20

ago

2015

Así son las cuentas de los derechos de TV en el fútbol colombiano

Money, it’s a gas. 
grab that cash with both hands and make a stash. 
New car, caviar, four star daydream, 
think i’ll buy me a football team. 

(Money, single del álbum The dark side of the moon de Pink Floyd, 1973)

(Suena la caja registradora)

Un billón de pesos. La cifra quiere decir un millón de millones de pesos; como mil Balotos a la vez, más o menos 330 millones de dólares gracias a la devaluación actual. Eso le van a dejar al fútbol colombiano los derechos de televisión hasta el final del contrato actual en 2021. La cifra parece una chichipatada si se compara con los 7.000 millones de euros que acaba de recibir la Premier por los derechos de TV hasta 2019 (no seamos crueles y hagamos la conversión: no me caben los ceros… y sólo en tres años), pero para nuestro medio es un dineral impresionante… e impresionantemente mal repartido.

No hablemos sólo de que la cantidad de dinero que debería entrarle a los equipos tiene que ser mucho más alta (en total, del negocio sólo el 23% (ese billón de pesos) va para el fútbol y el resto se queda en producción y comisiones… sí, lindos apartamentos en Miami señor Correa), hablemos de la democracia del fútbol colombiano que hace que los equipos que prenden televisores reciban lo mismo que los equipos que no ve nadie.

Por estatutos de Dimayor, los clubes históricos del país y los que asciendan y se mantengan tres años consecutivos en primera división son considerados de “Categoría A” y entre ellos se reparte el 90% de ese billón de pesos. En total son 23 (Nacional, Junior, Medellín, Santa Fe, Millos, Cali, Bucaramanga, Pereira, América, Equidad, Unión Magdalena, Envigado, Aguilas Doradas, Quindío, Real Cartagena, Once Caldas, Pasto, Tuluá, Cúcuta, Chicó, Tolima, Huila y Patriotas), y desde 2016 se sumará Alianza Petrolera que completará tres temporadas en la A. Los demás son “Categoría B” y entre ellos se reparte el 10% restante.

Eso, por más que digan que no, que es mentira, que soy un embustero y blablablá, explica lo buen negocio que es estar en la B para muchos equipos que siguen recibiendo la misma plata que Nacional, Millonarios o Junior, pero pagando nóminas de segunda categoría como América o Unión.

(Suena la impresión de la factura)

Hagamos las cuentas. El 90% de un billón de pesos es $900.000 millones. Ahora dividamos la cifra entre 24 (aunque claro, pueden ser más de acá al 2021 y antes de Patriotas y Alianza eran 22, pero es para que nos hagamos una idea) y vamos a tener que cada equipo de “Categoría A” (aunque esté en la B) habrá recibido en 2021 más o menos $37.500 millones, si hacemos un promedio rebajando lo recibido hasta antes de que el FPC llegara a Claro, UNE, Movistar y ETB, podríamos hablar de $3.000 millones de pesos al año desde que se firmó el contrato.

La cifra es enorme, maravillosa, maná caído del cielo para equipos chicos como Chicó, cuya nómina al año no debe superar los mil quinientos millones de pesos, pero es insuficiente para clubes grandes como Millonarios, Nacional, Junior y Cali, que fueron precisamente los cuatro que exigieron más plata vía televisión en la Asamblea Extraordinaria de la Dimayor en la que se les informó la llegada de WIN, el canal que transmite el FPC, a los tres operadores de cable más grandes del país.

Es decir, para hacerme entender, Millonarios y Nacional, los dos equipos que más televisores prenden en Colombia según las cifras de rating de Ibope, reciben la misma plata que Envigado y Patriotas, lo que convierte al fútbol colombiano en una curiosa democracia en el mundo del fútbol. En ninguna liga seria los derechos de televisión se reparten democráticamente. No voy a hablar de España (en donde Barcelona y Real Madrid son los dueños de la gran tajada) o de la Premier (en donde se reparte según el rating y la posición en la tabla), ni siquiera de Francia (en donde hay una base para todos y luego cada equipo recibe según su figuración y rating), hablemos de Argentina.

