13

ene

2016

Faryd Mondragón y el destino trágico de los arqueros

La información dice que Faryd Mondragón intentó suicidarse. En un país godo como el nuestro estos temas son dolorosos, complejos, pesados y más cuando se trata de un personaje público grabado ya en la mente de todos los colombianos. Los más jóvenes lo recuerdan como el capitán del Cali que se dio el lujo de atajar unos minutos en Brasil 2014 y convertirse a los 43 años en el jugador más veterano en actuar en una Copa del Mundo; en Europa no olvidan sus tremendas actuaciones con Galatasaray, Metz y Colonia (y precisamente por eso el incidente que la Clínica Valle del Lilli definió como ”un cuadro de descompensación metabólica” le está dando la vuelta al mundo) y en Argentina es ampliamente conocido como ídolo de Independiente, pero para mi Faryd hace parte de un momento imborrable en mi vida como hincha: Francia 98.

Para los que lo vimos llorando inconsolablemente tras el papelón de ese Mundial, cuando una selección Colombia dividida en su camerino se despidió después de perder frente a Inglaterra en una noche en la que él fue el único que se enteró de que estaba vistiendo la bandera nacional, Faryd Mondragón es eterno. Por eso es difícil entender que alguien así de querido, con esta reputación, con esa leyenda, haya intentado suicidarse con pastillas antidepresivas, que es la información extraoficial que se maneja desde Cali. Pero Faryd es arquero, y los arqueros son diferentes.

“Lo primero que hay que decir es que no cualquiera se suicida –dijo en 2011 Marcelo Roffé, psicólogo de la Selección Colombia y la Argentina en la respectiva era Pekerman, a la famosa revista El Gráfico-. Tiene que haber causas que lo hagan sufrir de manera tal que entienda que la muerte es una salida posible. Ahora, que la estadística esté engrosada en los arqueros no es casual y tiene que ver con el rol que cumple, con la percepción de fracaso, con la soledad y la ingratitud del puesto. El perfil psicológico del arquero es particular. Se trata de un puesto individual de un deporte en equipo: es el que viste distinto, el que entrena diferenciado, el único que puede utilizar las manos, al que a veces le cuesta integrarse al grupo, y aquel al que le ponen la etiqueta de boludo o de loco. El mismo arquero a veces lo asume”.

Inevitablemente pienso en Alberto Vivalda, aquel arquero genial de Millonarios en los 80 que en 1994 se lanzó a las vías del tren tras un divorcio cumplicado, o en Robert Enke, seleccionado alemán y arquero del Hannover que repitió la cruda escena en 2009 acosado por la depresión, esa palabra a la que los machos no le hacen frente porque se supone que sólo las mujeres se deprimen y que acosa particularmente a los hombres en Colombia según datos de la Asociación Colombiana contra la Depresión y el Pánico (Asodep). Nuestro país es el tercero en la lista de suicidios en América Latina, y el número de hombres que se suicidan triplica al de mujeres, por lo que lo de Faryd no es precisamente una excepción. Y además, insisto, es arquero.

La lista de porteros que se han suicidado en el mundo triplica en número a la de los jugadores de campo e incluye no sólo a Vivalda y Enke, ahí están Osvaldo Toriani -campeón de Libertadores con Independiente-, y su suicidio con gas tóxico en 1988 tras la muerte de un hijo; la tragedia de Luis Ibarra que en 1999, siendo arquero de Tigre, asesinó a su esposa y se lanzó de un décimo piso; Lester Morgan Suazo y su disparo en la cabeza a los 25 años cuando tapaba en Herediano de Costa Rica; Dale Roberts y la soga que le quitó la vida cuando decidió colgarse a los 24 años justo antes de un partido de la Copa FA; el tiro que se pegó Martín Cabrera a los 21 años cuando acababa de ser ascendido al primer equipo de Cerro Porteño… la lista es larga, es dolorosa y ratifica que los guardametas tienen una tendencia realmente particular hacia la depresión.

“Al ser un puesto tan individual, existe mucho miedo a fracasar, a equivocarse, a no dar lo que se espera de él”, señaló en su momento Roffé: “Primero detectás los miedos que los atormentan, después los demenuzás y los trabajás con visualizaciones, por ejemplo. Visualizar es ver con los ojos de la mente, un trabajo cognitivo que permite que llegues más optimista al partido porque psiconeuromuscularmente produce el fenómeno de ‘dejá vú’, y ya queda en la memoria”.

Faryd, que se recupera en Cali de un incidente que aún no es claro y seguramente no lo será por todos los prejuicios y cargas morales que hay en Colombia, se enfrenta ahora al juicio de muchos ignorantes que no saben por lo que ha pasado. Desde acá sólo le pido que, más que recordar toda la gloria que vivió, visualice y sepa que aún tiene mucho que darnos y que somos más los que estamos con él en las buenas y en las malas.

En Twitter: @PinoCalad

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07

dic

2015

La “masacre de las bananeras” y el fútbol: una historia olvidada

En 1924, el mismo año en que El Tiempo decretó que el fútbol estaba destinado a “desaparecer de nuestra sociedad”[1], se disputaron en París los séptimos Juegos Olímpicos. Este evento, que en 1920 había pasado como mero dato por la prensa colombiana y en 1912 sólo fue registrado gráficamente por El Gráfico, resultó atractivo ese año para los colombianos porque por primera vez en la historia participaban dos delegaciones suramericanas: Argentina y Uruguay.

Esto era importante para Colombia porque la caída de Marco Fidel Suárez en 1921, que trató de poner a Colombia en la línea de intereses de EE.UU. dándole todas las concesiones a las compañías de ese país en materia de petróleos y banano, había significado el despertar de un sentimiento antinorteamericano que se alentaba con el pago de la indemnización que Washington le daba al gobierno de Pedro Nel Ospina por la pérdida de Panamá, y el país entraba en la era del discurso de unión e identidad latinoamericana promovido por las primeras reuniones panamericanas y suramericanas de cancilleres, jefes de Estado, estudiantes, abogados y médicos.

La de los 20 fue la década del panamericanismo como solución económica y política del continente a la división y crisis mundial que había generado la guerra. Por esto, cuando Uruguay ganó el oro olímpico en fútbol, quedando su selección campeona por encima de Francia, Inglaterra, Italia, España y demás participantes europeos, la prensa colombiana, y en general la suramericana, le dio primera página al titular “Uruguay campeón mundial de foot-ball”.

La victoria uruguaya en los Olímpicos de París hizo despertar un espíritu deportivo que fue ampliamente analizado por los medios, reflejando claramente un discurso nacional en el deporte: “Coincide este despertar con la celebración de las grandes Olimpiadas en que los pueblos de la mayor parte del mundo se disputan el trofeo del vigor y la destreza (…). Colombia no ha participado aún en el torneo universal; su bandera no ha flotado con las ondulaciones del triunfo en el palenque cosmopolita como lo hicieron los pabellones del Uruguay y la Argentina. Ello se debe a que nuestro país asimila de manera tardía los sistemas implantados en los Estados de alta civilización”[2].

