Archivo de marzo, 2016

17

mar

2016

Mi abuela, la señora que vio al ‘Chonto’ y a Pedernera

“Uno se sentaba ahí, con piquete, con los hinchas de los dos equipos compartiendo silla, todos picando fritanga o gallina. A veces alguien llevaba una botella de esas grandes de cerveza y uno compartía viendo el partido, con los narradores de radio ahí al lado, al frente de uno, y se alcanzaba a escuchar el grito de ellos: “Vuela el ‘Chontooooo’…”.

Por supuesto, mi abuela no se acordaba de haber visto a Julio ‘Chonto’ Gaviria en acción con Santa Fe en El Campín, ni tenía idea de que ese equipo fue el primer campeón, ni mucho menos sabía que ‘El Chonto’ fue el primer negro colombiano en ser portada de una revista nacional (en 1948 su rostro apareció en la carátula de  la Revista Semana), ella sólo quería marcar distancia y contarme cómo habían sido mejores esos tiempos de finales de los 40 y comienzos de los 50, cuando en sus visitas a Bogotá desde Barranca, en plena era de “El Dorado”, algún primo la llevaba a fútbol como el mejor plan que se podía hacer en la capital.

“El fútbol de hoy es miedoso”. Mi abuela me lo decía cada vez que sabía que yo iba al estadio o cada vez que me veía con una camiseta alusiva a algún equipo. “El fútbol de hoy es miedoso”, decía, y empezaba a hacer la lista de “esos marihuaneros”, “esos degenerados” y “esos hampones” que ahora iban al estadio. No importaba si yo tenía puesta la camiseta de la selección Colombia de rugby, lo que le importaba a ella era preocuparse por mi y por mi seguridad pues, insistía, “el fútbol de hoy es miedoso”.

Esa era mi abuela, la señora que se preocupaba, la que te decía que te quería con un plato maravilloso de comida casera o comprándome $2.000 de pan para que me sentara a fagocitar masas viendo la Champions en las tardes de miércoles, la que no podía evitar despedirse diciendo: “¡cuídese!” y difícilmente dejaba entrar a la familia a alguien que no le diera total confianza. Esa era mi abuela; la que comió fritanga en El Campín viendo El Dorado sin acordarse de ningún detalle futbolístico, sólo de “lo chusco que era ese señor Pedernera”, de “lo lindo que era compartir con toda esa gente” y de “¡cómo saltaba ese ‘Chonto!’”.

Mi abuela veía partidos de fútbol para preocuparse, pero no por el resultado -aunque siempre le iba a la Selección y a los equipos de sus nietos o su Santander natal- sino porque dependiendo del resultado a mi me iba a ir mejor o peor en el trabajo, mi tío y su esposa argentina podían discutir, mi primo se iba a poner de mal genio si perdía el Cúcuta o mi fallecido abuelo en alguna parte se iba a poner feliz porque había ganado Nacional. “Ahí estuviera su abuelo pegado a ese radio”, me decía cuando le contaba que me tocaba ir a cubrir tal o cual partido, para luego rematar con el eterno “mijo, ¡cuídese!”. Porque sí, mi abuela veía fútbol para preocuparse; eso era lo suyo.

Hace años tenía la costumbre de regañarla, tal vez porque ella se dejaba regañar de mí con una especie de puchero que siempre terminó en sonrisa. Por eso cuando mi mamá me dijo que le hablara a mi abuela en su lecho de enferma, totalmente sedada y con una respiración entrecortada y angustiante, lo primero que le dije fue que por qué era tan terca y luego le di un beso en esas canas tan pronunciadas desde hacía un año.

No sé si estaba consiente, pero necesito creer que sí, que me escuchó, pues le di las gracias por todos sus hijos y nietos, le dije que su vida había sido maravillosa y que la mejor señal de eso era que todos estábamos bien; que no tenía que seguir preocupándose. Le dije que la quiero, que todos la queremos muchísimo y que por eso mismo no valía la pena seguir peleando. Le pedí que se fuera, que lo más justo para ella era descansar pues lo merecía y que lo más importante es que se iba a quedar con nosotros, con cada uno, para siempre.

Le di un beso en la mejilla y me di cuenta que el jadeo de la respiración ya no estaba. La prima Luz, que había viajado una hora antes desde Bogotá conmigo y con su mamá, Lola -la hermana de mi abuela-, para acompañarla en estos últimos momentos, entró a la habitación y le dije que ya no respiraba. Luz la trató de acomodar en sus almohadas, yo le puse la mano en el pecho y salió un suspiro. El último.