En la renegociación del fútbol argentino con el gobierno que permitió que los partidos sean transmitidos por TV abierta, quedó estipulado que Boca y River reciben 6.7 millones de dólares al año ($20.100 millones), mientras que Racing, San Lorenzo, Independiente y Vélez reciben 5 millones de dólares ($15 mil millones), los otros 14 equipos que estaban en la A antes del invento de la liga de 30 se llevan 3.8 millones de dólares y los diez recién ascendidos 1.3 millones de dólares (3.900 millones de nuestros devaluados pesos).

Para que quede claro, el flamante campeón del fútbol colombiano, Deportivo Cali, recibe este año menos plata por derechos de televisión que el modesto Aldosivi de Mar del Plata.

Esto, por supuesto, tiene una explicación llamada rating. Según datos de señal abierta en Argentina, Boca tiene un promedio de rating de 15.8 puntos por partido, River tiene 12.8 e incluso un partido entre dos equipos chicos como Lanús y Rafaela marcó 8.1.  El contraste con Colombia ratifica nuestra falta de cultura futbolística: según datos de Ibope del domingo pasado, el Cali vs. Aguilas tuvo un rating de 1.9 y, si revisamos el histórico del 2015, la final del primer semestre entre Medellín y Cali marcó 10.6 en la ida y 10.8 en la vuelta, una cifra demencial para el promedio de rating del fútbol en televisión abierta, que no suele superar los 3 puntos y que, como ya lo mencioné, suele tener a Millonarios y Nacional rompiendo esa media. De ahí que sean los dos equipos a los que más se les transmiten partidos por TV abierta en Colombia… y que aún así reciben la misma plata de esos equipos a los que sólo les transmiten cuando juegan con ellos.

Ahora metamos el elemento llamado WIN.

(Suena una voz femenina algo mecánica que dice: “Usted tiene una tarjeta con chip…”)

La llegada de WIN a Claro, UNE, Movistar y ETB es lo mejor que le puede pasar al negocio del FPC, que estaba restringido a la señal de Directv y de otros operadores de cable y satélite menores, que no sumaban un millón de suscriptores en todo el país. Eso explica por qué, por ejemplo, WIN casi ni aparecía en las mediciones de televisión por cable o satelital desde su aparición, lo que hacía al fútbol colombiano algo lejano para la teleaudiencia. Ahora su marco de público crece a casi 6 millones de suscriptores, con lo que el FPC se verá más, facturará más y venderá más.

Porque de eso se trata el negocio: a más pantalla más clientes posibles, no sólo de hinchas que acompañarán desde sus hogares a su equipo y que por tanto pueden potenciar las compras de productos del club, sino de anunciantes que saben que entre más hinchas vean un partido de fútbol más penetración de su marca presente en vallas, comerciales o camisetas.

El fútbol es el negocio perfecto: sus clientes (los hinchas) se creen dueños de él, lo sostienen con su capital en boletas, camisetas, TV, etc., y son los únicos que no facturan. Como ya lo dije una vez, esquizofrenia pura. Tanta, que incluso un dirigente de club grande, que por rating debería estar reclamando mejores ingresos para su equipo que hace parte de los que de verdad hacen que se vendan los derechos de televisión, defendió la repartición equitativa de las ganancias por TV.

Pero claro, eso es política y sueños de ser el nuevo mandamás de la Dimayor y, por tanto, el más poderoso entre los verdaderos dueños de ese fútbol que muchos aún creen suyo. Mejor hablemos de eso otro día…

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ago

2015

Yo no me llamo Max Barrios

Últimamente la idea del fútbol y la esquizofrenia me da demasiadas vueltas en la cabeza. No se trata sólo de que haya equipos como Millonarios que son a la vez el Doctor Jekyll (en el caso azul, un equipo que ataca con ideas y velocidad con Candelo, Núñez y Rangel) y Mister Hyde (siguiendo con el ejemplo embajador, una defensa de terror que bien podría ser usada para asustar niños en la noche), o de esa extraña doble personalidad que tiene todo hincha (como ese que te escribe insultos callejeros y te amenaza apelando a la homofobia a más no poder vía Twitter porque criticaste a su club, y cuando revisas su cuenta descubres que es alguien educado, con un empleo, con argumentos políticos serios y hasta con buen gusto musical…); se trata básicamente de que el fútbol es esquizofrénico: es una enfermedad mental que altera nuestro comportamiento, nuestra personalidad y nuestra percepción de la realidad, tanto que incluso creemos que un negocio privado llamado “club” nos pertenece cuando en verdad somos nosotros los que lo mantenemos pagando por todo lo que tenga que ver con él, de boletas a camisetas, pasando por derechos de TV.