El problema de ser moderno se volvía a poner en el terreno de los deportes y se asumía la existencia de una delegación deportiva como motivo de orgullo y patriotismo, ya que el hecho de que un país suramericano le hubiese ganado a los inventores del juego en su especialidad y en su tierra causó estupor en Europa y un orgullo inusitado en Suramérica. Este triunfo no sólo generó que el fútbol “renaciera” en el país, pues todos los clubes volvieron a la práctica y el deporte obrero creció, sino que hizo que en 1926 se organizaran y jugaran los I Juegos Olímpicos Colombianos entre todas las instituciones de instrucción profesional y de segunda enseñanza de Bogotá.

Si bien estos primeros Juegos Olímpicos no fueron colombianos sino bogotanos, pues fuera de las delegaciones  de la capital sólo participó una de Cali (precisamente en fútbol), este evento representó el primer gran evento de balompié en el país, ya que, aunque hubo competiciones en carreras, maratón, salto, tenis, golf y boxeo, el que se robó el show y los titulares de prensa fue el fútbol, cuyo primer campeón fue el Club Cid, en el que jugaban estudiantes de la Facultad de Medicina con Enio Viola, inmigrante italiano que había jugado en 1921 con Juventus de Turín, equipo profesional de ese país.

El renacer deportivo que vio Colombia con estos Juegos Olímpicos, antecedente inmediato de los actuales Juegos Nacionales, se unió al espíritu universitario y nacionalista y dio la oportunidad de renacer al fútbol de elite de los clubes, pero con una nueva condición: algunos buenos jugadores de origen humilde terminaron jugando en equipos de club simplemente por ser buenos y tener algún vínculo con un socio como ser empleados o ahijados: el fútbol empezaba a funcionar como nivelador social.

El que se establecieran unas competencias serias, promovidas por el gobierno con fondos del Ministerio de Instrucción Pública y en fechas específicas, era un primer paso para ser un “Estado de alta civilización”.

La ley 80 de 1925 dispuso que en cada departamento existiera una comisión de educación física y apareció la secretaría especializada en el tema en el Ministerio de Instrucción Pública. Pero el avance de ese nivel de “civilización” se empezó a dar en la práctica años después con el establecimiento de las federaciones deportivas departamentales por parte de los cientos de deportistas que buscaban competencia y entrenamiento, comenzando en ese mismo 1925 con la creación de la Federación de Fútbol de Antioquia y con el decreto presidencial de Pedro Nel Ospina que creaba los “I Juegos Nacionales de la República de Colombia”, los cuales debían disputarse en la ciudad de Cali en 1928.

Esta edición, que oficialmente fue la primera de los actuales Juegos Nacionales, tuvo como evento central el fútbol a pesar de que estuvieron en disputa medallas para ajedrez, atletismo, baloncesto y tenis, aparte de las exhibiciones de béisbol y gimnasia. El cubrimiento de los diarios de la época refleja esto, pues el espacio concedido a estas otras actividades fue mínimo en comparación con el que se le dio al evento de fútbol que definiría el “primera gran campeón” nacional.

Antioquia, Atlántico, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cundinamarca, Huila, Magdalena, Norte de Santander, Santander, Tolima y Valle fueron los departamentos que participaron en estos Juegos, pero no todos enviaron equipo de fútbol. Sin embargo, en las justas de Cali estuvieron los mejores clubes de varias regiones del país o las selecciones de los mejores jugadores de esos clubes, como la de Cundinamarca conformada por integrantes de Técnico y Medicina de Bogotá, o la de Antioquia con la reunión del Independiente Medellín y el Universitario, o la de Magdalena con el Liceo Celedón, el Club Mamatoco y el Club Boyacá. También hubo selecciones de Buenaventura, Cali (dos), Ibagué, Neiva y Cúcuta. A estos equipos se sumaron clubes con gran tradición en sus respectivas ciudades como el Universitario de Manizales, Junior de Barranquilla y Santa Librada de Cali con lo que doce equipos empezaron la disputa del título el 20 de diciembre de 1928 en el recién inaugurado estadio Galilea, que con una capacidad para 8.000 espectadores fue el primer gran escenario del fútbol en el país[3].

La gran final de este primer campeonato nacional enfrentó a los favoritos: Bogotá, Junior, Magdalena y el llamado Cali A, y el gran campeón fue el equipo samario tras vencer al de Barranquilla por 2 a 0. “De inmediato el gobernador del Valle, Carlos Holguín Lloreda, los invitó [a los campeones] al Club Unión, en la Plaza Cayzedo (sic), para brindarles un agasajo que se extendió hasta la media noche. Al otro día, los jugadores fueron llevados a la Hacienda El Paraíso, escenario de la novela La María, de Jorge Isaacas, uno de los clásicos de la literatura de amor de la historia colombiana, en donde les fueron entregados los trofeos merecidos por su hazaña”[4]. Así era el fútbol en esa época.

"Regreso de la cacería": Abadía Méndez y el general Cortés Vargas comparan resultados de cacería, después de la masacre de las bananeras. Ricardo Rendón. Album Cromos, 1930.

Sin embargo, el fútbol también comenzaba a ser algo más que el entretenimiento de algunos y su valor simbólico se empezaba a hacer presente en las distintas ciudades. Tanto así que la selección de Magdalena se fue de Santa Marta rumbo a Cali pocos días después de la denominada ‘masacre de las bananeras’ -ocurrida el 6 de diciembre de 1928 en la vecina población de Ciénaga, cuando las Fuerzas Armadas presentes en la zona para impedir una huelga de los trabajadores de las bananeras abrieron fuego contra los manifestantes, causando un número aún indeterminado de muertes y dejando una mancha imborrable en la historia nacional. Era presidente Miguel Abadía Méndez-, y cuando regresó a la ciudad como primer campeón nacional y el equipo fue recibido con honores por las autoridades locales el 6 de febrero de 1929, “en presencia del general Carlos Cortes Vargas, jefe civil y militar, del capitán Luis F. Enciso y del alcalde de Ciénaga, mayor Aurelio Linero, los futbolistas samarios solicitaron como un homenaje a su brillante gesta de Cali que se concediera la libertad a un grupo de huelguistas que se encontraban detenidos en la cárcel de Ciénaga. En medio de la euforia y emoción, la petición fue atendida y así obtuvieron su libertad algunos miembros del sindicato de la Sociedad Unión”[5].

El fútbol, por pirmera vez en la historia del país, había cumplido una labor de peso político que se repetiría cada tanto, incluso con abusos descarados de los poderosos. No era 1930, no teníamos ni siquiera fútbol profesional o campeonato, y ya la pelota nos mostraba que todo lo podía…

Con ese tipo de hechos y gestas, con esas identificaciones que fue generando el fútbol en cada ciudad, el balompié se volvió la actividad física preponderante entre la afición colombiana y se convertiría en el rey de los deportes del país después de que en 1930 Uruguay y Argentina le pasaron por encima a los europeos de nuevo disputando la primera final de un Campeonato Mundial de Fútbol, justo tras haber ganado el oro y la plata olímpica, respectivamente, en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928. Uruguay, bicampeón olímpico, fue el primer campeón mundial mientras Argentina terminó segunda.