Tras eso las imágenes son confusas: mi tía Gloria tratando de cuadrarle con Luz la máscara de respiración, los médicos revisando signos vitales que ya no estaban, la oficialización de la hora, la despedida de mi mamá, Gloria, Lolita y Luz entre lágrimas…

Mi abuela, Leonor Serrano de Calad, santandereana hasta el tuétano, casada con paisa, madre de seis, abuela de nueve y bisabuela de la pequeña Sara, coleccionista de sellos en pasaportes, sobreviviente del ‘Bogotazo’, secretaria de profesión y costurera por pasión, se fue en paz, se fue sin dolor; se fue escuchándome hablarle de todos los integrantes de su nido y descansó sabiéndose querida, sabiéndose amada, sabiendo que ya no tenía por qué preocuparse más.

Me quedé ahí hasta el final y con mi primo Mario la llevamos a la morgue, pero me quedo con la paz en su rostro cuando se fue. Fue un buen final para ese viaje tremendo que fue su vida.

Mi abuela vio al ‘Chonto’ y a Pedernera mientras comía fritanga en El Campín… sólo con saber eso siento que vale la pena lo que hago.

Twitter: @PinoCalad

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11

mar

2016

Atlético Fútbol Club, o cómo la Dimayor se salta sus propias reglas

La “Dimayorada” fue consumada: Depor jugará como Atlético FC los partidos aplazados que DEBIÓ perder en escritorio. Fue una leguleyada brava, digna de nuestro país santanderista en la que las leyes están para darles la vuelta.

Repasemos la situación: Depor, un club montado desde su nacimiento para hacer trampa, como lo demuestro en mi último post, no podía jugar este semestre pues no tiene reconocimiento deportivo de Coldeportes, toda vez que el que utilizó en los últimos años es el del Real Sincelejo, que hoy es de Tolima Real, club al que Dimayor decidió no dejar jugar para tratar de encontrar la forma de que sí jugara el Depor, equipo del viejo amigo de la dirigencia Gustavo Moreno Arango.

Van cuatro fechas de la Primera B y dos de la Copa Águila en las que el Depor no jugó y sagradamente Dimayor anunció antes de cada uno de esos partidos que “no se aplazará y tendrá los efectos reglamentarios previstos para este tipo de circunstancias, asignando al encuentro el resultado correspondiente”. Esto, para los que no conozcan el reglamento, quiere decir que cada uno de esos partidos tuvo que favorecer a los respectivos rivales del Depor por 3 a 0. Ahora, no sé usted pero yo he jugado en mucho campeonatos aficionados y si un equipo no se presenta a tres partidos es expulsado automáticamente del torneo, pero no, en la Dimayor no tienen esa regla y no importó que el Depor tuviera encima seis partidos sin jugar, no importó que no tuviera reconociemino deportivo, no importó que muchos estemos escandalizados con la payasada de campeonato que es la B en Colombia, a nuestros magnánimos dirigentes lo que les importa es actuar como “cofradía”y encontraron la leguleyada para que el Depor juegue bajo otro nombre: denle la bienvenida al Atlético Fútbol Club.

En el parágrafo 1 del artículo 11 de la ley 1145 se estableció que “(Coldeportes) sólo podrá mantener vigentes un número igual de reconocimientos deportivos al número de clubes profesionales afiliados a la federación respectiva”. Esto implica que para darle reconocimiento deportivo al Depor, ahora Atlético Fútbol Club, debía quitárselo a alguien más, y eso hizo: este jueves Coldeportes le suspendió el reconocimiento a Real Sincelejo (Tolima Real) y a partir de ese cupo libre el Atlético Fútbol Club tiene autorización para jugar a pesar de tener reconocimiento deportivo como club aficionado. El de club profesional está en trámite, pero este viernes la Asamblea de Dimayor decidió aceptarlo. ¿No ve que hace parte de la Cofradía?

Lo mejor (o peor, ya no sé si reirme o llorar) es que no sólo le dieron la vuelta a la ley para que el Depor pudiera tener reconocimiento deportivo, sino que ahora se saltaron su propio reglamento y le van a programar los partidos que no jugó y que oficialmente Dimayor anunció como derrotas reglamentarias 3-0, como partidos aplazados.

Esto es un circo y claro, la excusa es que se trata de una entidad privada y que como tal puede modificar su fuero interno a través de la Asamblea, pero lo que estamos viendo es un vulgar comportamiento mafioso de “yo hago lo que se me da la gana” bajo la mirada inoperante y cómplice de Coldeportes y de los entes de control judicial… ¿o ustedes creen que la presencia de todos esos magistrados de altas cortes en comités y tribunales del fútbol colombiano son sólo para darle estatus a los mismos? Ajá..