En fin, como decía antes, la idea de esa múltiple personalidad que genera el fútbol me está dando vueltas en la cabeza hace días hasta que de pronto apareció en mi pantalla de TV otra vez Max Barrios. Fue en el partido entre Liga de Loja y Santa Fe en el que el número 25 de los ecuatorianos, un duro defensa central que controló bien los ataques cardenales, fue mencionado por el equipo de narración de Fox Sports como Juan Carlos Espinoza Mercado, nombre con el que aparece en la ficha del Loja en la Conmebol. Pero no, él no es sólo Espinoza, él también es Max Barrios Prado.

En el 2013 la selección Sub-20 de Perú llegó al Sudamericano en el que Colombia saldría campeona con un equipo que buscaba dar el golpe y quedar entre los cuatro primeros. Sin embargo, tras ganar su grupo y clasificar al hexagonal final, la Federación Peruana de Fútbol tuvo que separar del plantel a su defensa central Max Barrios, pues tras el partido en que Perú enfrentó a Ecuador varios jugadores ecuatorianos denunciaron ante sus dirigentes que el tipo que jugaba con la 16 de los vecinos no sólo no era peruano, sino que ni siquiera se llamaba así y, además, que no tenía los 18 años que mostraba en su DNI ni a bate.

El escándalo fue absolutamente delicioso y llegó hasta el congreso de Perú: Max Barrios no existía, en realidad se llamaba Juan Carlos Espinoza Mercado, había nacido en 1987 y no en 1995 como decía su documento de identidad peruano, y era de Machala, que queda en Ecuador y no en cercanías de Lima.

Lo peor del cuento es que el otro protagonista era Angel ‘Maradona’ Barrios, un futbolista peruano de los 80 que se hizo famoso por imitar en todo al Diego, lo que lo llevó a jugar en Sporting Cristal sin mayor suceso. El imitador registró a Espinoza como su hijo y fue el responsable de que obtuviera la cédula de ciudadanía peruana gracias a registros de nacimiento falsos. ¿Para qué hizo esto? Para que lo fichara Juan Aurich como prometedor joven de 17 años en 2012 (ojo, en verdad tenía 25) y así recibir su comisión.

Con la vil trampa descubierta, el supuesto papá terminó siendo detenido a comienzos de este año mientras su “hijo” Max Barrios huyó de Perú y se fue a jugar en la segunda división de Ecuador, de donde lo rescató Liga de Loja como refuerzo para esta temporada, en donde el impostor ya debutó en un torneo internacional jugando frente a Santa Fe la Sudamericana.

Lo increíble es que, más allá del caso por falsedad de documentos que tiene encima en Perú (lo que haría que lo detuvieran si es que Loja llegase a jugar en ese país), deportivamente hablando no ha pasado nada con Barrios/Espinoza. Es decir, su vulgar trampa no ha tenido ningún tipo de castigo por las autoridades del fútbol, por lo que el próximo jueves, a las 7 de la noche, tendremos a este prófugo en El Campín.

Creo que ese tipo de cosas son las más esquizofrénicas del fútbol: lo que es delito fuera de él pasa de largo cuando se acerca al mundo de la pelota. Si no, pregúntenle a Blatter…

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17

jun

2015

La ley y el orden… y el fútbol: una mirada al caso Vidal

“Espósame, pero te vas a cagar a todo Chile”, le dijo Arturo Vidal, ‘El Rey’, el crack de la selección anfitriona de esta Copa América 2015, al carabinero que lo detuvo tras el accidente de tránsito que causó la primera gran novela de este torneo.

Resumamos: Sampaoli les dio el día libre a sus jugadores tras el 3-3 con México, el volante de Juventus se fue en su Ferrari y se tomó unos tragos en un casino con su familia, y regresando a la concentración, pasado de tragos y de velocidad (no es buena combinación, ¡menos en un Ferrari!), se estrelló con otro vehículo. No hubo muertos, pero la esposa de Vidal sufrió contusiones “de mediana gravedad”, según el parte médico.

