los Mundiales a Ronaldo convirtiendo el segundo de la tarde; desde 1930, cuando Uruguay aplastó 6-1 a Yugoslavia y argentina hizo lo mismo con Estados Unidos, nunca una semifinal del torneo más importante de la FIFA había tenido tal paliza. Y esta fue la peor.

Los brasileños, por supuesto, pasaron de la frustración a la negación, y de ahí a la risa nerviosa de quien prefiere burlarse de la tragedia para no hacerle frente.

Fue 7-1. Una paliza histórica.  La peor en la historia del pentacampeón del mundo, cuya derrota más abultada había sido el 6-0 a manos de Uruguay en la Copa América de 1920 disputada en Chile. La más dolorosa desde el Maracanazo de 1950 frente a los celestes, que hoy parece un dulce de mora.

Brasil, la selección más poderosa de todos los tiempos, sufrió una goleada que nunca será olvidada ni por sus hinchas ni por el fútbol, ni por los periodistas que la vimos y presenciamos cómo un colega no la pudo resistir.

Todos los que hemos perdido sabemos qué se siente.

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01

jul

2014

La ‘febre amarela’ en Brasil

Una de las sensaciones de la Copa del Mundo ha sido Colombia. No se trata sólo del fútbol de James Rodríguez, de las ya convertidas en .gif y coreográficas celebraciones que conduce Pablo Armero, del emotivo récord de Faryd Mondragón que en medio de las lágrimas y de una ovación generalizada del estadio de Cuiabá se convirtió en el jugador de más edad en actuar en un Mundial con 43 años y tres días, se trata, por encima de todo, de su hinchada.

Periodistas de todo el mundo quedaron impactados cuando la mancha amarilla que se tomó el Mineirao para el Colombia-Grecia del 14 de junio siguió cantando el Himno Nacional a pesar de que los acordes de la ceremonia oficial habían terminado. A partir de ese día la prensa local e internacional ha estado pendiente de la llamada “febre amarela”, pues muchos están sorprendidos con la pasión de los colombianos, presentes masivamente en cada partido y en todos los Fan Fest.

Se estima que en Brasil viven cerca de 45.000 colombianos, la gran mayoría estudiantes, pero con los 60.000 que viajaron desde Colombia y otros rincones del mundo para acompañar a la Selección hay más de 100.000 compatriotas haciendo sentir local al equipo en cada ciudad, como bien lo dijeron los jugadores desde el primer partido.

No sólo se trata de haber sido prácticamente locales en Belo Horizonte, Brasilia, Cuiabá y, especialmente, en el mítico Maracaná de Río de Janeiro; se trata de calles pintadas de amarillo, azul y rojo a miles de kilómetros de casa, del Himno Nacional entonado a capela en diferentes esquinas de Brasil, de la unión de un pueblo que sueña…

El problema está en que entre esos 100.000, por supuesto, se colaron varios que aprovecharon el Mundial para mostrar esa otra cara de Colombia, la que no nos gusta aceptar. Las noticias fueron saliendo como en botica: 18 compatriotas arrestados en Belo Horizonte por atracar en modalidad de pandilla, dos más detenidos en Brasilia por robo, dos que terminaron en la cárcel al ser capturados vendiendo boletas falsas en Río de Janeiro, cuatro más siguieron esa suerte por estar vendiendo droga, otro se hizo famoso al quedar en YouTube robándole a un compatriota la boleta de entrada al duelo en Cuiabá… incluso en medio de la celebración que significó para todos los presentes el estar en Río de Janeiro en la primera clasificación de Colombia a unos cuartos de final en una Copa del Mundo, apareció la mancha y otra vez en YouTube quedaron registradas las trompadas entre unos tipos con la camiseta de la Selección y otros evidentemente uruguayos en pleno Fan Fest de la FIFA.

