Archivo de junio, 2014

17

jun

2014

Diario del Mundial: los miedos de Brasil

GOL! El rugido sacudió las calles de Sao Paulo y miles de camisetas verdeamarelhas se unieron en abrazos. Lo curioso del asunto es que la anotación no había sido de Neymar, Oscar o Fred, sino del poco conocido bosnio Vedad Ibisevic, pero no importaba, lo importante es que ese hombre vestido de azul le había convertido a Argentina, a la odiada rival.

Así es la cosa en Brasil. Todos quieren el ‘hexa’, todos sueñan con el título mundial a pesar de criticar a la selección, de cuestionar el esquema de Scolari, de señalar la mayoría que la Copa ha sido un despilfarro del gobierno, y por eso todos los brasileños están públicamente del lado de los rivales de sus mayores adversarios.

La derrota de Uruguay frente a Costa Rica, por ejemplo, se asumió como un triunfo canarinho. El hecho de que el equipo de Jorge Luis Pinto complicara el camino del fantasma del Maracaná fue motivo de júbilo popular y las portadas de los diarios registraron al otro día no la histórica victoria costarricense sino la patética actuación del que podría ser el rival brasileño en cuartos de final.

Eso por supuesto, por no hablar de la goleada sufrida por España a manos de Holanda. Si bien la naranja mecánica es una de las pocas selecciones que tiene un historial positivo frente a los brasileños en los mundiales (dos victorias frente a una derrota, con un empate, mientras que a ‘la roja’ le ha ganado tres de cinco juegos), los locales prefieren que el actual campeón del mundo se quede en el camino y el 5-1 abrió esa posibilidad.

Pero a pesar de la sombra del Maracaná, de la amenaza de España, de la potencia de Holanda, el enemigo popular tiene nombre en esta Copa del Mundo brasileña: Argentina.

“Messi necesitó tres Mundiales para alcanzar los goles de Neymar”, dice un hincha paulista con la cara pintada de amarillo y verde mientras mastica el mal sabor de boca que le causó el segundo gol de Argentina frente a Bosnia, anotado por el 10 argentino, el mismo que apenas había hecho un gol en las Copas del Mundo en la ya lejana Alemania 2006.

Todos hablan de una final frente a los gauchos y todos ponen por encima a su Neymar de ese crack al que él secundó sin mucho éxito la temporada pasada en el Barcelona . “El problema de Ney en el club está en que todos juegan para Messi, no para él”, señala Mayara, otra hincha brasileña la mañana siguiente de la victoria argentina. “Messi es crack, pero no en Argentina”, agrega.

Sin embargo, la bronca con Argentina parece pasar a un segundo plano tras el aplastante debut de Alemania frente a Portugal. El 4-0 fue celebrado por la nutrida colonia de germanobrasileños que, sin embargo, tienen claro que el campeón tiene que ser Brasil. “Alemania es fuerte, muy fuerte… ojalá no lo tengamos que encontrar”, dice al respecto Gustavo, hincha de Gremio, el equipo fundado por los alemanes hace 111 años en Porto Alegre. Gustavo lleva la camiseta alemana y bebe cerveza con los bávaros que viajaron hasta su país para estar en el Mundial. Todos lo abrazan tras su frase.

Brasil se juega varios Mundiales en su Mundial. Está el de la política, que no ha logrado eclipsar al fútbol, pero sobre todo está el del temor a volver a perder una Copa en casa. Un Maracanazo sólo puede pasar una vez…

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13

jun

2014

Diario del Mundial: Brasil 3, Croacia 1, Dilma 0

“¿Vocé árabe?”. Van cuatro veces en dos semanas que me preguntan lo mismo en las calles de Sao Paulo y ya estoy reflexionando sobre si quitarme la barba o no. Esta vez el escenario era un vagón del Metro, justo saliendo del Itaquerao en donde miles de brasileños iban ligeramente alicorados gracias a la venta de la cerveza socia de la FIFA en el estadio pero, sobre todo, gracias al sufrido triunfo sobre Croacia en la primera cita de esta Copa del Mundo.

Los ojos rojos y perdidos de mi interlocutora la denunciaban casi tanto como la colección de vasos de Brahma que llevaba en su mano (edición especial del Mundial, cada vaso es conmemorativo del partido en que se usó), pero sobre todo la denunciaba el decirme que quería hablar en inglés -aunque yo le dije que era de Colombia-, porque quería practicarlo con “un árabe”, y en el trayecto sólo me habló de política y de lo corrupto que era el PT (el partido de gobierno). En fin…

El balance del partido no fue bueno ni para ella, ni para los demás pasajeros de ese tren rumbo a Sé, pero todos decían lo mismo: “lo importante es que ganamos”. Y sí, fue un 3-1 con Neymar convertido en ídolo por su doblete, aunque la verdad creo que es a Julio César y a Oscar a los que deberían corearles el nombre, pues Croacia encerró a Brasil en el segundo tiempo y sólo las atajadas del primero permitieron que el segundo marcara el gol definitivo.