En Colombia sobran abogados y falta justicia, lo sabemos en todos los niveles; ahora ya lo tenemos claro también en el fútbol.

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08

mar

2016

Inventarse un equipo: la forma más fácil de hacer trampa en la Dimayor

Lo que está pasando con el Depor, que ahora pretende llamarse Atlético Fútbol Club y que lo dejen jugar en la B con reconocimientro deportivo de aficionado mientras la dirigencia del fútbol colombiano pasa de agache y promueve la trampa, me tiene abrumado.

Recapitulemos, pues a lo mejor es difícil de entender: la Dimayor (una asamblea en la que están sentados todos los presidentes o dueños de los equipos de la A y la B en Colombia) decidió que no iba a recibir a Tolima Real este año a pesar de que había comprado la ficha del Real Sincelejo y de que tiene reconocimiento deportivo de Coldeportes. A nuestros magnánimos dirigentes no les importó que el Tolima Real hiciera todo en regla, que hubiese invertido más de $5.000 millones o siquiera que el equipo sea del papá putativo de James Rodríguez, pues su cupo se lo dieron al Depor, un equipo de un viejo amigo de la dirigencia como Gustavo Moreno Arango, que había comprado ilegalmente la ficha del Sincelejo y que estaba jugando con ella a pesar de que desde el año pasado el Tribunal Superior de Sincelejo había dicho que la ficha era de los sucreños, quienes por tanto se la vendieron al Tolima Real, y que ese negocio del Depor era trucho.

Porque ojo, en este embrollo todo, absolutamente todo, es trucho. En 2005 el representante legal del Real Sincelejo vendió ilegalmente la ficha del equipo a un tal Deportivo Pereira FC. No, no se engañe, no es el Pereira de siempre, este fue un club montado por si ese año el verdadero Pereira quebraba y así aparecer con otro equipo que se hiciera pasar por el de siempre engañando a la hinchada y, de paso, a los acreedores, los trabajadores y la DIAN.

Sí, inventarse un equipo es la forma más fácil y vieja de hacer trampa en la Dimayor y este Depor es el último ejemplo de una línea que ya lleva 61 instituciones aparecidas como por arte de magia para dejar las deudas en el pasado.

¿No entiende en qué consiste la trampa? Es simple: digamos que usted firma un contrato con Pino FC, un equipo con reconocimiento deportivo de Coldeportes y aceptado por Dimayor, pero Pino FC quiebra por el pésimo manejo de sus dirigentes y cuando usted va a cobrar el club ya no existe y nadie responde por él pues lo que existe es Atlético Pino, aceptado por Dimayor. ¿Quién responde por las deudas de Pino FC, sus impuestos, su nómina? No importa, lo que importa es que hay un equipo que sigue jugando con otro nombre (Atlético Pino, Deportivo Pino, Pino 20016… póngale como quiera) y dejándole plata a sus dueños.

Pero sigamos con el “Deportivo Pereira FC”, hoy conocido como Depor. Habib Merheg, parapolítico y excongresista, era la cara detrás de esta trampa, pero el alias de ‘Macaco’ aparece por todas partes. Lo cierto es que la Corporación Cultural, Social y Deportiva de Pereira, a la que todos conocemos como el Deportivo Pereira, no desapareció y entonces la ficha del tal “Deportivo Pereira FC” se fue para el Valle del Cauca, en donde jugó como Depor Jamundí, Depor Aguablanca y Depor FC, hasta que el año pasado salió el fallo que sentencia la ilegalidad del asunto.

Lo patético es que con la excusa de “somos una cofradía” la Dimayor permite que advenedizos convertidos en dirigentes deportivos hagan lo que se les de la gana sin que nadie los controle. Porque sí, Coldeportes es el ente de control, pero estoy seguro de que si Tolima Real no entutela al Departamento Administraivo del Deporte, la Recreación, la Actividad Física y el Aprovechamiento del Tiempo Libre (qué nombre oficial tan largo… con razón no hace nada), Depor ya estaría jugando con la excusa del cambio de nombre e invención de un equipo, la misma que quiere volver  a hacer con el tal “Atlético Fútbol Club”.