Según la ley chilena, Arturo Vidal tenía que ir a la cárcel, y efectivamente pasó la noche detenido; sin embargo, en la mañana, en la audiencia frente al juez, le dieron libertad condicional, le quitaron la licencia de conducción, le pusieron una multa y le dijeron que se tiene que reportar mensualmente en el consulado chileno en Milán.

Tras esto, que de por sí es arbitrario pues según consulté en el código de policía de Chile lo que hizo Vidal da entre 61 y 540 días de cárcel, vino el colofón: el técnico Sampaoli, en una rueda de prensa en la que dejó claro que perdona el error de su figura porque lo necesita para poder dar la pelea en la Copa América, cerró un nuevo episodio de cómo el fútbol está sobre la ley en nuestras tierras latinas.

De eso sí que sabemos en Colombia y el primer nombre que se viene a la mente, claro, es el de Jairo ‘El Tigre’ Castillo, que estuvo implicado en la muerte de dos jóvenes en 2001, “homicidio culposo” dijo el juez, dictando una condena en prisión de 36 meses que nunca se cumplió. Porque en esta parte del mundo el fútbol está por encima de la ley: Javier Flórez asesinó a tiros a un hincha del Junior en 2009 pero su tiempo en la cárcel fue mínimo, Freddy Rincón aparece en la lista de buscados de la Interpol y aún así firma autógrafos y da entrevistas en Cali y Bogotá, Eudalio Arriaga le disparó a una joven en Turbo y le dieron casa por cárcel…

La lista sigue y tal vez la única excepción en Colombia es René Higuita, quien sí tuvo que ir preso siete meses por intervenir en la liberación de un secuestro. Se le acusó de enriquecimiento ilícito.

Ahora, el problema no está en que las figuras públicas estén por encima de la ley. El tristemente famoso “usted no sabe quién soy yo”, que va de falsos sobrinos de expresidentes a jovencitas de escote generoso y camisa con botones firmes, nace precisamente porque en Colombia (y en Chile, y en general en Latinoamérica), hay un serio problema de institucionalidad: no respetamos a las instituciones y a quienes las representan. El análisis va más allá de los casos de tránsito: por tradición respetamos al líder, no a la ley, pues la ley ha sido violada tantas veces –mostrando la debilidad de las instituciones- que buscando legitimidad le apostamos al fuerte, al famoso, al “importante”. De ahí la corrupción y el abuso; es decir, si sabes que no te va a pasar nada porque puedes darle la vuelta a las leyes amparado en tu poder/fama/dinero/contactos, ¿para qué cumplirlas?

El caso es que los hinchas chilenos están felices con el perdón a Vidal, olvidando que seguramente si uno de ellos hubiese sido el del accidente a esta hora estaría detenido. Pero eso qué importa, el discurso continental es que el bien común es el fútbol, no el respeto a las instituciones, y gracias a su valor en lo primero el crack puede saltarse lo segundo. Piénselo de la siguiente forma: si James protagonizara un accidente así en Colombia, seguramente tampoco le pasaría nada judicialmente hablando.

La opereta de Vidal, además, terminó como tocaba. Entre lágrimas, tras ser perdonado por la justicia y por el técnico, el ídolo salió a disculparse con todos en una rueda de prensa en la que dijo estar muy avergonzado, demostrando que Latinoamérica no sólo es la tierra de la falta de peso de lo institucional, sino del melodrama. Varios aplaudieron.

Pero la novela sigue en la medida en que todos están pendientes de Vidal y su rendimiento: si Chile fracasa, será su culpa y la de Sampaoli por no haber sacado del equipo a un díscolo. Es más, como bien lo señaló un colega chileno: ¿con qué criterio le dice el técnico algo ahora a cualquiera que se salte la disciplina de la selección?

Ya suficiente presión tenía Chile para ganar su primera Copa América… ahora, si la gana, el mensaje será aún más extraño: saltarse la ley y el orden vale siempre y cuando seas exitoso.

Sí, éticamente delicioso.

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14

jun

2015

¿Qué le pasó a la Selección Colombia?

No, no sólo era el discurso de los hinchas que soñaban con un debut triunfal frente a Venezuela y que hasta este primer partido estaban, en su mayoría, hablando de pelear el título. Tampoco se trataba de la ilusión de medios patrioteros ni de anunciantes a los que los triunfos de la Selección Colombia les engordan los bolsillos. Tanto Pékerman como los jugadores hablaron en la antesala de esta Copa de mantener el prestigio obtenido en Brasil 2014 y de pelear el campeonato. Ellos hablaron de ganar, de levantar trofeos, de demostrar cosas. Por eso es inevitable preguntarse: ¿por qué ese debut frente a Venezuela?