Eso sí, lo más curioso es que apenas Neymar anotó el penal (bueno, eso dijo Nishimura, quien descaradamente sacó a Brasil del problema de ir empatando en el primer partido de su Mundial, ese que le costó a los brasileños US$15.000 millones gracias a un derroche de corrupción nunca antes visto), todas las tribunas del Arena Corinthians se dieron vuelta para recordarle a Dilma Rousseff, presidenta del país, que se van a gozar esto pero que no le van a perdonar botar tanta plata.

“¡Hey, Dilma vai tomar no cú!”, gritó el estadio repetidas veces mientras los asistentes quedábamos atónitos. Esta es la hora en que no sé si la transmisión oficial de la FIFA mostró esto, pero apostaría a que no. Si no mostró el emotivo y anunciado saque inicial del parapléjico que pudo caminar gracias a un traje robótico, mucho menos se iba a meter en política, algo que de por sí evita la FIFA a toda costa.

Tanto así, que este es el primer Mundial en el que no hubo discurso de apertura. Sí, salieron esos árboles que caminaban y esas flores que bailaban, luego salió J Lo con la chusca de la Leite y el lobazo del Pitbull,y luego el fútbol. Por primera vez no hablaron un representante del gobierno del país anfitrión ni el presidente de la FIFA, pues tanto en un lado como en el otro querían evitar chiflidos y señalamientos por haber hecho el Mundial más caro de la historia, cuya inauguración se realizó en un estadio que todavía tenía partes en obra gris, aunque costó más de US$300 millones.

“¡Hey, Dilma vai tomar no cú!”, siguió gritando la gente mientras salía en un río de camisetas amarillas con algunas franjas de otros colores rumbo al Metro o el tren. La mayoría de ellos se enteraría hasta esta mañana, seguramente con el guayabo que dan los litros de cerveza, que mientras asistían con esperanzas al estadio, miles de sus compatriotas protagonizaban protestas contra el gobierno y la organización del Mundial, las cuales terminaron incluso con heridos.

El Metro paró en la estación Carrao, la misma que en mi trayecto de la mañana estaba llena de policías y en la que el tren de ida no se había detenido pues allí iba a comenzar la manifestación que terminó con embestida de la policía y dos colegas de CNN heridas. Sin embargo, a esa hora, las 8 pm, todo parecía en calma. Una calma chicha, dirían los familiares de mi abuela en Santander, pues a pesar de la fiesta del fútbol el malestar sigue ahí, las elecciones son el 5 de octubre y, como me lo dijo en un inglés chapucero una compañera de viaje de mi alicorada interlocutora, por supuesto también con varias cervezas encima y tras aclararme que ella no hablaba árabe, “si ganamos el triunfo es de los jugadores y del pueblo, no de Dilma ni del PT: ¡vai tomar no cú!!”.

Sí, tal vez deba hacer algo con la barba…

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11

jun

2014

Diario del Mundial: cuando hasta J Lo sirve para la ansiedad

Finalmente J Lo dijo que sí iba a cantar en la inauguración del Mundial y la noticia, si bien de última hora pues lo confirmó a horas de la ceremonia, y absolutamente insignificante para los que queremos ver fútbol y no nalgas, es uno de los temas del día en Sao Paulo, sede del evento y del partido entre Brasil y Croacia con el que comienza esto.

Porque sí, el Mundial se nos vino encima y la ansiedad empieza a pesar. No se trata sólo del regreso de la Selección Colombia, lo que de por sí ya es muchísimo, pues de 20 mundiales apenas hemos ido a cinco -lo que demuestra que haber llegado a Brasil 2014 es muy importante-, se trata del Mundial en sí.

Es decir, no sé ustedes, pero yo era de los que en mes de Copa del Mundo vivía en acuartelamiento general, sólo hablaba de eso, a veces no me bañaba hasta que terminara la jornada (lo que es señal de que no iba al colegio o a clase en la universidad) y en esa extraña versión de Japón y Corea no dormí, con lo que básicamente perdí como tres kilos y comencé una extraña tendencia noctámbula que sólo mi mujer me quitó hace un par de años.

Después de ese 2002 empecé a trabajar en esto y el Mundial se convirtió en el mes de mayor sadomasoquismo posible: un exceso de trabajo casi esclavista, ¡pero cómo lo disfrutas! Y ahora estoy acá, en Sao Paulo, cubriendo en persona mi primera Copa del Mundo, y cuando el reloj se acerca a esa maratón que arrancará con las nalgas de J Lo al ritmo de Pitbull en la canción oficial más mala que recuerdo de las Copas del Mundo, me pregunto en dónde está el Mundial. Dónde está mi Mundial.