Ahora, hablemos de legalidad. En el parágrafo 1 del artículo 11 de la ley 1145 se estableció un control para que en Dimayor dejen de inventarse equipos para evadir responsabilidades fiscales y laborales; cito: “(Coldeportes) sólo podrá mantener vigentes un número igual de reconocimientos deportivos al número de clubes profesionales afiliados a la federación respectiva. Antes de otorgar un nuevo reconocimiento deportivo el Instituto Colombiano del Deporte (Coldeportes) deberá verificar que el club profesional afiliado y cuyo derecho de afiliación va a utilizar el nuevo club profesional, haya cancelado la totalidad de las obligaciones laborales, fiscales y parafiscales”. Por ese parágrafo es ilegal que el Depor juegue y, vea usted, es también ilegal que Orsomarso lo haga pues, si bien tiene la ficha de Uniautónoma, este equipo le debe plata a jugadores y otros empleados. Pero ahí está Orsomarso jugando y, no lo duden, después del 11 de marzo, en la Asamblea citada para definir qué se hace con el Depor, muy seguramente veremos la aberración de que también lo dejen jugar. No ven que es “una cofradía”…

Es que en esta “cofradía” la lista de equipos inventados hacer trampa es larga. Como lo dije antes, desde 1991 (año en que nace la B) van 61 y el colega Oswaldo Hernández del diario La Patria, de Manizales, se tomó en 2014 el trabajo de solicitar a Coldeportes la información sobre cuáles de estos eran legales y cuáles no. Como verán en este enlace, el resultado es escandaloso (por supuesto, ahí aparece la ficha del Real Sincelejo en propiedad del Depor pues es una lista de 2014 y el 2015 fue la decisión judicial de que el Depor también era de aire… por eso el Depor es el 61).

Pero repasemos por si le da pereza ver documentos legales; ¿se acuerda del Cúcuta 2001? Ese equipo, del que no existe  ningún registro en Coldeportes, jugó un arbitrario triangular ese año en el que se determinó qué equipos ascenderían para ampliar a 18 la cuota de clubes en primera división.  Pero la cosa tiene detalles aún más ridículos: el Deportivo Rionegro no existe en los archivos de Coldeportes a pesar de ser el equipo más tradicional de la B hasta que se trasteó al Urabá para llamarse Leones, éste sí con reconocimiento deportivo vigente; Lanceros Fair Play, el equipo en el que debutó Falcao García, nunca existió legalmente, así como nunca existieron Dinastía, Atlético Guadalajara, Fiorentina y una notable cantidad de equipos que han competido en las dos últimas decadas de la segunda división.

“Cofradía” se hacen llamar en la Dimayor… en Italia hubo una muy famosa, la llamaban “Camorra”.

En Twitter: @PinoCalad

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02

mar

2016

Los 11 equipos que me enamoraron del #FútbolDeLaCasa

Uno escucha hablar de fúbol colombiano a Peláez, a Hernández Bonnet, a Iván Mejía o a Vélez, a Wbeimar o a Giraldo Neira y pareciera que todo se echó a perder en los 90. Todos los jugadores de leyenda, los grandes equipos, los mitos del FPC parecieran quedar, en palabras de los popes del periodismo deportivo colombiano, lejos. Claro, ellos vieron al Millonarios de ‘El Dorado’ y al Cali de Pancho Hormazábal, ellos disfrutaron a Willington Ortiz en el azul, en Cali y en América, ellos vivieron la llegada de Zubeldía a Nacional, ellos comentaron las campañas tremendas del América de Ochoa, pero ellos también, gracias a esos equipos y figuras míticas del FPC, han logrado que los más jóvenes añoremos esos años que no vimos, que extrañemos a cracks que no pudimos disfrutar y de los que sólo hemos podido leer o con suerte ver en YouTube y, eso sí, escuchar en las anécdotas geniales de nuestros veteranos comentaristas.

Por eso hoy, en un arranque de egolatría, rebeldía y la juventud que puede que ya no tenga a mis 36 años, quiero contarle a usted cuáles han sido los once mejores equipos colombianos que he visto. Sólo me puse una condición para hacer esta lista: que fueran equipos de 1990 para acá. Claro, con eso me estoy saltando olímpicamente a cuatro equipazos que alcancé a ver en mi lejana infancia en los 80: al Nacional del 87 al 89 de los ‘Puros Criollos’, una máquina de demolición de toque y zona, el poderoso y ofensivo Millonarios de 1987, 88 y 89 (Arnoldo Iguarán es mi ídolo eterno y hay un lugar en mi corazón que se llama ‘Gambeta’ Estrada), al mágico Cali del 85 al 87 con Redín y Valderrama haciendo de cualquier cancha una mesa de billar a tres bandas (nota: ‘Gambeta’ también pasó por ahí), y al todopoderoso América de toda esa década: un equipo casi que invencible que atacando era una aplanadora (a ver, a lo largo de esos años tuvo a Cáceres, Battaglia, Willington, Cabañas, Gareca, De Avila… ¡qué nómina de por dios!) y en el fondo tenía todo el trabajo táctico de ese maestro que fue Ochoa Uribe y un arquero de leyenda (Falcioni… aunque sumen a Zape). No puedo hacer una lista de equipos que haya visto y me cautivaran sin mencionar a esos cuatro, pero es que, como dije antes, de ellos pueden hablar mejor mis mayores. Hoy quiero que usted, amigo treintón, veinteañero o culicagado, valore lo que ha visto desde que nació. Hoy quiero que hablemos de nuestra era.

