Archivo de octubre, 2015

19

oct

2015

El Método Cadena: breve guía para sacar mucho dinero de una desgracia deportiva

1. La compra: Llegue con chequera fuerte a un equipo sumido en una gran crisis económica y hable pomposamente de objetivos y gloria. Es lo que los hinchas y periodistas quieren escuchar.

2. Venda drama: Invierta poco pero hágale sentir a la hinchada que el club la necesita, que está en la pelea por ellos y que todo es un sacrificio enorme. A mayor drama, más se demorará la prensa y la hinchada en reaccionar.

3. Divide y vencerás: Asegúrese de que los integrantes del equipo no piensen en ganar; dilate pagos, tenga informantes en el camerino que generen división, excluya a los jugadores que reclamen sus derechos, mantenga en constante zozobra al técnico y asegúrese de que nada de esto sea público con amenazas de vetos tanto a los futbolistas como a los entrenadores. El primer objetivo es descender rápido.

4. No aceptar patrocinios: Una buena forma de asegurar este primer objetivo es evitar tener patrocinio económico externo. Ojo, el respaldo del gobierno local es clave y es importante tener buenos tratos con gobernador y alcalde en un comienzo, pero es fundamental rechazar inicialmente el apoyo de la empresa privada. Que parezca que al equipo lo han dejado a su suerte para aumentar el drama, lo que vinculará aún más a la hinchada y tendrá excelentes resultados económicos a mediano plazo.

5. Apelar al orgullo regional. Consumado el descenso es hora de mostrar la carta económica: si el amado equipo de la ciudad quiere regresar a la A, necesita patrocinio y qué mejor respaldo que el de la empresa privada local. Presione mediáticamente (si es necesario tenga periodistas en nómina- nota: hoy las redes son importantes, tener tuiteros influyentes en nómina también es valioso) y deje claro que se llevará al equipo de la ciudad si no encuentra el respaldo económico necesario. Que la permanencia del equipo en la ciudad se convierta en un motivo de orgullo regional.

6. Paciencia. Mantenga en la B al equipo por el tiempo que sea necesario. Su equipo, a pesar de estar en segunda, para la Dimayor es de primera y recibe la misma plata por derechos de TV que Nacional, Junior, Millonarios, Cali y compañía, y con eso y los eventuales respaldos locales es más que suficiente para pagar una nómina barata en la que de vez en cuando es importante contratar a algún jugador de prestigio. No malgaste. Es fundamental tener paciencia. Aplique el punto 7.

7. Adaptación del punto 3: Asegúrese de que los integrantes del equipo no piensen en ganar: dilate pagos, tenga informantes en el camerino que generen división, excluya a los jugadores que reclamen sus derechos, mantenga en constante zozobra al técnico y asegúrese de que nada de esto sea público con amenazas de vetos tanto a los futbolistas como a los entrenadores. El primer objetivo no es ascender. El objetivo es vender.

8. A cobrar: una vez se sumen frustraciones y comience una campaña en su contra para que venda el equipo, deje claras sus exigencias económicas. El objetivo principal es multiplicar su inversión inicial. Recuerde su lema: “¡El fútbol es y debe ser un negocio!”, y en los negocios no hay sentimientos, así que no le deben afectar los insultos en su contra ni las lágrimas de los que visten los colores de su equipo. Si siguió al pie de la letra el ‘Método’ obtendrá ingresos multimillonarios de parte de inversionistas privados que buscarán figuración política local o seguir sus pasos comprando su porcentaje del club.

9. Tras un tiempo de disfrutar de las ganancias de esa venta, busque un equipo de primera división en crisis económica y reinicie el ‘Método’ desde el punto 1.

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Epílogo: el éxito del Método Cadena está más que garantizado. Siguiendo estos pasos José Augusto Cadena recibió cerca de $11.000 millones en 2012 por el Atlético Bucaramanga, equipo al que había llegado en 2006 por una inversión casi siete veces menor. Con esta cantidad el ejemplar empresario adquirió la mayoría accionaria de Patriotas ese mismo año por sólo $1.700 millones; sin embargo, en el punto 4 las cosas se complicaron pues se iniciaron investigaciones a la compra de sus acciones toda vez que el principal accionista del equipo era la Gobernación de Boyacá, por lo que debió salir de Tunja, eso sí, sin haber perdido un solo céntimo. A pesar de esto, los nobles objetivos de enriquecerse con el negocio del fútbol encontraron una nueva ciudad para desarrollar el ‘Método Cadena’ y en este momento el mismo va por el punto 5 con excelentes resultados: Cúcuta ya está en la B y los empresarios locales ya están preguntando cuánto hay que pagar para comprar las acciones del visionario.