Hace una semana hice esta pequeña crónica en video buscando el ambiente mundialista en la ciudad más grande de Brasil y, como se ve, no lo encontré. Hoy no ha cambiado mucho entre los brasileños, todo gracias a las sombras que envuelven a esta Copa y su organización, pero al menos hay muchísimos más turistas y con ellos llegan las camisetas multicolores y te sientes mejor. Pero Mundial, esa fiesta de alegría desbordantes y banderas en cada calle, no hay.

Lo dijo Maradona ayer en Río de Janeiro (que de por sí es muchísimo más alegre que Sao Paulo): “llevo dos días acá y no siento el Mundial”. Y él, que está en Mundiales desde 1978 como hincha, 1982, 86, 90 y 94 como jugador, 2010 como DT y el resto como foco de atención, algo debe saber.

Es decir, hablamos del Mundial, esa vaina que hace que uno sueñe con grandeza, que nos convierte a todos en expertos de fútbol, que vuelve a cada oficina un pequeño Las Vegas con jugosas apuestas, que potencia desde mayo la venta de televisores y de suscripciones a DirecTV, y yo, como hincha eterno, apostador constante y dueño de un TV de esos delgaditos en los que es físicamente imposible que se acuesta alguna de mis gatas, me imaginaba otra cosa.

Espero y apuesto a que con el fútbol esto cambiará, pero tengo miedo a los rumores que sacuden las redes brasileñas y los bajos sitios en donde los periodistas encontramos información: que las protestas contra la corrupción en la realización de esta Copa del Mundo y la cantidad absurda de dinero invertida se incrementarán con el primer partido. Incluso a pesar de que juega Brasil. Incluso a pesar de que J Lo dijo que sí.

Llegó el día de la verdad y debo decir que no me gusta mucho el escenario de fiesta contra justicia social; yo soy un iluso y quiero que ganen los dos. Ya les estaré contando…

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09

jun

2014

Diario del Mundial: la ciudad de la furia

Es difícil que Sao Paulo le quepa a uno en la cabeza. 20 millones de habitantes repartidos en una zona metropolitana que abarca 8.000 km², cientos de kilómetros de trancones, barrios muy elegantes y arribistas separados por una calle de sectores muy pobres… Esta ciudad, en la que llevo ya doce días es una capital de caos en donde un bus cuesta $3.000, los mismo que el metro, pero si vas a un sector periférico el pasaje puede subir a $7.200, (por no hablar de un taxi en el que una carrera que en Bogotá es de $5.000 acá vale seis veces más); en donde en cada esquina hay quioscos con miles de revistas, periódicos y libros que también te venden una gaseosa en lata a $4.000 o una cerveza a $5.000; en donde un almuerzo de los que en Colombia llamamos ‘corrientazo’, con sobredosis de frijol y arroz, no baja de los $11.000…

Ahí es cuando uno empieza a entender por qué en la semana en la que arranca el Mundial los principales diarios brasileños no tienen en sus portadas noticias sobre la preparación de su selección o hermosas fotos sobre el ambiente de fiesta que uno como futbolero asumiría que se debería estar viviendo, sino que, por el contrario, traen duras informaciones sobre paros, manifestaciones, protestas y peticiones del gobierno de Dilma Rousseff para que los brasileños se comporten “a la altura del reto”. En Brasil, donde el salario mínimo es el equivalente a $700.000 de Colombia, todo está carísimo y, además, las clases populares ven con esperpento cómo el gobierno ha despilfarrado US$15.000 millones en la realización del Mundial más caro de todos los tiempos.

“Corrupción” es la palabra de moda y la larga lista de funcionarios destituidos en los últimos cuatro años la justifican. Sudáfrica 2010 costó US$6.000 millones en un país en el que no había estadios para fútbol ni infraestructura, y por eso apenas Brasil anunció ese año que su cifra iba a ser de US$10.000 millones muchos se preguntaron por qué; a fin de cuentas, en el país pentacampeón del mundo había estadios de talla mundialista que sólo necesitarían una remodelación. Sin embargo, en una combinación de populismo y malos manejos administrativos la cifra ya pasó de largo por los US$15.000 millones y, vergonzosamente, en la semana en la que arranca la XX Copa del Mundo de la FIFA, aún no se ha terminado el estadio inaugural.

Me bajo del bus en la estación de Armenia listo para tomar el metro, pero la puerta está cerrada y sólo se ven carteles que dicen “Greve” (huelga). Desde la semana pasada los trabajadores del más eficiente e importante medio de transporte de Sao Paulo reactivaron una huelga de vieja data y hoy sólo funciona el sistema a un 50%. Quieren un aumento en sus salarios basado en en incremento del costo de vida, pero como me lo dijo un operario: “Si hay plata para robarse con el Mundial, hay plata para subir sueldos”.