Ahora, ¿qué hace a un equipo memorable? Por supuesto sus jugadores y su estilo de juego, algo que para la memoria del goloso es incluso más valioso que los títulos. Haciendo una primera lista me di cuenta de equipos que me enamoraron en estos últimos 26 años se quedaron grabados gracias a que era capaz de dar su alineación de un tirón, algo que no me pasa con muchos de los campeones de ese mismo periodo de tiempo. Espero que sonría con esta lista, espero que sienta nostalgia y espero, sobre todo, que me escriba a @PinoCalad o a @GolCaracol con el HT #FútbolDeLaCasa y me diga cuáles son los equipos de su vida.

 

11: Atlético Bucaramanga 1990-1992

No sé qué me impactaba más, si ver al ‘Kiko’ Barrios tirándole biblias a los espectadores desde la cancha de juego, o ver el buen fútbol ofensivo que comandaba el religioso (y bravucón) delantero junto a Olalla, ´Piripi’ Osma, Héctor Gerardo Méndez y Robert Villamizar. En el 92 regresó Jorge Ramoa y la cosa fue aún mejor: el argentino era un crack y tenía a Bernardo Redín. Sólido en casa y durísimo como visitante, este Bucaramanga que dirigía ‘El Tucho’ Ortiz alcanzó a ser tercero en 1990 y en 1991 y 1992 fue semifinalista con una fórmula de juego largo, transiciones muy rápidas en ataque, mucho fútbol aéreo y una dinámica que complicaba a cualquiera. Tristemente este buen equipo fue desmantelado para 1993 y en 1994 terminaría descendiendo por primera vez, un mal que por años acosó a una de las buenas plazas futboleras del país. La nómina que más recuerdo es la del 90-91: Van Stralhem (que sí era colombiano); Héctor Polo y Eugenio Uribe en las bandas; Enrique Simón Esterilla y Víctor Espinoza (¡qué par de centrales!); Robert Villamizar, Elías Correa, Héctor Gerardo Méndez y Carlos Araujo en el medio, y arriba con ‘Kiko’ Barrios y Héctor Manuel Olalla (también me la sé con el ‘Piripi’ en su lugar).

 

10: Once Caldas 2003-2004

La memoria es ingrata con el Once campeón en Colombia en 2003 y de Libertadores en 2004; muchos lo acusan de ultradefensivo, otros dicen que era Henao y diez más y la mayoría se olvida de las delicias ofensivas de un equipo muy sólido atrás pero con un derroche de talento adelante comandado por Arnulfo Valentierra y Elkin Soto en el medio campo. ¿Qué equipo con ese par de jugadorazos puede ser tacaño con el espectáculo? Ese Once, además, tenía gol con Sergio Galván, quien se fue en 2004 y le dejó la batuta a un muchachito llamado Dayro Moreno y a un goleador eficiente como Agudelo. Claro, si sólo te acuerdas de Herly Alcázar (que jugó la final y terminó rompiendo la Copa Libertadores) crees que el Once era malísimo en ataque, pero no, no lo era. Lo que más me gustaba de ese Once Caldas, sin embargo, es que tenía el carácter de hierro: no sólo le ganó el título local a un durísimo Junior con mucha más experiencia, sino que en Libertadores se llevó por delante a Vélez Sarsfield, Santos, Sao Paulo y Boca Juniors. El XI que más me gustó de ese muy buen equipo que fue el Caldas de Luis Fernando Montoya es: Henao (¡eterno!); Miguel Rojas, Samuel Vanegas, Edgar Cataño, Mauricio Casierra; Jhon Viáfara (de por dios: ¡se le tiraba a un tren en movimiento! Además, prohibido olvidar que en la final en La Bombonera se cagó, y no figurativamente -eso nunca-), Rubén Darió Velásquez, Elkin Soto, Arnulfo Valentierra; Dayro Moreno y Sergio Galván

 