No se trata sólo de la derrota, que de por sí duele y pesa, pues ahora hay que jugarse la vida con Brasil para tratar de llegar con opciones de clasificación frente a Perú, se trata del juego: ¿qué le pasó a la Selección Colombia que nos enamoró en la eliminatoria y el Mundial? ¿Qué pasó en este 2015 con el equipo ordenado y lleno de talento y enjundia que nos cautivó en 2012, 2013 y 2014?

Claro, los jugadores no son los mismos, y no hablo sólo de la renovación en la nómina: ya no están Yepes o Perea, no vinieron Aguilar y Guarín, pero, además, Falcao, Zúñiga, Armero, Zapata y Valencia no son lo que fueron.

Detesto decirlo, pues he admirado su fútbol desde que jugaba en Nacional, pero frente a Venezuela vi la versión más triste de Camilo Zúñiga en muchísimo tiempo. Las lesiones y la falta de ritmo le han pasado factura al que fue un lateral fantástico y que en el primer duelo de esta Copa América dejó todo qué desear.

Yo, Falcaísta como el que más (lo admiro, me parece un goleador tremendo, detesto lo que vivió en  el Manchester United), sentado en la tribuna del Teniente de Rancagua pude ver a pocos metros lo que tantos le criticaron al Tigre en Inglaterra: no es el mismo que vi en la Eliminatoria, no está fino, está ansioso, le cuesta demasiado hacer lo que en 2013 le salía como respirar. Como tampoco es el mismo Zapata, antes eterno suplente de Yepes cuando era titular en el Milan y hoy su reemplazo en la zaga cuando pocos partidos ha tenido desde enero; ni es el mismo Armero, recién contratado por Flamengo, ni es el mismo Valencia, antes 5 temible y ahora, tras varias lesiones, reinventado como volante por izquierda sin salida ni presión.

Y ahí van otras preguntas, ¿por qué si el discurso oficial es que se venía a Chile a pelear el título, en el primer partido pareció que el equipo fue planteado para reivindicar a los que no han tenido un buen año en sus clubes? ¿Por qué el primer tiempo pareció que el reputado equipo colombiano menospreció a un rival que hasta el más ignorante aficionado sabe que siempre ha sido complicado para la Selección (sí James, hablo de ti)? ¿Por qué queda la sensación de que Pékerman respetó de más a un camerino que no tuvo cómo responderle?

El miércoles, frente a Brasil, un equipo al que sólo le hemos ganado una vez en la historia (precisamente en la Copa de 1991, también en Chile), se esperan las respuestas.

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11

jun

2015

Bachelet y el “Efecto Copa América”

En Santiago sólo se habla de dos cosas por estos días: discusiones eternas sobre si Chile podrá por fin ganar su primera Copa América y apuestas sobre qué tan monumental será la chiflada a la presidenta Michelle Bachelet en la ceremonia inaugural del torneo.

Bachelet, en el poder de nuevo desde el año pasado tras haber sido mandataria entre 2006 y 2010, pasa por su peor momento debido a un escándalo de corrupción que bien parece el de la FIFA.

Resulta que en la antesala de la Copa se descubrió el tráfico de influencias de su hijo, Sebastián Dávalos,  en unas compras de tierras. Esto abrió la puerta para los escándalos: el ministro Jorge Insunza acaba de renunciar acusado de asesorar empresas mineras mientras era diputado y en todos los diarios, junto a las fotos de Alexis Sánchez, Arturo Vidal o Claudio Bravo, aparecen titulares señalando la financiación irregular de los partidos políticos.

Hay crisis y hay Copa América, una combinación peligrosa para una presidenta que sólo tiene el 25% de favorabilidad en las encuestas y que, a pesar de eso, anunció que va a estar en el Estadio Nacional para la ceremonia inaugural y el partido Chile-Ecuador.

La gran pregunta que todos se hacen es: ¿podrá la Copa esconder el escándalo? Mientras la selección de Chile gane, todo es posible. Pero Chile, como ya lo dije, nunca ha ganado una Copa América y en su último amistoso la hinchada chifló a un equipo al que, por cuenta de la política, le está cayendo más presión de la esperada.