La prensa, que ya tenía secciones y publicaciones especializadas en deportes, abandonando estos definitivamente las páginas ‘sociales’, exigía la creación de la federación colombiana de fútbol y la afiliación a la FIFA para poder participar en el torneo suramericano de selecciones nacionales que desde 1916 se disputaba con el nombre de Copa América, e incluso jugar un Mundial contra los todopoderosos uruguayos y argentinos. Por supuesto, como ya sabemos, eso se demoró un poco…

Por: Alejandro Pino Calad / Twitter: @PinoCalad

Otras historias olvidadas de fútbol y política:

Cuando el Junior fue la Selección Colombia

Recuerdos de Nacional

La historia secreta de Di Stéfano en Colombia

Cuando nos pusieron fútbol para no ver arder el Palacio de Justicia

Santa Fe: el primer campeón

Fútbol, Nazis y Colombia


[1]    El Tiempo. Bogotá. Enero 1 de 1924. Pág. 17

[2]    El Gráfico No. 698. Bogotá. Agosto 2 de 1924

[3]    En el terreno en donde alguna vez estuvo el Estadio Galilea hoy se encuentra la Clínica de Occidente. Con la popularización del fútbol en los 30′s el escenario no dio abasto y el fútbol de Cali se trasladó al estadio Pascual Guerrero, mucho más grande y rentable para el espectáculo.

[4]    Galvis, Alberto. 100 años de fútbol en Colombia. Planeta. 2008. Pág. 27.

[5]    Zorro Celedón, Joaquín. El fútbol del Magdalena, momentos estelares. Barranquilla. Editorial Mejoras. 1987. Pág. 17.

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03

dic

2015

El lío de $23 mil millones de Dimayor con Claro y UNE por sus derechos de TV

El tribunal de arbitramento de la Cámara de Comercio de Bogotá acaba de ordenarle a la Dimayor pagarle cerca de $23.000 millones a Claro y UNE por haberle quitado los derechos de transmisión del campeonato colombiano que estas dos empresas de cable tuvieron hasta junio de 2012, lo que representa un golpe tremendo para las finanzas de la asociación de clubes del fútbol profesional colombiano y a la imagen de su hasta hace poco presidente Ramón Jesurún, hoy nuevo presidente de la Federación Colombiana de Fútbol gracias al “FIFAgate” que llevó a la renuncia de Luis Bedoya.

Hagamos memoria: antes de que existiera WIN, el famoso canal “que todos queremos” y que transmite cada jornada la totalidad de partidos de la Liga y al menos uno de la segunda división, el FPC era transmitido desde 2004 por dos cableoperadores, los dos más grandes del país en cuanto a número de suscriptores: Claro (entonces llamado Telmex) y UNE. El director general de estas transmisiones era Mauricio Correa, hoy cabeza de WIN, quien le llevó el negocio a DirecTV cambiando el modelo con el montaje de un canal exclusivo. La empresa de TV satelital anunció en junio del 2011 que desde el siguiente año transmitiría el fútbol profesional colombiano y que en su señal se podrían ver TODOS los partidos de la fecha, y a partir de ese momento comenzó una batalla llegal y un tire y afloje que tuvo hoy su final.

Eso de transmitir todos los partidos de cada fecha fue el argumento con el que la Dimayor decidió no renovar su contrato con Claro y UNE (a pesar de una cláusula de preferencia), pues el alegato de la dirigencia del fútbol, encabezada por Jesurún, era que no se estaban dando todos los partidos y que por tanto la oferta de DirecTV era mejor para los aficionados. Ahora bien, el tribunal de arbitramento de la Cámara de Comercio de Bogotá acaba de decidir que ese diferencial fue prefabricado por Dimayor, que en últimas es la que programaba partidos simultáneos para impedir que Claro y UNE pudieran dar todos los juegos de la fecha, con lo que el argumento para no renovar el contrato de los derechos de TV de Claro y UNE no es válido. Mejor dicho, en colombiano, que Dimayor debe responderle a Claro y UNE por casi $23.000 millones ya que los derechos de TV les fueron despojados irreglamentariamente.

Uno de los argumentos básicos de los abogados de Claro y UNE está en la presencia de Mauricio Correa como cabeza de las transmisiones del FPC con ellos y luego como cabeza de WIN, y tiene toda la lógica del mundo, es decir: ¿cómo es que un día administras  a un lado y al otro día administras en la competencia que te perjudicó? Pero bueno, no entremos en detalles… Lo irónico es que DirecTV montó junto a RCN el canal WIN Sports en 2012 y sólo hasta este año éste llegó a la parrilla de Claro y UNE en un negocio multimillonario del que, sin embargo, sólo el 23% le llega a los equipos de fútbol pues el resto se va en gastos operativos y de producción (es decir, en mantener el canal).

Lo que se viene es un nuevo pleito legal y más plata pues esta indemnización es sólo por una cláusula que se violó… qué lindo el chicharrón que le heredó Jesurún a su sucesor Perdomo. Eso es lo que yo llamo una “Dimayorada”

En Twitter: @pinocalad

 

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05

nov

2015

Cuando nos pusieron fútbol para no ver el Palacio de Justicia

El 1 de noviembre de 1985 se selló la eliminación de Colombia del Mundial del que debía haber sido anfitriona a manos de Paraguay. La selección de Ochoa tenía que ganar por 3-0 y sólo le alcanzó para el 2-1. Fue el inicio de los peores quince días de la historia reciente del país, que incluyen la Tragedia de Armero y el Holocausto del Palacio de Justicia, y que tuvieron uno de los mayores ejemplos del uso y abuso del fútbol por parte del poder en Colombia. Esta es la historia.

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oct

2015

El Método Cadena: breve guía para sacar mucho dinero de una desgracia deportiva

1. La compra: Llegue con chequera fuerte a un equipo sumido en una gran crisis económica y hable pomposamente de objetivos y gloria. Es lo que los hinchas y periodistas quieren escuchar.

2. Venda drama: Invierta poco pero hágale sentir a la hinchada que el club la necesita, que está en la pelea por ellos y que todo es un sacrificio enorme. A mayor drama, más se demorará la prensa y la hinchada en reaccionar.

3. Divide y vencerás: Asegúrese de que los integrantes del equipo no piensen en ganar; dilate pagos, tenga informantes en el camerino que generen división, excluya a los jugadores que reclamen sus derechos, mantenga en constante zozobra al técnico y asegúrese de que nada de esto sea público con amenazas de vetos tanto a los futbolistas como a los entrenadores. El primer objetivo es descender rápido.

4. No aceptar patrocinios: Una buena forma de asegurar este primer objetivo es evitar tener patrocinio económico externo. Ojo, el respaldo del gobierno local es clave y es importante tener buenos tratos con gobernador y alcalde en un comienzo, pero es fundamental rechazar inicialmente el apoyo de la empresa privada. Que parezca que al equipo lo han dejado a su suerte para aumentar el drama, lo que vinculará aún más a la hinchada y tendrá excelentes resultados económicos a mediano plazo.