9: Santa Fe 2013

Sí, el equipo del 2012 es leyenda porque acabó con una sequía cruel que tenía al primer campeón -sin un título desde 1975-, pero la versión mejorada del 2013 que montó Wilson Gutiérrez para mi es de los mejores equipos que he visto en estos últimos 26 años. Omar Pérez en su mejor momento de madurez, Wilder Medina y Cuero destrozando defensas, Gerardo Bedoya mostrándole a todo el continente cuántos pares son tres moscas… era un equipo bravo, cojonudo, que además pasaba muy rápido al ataque y jugaba muy bien al piso, pero sobre todo con pelotas largas enviadas ya fuera por el 10, por Bedoya o por Anchico desde la banda derecha. Si hoy Santa Fe es un equipo respetado continentalmente se debió en buena medida a lo que hizo esta nómina semifinalista de Libertadores y que, además, ese año fue subcampeona de liga y se llevó la Superliga. Si me preguntan por un XI, el que tengo en la cabeza va con: Camilo Vargas; Yulián Anchico, Carlos Valdez, Pacho Meza (jovencito) y Marino García; Bedoya, Daniel Torres y Luis Carlos Arias en primera línea; Pérez mandando el medio campo y surtiendo a Cuero y Medina.

 

8: Deportivo Cali 1992

No fue campeón, quedó tercero, pero el equipo de Miguel Company era una delicia. Toninho, un brasileño complicadísimo que anotó el 0-1 que le quitó al Junior un invicto en casa de más de 30 fechas, comandaba el ataque junto a esa fiera que fue Níver Arboleda, y atrás tenían a ‘La Bruja’ Aredes y al paraguayo Gustavo Sotelo, aparte de contratar al ‘Pájaro’ Juárez, a Olalla (sí, el del Bucaramanga del 90) y al Willy Rodríguez; pero este Cali, más allá de atacar, le daba manejo a la pelota, era equilibrado y tuvo la mejor defensa de ese año en el que tuvo un invicto de 19 fechas sin perder. Rayo era un arquerazo y ese año vimos el debut de un joven Miguel Calero con la verdiblanca después de haber estado por el Caribe colombiano, así como la consolidación  de ídolo azucarero Andrés Estrada en la zona de recuperación. El XI que tengo en la cabeza (y acepto correcciones porque sé que me gana el romance y está muy ofensivo) era con Calero (Rayo); Polo, Sarmiento, Esterilla, Miguel Marrero; Andrés Estrada, Sotelo, Aredes, Juárez; Níver y Toninho.

 

7: Cúcuta 2007

El Cúcuta campeón del 2006 era un buen equipo, no lo voy a discutir, pero era un equipo de Jorge Luis Pinto, es decir, sólido y eficiente, pero no te va a dar espectáculo. En cambio el que jugó la Libertadores de 2007 llegando hasta semifinales frente a Boca Juniors daba gusto. Macnelly Torres en un momento de gracia infinita, Blas Pérez haciendo una dupla de ataque memorable junto al ‘Burrito’ Martínez, la media distancia de Rubén Bustos, el medio campo de hierro y con salida de Dumar Rueda, Charles Castro y Del Castillo… fue un equipazo que trataba bien la pelota y salía a buscar el partido en todas las canchas. Tal vez por eso, y por su falta de experiencia, Boca le impidió llegar a la final de esa Copa. El XI creo que todos los colombianos nos lo supimos de memoria a pesar de que varios jugadores no eran precisamente estrellas: ‘Rufay’ Zapata; Bustos, Walter Moreno, Julián Hurtado, Elvis González; Rueda, Del Castillo, Castro (si quieren poner a David Córdoba, vale), Macnelly, Martínez y Blas. ¡Equipazo!

 

6: América de Cali 1994-1996

De todos los grandes y buenos equipos que ha tenido el América de Cali (sí, incluyendo al multicampeón de los 80) mi favorito de lejos es el que dirigió Diego Umaña entre 1994 y 1996. Fútbol ofensivo, cantera, talento, velocidad… este equipo atacaba increíblemente rápido con su combo de enanos, De Ávila-Zambrano, y con las asistencias mágicas de Alex Escobar; pero por ahí también alcanzaron a pasar ‘Polilla’ Da Silva y ‘El Diablo’ Etcheverry, así como un jovencito Giovanni Hernández. ‘Guama’ Cardona y Foad Maziri como amos de las bandas, Wilmer Cabrera reinventado como volante acompañando Frankie Oviedo y a Berti o a la ‘Pelusa’ Pérez, línea por línea el América de esos años derrochaba talento (incluso en el arco pasó de Eduardo Niño a Oscar Córdoba, los dos de Selección), por lo que no deja de ser triste que no ganara nada: fue tercero en el 94, subcampeón en el 95, semifinalista de Copa Conmebol ese año y finalista de la Libertadores en 96, cuando perdió otra vez con River Plate el título continental. Para mi el XI de recitar de ese equipo era con: Córdoba; Cardona, Jorge Bermúdez, Carlos Asprilla, Maziri; Cabrera, Berti, Oviedo, Escobar; Zambrano y ‘Pipa’.