¿Qué espera para comprar su equipo y mandarlo a la B? Ese es el negocio, socio…

 

En Twitter: @PinoCalad

#FueraCadena No más mercenarios, ¡dejen de jugar con nuestra pasión!

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Acá podemos ver al autor del ‘Método Cadena’ disfrutando de los beneficios de ser dirigente de Dimayor en la tribuna del Centenario de Montevideo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acá podemos ver a Gustavo Bolívar, sonriendo al fotógrafo del diario El Tiempo tras concretarse el descenso del Cúcuta Deportivo en Manizales.

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16

oct

2015

Cuando el periodista se “vende”

Creo firmemente en que la principal responsabilidad social del periodismo es la denuncia. Por supuesto, un periodista también debe exaltar lo positivo, debe destacar lo que es ejemplar, lo que le sirve al grupo social al que pertenece, pero como herramienta del poder (y los medios lo son, más al pertenecer en todo el mundo a grandes corporaciones) el periodista tiene un deber casi que sagrado de tratar de enfrentarlo. Por eso en este blog y en mis diferentes columnas siempre encontrarán denuncias contra los malos manejos del poder en el fútbol, contra los dirigentes abusivos con sus empleados, contra los gobernantes que quieren aprovecharse del fútbol para captar votos, contra la presencia de los dineros ilegales en el fútbol, contra los abusos de esa industria cultural llamada fútbol al hincha que no se da cuenta de que es cliente, contra esos vándalos vestidos de hincha que se convierten en el brazo armado e ignorante de esos poderosos… Sin embargo, el post de hoy es un mea culpa: este es un blog de fútbol en el que esporádicamente se habla de otros deportes, pero tristemente debo admitir que con otros deportes no he tenido el rigor y la crítica que tengo con el balompié.

Podría alegar que soy un periodista que trabaja en fútbol, pero ese es precisamente mi pecado y el pecado general de la prensa en Colombia. En este país lo que vende es el deporte de patear balones y el periodismo que cubre deportes termina siendo en verdad un periodismo que cubre fútbol, de los otros deportes se habla en coyunturas específicas: triunfos o grandes eventos, y el día a día se le deja a unos cuantos quijotes que tienen los espacios radiales, digitales o de papel (en TV la verdad es muy difícil que se vea eso) para hablar de la cotidianidad de esas otras actividades que mueven a millones de colombianos aunque no vendan tanto como la pelota que alguna vez tuvo pecas.

El mejor ejemplo es el ciclismo. La gran prensa está ahí cuando los pedalistas colombianos brillan, cuando tienen posibilidades de figurar en grandes carreras, y los nombres que se busca son los exitosos, los que llamen la atención en un titular. Por eso, por no pararle bolas al día a día del ciclismo, a aquellos que no son las grandes estrellas, fue que dejamos que se nos pasara la vergüenza que pasó con el Team Colombia.

El equipo patrocinado por Coldeportes (sí, con nuestros impuestos, lo que hace que el tema sea aún más importante) se acaba después de cuatro años de competición en el que fue cuna de muchos corredores, y lo hace en medio de una polémica que demuestra el abandono de fiscalización de la prensa en general. Lo más triste es que todo lo que ha pasado deja a las claras que de esos ‘quijotes’ que cubren ciclismo no había nadie detrás del tema, no había nadie capaz de decir algo e, incluso, todo parece indicar que algunos estaban en la nómina del patrón de la escuadra, el italiano Claudio Corti.