5. Apelar al orgullo regional. Consumado el descenso es hora de mostrar la carta económica: si el amado equipo de la ciudad quiere regresar a la A, necesita patrocinio y qué mejor respaldo que el de la empresa privada local. Presione mediáticamente (si es necesario tenga periodistas en nómina- nota: hoy las redes son importantes, tener tuiteros influyentes en nómina también es valioso) y deje claro que se llevará al equipo de la ciudad si no encuentra el respaldo económico necesario. Que la permanencia del equipo en la ciudad se convierta en un motivo de orgullo regional.

6. Paciencia. Mantenga en la B al equipo por el tiempo que sea necesario. Su equipo, a pesar de estar en segunda, para la Dimayor es de primera y recibe la misma plata por derechos de TV que Nacional, Junior, Millonarios, Cali y compañía, y con eso y los eventuales respaldos locales es más que suficiente para pagar una nómina barata en la que de vez en cuando es importante contratar a algún jugador de prestigio. No malgaste. Es fundamental tener paciencia. Aplique el punto 7.

7. Adaptación del punto 3: Asegúrese de que los integrantes del equipo no piensen en ganar: dilate pagos, tenga informantes en el camerino que generen división, excluya a los jugadores que reclamen sus derechos, mantenga en constante zozobra al técnico y asegúrese de que nada de esto sea público con amenazas de vetos tanto a los futbolistas como a los entrenadores. El primer objetivo no es ascender. El objetivo es vender.

8. A cobrar: una vez se sumen frustraciones y comience una campaña en su contra para que venda el equipo, deje claras sus exigencias económicas. El objetivo principal es multiplicar su inversión inicial. Recuerde su lema: “¡El fútbol es y debe ser un negocio!”, y en los negocios no hay sentimientos, así que no le deben afectar los insultos en su contra ni las lágrimas de los que visten los colores de su equipo. Si siguió al pie de la letra el ‘Método’ obtendrá ingresos multimillonarios de parte de inversionistas privados que buscarán figuración política local o seguir sus pasos comprando su porcentaje del club.

9. Tras un tiempo de disfrutar de las ganancias de esa venta, busque un equipo de primera división en crisis económica y reinicie el ‘Método’ desde el punto 1.

———–

Epílogo: el éxito del Método Cadena está más que garantizado. Siguiendo estos pasos José Augusto Cadena recibió cerca de $11.000 millones en 2012 por el Atlético Bucaramanga, equipo al que había llegado en 2006 por una inversión casi siete veces menor. Con esta cantidad el ejemplar empresario adquirió la mayoría accionaria de Patriotas ese mismo año por sólo $1.700 millones; sin embargo, en el punto 4 las cosas se complicaron pues se iniciaron investigaciones a la compra de sus acciones toda vez que el principal accionista del equipo era la Gobernación de Boyacá, por lo que debió salir de Tunja, eso sí, sin haber perdido un solo céntimo. A pesar de esto, los nobles objetivos de enriquecerse con el negocio del fútbol encontraron una nueva ciudad para desarrollar el ‘Método Cadena’ y en este momento el mismo va por el punto 5 con excelentes resultados: Cúcuta ya está en la B y los empresarios locales ya están preguntando cuánto hay que pagar para comprar las acciones del visionario.

¿Qué espera para comprar su equipo y mandarlo a la B? Ese es el negocio, socio…

 

En Twitter: @PinoCalad

#FueraCadena No más mercenarios, ¡dejen de jugar con nuestra pasión!

———–

Acá podemos ver al autor del ‘Método Cadena’ disfrutando de los beneficios de ser dirigente de Dimayor en la tribuna del Centenario de Montevideo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acá podemos ver a Gustavo Bolívar, sonriendo al fotógrafo del diario El Tiempo tras concretarse el descenso del Cúcuta Deportivo en Manizales.

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16

oct

2015

Cuando el periodista se “vende”

Creo firmemente en que la principal responsabilidad social del periodismo es la denuncia. Por supuesto, un periodista también debe exaltar lo positivo, debe destacar lo que es ejemplar, lo que le sirve al grupo social al que pertenece, pero como herramienta del poder (y los medios lo son, más al pertenecer en todo el mundo a grandes corporaciones) el periodista tiene un deber casi que sagrado de tratar de enfrentarlo. Por eso en este blog y en mis diferentes columnas siempre encontrarán denuncias contra los malos manejos del poder en el fútbol, contra los dirigentes abusivos con sus empleados, contra los gobernantes que quieren aprovecharse del fútbol para captar votos, contra la presencia de los dineros ilegales en el fútbol, contra los abusos de esa industria cultural llamada fútbol al hincha que no se da cuenta de que es cliente, contra esos vándalos vestidos de hincha que se convierten en el brazo armado e ignorante de esos poderosos… Sin embargo, el post de hoy es un mea culpa: este es un blog de fútbol en el que esporádicamente se habla de otros deportes, pero tristemente debo admitir que con otros deportes no he tenido el rigor y la crítica que tengo con el balompié.

Podría alegar que soy un periodista que trabaja en fútbol, pero ese es precisamente mi pecado y el pecado general de la prensa en Colombia. En este país lo que vende es el deporte de patear balones y el periodismo que cubre deportes termina siendo en verdad un periodismo que cubre fútbol, de los otros deportes se habla en coyunturas específicas: triunfos o grandes eventos, y el día a día se le deja a unos cuantos quijotes que tienen los espacios radiales, digitales o de papel (en TV la verdad es muy difícil que se vea eso) para hablar de la cotidianidad de esas otras actividades que mueven a millones de colombianos aunque no vendan tanto como la pelota que alguna vez tuvo pecas.

El mejor ejemplo es el ciclismo. La gran prensa está ahí cuando los pedalistas colombianos brillan, cuando tienen posibilidades de figurar en grandes carreras, y los nombres que se busca son los exitosos, los que llamen la atención en un titular. Por eso, por no pararle bolas al día a día del ciclismo, a aquellos que no son las grandes estrellas, fue que dejamos que se nos pasara la vergüenza que pasó con el Team Colombia.

El equipo patrocinado por Coldeportes (sí, con nuestros impuestos, lo que hace que el tema sea aún más importante) se acaba después de cuatro años de competición en el que fue cuna de muchos corredores, y lo hace en medio de una polémica que demuestra el abandono de fiscalización de la prensa en general. Lo más triste es que todo lo que ha pasado deja a las claras que de esos ‘quijotes’ que cubren ciclismo no había nadie detrás del tema, no había nadie capaz de decir algo e, incluso, todo parece indicar que algunos estaban en la nómina del patrón de la escuadra, el italiano Claudio Corti.

Vamos por partes. El pasado 10 de septiembre Gustavo Duncan, un prestigioso académico de la Universidad de Los Andes con un muy interesante blog en la web de ‘El Tiempo’, publicó un post en el que denunciaba los malos manejos en el Team Colombia, los maltratos a los ciclistas por parte de Corti y el hecho de que Héctor Urrego, sin duda el periodista más veterano y prestigioso en el mundo del ciclismo, fuera fiel escudero del italiano, exdirector de un equipo muy famoso como el Barloworld del que salió una figura como Froome (actual campeón del Tour de Francia) pero que terminó acabándose por escándalo de dopaje en los años negros de Armstrong. La columna de Duncan es contundente y puede leerla en este enlace

Ahora, lo triste es que ‘el profe’ Urrego respondió a esta acusación a lo uribista: en vez de articular y argumentar su posición de defensa permanente al proyecto del Team Colombia, desacreditó a Duncan tratándolo de ser un don nadie en el mundo del ciclismo. En este audio puede escuchar la respuesta de Héctor Urrego a la columna de Duncan.