También se colaron otros que sí son malandros profesionales y con PhD en crimen. Los organismos de seguridad internacionales aprovechan los Mundiales para cazar delincuentes perseguidos en todo el mundo y, según fuentes de la Policía Nacional, que por supuesto también tiene a varios representantes suyos acá pendientes de esto y de la seguridad de los colombianos, a estas alturas ya cayeron tres capos centroamericanos y se espera que antes del viernes caiga uno de los herederos de la Oficina de Envigado, que se metió a Brasil desde Montevideo.

Sin embargo, estas manchas no logran ensuciar el brillo de la fiesta tricolor, y Colombia y sus hinchas se convirtieron en unos consentidos de la afición local, que celebró como si fuera propia la victoria sobre Uruguay. Claro, ahora el duelo es con ellos y es claro que el objetivo es hacernos sentir por primera vez visitantes en esta Copa del Mundo, pero como bien lo dijo uno de los miles de compatriotas que se tomaron la playa de Copacabana el sábado pasado no para irse a las manos contra los uruguayos sino para celebrar con el alma un hecho histórico: “si vamos a soñar, ¡deliremos!”.

Y acá seguimos delirando…

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17

jun

2014

Diario del Mundial: los miedos de Brasil

GOL! El rugido sacudió las calles de Sao Paulo y miles de camisetas verdeamarelhas se unieron en abrazos. Lo curioso del asunto es que la anotación no había sido de Neymar, Oscar o Fred, sino del poco conocido bosnio Vedad Ibisevic, pero no importaba, lo importante es que ese hombre vestido de azul le había convertido a Argentina, a la odiada rival.

Así es la cosa en Brasil. Todos quieren el ‘hexa’, todos sueñan con el título mundial a pesar de criticar a la selección, de cuestionar el esquema de Scolari, de señalar la mayoría que la Copa ha sido un despilfarro del gobierno, y por eso todos los brasileños están públicamente del lado de los rivales de sus mayores adversarios.

La derrota de Uruguay frente a Costa Rica, por ejemplo, se asumió como un triunfo canarinho. El hecho de que el equipo de Jorge Luis Pinto complicara el camino del fantasma del Maracaná fue motivo de júbilo popular y las portadas de los diarios registraron al otro día no la histórica victoria costarricense sino la patética actuación del que podría ser el rival brasileño en cuartos de final.

Eso por supuesto, por no hablar de la goleada sufrida por España a manos de Holanda. Si bien la naranja mecánica es una de las pocas selecciones que tiene un historial positivo frente a los brasileños en los mundiales (dos victorias frente a una derrota, con un empate, mientras que a ‘la roja’ le ha ganado tres de cinco juegos), los locales prefieren que el actual campeón del mundo se quede en el camino y el 5-1 abrió esa posibilidad.

Pero a pesar de la sombra del Maracaná, de la amenaza de España, de la potencia de Holanda, el enemigo popular tiene nombre en esta Copa del Mundo brasileña: Argentina.

“Messi necesitó tres Mundiales para alcanzar los goles de Neymar”, dice un hincha paulista con la cara pintada de amarillo y verde mientras mastica el mal sabor de boca que le causó el segundo gol de Argentina frente a Bosnia, anotado por el 10 argentino, el mismo que apenas había hecho un gol en las Copas del Mundo en la ya lejana Alemania 2006.

Todos hablan de una final frente a los gauchos y todos ponen por encima a su Neymar de ese crack al que él secundó sin mucho éxito la temporada pasada en el Barcelona . “El problema de Ney en el club está en que todos juegan para Messi, no para él”, señala Mayara, otra hincha brasileña la mañana siguiente de la victoria argentina. “Messi es crack, pero no en Argentina”, agrega.

Sin embargo, la bronca con Argentina parece pasar a un segundo plano tras el aplastante debut de Alemania frente a Portugal. El 4-0 fue celebrado por la nutrida colonia de germanobrasileños que, sin embargo, tienen claro que el campeón tiene que ser Brasil. “Alemania es fuerte, muy fuerte… ojalá no lo tengamos que encontrar”, dice al respecto Gustavo, hincha de Gremio, el equipo fundado por los alemanes hace 111 años en Porto Alegre. Gustavo lleva la camiseta alemana y bebe cerveza con los bávaros que viajaron hasta su país para estar en el Mundial. Todos lo abrazan tras su frase.