Vamos por partes. El pasado 10 de septiembre Gustavo Duncan, un prestigioso académico de la Universidad de Los Andes con un muy interesante blog en la web de ‘El Tiempo’, publicó un post en el que denunciaba los malos manejos en el Team Colombia, los maltratos a los ciclistas por parte de Corti y el hecho de que Héctor Urrego, sin duda el periodista más veterano y prestigioso en el mundo del ciclismo, fuera fiel escudero del italiano, exdirector de un equipo muy famoso como el Barloworld del que salió una figura como Froome (actual campeón del Tour de Francia) pero que terminó acabándose por escándalo de dopaje en los años negros de Armstrong. La columna de Duncan es contundente y puede leerla en este enlace

Ahora, lo triste es que ‘el profe’ Urrego respondió a esta acusación a lo uribista: en vez de articular y argumentar su posición de defensa permanente al proyecto del Team Colombia, desacreditó a Duncan tratándolo de ser un don nadie en el mundo del ciclismo. En este audio puede escuchar la respuesta de Héctor Urrego a la columna de Duncan.

Sin embargo, lo que plantea Duncan terminó tomando peso con los días: el presupuesto de Coldeportes para el Team Colombia fue de casi tres millones de euros al año desde 2012 (sí, tres millones de euros de nuestros impuestos, como 9.000 millones de devaluados pesos al año) y no sólo los resultados en particular de los dos últimos años fueron pésimos para un equipo de esa categoría, sino que el objetivo planteado por el director de Coldeportes, Andrés Botero, no se cumplió. Acá hay que ser puntuales, el propio Botero señaló recientemente en una entrevista a la Revista Mundo Clicístico (de Urrego)  que el objetivo del Team Colombia era llevar la imagen del país al extranjero, lo que muestra que el plan no era de resultados (un sinsentido cuando le estás metiendo tanta plata al año a algo y más sabiendo que sólo los éxitos deportivos le garantizan a un equipo de ciclismo figurar y el ser invitado a las grandes carreras donde de verdad vale llevar la imagen del país).

El punto más complicado de lo que plantea Duncan es el manejo de los ciclistas. Urrego no responde al tema pues Duncan “es un ignorante del ciclismo”, pero una autoridad internacional como Georgina Ruiz Sandoval, la famosa ‘Goga’ que nos abruma con sus conocimientos técnicos y comentarios acertados en las transmisiones de ESPN, relata en su columna de esta semana las indiginantes historias de vida de los ciclistas del Team Colombia: “De nosotros no se entendían sino hasta un día antes de correr alguna prueba. Si comíamos bien o estábamos enfermos a nadie le importaba. Una vez a un compañero lo dejaron tirado en la casa 3 días con temperatura y los demás en carrera. Nadie se preocupaba por la salud de nosotros, el tesoro más grande que tiene un ciclista profesional. Algunos ante la situación delicada de la salud tuvieron que pagar sus gastos médicos y ni qué decir de que se lo rembolsaran. El médico no servía de médico sino de entrenador y cuidar de nuestra nutrición era la última de sus preocupaciones. Como estábamos solos pues había que hacer de todo y cuando regresábamos de entrenar tan cansados la verdad es que no comíamos bien. Además con los pagos retrasados nunca teníamos suficiente dinero para lo básico. Muchas veces nos tocó comer solo arroz y lentejas porque no nos alcanzaba para otra cosa”, cita la ‘Goga’. Lea acá la columna de Georgina Ruiz Sandoval.

Una vergüenza.

Ahora hablemos de plata; Coldeportes no puede pagar para el 2016 los casi tres millones de euros por recorte presupuestal (lo que es una delicia, porque si vamos a hablar de plata de Coldeportes hay que hablar de las obras incumplidas de los fallidos Juegos Nacionales de Ibagué y de las obras de los Juegos Bolivarianos de 2017 que obviamente están en pañales y, dada la experiencia, así se pueden quedar), así que para el próximo año ofreció 1.5 millones de euros y Corti dijo no. No, cuando un equipo como Caja Rural tiene un presupuesto de dos millones (y lleva ya 15 victorias esta temporada, como bien señala Duncan) o el Lampre (uno de los siempre presentes en las grandes del ciclismo) tiene un presupuesto de tres millones. Corti dijo no, pues no apareció otro socio que le cumpliera la cuota, lo que es lamentable en términos de gestión, pero sobre todo deportivamente pues se pierde un semillero de talentos.