 

5. Deportivo Cali 1999

La nómina la puedo decir como si fuera el Padre Nuestro: Rafael Dudamel; Mario Yepes y Andrés Mosquera en defensa, ‘Pelusa’ Pérez reinventado como lateral derecho y Gerardo Bedoya en la banda izquierda; Martín Zapata mandando en el medio campo junto a ‘Carepa’ Gaviria; Mayer Candelo, Arley Betancour y Víctor Bonilla moviéndose por toda la zona de ataque y acompañando a Giovanni Córdoba o Carlos Castillo. Es más, si quieren meter en el medio a Alex Viveros, también vale. Un equipazo que llegó a la final de la Libertadores y la perdió en penales con Palmeiras, pero que venía de ganar el campeonato del 98 y que aprovechó el trabajo de promoción de cantera de Reinaldo Rueda ese año para hacer historia en el 99 bajo el mando de ‘Cheché’ Hernández. Pocas veces el fútbol colombiano vio tanto talento junto como cuando Mayer, Arley y Bonilla se encontraban en el campo, pero además el Cali de ‘Cheché’ tenía a ‘Carepa’, Zapata y Bedoya para hacer el trabajo sucio. El 4-0 a Cerro Porteño en semifinales de esa Copa es de los grandes momentos futbolísticos que le he visto a un equipo colombiano en Libertadores.

 

4. Atlético Nacional 1991-1992

El Nacional de Bolillo. Así se le conoce a este equipo que dejó para la posteridad la dupla maravillosa de Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal, dos sub 23 que se dieron el lujo de sentar al que entonces era el goleador e insignia del club, JJ Tréllez (aunque ojo, cuando jugaron los tres el equipo era una cosa demnete), mandar al Cali a Níver Arboleda, que era otro delanterazo, y dejar como alternativa a esa maquinita del gol que era Rubén Darío Hernández. Hernán Darío Gómez heredó el equipo de Francisco Maturana, campeón de Copa en 1989, y a ese trabajo zonal y de toque/desgaste le sumó intensidad y goles, muchos goles. Fue un equipo tremendo al que sólo logró frenar el América de -irónicamente- Maturana, en el que tal vez sólo dos jugadores no se convirtieron en leyenda. De un tirón el XI era con Omar Franco; Andrés Escobar y Giovannis Cassiani en el centro de la defensa, Diego León Osorio (¡crackl!) y León Villa cubrían las bandas; Gabriel Jaime Gómez y Ricardo Pérez eran los duros del medio campo (ojo, ‘Chicho’ Serna también estaba pero jugaba más adelante), mientras Alexis García y ‘Bendito’ Fajardo daban ideas y Asprilla y Aristizábal destruían defensas. Esa base, con otros técnicos y una que otra novedad, sería campeona también de 1994 y subcampeona de Libertadores en 1995.

 

3. Millonarios 1994-1995

Nunca volví a ver un equipo colombiano que atacara tanto y tan bien. Ese Millonarios, subcampeón del 94 y eliminado de Libertadores por Nacional en los cuartos de final de 1995, era una especie de fuerza de la naturaleza que hizo 83 goles en 46 partidos de la liga en 1994, 13 más que el buen América de Umaña que hizo 70 y 18 más que el campeón verdolaga que hizo 65. En la Libertadores 95 llegó a cuartos y se fue con 16 goles anotados, uno menos que su verdugo que fue subcampeón de América y claro, cómo no si tenía adelante a Freddy León, ‘El Pony’ Maturana, ‘El Piripi’ Osma y, por encima de todos ellos y en sus últimos años de gloria, al inmarcesible Arnoldo Iguarán. Pero no se trataba sólo de delanteros; Carlos Rendón generaba juego y definía partidos con sus tiros libres con derecha, mientras Edison Domínguez hacía lo propio con izquierda, Flaminio Rivas atacaba por derecha a placer y Jhon Mario Ramírez exhibía el talento micrero capitalino en el medio quitándole la titular a Marcelo Benítez, que para rematar también tenía gol. Fue el último gran Millonarios que vi, incluso por encima del subcampeón del 96 (que tenía más fútbol pero menos pegada) y del campeón en 2012, un buen equipo, serio, sólido e histórico, pero que no enamoraba de la forma en la que lo hacía el cuadro dirigido por Vladimir Popovic, del que puedo decir su once (bueno, mi once) como si entonara el Himno: Villarraga; Flaminio Rivas, Osman López, Oscar Cortés, Domínguez; Yesid Mosquera, Bonner Mosquera; Carlos Rendón, Jhon Mario; Arnoldo Iguarán y ‘Muelas’ León.