Brasil se juega varios Mundiales en su Mundial. Está el de la política, que no ha logrado eclipsar al fútbol, pero sobre todo está el del temor a volver a perder una Copa en casa. Un Maracanazo sólo puede pasar una vez…

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11

jun

2014

Diario del Mundial: cuando hasta J Lo sirve para la ansiedad

Finalmente J Lo dijo que sí iba a cantar en la inauguración del Mundial y la noticia, si bien de última hora pues lo confirmó a horas de la ceremonia, y absolutamente insignificante para los que queremos ver fútbol y no nalgas, es uno de los temas del día en Sao Paulo, sede del evento y del partido entre Brasil y Croacia con el que comienza esto.

Porque sí, el Mundial se nos vino encima y la ansiedad empieza a pesar. No se trata sólo del regreso de la Selección Colombia, lo que de por sí ya es muchísimo, pues de 20 mundiales apenas hemos ido a cinco -lo que demuestra que haber llegado a Brasil 2014 es muy importante-, se trata del Mundial en sí.

Es decir, no sé ustedes, pero yo era de los que en mes de Copa del Mundo vivía en acuartelamiento general, sólo hablaba de eso, a veces no me bañaba hasta que terminara la jornada (lo que es señal de que no iba al colegio o a clase en la universidad) y en esa extraña versión de Japón y Corea no dormí, con lo que básicamente perdí como tres kilos y comencé una extraña tendencia noctámbula que sólo mi mujer me quitó hace un par de años.

Después de ese 2002 empecé a trabajar en esto y el Mundial se convirtió en el mes de mayor sadomasoquismo posible: un exceso de trabajo casi esclavista, ¡pero cómo lo disfrutas! Y ahora estoy acá, en Sao Paulo, cubriendo en persona mi primera Copa del Mundo, y cuando el reloj se acerca a esa maratón que arrancará con las nalgas de J Lo al ritmo de Pitbull en la canción oficial más mala que recuerdo de las Copas del Mundo, me pregunto en dónde está el Mundial. Dónde está mi Mundial.

Hace una semana hice esta pequeña crónica en video buscando el ambiente mundialista en la ciudad más grande de Brasil y, como se ve, no lo encontré. Hoy no ha cambiado mucho entre los brasileños, todo gracias a las sombras que envuelven a esta Copa y su organización, pero al menos hay muchísimos más turistas y con ellos llegan las camisetas multicolores y te sientes mejor. Pero Mundial, esa fiesta de alegría desbordantes y banderas en cada calle, no hay.

Lo dijo Maradona ayer en Río de Janeiro (que de por sí es muchísimo más alegre que Sao Paulo): “llevo dos días acá y no siento el Mundial”. Y él, que está en Mundiales desde 1978 como hincha, 1982, 86, 90 y 94 como jugador, 2010 como DT y el resto como foco de atención, algo debe saber.

Es decir, hablamos del Mundial, esa vaina que hace que uno sueñe con grandeza, que nos convierte a todos en expertos de fútbol, que vuelve a cada oficina un pequeño Las Vegas con jugosas apuestas, que potencia desde mayo la venta de televisores y de suscripciones a DirecTV, y yo, como hincha eterno, apostador constante y dueño de un TV de esos delgaditos en los que es físicamente imposible que se acuesta alguna de mis gatas, me imaginaba otra cosa.

Espero y apuesto a que con el fútbol esto cambiará, pero tengo miedo a los rumores que sacuden las redes brasileñas y los bajos sitios en donde los periodistas encontramos información: que las protestas contra la corrupción en la realización de esta Copa del Mundo y la cantidad absurda de dinero invertida se incrementarán con el primer partido. Incluso a pesar de que juega Brasil. Incluso a pesar de que J Lo dijo que sí.