El gobierno ofrece 8,7%, ellos quieren 12,2%, y con la inauguración del Mundial encima saben que tienen la sartén por el mango pues, como ya lo han demostrado en estos seis días, pueden paralizar a una ciudad que necesita de su Metro. Tanto así que la forma más fácil de llegar al Arena Corinthians, el estadio inaugural y aún en obra de esta Copa del Mundo, es en uno de sus vagones.

El también llamado ‘Itaquerao’ por el sector en el que está construido, ubicado casi al extremo oriente de la ciudad, lo que lo hace muy lejos de casi todo, es también señalado como una fuente de despilfarro. Hagamos cuentas: Sao Paulo tiene al Morumbí, un templo del fútbol mundial que pertenece al Sao Paulo FC, al Allianz Parque (o nuevo Palestra Italia, recién inaugurado, gigante, hermoso, del Palmeiras) y al Pacaembú (este sí Municipal, viejo, pero una joya arquitectónica), todos con capacidad para más de 40.000 espectadores y, al menos los dos primeros, sin necesidades de mayores refacciones. Pero la organización propuso hacer un nuevo estadio para el Mundial y, en vez de gastarse un par de millones en la remodelación de lo que ya estaba, invirtió US$430 millones. Por cierto, a la hora que escribo esto, el escenario sigue en obras.

Ahora bien, es indiscutible que esa inversión tendrá réditos a futuro pues es el nuevo estadio del Corinthians, uno de los equipos más populares del país, así que será una obra con vida; no como el Mané Garrincha de Brasilia. El fabuloso y monumental estadio de la capital brasileña costó US$900 millones, lo que lo convierte en el segundo más caro de toda la historia tras Wembley, con la sutil diferencia de que el de Londres es la casa de la selección inglesa, de las semifinales y finales de la mítica Copa FA, de la “Supercopa” de Inglaterra (Community Shield) y de la Copa de la Liga, mientras en Brasilia juegan el “temible” Brasiliense de Taguatinga y el no menos “legendario” Gama. Si no le suenan familiares, no hay lío, el primero está en la D y el segundo en la B, y ninguno lleva más de mil espectadores a su cancha, lo que va a hacer que el Mané Garrincha se vea particularmente triste con sus 72.000 sillas prácticamente vacías.

Pero la molestia de los brasileños no se trata sólo de obras innecesarias y de sobrecostos en ellas (¿se acuerdan de las sillas del Mundial de Colombia 2011 que en una ciudad costaban tres veces lo que en otra? Acá es peor), hay un fuerte movimiento que reclama porque el Mundial afectó a sus integrantes directamente. Se trata de los “Sin techo”, miles de brasileños, la gran mayoría pobres, que fueron desplazados por el propio gobierno que los sacó de sus casas para construir en esas zonas obras de infraestructura para el Mundial. Ellos, vestidos de rojo, arman protestas monumentales como la del jueves pasado que paralizó a Sao Paulo pues llegó hasta el Itaquerao, y ya amenazaron con boicotear la inauguración de la Copa este 12 si no les responden por viviendas dignas.

Lamentablemente, la policía militar brasileña no ha respondido a la altura ante las protestas y, recordando sus días de dictadura y Operación Cóndor, se ha sobrepasado en muchísimos casos mostrando una brutalidad que llevó a que Amnistía Internacional se pronunciara (recomiendo ver este video). Las calles están llenas de grafitis contra la PM y la Copa, y en redes sociales hay una invitación a una movilización general este 12 en todas las ciudades antes y durante la inauguración del torneo y el partido frente a Croacia. El discurso es claro: Brasil es el país del fútbol, pero el Mundial no es para el pueblo. Y como no lo tienen en cuenta, el pueblo se tomará las calles.

Mi abuela llamó a mi mujer preocupada porque las noticias de disturbios ya llegaron a Colombia. No me lo dice, pero sé que ella, mi esposa, también está preocupada. Hay un Mundial, el de las marcas, el del deporte como espectáculo, el que nos gusta a los hinchas con su álbum, los partidos por TV, la sobredosis de información futbolera, las camisetas… pero en Brasil hay otro Mundial, el de las protestas, el de los paros, el de la gente gritando que el fútbol no lo puede ocultar todo, el que está logrando lo que tal vez nunca había pasado: que durante una Copa del Mundo se hable de algo diferente al show de la pelota.

Por supuesto, ese segundo Mundial tiene su primer partido definitivo el 12 de junio, con la inauguración de la Copa. Ese día veremos si la marea de camisetas rojas, si los “grevistas” del Metro, si los opositores de Rousseff, si los que saben que todas las cámaras del planeta estarán en Sao Paulo, logran robarse el show.

Noticias de estos dos Mundiales desde Sao Paulo en Twitter en @PinoCalad

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