 

2. Junior 1993-1995

Si usted, como yo, vio jugar al Junior del ‘Pibe’ Valderrama entiende a la perfección por qué el samario de rizos rubios es para muchos el mejor futbolista colombiano de la historia. Este equipo, dirigido primero por Julio Comesaña y luego por Carlos ‘Piscis’ Restrepo, con una que otra variante en nómina, giraba alrdededor del talento del ‘Pibe’, quien educó bajo su sombra a Víctor Pacheco y Oswaldo Mackenzie para generar junto al uruguayo Héctor Gerardo Méndez una sinfonía de fútbol que, como si fuera poco, tenía el poder goleador de Iván René Valenciano y Miguel ‘Niche’ Guerrero, quien luego sería reemplazado por Cristian Montesinos. Fue un equipazo campeón de la final más emotiva que haya visto, cuendo en el cuadrangular final de 1993 todos, Medellín, América, Nacional y Junior, acariciaron en algún momento la estrella en una última fecha cargada de drama. El XI memorable para mi es el del 93 con José María Pazo; Góber Briasco, Alexis Mendoza, Francisco Cassiani y Eugenio Uribe; Méndez, Mackenzie, Pacheco y Valderrama, ‘Niche’ y Valenciano. Con los años Hugo Galeano se quedaría con el lugar de Uribe y Montesinos reemplazaría a Guerrero, pero esa base no sólo dominó el fútbol local durante tres temporadas, sino que en 1994 fue semifinalista de Libertadores y sólo el poderoso Vélez Sarsfield de Chilavert le impidió llegar a una final.

 

1. Deportivo Independiente Medellín 2002-2003

Seguramente tiene que ver el que durante la Libertadores 2003 cubrí al Medellín y estuve ahí, en la cancha, el día en que Santos eliminó de la final al ‘Poderoso’ en un partido de locos; es probable que en mi memoria pesen de más las lágrimas de ‘Mao’ Molina mientras se despedía de su afición (lo que hace que hoy me alegre tanto verlo de vuelta con esa camiseta roja); estoy casi seguro de que en esta elección pesen mis primeras crónicas como periodista cubriendo a ese DIM que acabó en 2002 con una racha de 45 años sin ganar un título, pero lo cierto es que para mi el mejor equipo del fútbol colombiano en estos últimos 26 años, al menos el que más disfruté ver, el que mejores sensaciones me dejó, el que más sonrisas me sacío, fue el Deportivo Independiente Medellín del segundo semestre de 2002 y primer semestre de 2003. Un equipo raro para Colombia, que se defendía con una línea de tres y no con el habitual cuatro, que jugaba con carrileros y que tenía tres volantes 10 y un único delantero, pero que jugaba deliciosamente al piso, que hacía goles de todas partes con Serna, ‘Mao’, Montoya, Tressor, Vásquez Chacón y hasta con Roberto Carlos Cortés. ¡Cómo jugaba ese ‘Poderoso’! David González apenas empezaba su carrera como ídolo rojo en el arco; Amaranto Perea, Felipe Baloy (¡qué central!) y Andrés Orozco en una línea de tres memorable; William Vásquez Chacón y ‘el Choto’ Cortés (o Ricardo Calle y Robinson Muñoz, porque jugaban los cuatro) en las bandas; Alex ‘Conejo’ Jaramillo junto a ‘Choronta’ Restrepo dando equilibrio y salida en el medio campo, y adelante ‘Mao’, David Montoya o Tressor Moreno (elija dos de tres, yo me quedo con los tres y siento a uno de marca) y Jorge Horacio Serna (o Tressor, si el partido era más para jugar al piso).

Ese DIM fue tan fiel a su historia de sufrimiento y fútbol de potrero, que para mi son inolvidables los partidos frente a Boca Juniors en fase de grupos y las dramáticas series frente a Cerro Porteño, Gremio y, por supuesto, Santos: nunca dejó de luchar a pesar de todo, nunca dejó de buscar el arco rival y nunca dejó de darle espectáculo a la tribuna. Tal vez es por eso que lo recuerdo con tal aprecio, porque eso es lo que espero siempre de un equipo de fútbol.

¿Cuáles son sus equipos memorables del #FútbolDeLaCasa? Cuéntemelos en @PinoCalad o en @GolCaracol

 

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General, Gol Caracol

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