Llegó el día de la verdad y debo decir que no me gusta mucho el escenario de fiesta contra justicia social; yo soy un iluso y quiero que ganen los dos. Ya les estaré contando…

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09

jun

2014

Diario del Mundial: la ciudad de la furia

Es difícil que Sao Paulo le quepa a uno en la cabeza. 20 millones de habitantes repartidos en una zona metropolitana que abarca 8.000 km², cientos de kilómetros de trancones, barrios muy elegantes y arribistas separados por una calle de sectores muy pobres… Esta ciudad, en la que llevo ya doce días es una capital de caos en donde un bus cuesta $3.000, los mismo que el metro, pero si vas a un sector periférico el pasaje puede subir a $7.200, (por no hablar de un taxi en el que una carrera que en Bogotá es de $5.000 acá vale seis veces más); en donde en cada esquina hay quioscos con miles de revistas, periódicos y libros que también te venden una gaseosa en lata a $4.000 o una cerveza a $5.000; en donde un almuerzo de los que en Colombia llamamos ‘corrientazo’, con sobredosis de frijol y arroz, no baja de los $11.000…

Ahí es cuando uno empieza a entender por qué en la semana en la que arranca el Mundial los principales diarios brasileños no tienen en sus portadas noticias sobre la preparación de su selección o hermosas fotos sobre el ambiente de fiesta que uno como futbolero asumiría que se debería estar viviendo, sino que, por el contrario, traen duras informaciones sobre paros, manifestaciones, protestas y peticiones del gobierno de Dilma Rousseff para que los brasileños se comporten “a la altura del reto”. En Brasil, donde el salario mínimo es el equivalente a $700.000 de Colombia, todo está carísimo y, además, las clases populares ven con esperpento cómo el gobierno ha despilfarrado US$15.000 millones en la realización del Mundial más caro de todos los tiempos.

“Corrupción” es la palabra de moda y la larga lista de funcionarios destituidos en los últimos cuatro años la justifican. Sudáfrica 2010 costó US$6.000 millones en un país en el que no había estadios para fútbol ni infraestructura, y por eso apenas Brasil anunció ese año que su cifra iba a ser de US$10.000 millones muchos se preguntaron por qué; a fin de cuentas, en el país pentacampeón del mundo había estadios de talla mundialista que sólo necesitarían una remodelación. Sin embargo, en una combinación de populismo y malos manejos administrativos la cifra ya pasó de largo por los US$15.000 millones y, vergonzosamente, en la semana en la que arranca la XX Copa del Mundo de la FIFA, aún no se ha terminado el estadio inaugural.

Me bajo del bus en la estación de Armenia listo para tomar el metro, pero la puerta está cerrada y sólo se ven carteles que dicen “Greve” (huelga). Desde la semana pasada los trabajadores del más eficiente e importante medio de transporte de Sao Paulo reactivaron una huelga de vieja data y hoy sólo funciona el sistema a un 50%. Quieren un aumento en sus salarios basado en en incremento del costo de vida, pero como me lo dijo un operario: “Si hay plata para robarse con el Mundial, hay plata para subir sueldos”.

El gobierno ofrece 8,7%, ellos quieren 12,2%, y con la inauguración del Mundial encima saben que tienen la sartén por el mango pues, como ya lo han demostrado en estos seis días, pueden paralizar a una ciudad que necesita de su Metro. Tanto así que la forma más fácil de llegar al Arena Corinthians, el estadio inaugural y aún en obra de esta Copa del Mundo, es en uno de sus vagones.