A muchos en Santiago se les hace agua la boca la simple imagen de lo que pasará en la inauguración: un palco con Bachelet y los dirigentes del fútbol sudamericano señalados por el ‘FIFAgate’ (eso sí, Blatter no viene)… ¡Alisten el chiflido!

En Twitter: @PinoCalad

PD/ Lo bueno de la eliminación de la Sub20 en el Mundial es que ‘Piscis’ Restrepo no va a dirigir el equipo de Olímpicos… ¿será Lorenzo? Por ahí va la cosa

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23

abr

2015

Los libros de fútbol que me han gustado

Feria del Libro de Bogotá, un evento comercial, sí, pero maravilloso: la oportunidad de acercarse a autores, mundos, realidades; la posibilidad de participar en tertulias que van mucho más allá del ego de “yo escribí esto, tu aquello”; un evento para todos que cada vez le abre más las puertas a los futboleros. Porque hay que decirlo de frente: la Feria y, en general, la industria editorial colombiana descubrieron que a los colombianos nos gusta leer de fútbol.

Claro, hay un efecto comercial detrás: la serie de libros sobre la Selección Colombia, la clasificación al Mundial y las figuras que lo lograron que inundó el mercado desde el 2013, con biografías sobre Falcao y James (siempre me han parecido curiosas las biografías de alguien que tiene menos de 25 años y está vivo, y ahora hay tres, ¡tres!, sobre el 10, dos de ellas de argentinos que son unos magos para vendernos humo), y con grandes reportajes sobre cómo llegamos a Brasil 2014 (incluyendo la de Javier Hernández Bonnet, y la Gabriel Meluk, Mauricio Silva, José Orlando Ascencio y Federico Arango, que para mi son las dos más completas: Estos son los libros sobre James, Falcao y la Selección Colombia que encontrará en la Feria). Pero cuando se mira más allá de lo coyuntural queda lo trascendente y ahí, justo ahí es cuando uno como futbolero debe esculcar en los pabellones de la Feria.

Cada año recomiendo lecturas sobre fútbol que se pueden encontrar en la Feria Internacional del Libro de Bogotá pues creo firmemente que el fútbol es un cuento, un drama, una comedia y una épica perpetua, todo al mismo tiempo, y en este 2015 quiero contarles de la forma más humilde posible (pues no hay nada más ególatra que decirle a alguien más: mira, léete alguito) los libros sobre fútbol que más me han gustado:

Mis favoritos:

Fiebre en las gradas: se lo tiene que leer, no sólo porque Nick Hornby es un escritor tan creativo como gracioso (y está muy bien traducido), sino porque es la historia personal de un hincha del Arsenal al que la pasión por su equipo lo lleva a contar su vida según los diferentes momentos y partidos de los gunners. Debe ser uno de los mejores libros de fútbol que hay.

- Soccernomics: puede ser la mirada más interesante que se haya escrito sobre el fútbol como industria cultural. Simon Kuper y Stefan Szymanski hacen un análisis económico para explicar el éxito de determinados equipos y el fracaso de otros. Brillante.

- Juego sucio: fútbol y crimen organizado: Declan Hill puede romperle el corazón a más de un inocente que piensa que el fútbol es sólo bello. Se trata de una investigación periodística seria y muy profunda sobre cómo las mafias de todo el mundo usan y abusan del fútbol profesional. Por supuesto, Colombia tiene un buen lugar en estas páginas.

- Historias negras del fútbol argentino: otro señor periodista, Alejandro Fabbri, le cuenta cómo la política y los intereses económicos han manejado el tan famoso y tan pasional fútbol gaucho. Es una joya.

- El fútbol a sol y sombra: todos nos tenemos que leer más de una vez esta obra maestra de Eduardo Galeano. Cuando el romanticismo por el fútbol le falle (por ejemplo, después de leer a Declan Hill o a Fabbri), consúltelo.