Sin embargo, lo que plantea Duncan terminó tomando peso con los días: el presupuesto de Coldeportes para el Team Colombia fue de casi tres millones de euros al año desde 2012 (sí, tres millones de euros de nuestros impuestos, como 9.000 millones de devaluados pesos al año) y no sólo los resultados en particular de los dos últimos años fueron pésimos para un equipo de esa categoría, sino que el objetivo planteado por el director de Coldeportes, Andrés Botero, no se cumplió. Acá hay que ser puntuales, el propio Botero señaló recientemente en una entrevista a la Revista Mundo Clicístico (de Urrego)  que el objetivo del Team Colombia era llevar la imagen del país al extranjero, lo que muestra que el plan no era de resultados (un sinsentido cuando le estás metiendo tanta plata al año a algo y más sabiendo que sólo los éxitos deportivos le garantizan a un equipo de ciclismo figurar y el ser invitado a las grandes carreras donde de verdad vale llevar la imagen del país).

El punto más complicado de lo que plantea Duncan es el manejo de los ciclistas. Urrego no responde al tema pues Duncan “es un ignorante del ciclismo”, pero una autoridad internacional como Georgina Ruiz Sandoval, la famosa ‘Goga’ que nos abruma con sus conocimientos técnicos y comentarios acertados en las transmisiones de ESPN, relata en su columna de esta semana las indiginantes historias de vida de los ciclistas del Team Colombia: “De nosotros no se entendían sino hasta un día antes de correr alguna prueba. Si comíamos bien o estábamos enfermos a nadie le importaba. Una vez a un compañero lo dejaron tirado en la casa 3 días con temperatura y los demás en carrera. Nadie se preocupaba por la salud de nosotros, el tesoro más grande que tiene un ciclista profesional. Algunos ante la situación delicada de la salud tuvieron que pagar sus gastos médicos y ni qué decir de que se lo rembolsaran. El médico no servía de médico sino de entrenador y cuidar de nuestra nutrición era la última de sus preocupaciones. Como estábamos solos pues había que hacer de todo y cuando regresábamos de entrenar tan cansados la verdad es que no comíamos bien. Además con los pagos retrasados nunca teníamos suficiente dinero para lo básico. Muchas veces nos tocó comer solo arroz y lentejas porque no nos alcanzaba para otra cosa”, cita la ‘Goga’. Lea acá la columna de Georgina Ruiz Sandoval.

Una vergüenza.

Ahora hablemos de plata; Coldeportes no puede pagar para el 2016 los casi tres millones de euros por recorte presupuestal (lo que es una delicia, porque si vamos a hablar de plata de Coldeportes hay que hablar de las obras incumplidas de los fallidos Juegos Nacionales de Ibagué y de las obras de los Juegos Bolivarianos de 2017 que obviamente están en pañales y, dada la experiencia, así se pueden quedar), así que para el próximo año ofreció 1.5 millones de euros y Corti dijo no. No, cuando un equipo como Caja Rural tiene un presupuesto de dos millones (y lleva ya 15 victorias esta temporada, como bien señala Duncan) o el Lampre (uno de los siempre presentes en las grandes del ciclismo) tiene un presupuesto de tres millones. Corti dijo no, pues no apareció otro socio que le cumpliera la cuota, lo que es lamentable en términos de gestión, pero sobre todo deportivamente pues se pierde un semillero de talentos.

Todo en esta historia es indignante, todo huele mal, todo sabe amargo, pero debo decir que lo que más me duele es que no hubo un solo periodista antes de Duncan (que por cierto, no es periodista) que denunciara lo que estaba pasando en el Team Colombia. ¿Qué pasa con el periodismo que cubre ciclismo? Es lamentable acceder a las cuentas del equipo y encontrarse con un rubro mensual de 20 millones de pesos para “Agencia de Prensa” (ver foto al final); ¿cuál agencia de prensa? ¿a quién va esa plata? ¿Hay periodistas en nómina?

Por supuesto, la práctica de llevar periodistas a un evento para que lo cubran y así éste llegue a los medios y así a las grandes audiencias es demasiado vieja y no es exclusiva del ciclismo. Lo hacen todos los gobiernos, los han hecho los equipos de fútbol, lo hacen los patrocinadores de grandes eventos… pero la pregunta es qué tanto puedes ser crítico como periodista cuando tu hotel, tu comida y tu vuelo está siendo pagado por el dueño del evento. Es un dilema ético sensacional al que todos nos tenemos que enfrentar y que todos asumimos de una forma diferente, unos más tristemente que otros.

Cuando el periodista se vende por privilegios, por prebendas o simplemente por entrar en la nómina de un patrocinador, la información siempre va a estar cubierta por una niebla que deja ver sólo lo bueno y nunca muestra los defectos, los problemas, lo que puede dañar todo. Se deja de ser periodista para ser oficina de prensa; “agencia de prensa”, como dice el documento de abajo. Siento, tristemente, que eso pasó en este caso del Team Colombia: por un lado unos -la mayoría- no prestamos atención por estar en nuestro mundillo particular del fútbol, y por otro los que que cubren ciclismo o no se dieron cuenta de lo que estaba pasando, o simple y vulgarmente no quisieron ver. Espero de verdad que sea lo primero.

Anexo:

Gastos del Team Colombia; nótese los 20.7 millones para “Agencia de Prensa”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14

oct

2015

La ausencia de Yepes, o cómo manejar veinteañeros millonarios

El 4 de julio de 2014, en medio de la simpatía de un país y de la “colombianada” que nunca falta (y que en esa ocasión se llamó “Era gol de Yepes”), Mario Alberto jugó su último partido con la Selección Colombia, el más importante en nuestra historia, además, pues fue en cuartos de final de un Mundial, lo más lejos que hemos llegado en el torneo más importante del mundo. Hoy, después de una fallida Copa América y un arranque de eliminatoria a Rusia 2018 que dejó un doloroso 3-0 en Uruguay, no puede ser más evidente que la ausencia de Yepes es el primero de los problemas de una Selección que hoy nos tiene a todos con dolor de camiseta.

Claro, es fácil señalar a Pékerman y sus errores (Tabárez le dio un repaso táctico en Montevideo) e inevitable iniciar una lista de jugadores para crucificar y otra con los que hicieron falta, pero lo cierto es que lo visto en el Centenario deja claro que en esta Selección Colombia no hay un líder, alguien que le recuerde a los jugadores qué significa esa camiseta que están vistiendo, y ese era Yepes. Mario Alberto, Faryd Mondragón y Luis Amaranto Perea tuvieron un papel fundamental rumbo a Brasil 2014 al ser el puente generacional entre un técnico que se acerca a los 70 (y que para rematar es argentino, es decir, de otra cultura) y una camada brillante de veinteañeros colombianos amantes del reguetón, el choke y las redes sociales, que durante esa eliminatoria y su respectivo Mundial vivieron su consolidación profesional y pasaron de ser simples jugadores de fútbol a ídolos nacionales y estrellas de contratos multimillonarios.