El también llamado ‘Itaquerao’ por el sector en el que está construido, ubicado casi al extremo oriente de la ciudad, lo que lo hace muy lejos de casi todo, es también señalado como una fuente de despilfarro. Hagamos cuentas: Sao Paulo tiene al Morumbí, un templo del fútbol mundial que pertenece al Sao Paulo FC, al Allianz Parque (o nuevo Palestra Italia, recién inaugurado, gigante, hermoso, del Palmeiras) y al Pacaembú (este sí Municipal, viejo, pero una joya arquitectónica), todos con capacidad para más de 40.000 espectadores y, al menos los dos primeros, sin necesidades de mayores refacciones. Pero la organización propuso hacer un nuevo estadio para el Mundial y, en vez de gastarse un par de millones en la remodelación de lo que ya estaba, invirtió US$430 millones. Por cierto, a la hora que escribo esto, el escenario sigue en obras.

Ahora bien, es indiscutible que esa inversión tendrá réditos a futuro pues es el nuevo estadio del Corinthians, uno de los equipos más populares del país, así que será una obra con vida; no como el Mané Garrincha de Brasilia. El fabuloso y monumental estadio de la capital brasileña costó US$900 millones, lo que lo convierte en el segundo más caro de toda la historia tras Wembley, con la sutil diferencia de que el de Londres es la casa de la selección inglesa, de las semifinales y finales de la mítica Copa FA, de la “Supercopa” de Inglaterra (Community Shield) y de la Copa de la Liga, mientras en Brasilia juegan el “temible” Brasiliense de Taguatinga y el no menos “legendario” Gama. Si no le suenan familiares, no hay lío, el primero está en la D y el segundo en la B, y ninguno lleva más de mil espectadores a su cancha, lo que va a hacer que el Mané Garrincha se vea particularmente triste con sus 72.000 sillas prácticamente vacías.

Pero la molestia de los brasileños no se trata sólo de obras innecesarias y de sobrecostos en ellas (¿se acuerdan de las sillas del Mundial de Colombia 2011 que en una ciudad costaban tres veces lo que en otra? Acá es peor), hay un fuerte movimiento que reclama porque el Mundial afectó a sus integrantes directamente. Se trata de los “Sin techo”, miles de brasileños, la gran mayoría pobres, que fueron desplazados por el propio gobierno que los sacó de sus casas para construir en esas zonas obras de infraestructura para el Mundial. Ellos, vestidos de rojo, arman protestas monumentales como la del jueves pasado que paralizó a Sao Paulo pues llegó hasta el Itaquerao, y ya amenazaron con boicotear la inauguración de la Copa este 12 si no les responden por viviendas dignas.

Lamentablemente, la policía militar brasileña no ha respondido a la altura ante las protestas y, recordando sus días de dictadura y Operación Cóndor, se ha sobrepasado en muchísimos casos mostrando una brutalidad que llevó a que Amnistía Internacional se pronunciara (recomiendo ver este video). Las calles están llenas de grafitis contra la PM y la Copa, y en redes sociales hay una invitación a una movilización general este 12 en todas las ciudades antes y durante la inauguración del torneo y el partido frente a Croacia. El discurso es claro: Brasil es el país del fútbol, pero el Mundial no es para el pueblo. Y como no lo tienen en cuenta, el pueblo se tomará las calles.

Mi abuela llamó a mi mujer preocupada porque las noticias de disturbios ya llegaron a Colombia. No me lo dice, pero sé que ella, mi esposa, también está preocupada. Hay un Mundial, el de las marcas, el del deporte como espectáculo, el que nos gusta a los hinchas con su álbum, los partidos por TV, la sobredosis de información futbolera, las camisetas… pero en Brasil hay otro Mundial, el de las protestas, el de los paros, el de la gente gritando que el fútbol no lo puede ocultar todo, el que está logrando lo que tal vez nunca había pasado: que durante una Copa del Mundo se hable de algo diferente al show de la pelota.

Por supuesto, ese segundo Mundial tiene su primer partido definitivo el 12 de junio, con la inauguración de la Copa. Ese día veremos si la marea de camisetas rojas, si los “grevistas” del Metro, si los opositores de Rousseff, si los que saben que todas las cámaras del planeta estarán en Sao Paulo, logran robarse el show.

Noticias de estos dos Mundiales desde Sao Paulo en Twitter en @PinoCalad

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