Todo en esta historia es indignante, todo huele mal, todo sabe amargo, pero debo decir que lo que más me duele es que no hubo un solo periodista antes de Duncan (que por cierto, no es periodista) que denunciara lo que estaba pasando en el Team Colombia. ¿Qué pasa con el periodismo que cubre ciclismo? Es lamentable acceder a las cuentas del equipo y encontrarse con un rubro mensual de 20 millones de pesos para “Agencia de Prensa” (ver foto al final); ¿cuál agencia de prensa? ¿a quién va esa plata? ¿Hay periodistas en nómina?

Por supuesto, la práctica de llevar periodistas a un evento para que lo cubran y así éste llegue a los medios y así a las grandes audiencias es demasiado vieja y no es exclusiva del ciclismo. Lo hacen todos los gobiernos, los han hecho los equipos de fútbol, lo hacen los patrocinadores de grandes eventos… pero la pregunta es qué tanto puedes ser crítico como periodista cuando tu hotel, tu comida y tu vuelo está siendo pagado por el dueño del evento. Es un dilema ético sensacional al que todos nos tenemos que enfrentar y que todos asumimos de una forma diferente, unos más tristemente que otros.

Cuando el periodista se vende por privilegios, por prebendas o simplemente por entrar en la nómina de un patrocinador, la información siempre va a estar cubierta por una niebla que deja ver sólo lo bueno y nunca muestra los defectos, los problemas, lo que puede dañar todo. Se deja de ser periodista para ser oficina de prensa; “agencia de prensa”, como dice el documento de abajo. Siento, tristemente, que eso pasó en este caso del Team Colombia: por un lado unos -la mayoría- no prestamos atención por estar en nuestro mundillo particular del fútbol, y por otro los que que cubren ciclismo o no se dieron cuenta de lo que estaba pasando, o simple y vulgarmente no quisieron ver. Espero de verdad que sea lo primero.

Anexo:

Gastos del Team Colombia; nótese los 20.7 millones para “Agencia de Prensa”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14

oct

2015

La ausencia de Yepes, o cómo manejar veinteañeros millonarios

El 4 de julio de 2014, en medio de la simpatía de un país y de la “colombianada” que nunca falta (y que en esa ocasión se llamó “Era gol de Yepes”), Mario Alberto jugó su último partido con la Selección Colombia, el más importante en nuestra historia, además, pues fue en cuartos de final de un Mundial, lo más lejos que hemos llegado en el torneo más importante del mundo. Hoy, después de una fallida Copa América y un arranque de eliminatoria a Rusia 2018 que dejó un doloroso 3-0 en Uruguay, no puede ser más evidente que la ausencia de Yepes es el primero de los problemas de una Selección que hoy nos tiene a todos con dolor de camiseta.

Claro, es fácil señalar a Pékerman y sus errores (Tabárez le dio un repaso táctico en Montevideo) e inevitable iniciar una lista de jugadores para crucificar y otra con los que hicieron falta, pero lo cierto es que lo visto en el Centenario deja claro que en esta Selección Colombia no hay un líder, alguien que le recuerde a los jugadores qué significa esa camiseta que están vistiendo, y ese era Yepes. Mario Alberto, Faryd Mondragón y Luis Amaranto Perea tuvieron un papel fundamental rumbo a Brasil 2014 al ser el puente generacional entre un técnico que se acerca a los 70 (y que para rematar es argentino, es decir, de otra cultura) y una camada brillante de veinteañeros colombianos amantes del reguetón, el choke y las redes sociales, que durante esa eliminatoria y su respectivo Mundial vivieron su consolidación profesional y pasaron de ser simples jugadores de fútbol a ídolos nacionales y estrellas de contratos multimillonarios.

No hay nada más difícil que manejar un camerino. Los egos, las envidias, los reclamos (callados o abiertos) de aquel que siente que merece jugar y no es tenido en cuenta, el “quién es quién”, los premios, los contratos publicitarios para unos sí y para otros no… La Selección Colombia enfrentó todo eso entre 2011 y 2014 y salió adelante gracias a la manija que le dio Yepes. ¿Que hay que negociar la repartición de premios por los éxitos que estamos teniendo? Yepes se encarga. ¿Que te crees mucho porque estás figurando en Europa? Yepes ya pasó por ahí, duró diez años en el primer nivel del Viejo Continente y algún consejo te dará. ¿Que vas a maltratar al novato recién llegado que actúa en el fútbol colombiano? Yepes te enseña lo que es el respeto. ¿Que la fama te complica la vida familiar pues llueven las mujeres? Yepes te cuenta cómo mantener una relación estable a pesar del fútbol. ¿Que tienes una oferta y no sabes cómo negociar? Yepes te recomienda cómo evitar a los empresarios ladrones.