No hay nada más difícil que manejar un camerino. Los egos, las envidias, los reclamos (callados o abiertos) de aquel que siente que merece jugar y no es tenido en cuenta, el “quién es quién”, los premios, los contratos publicitarios para unos sí y para otros no… La Selección Colombia enfrentó todo eso entre 2011 y 2014 y salió adelante gracias a la manija que le dio Yepes. ¿Que hay que negociar la repartición de premios por los éxitos que estamos teniendo? Yepes se encarga. ¿Que te crees mucho porque estás figurando en Europa? Yepes ya pasó por ahí, duró diez años en el primer nivel del Viejo Continente y algún consejo te dará. ¿Que vas a maltratar al novato recién llegado que actúa en el fútbol colombiano? Yepes te enseña lo que es el respeto. ¿Que la fama te complica la vida familiar pues llueven las mujeres? Yepes te cuenta cómo mantener una relación estable a pesar del fútbol. ¿Que tienes una oferta y no sabes cómo negociar? Yepes te recomienda cómo evitar a los empresarios ladrones.

Yepes. El Capitán. El líder. El tipo que era ídolo de toda esa generación que lo acompañó al Mundial cuando ellos apenas eran prejuveniles que soñaban con ser profesionales, el mismo al que todos respetaban sin importar lo millones que empezaron a ganar o la fama que tenían. La Colombia que llegó a Brasil 2014 tenía los goles de Falcao (incluso logró superar con creces su ausencia en el Mundial), el talento de James y Cuadrado, el corazón de Sánchez, la seguridad de Ospina, el hambre de gloria de un grupo de muy buenos jugadores que se sabía haciendo historia, pero Yepes era la piedra filosofal del proyecto Pékerman, era el encargado de que tanta fama, tanto dinero y tanta gloria no se le subiera a la cabeza al equipo. Y Yepes ya no está.

Claro, a los 39 años aún juega con San Lorenzo y está activo, pero tras el Mundial, ejerciendo una vez más su papel de líder para definir los premios de todo el equipo, no se le ha vuelto a convocar y el tema camerino empezó a complicarse.

De entrada tenemos el episodio en la Copa América en el que James, Zúñiga y Armero protagonizaron un encontrón. El tema nunca se hizo público, pero la solución de Pékerman fue apostarle a su estrella y, tras el fracaso en Chile, ninguno de los dos laterales volvió a ser convocado (su nivel, además, facilita la decisión del entrenador). Pero a eso sumémosle la falta de mando en el campo. Cuando las cosas se complicaron en la Copa no hubo quién ordenara, quien impulsara anímicamente, quién hiciera salir ese “algo más” que todo futbolista lleva. Falcao, el primer heredero de la banda que por años llevó Yepes, fue un entusiasta motivador (verlo abrazando a los que fallaron los penales contra Argentina lo demuestra) pero un capitán no puede ser sólo un buen tipo, tiene que ser el “mandacallar”, al que le pides consejo, al que le haces caso, el que te da seguridad como persona y como futbolista… y ahí toca preguntarse, ¿a quién le hacen caso hoy los jugadores de la Selección?

James ha sido capitán y su liderazgo está entronado en su talento y prestigio internacional, pero la estrella del equipo no es necesariamente su líder (pregúntenle a Messi, es más, al mismo Falcao), menos a esa edad. Ospina tiene influencia en el camerino pero no voz de mando y Guarín, un “patrón” nato que es capitán del Inter de Milán, en estos dos partidos nos quedó debiendo pues es evidente que nunca se ha sentido el capo de la Selección, y sin confianza no hay capitán. ¿Carlos Sánchez? Lo diré una y mil veces, cuando sea grande quiero ser como el hoy volante del Aston Villa, pero ser el hombre fuerte del equipo en la cancha no te convierte en el hombre fuerte fuera de ella. Eso se gana con experiencia, con años, con una palabra mágica llamada respeto.

Deportivamente Yepes es reemplazable: Jeison Murillo, por más que tuviera un partido flojo en Montevideo, es el llamado a ser el nuevo comandante de la defensa. Pero capitán no hay. Al menos hoy. Y aunque algunos veteranos periodistas a quienes respeto digan que les importa muy poquito quién sea el dueño de la banda en la Selección, no se trata sólo de una cinta en el brazo, se trata de manejar un camerino, de recordarle constantemente a un puñado de veinteañeros multimillonarios acosados por los contratos publicitarios, por las ofertas de clubes grandes, por el impacto mediático, que todo eso queda a un lado cuando se ponen la camiseta de la Selección Colombia pues se están poniendo la bandera del país.

No hay grandes equipos sin grandes líderes y el nuestro tiene un montón de magníficos jugadores, pero hoy no tiene capitán. Y sin capitán se hunde hasta el mejor barco.

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20

ago

2015

Así son las cuentas de los derechos de TV en el fútbol colombiano

Money, it’s a gas. 
grab that cash with both hands and make a stash. 
New car, caviar, four star daydream, 
think i’ll buy me a football team. 

(Money, single del álbum The dark side of the moon de Pink Floyd, 1973)

(Suena la caja registradora)

Un billón de pesos. La cifra quiere decir un millón de millones de pesos; como mil Balotos a la vez, más o menos 330 millones de dólares gracias a la devaluación actual. Eso le van a dejar al fútbol colombiano los derechos de televisión hasta el final del contrato actual en 2021. La cifra parece una chichipatada si se compara con los 7.000 millones de euros que acaba de recibir la Premier por los derechos de TV hasta 2019 (no seamos crueles y hagamos la conversión: no me caben los ceros… y sólo en tres años), pero para nuestro medio es un dineral impresionante… e impresionantemente mal repartido.

No hablemos sólo de que la cantidad de dinero que debería entrarle a los equipos tiene que ser mucho más alta (en total, del negocio sólo el 23% (ese billón de pesos) va para el fútbol y el resto se queda en producción y comisiones… sí, lindos apartamentos en Miami señor Correa), hablemos de la democracia del fútbol colombiano que hace que los equipos que prenden televisores reciban lo mismo que los equipos que no ve nadie.

Por estatutos de Dimayor, los clubes históricos del país y los que asciendan y se mantengan tres años consecutivos en primera división son considerados de “Categoría A” y entre ellos se reparte el 90% de ese billón de pesos. En total son 23 (Nacional, Junior, Medellín, Santa Fe, Millos, Cali, Bucaramanga, Pereira, América, Equidad, Unión Magdalena, Envigado, Aguilas Doradas, Quindío, Real Cartagena, Once Caldas, Pasto, Tuluá, Cúcuta, Chicó, Tolima, Huila y Patriotas), y desde 2016 se sumará Alianza Petrolera que completará tres temporadas en la A. Los demás son “Categoría B” y entre ellos se reparte el 10% restante.

Eso, por más que digan que no, que es mentira, que soy un embustero y blablablá, explica lo buen negocio que es estar en la B para muchos equipos que siguen recibiendo la misma plata que Nacional, Millonarios o Junior, pero pagando nóminas de segunda categoría como América o Unión.

(Suena la impresión de la factura)

Hagamos las cuentas. El 90% de un billón de pesos es $900.000 millones. Ahora dividamos la cifra entre 24 (aunque claro, pueden ser más de acá al 2021 y antes de Patriotas y Alianza eran 22, pero es para que nos hagamos una idea) y vamos a tener que cada equipo de “Categoría A” (aunque esté en la B) habrá recibido en 2021 más o menos $37.500 millones, si hacemos un promedio rebajando lo recibido hasta antes de que el FPC llegara a Claro, UNE, Movistar y ETB, podríamos hablar de $3.000 millones de pesos al año desde que se firmó el contrato.

La cifra es enorme, maravillosa, maná caído del cielo para equipos chicos como Chicó, cuya nómina al año no debe superar los mil quinientos millones de pesos, pero es insuficiente para clubes grandes como Millonarios, Nacional, Junior y Cali, que fueron precisamente los cuatro que exigieron más plata vía televisión en la Asamblea Extraordinaria de la Dimayor en la que se les informó la llegada de WIN, el canal que transmite el FPC, a los tres operadores de cable más grandes del país.

Es decir, para hacerme entender, Millonarios y Nacional, los dos equipos que más televisores prenden en Colombia según las cifras de rating de Ibope, reciben la misma plata que Envigado y Patriotas, lo que convierte al fútbol colombiano en una curiosa democracia en el mundo del fútbol. En ninguna liga seria los derechos de televisión se reparten democráticamente. No voy a hablar de España (en donde Barcelona y Real Madrid son los dueños de la gran tajada) o de la Premier (en donde se reparte según el rating y la posición en la tabla), ni siquiera de Francia (en donde hay una base para todos y luego cada equipo recibe según su figuración y rating), hablemos de Argentina.

En la renegociación del fútbol argentino con el gobierno que permitió que los partidos sean transmitidos por TV abierta, quedó estipulado que Boca y River reciben 6.7 millones de dólares al año ($20.100 millones), mientras que Racing, San Lorenzo, Independiente y Vélez reciben 5 millones de dólares ($15 mil millones), los otros 14 equipos que estaban en la A antes del invento de la liga de 30 se llevan 3.8 millones de dólares y los diez recién ascendidos 1.3 millones de dólares (3.900 millones de nuestros devaluados pesos).

Para que quede claro, el flamante campeón del fútbol colombiano, Deportivo Cali, recibe este año menos plata por derechos de televisión que el modesto Aldosivi de Mar del Plata.

Esto, por supuesto, tiene una explicación llamada rating. Según datos de señal abierta en Argentina, Boca tiene un promedio de rating de 15.8 puntos por partido, River tiene 12.8 e incluso un partido entre dos equipos chicos como Lanús y Rafaela marcó 8.1.  El contraste con Colombia ratifica nuestra falta de cultura futbolística: según datos de Ibope del domingo pasado, el Cali vs. Aguilas tuvo un rating de 1.9 y, si revisamos el histórico del 2015, la final del primer semestre entre Medellín y Cali marcó 10.6 en la ida y 10.8 en la vuelta, una cifra demencial para el promedio de rating del fútbol en televisión abierta, que no suele superar los 3 puntos y que, como ya lo mencioné, suele tener a Millonarios y Nacional rompiendo esa media. De ahí que sean los dos equipos a los que más se les transmiten partidos por TV abierta en Colombia… y que aún así reciben la misma plata de esos equipos a los que sólo les transmiten cuando juegan con ellos.

Ahora metamos el elemento llamado WIN.

(Suena una voz femenina algo mecánica que dice: “Usted tiene una tarjeta con chip…”)

La llegada de WIN a Claro, UNE, Movistar y ETB es lo mejor que le puede pasar al negocio del FPC, que estaba restringido a la señal de Directv y de otros operadores de cable y satélite menores, que no sumaban un millón de suscriptores en todo el país. Eso explica por qué, por ejemplo, WIN casi ni aparecía en las mediciones de televisión por cable o satelital desde su aparición, lo que hacía al fútbol colombiano algo lejano para la teleaudiencia. Ahora su marco de público crece a casi 6 millones de suscriptores, con lo que el FPC se verá más, facturará más y venderá más.

Porque de eso se trata el negocio: a más pantalla más clientes posibles, no sólo de hinchas que acompañarán desde sus hogares a su equipo y que por tanto pueden potenciar las compras de productos del club, sino de anunciantes que saben que entre más hinchas vean un partido de fútbol más penetración de su marca presente en vallas, comerciales o camisetas.

El fútbol es el negocio perfecto: sus clientes (los hinchas) se creen dueños de él, lo sostienen con su capital en boletas, camisetas, TV, etc., y son los únicos que no facturan. Como ya lo dije una vez, esquizofrenia pura. Tanta, que incluso un dirigente de club grande, que por rating debería estar reclamando mejores ingresos para su equipo que hace parte de los que de verdad hacen que se vendan los derechos de televisión, defendió la repartición equitativa de las ganancias por TV.

Pero claro, eso es política y sueños de ser el nuevo mandamás de la Dimayor y, por tanto, el más poderoso entre los verdaderos dueños de ese fútbol que muchos aún creen suyo. Mejor hablemos de eso otro día…

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ago

2015

Yo no me llamo Max Barrios

Últimamente la idea del fútbol y la esquizofrenia me da demasiadas vueltas en la cabeza. No se trata sólo de que haya equipos como Millonarios que son a la vez el Doctor Jekyll (en el caso azul, un equipo que ataca con ideas y velocidad con Candelo, Núñez y Rangel) y Mister Hyde (siguiendo con el ejemplo embajador, una defensa de terror que bien podría ser usada para asustar niños en la noche), o de esa extraña doble personalidad que tiene todo hincha (como ese que te escribe insultos callejeros y te amenaza apelando a la homofobia a más no poder vía Twitter porque criticaste a su club, y cuando revisas su cuenta descubres que es alguien educado, con un empleo, con argumentos políticos serios y hasta con buen gusto musical…); se trata básicamente de que el fútbol es esquizofrénico: es una enfermedad mental que altera nuestro comportamiento, nuestra personalidad y nuestra percepción de la realidad, tanto que incluso creemos que un negocio privado llamado “club” nos pertenece cuando en verdad somos nosotros los que lo mantenemos pagando por todo lo que tenga que ver con él, de boletas a camisetas, pasando por derechos de TV.

En fin, como decía antes, la idea de esa múltiple personalidad que genera el fútbol me está dando vueltas en la cabeza hace días hasta que de pronto apareció en mi pantalla de TV otra vez Max Barrios. Fue en el partido entre Liga de Loja y Santa Fe en el que el número 25 de los ecuatorianos, un duro defensa central que controló bien los ataques cardenales, fue mencionado por el equipo de narración de Fox Sports como Juan Carlos Espinoza Mercado, nombre con el que aparece en la ficha del Loja en la Conmebol. Pero no, él no es sólo Espinoza, él también es Max Barrios Prado.