Yepes. El Capitán. El líder. El tipo que era ídolo de toda esa generación que lo acompañó al Mundial cuando ellos apenas eran prejuveniles que soñaban con ser profesionales, el mismo al que todos respetaban sin importar lo millones que empezaron a ganar o la fama que tenían. La Colombia que llegó a Brasil 2014 tenía los goles de Falcao (incluso logró superar con creces su ausencia en el Mundial), el talento de James y Cuadrado, el corazón de Sánchez, la seguridad de Ospina, el hambre de gloria de un grupo de muy buenos jugadores que se sabía haciendo historia, pero Yepes era la piedra filosofal del proyecto Pékerman, era el encargado de que tanta fama, tanto dinero y tanta gloria no se le subiera a la cabeza al equipo. Y Yepes ya no está.

Claro, a los 39 años aún juega con San Lorenzo y está activo, pero tras el Mundial, ejerciendo una vez más su papel de líder para definir los premios de todo el equipo, no se le ha vuelto a convocar y el tema camerino empezó a complicarse.

De entrada tenemos el episodio en la Copa América en el que James, Zúñiga y Armero protagonizaron un encontrón. El tema nunca se hizo público, pero la solución de Pékerman fue apostarle a su estrella y, tras el fracaso en Chile, ninguno de los dos laterales volvió a ser convocado (su nivel, además, facilita la decisión del entrenador). Pero a eso sumémosle la falta de mando en el campo. Cuando las cosas se complicaron en la Copa no hubo quién ordenara, quien impulsara anímicamente, quién hiciera salir ese “algo más” que todo futbolista lleva. Falcao, el primer heredero de la banda que por años llevó Yepes, fue un entusiasta motivador (verlo abrazando a los que fallaron los penales contra Argentina lo demuestra) pero un capitán no puede ser sólo un buen tipo, tiene que ser el “mandacallar”, al que le pides consejo, al que le haces caso, el que te da seguridad como persona y como futbolista… y ahí toca preguntarse, ¿a quién le hacen caso hoy los jugadores de la Selección?

James ha sido capitán y su liderazgo está entronado en su talento y prestigio internacional, pero la estrella del equipo no es necesariamente su líder (pregúntenle a Messi, es más, al mismo Falcao), menos a esa edad. Ospina tiene influencia en el camerino pero no voz de mando y Guarín, un “patrón” nato que es capitán del Inter de Milán, en estos dos partidos nos quedó debiendo pues es evidente que nunca se ha sentido el capo de la Selección, y sin confianza no hay capitán. ¿Carlos Sánchez? Lo diré una y mil veces, cuando sea grande quiero ser como el hoy volante del Aston Villa, pero ser el hombre fuerte del equipo en la cancha no te convierte en el hombre fuerte fuera de ella. Eso se gana con experiencia, con años, con una palabra mágica llamada respeto.

Deportivamente Yepes es reemplazable: Jeison Murillo, por más que tuviera un partido flojo en Montevideo, es el llamado a ser el nuevo comandante de la defensa. Pero capitán no hay. Al menos hoy. Y aunque algunos veteranos periodistas a quienes respeto digan que les importa muy poquito quién sea el dueño de la banda en la Selección, no se trata sólo de una cinta en el brazo, se trata de manejar un camerino, de recordarle constantemente a un puñado de veinteañeros multimillonarios acosados por los contratos publicitarios, por las ofertas de clubes grandes, por el impacto mediático, que todo eso queda a un lado cuando se ponen la camiseta de la Selección Colombia pues se están poniendo la bandera del país.

No hay grandes equipos sin grandes líderes y el nuestro tiene un montón de magníficos jugadores, pero hoy no tiene capitán. Y sin capitán se hunde hasta el mejor barco.

En Twitter: @PinoCalad

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