En el 2013 la selección Sub-20 de Perú llegó al Sudamericano en el que Colombia saldría campeona con un equipo que buscaba dar el golpe y quedar entre los cuatro primeros. Sin embargo, tras ganar su grupo y clasificar al hexagonal final, la Federación Peruana de Fútbol tuvo que separar del plantel a su defensa central Max Barrios, pues tras el partido en que Perú enfrentó a Ecuador varios jugadores ecuatorianos denunciaron ante sus dirigentes que el tipo que jugaba con la 16 de los vecinos no sólo no era peruano, sino que ni siquiera se llamaba así y, además, que no tenía los 18 años que mostraba en su DNI ni a bate.

El escándalo fue absolutamente delicioso y llegó hasta el congreso de Perú: Max Barrios no existía, en realidad se llamaba Juan Carlos Espinoza Mercado, había nacido en 1987 y no en 1995 como decía su documento de identidad peruano, y era de Machala, que queda en Ecuador y no en cercanías de Lima.

Lo peor del cuento es que el otro protagonista era Angel ‘Maradona’ Barrios, un futbolista peruano de los 80 que se hizo famoso por imitar en todo al Diego, lo que lo llevó a jugar en Sporting Cristal sin mayor suceso. El imitador registró a Espinoza como su hijo y fue el responsable de que obtuviera la cédula de ciudadanía peruana gracias a registros de nacimiento falsos. ¿Para qué hizo esto? Para que lo fichara Juan Aurich como prometedor joven de 17 años en 2012 (ojo, en verdad tenía 25) y así recibir su comisión.

Con la vil trampa descubierta, el supuesto papá terminó siendo detenido a comienzos de este año mientras su “hijo” Max Barrios huyó de Perú y se fue a jugar en la segunda división de Ecuador, de donde lo rescató Liga de Loja como refuerzo para esta temporada, en donde el impostor ya debutó en un torneo internacional jugando frente a Santa Fe la Sudamericana.

Lo increíble es que, más allá del caso por falsedad de documentos que tiene encima en Perú (lo que haría que lo detuvieran si es que Loja llegase a jugar en ese país), deportivamente hablando no ha pasado nada con Barrios/Espinoza. Es decir, su vulgar trampa no ha tenido ningún tipo de castigo por las autoridades del fútbol, por lo que el próximo jueves, a las 7 de la noche, tendremos a este prófugo en El Campín.

Creo que ese tipo de cosas son las más esquizofrénicas del fútbol: lo que es delito fuera de él pasa de largo cuando se acerca al mundo de la pelota. Si no, pregúntenle a Blatter…

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17

jun

2015

La ley y el orden… y el fútbol: una mirada al caso Vidal

“Espósame, pero te vas a cagar a todo Chile”, le dijo Arturo Vidal, ‘El Rey’, el crack de la selección anfitriona de esta Copa América 2015, al carabinero que lo detuvo tras el accidente de tránsito que causó la primera gran novela de este torneo.

Resumamos: Sampaoli les dio el día libre a sus jugadores tras el 3-3 con México, el volante de Juventus se fue en su Ferrari y se tomó unos tragos en un casino con su familia, y regresando a la concentración, pasado de tragos y de velocidad (no es buena combinación, ¡menos en un Ferrari!), se estrelló con otro vehículo. No hubo muertos, pero la esposa de Vidal sufrió contusiones “de mediana gravedad”, según el parte médico.

Según la ley chilena, Arturo Vidal tenía que ir a la cárcel, y efectivamente pasó la noche detenido; sin embargo, en la mañana, en la audiencia frente al juez, le dieron libertad condicional, le quitaron la licencia de conducción, le pusieron una multa y le dijeron que se tiene que reportar mensualmente en el consulado chileno en Milán.

Tras esto, que de por sí es arbitrario pues según consulté en el código de policía de Chile lo que hizo Vidal da entre 61 y 540 días de cárcel, vino el colofón: el técnico Sampaoli, en una rueda de prensa en la que dejó claro que perdona el error de su figura porque lo necesita para poder dar la pelea en la Copa América, cerró un nuevo episodio de cómo el fútbol está sobre la ley en nuestras tierras latinas.

De eso sí que sabemos en Colombia y el primer nombre que se viene a la mente, claro, es el de Jairo ‘El Tigre’ Castillo, que estuvo implicado en la muerte de dos jóvenes en 2001, “homicidio culposo” dijo el juez, dictando una condena en prisión de 36 meses que nunca se cumplió. Porque en esta parte del mundo el fútbol está por encima de la ley: Javier Flórez asesinó a tiros a un hincha del Junior en 2009 pero su tiempo en la cárcel fue mínimo, Freddy Rincón aparece en la lista de buscados de la Interpol y aún así firma autógrafos y da entrevistas en Cali y Bogotá, Eudalio Arriaga le disparó a una joven en Turbo y le dieron casa por cárcel…

La lista sigue y tal vez la única excepción en Colombia es René Higuita, quien sí tuvo que ir preso siete meses por intervenir en la liberación de un secuestro. Se le acusó de enriquecimiento ilícito.

Ahora, el problema no está en que las figuras públicas estén por encima de la ley. El tristemente famoso “usted no sabe quién soy yo”, que va de falsos sobrinos de expresidentes a jovencitas de escote generoso y camisa con botones firmes, nace precisamente porque en Colombia (y en Chile, y en general en Latinoamérica), hay un serio problema de institucionalidad: no respetamos a las instituciones y a quienes las representan. El análisis va más allá de los casos de tránsito: por tradición respetamos al líder, no a la ley, pues la ley ha sido violada tantas veces –mostrando la debilidad de las instituciones- que buscando legitimidad le apostamos al fuerte, al famoso, al “importante”. De ahí la corrupción y el abuso; es decir, si sabes que no te va a pasar nada porque puedes darle la vuelta a las leyes amparado en tu poder/fama/dinero/contactos, ¿para qué cumplirlas?

El caso es que los hinchas chilenos están felices con el perdón a Vidal, olvidando que seguramente si uno de ellos hubiese sido el del accidente a esta hora estaría detenido. Pero eso qué importa, el discurso continental es que el bien común es el fútbol, no el respeto a las instituciones, y gracias a su valor en lo primero el crack puede saltarse lo segundo. Piénselo de la siguiente forma: si James protagonizara un accidente así en Colombia, seguramente tampoco le pasaría nada judicialmente hablando.

La opereta de Vidal, además, terminó como tocaba. Entre lágrimas, tras ser perdonado por la justicia y por el técnico, el ídolo salió a disculparse con todos en una rueda de prensa en la que dijo estar muy avergonzado, demostrando que Latinoamérica no sólo es la tierra de la falta de peso de lo institucional, sino del melodrama. Varios aplaudieron.

Pero la novela sigue en la medida en que todos están pendientes de Vidal y su rendimiento: si Chile fracasa, será su culpa y la de Sampaoli por no haber sacado del equipo a un díscolo. Es más, como bien lo señaló un colega chileno: ¿con qué criterio le dice el técnico algo ahora a cualquiera que se salte la disciplina de la selección?

Ya suficiente presión tenía Chile para ganar su primera Copa América… ahora, si la gana, el mensaje será aún más extraño: saltarse la ley y el orden vale siempre y cuando seas exitoso.

Sí, éticamente delicioso.

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