- Guía políticamente incorrecta del fútbol: lo confieso: es el libro que soñé escribir, pero lo hicieron los periodistas brasileños  Jones Rossi y Leonardo Mendes y a ellos les quedó mucho mejor de lo que yo lo podría haber hecho. Historias breves sobre el origen del fútbol y sobre grandes mitos de este deporte, por supuesto centradas en Brasil, el balompié carioca y el paulista. Tal vez por eso aún pueda yo contar la versión colombiana… (suspiro)

- Bestiario del balón: los autores son amigos de la casa y por eso puede sonar a zalamería, pero este libro es una joya. Es más, si no tiene plata para comprarse este maravilloso anecdotario del lado B del campeonato colombiano, le recomiendo meterse al blog del que surgió el libro de Nicolás Samper, Federico Arango y Andés Garavito.

- Autogol: pasándonos a la ficción, recomiendo esta gran novela de Ricardo Silva que muestra el patetismo del ser colombiano con el trasfondo del asesinato de Andrés Escobar. Ficción tan cercana a la realidad que duele.

- Los amos del juego: el investigador Ignacio Gómez (subdirector de Noticias UNO y en mi concepto uno de los adalides de la libertad de prensa en este país) desenmascaró en los 80′s la oscura relación del fútbol y el narcotráfico. Es un libro rarísimo, no lo va a encontrar en la Feria, pero es básico para entender muchos cómos y porqués. Por supuesto, a Gómez le tocó utilizar un alias, el de José Ignacio Rodríguez, para cuidar su integridad tantas veces amenazada desde que hacía parte de la Unidad Investigativa de El Espectador.

- Puro fútbol: la recopilación de los cuentos futboleros del gran Roberto Fontanarrosa, hincha de Rosario Central y autor de “19 de diciembre de 1971″, para muchos el mejor relato sobre la pasión que genera la pelota. Si lo ve, cómprelo, sin dudar.

- Calcio: Juan Esteban Constaín hace un relato maravilloso indagando sobre los orígenes del fútbol en la Italia renacentista. Si le gustan las novelas históricas, esta puede ser una de las más originales que puede encontrar.

- Once cuentos de fútbol: un gigante de las letras como Camilo José Cela (el mismo de esa obra maestra que es La familia de Pascual Duarte) era un hincha furioso de la pelota, más si jugaban los equipos gallegos (Celta de Vigo o Depor La Coruña). Toda la épica, toda la tragedia, toda la humanidad del fútbol está en estas páginas. Es de las mejores cosas que se puede leer, y no me refiero sólo al fútbol.

Fútbol, una religión en busca de un dios: el genio único de Manuel Vázquez Montalbán se despacha con su análisis de la realidad del fútbol mundial a finales de los 90′s. Una mirada vital al deporte como cultura, industria, espectáculo y escenario político.

El nacimiento de una pasión: los amantes del fútbol argentino tiene que leerse este gran trabajo de Alejandro Fabbri en el que cuenta la verdadera historia detrás de los clubes de ese país. Es una rareza, pero es buenísimo.

- Fútbol y pasiones políticas: el maestro Santiago Segurola nos da un repaso de por qué el fútbol no es sólo un deporte en esta recopilación de artículos y ensayos de diferentes autores.

¡Gracias vieja!: la autobiografía de Alfredo Di Stéfano está tan bien narrada, es tan personal, nos toca tanto (sobre todo si usted es hincha de Millonarios), que merece ser leída.

Memorias del Mister Peregrino Fernández y otros relatos: Oswaldo Soriano es un grande de las letras suramericanas, pero especialmente es un monstruo a la hora de escribir de fútbol. Sus cuentos son una avalancha de personajes, situaciones y dramas que rayan en la tragicomedia. Es de lectura obligatoria, para mi.

- El 5-0: un periodista que respeto como Mauricio Silva, viejo compañero de tribuna y de tertulia, hizo una investigación puntual sobre lo que pasó antes y después de ese famoso partido de 1993 en Buenos Aires, del que parecía saberse todo. Pero no…

¿Cómo se robaron la copa?: David Yallop hace un reportaje extenso, crítico y durísimo en el que desenmascara la relación de la Fifa con el poder y en el que cuenta cómo Joao Havelange y su sucesor Sepp Blatter convirtieron al fútbol en la industria más poderosa del planeta. Es realmente bueno.

 

Para buscar en la Feria del Libro de Bogotá

- Fútbol en Colombia: para los que creen que las mujeres no saben de fútbol les tengo esta gran investigación de Carolina Jaramillo, quien nos ofrece una edición preciosa, con fotos espectaculares y buenos datos sobre la historia del fútbol colombiano. Para coleccionistas.

- 100 años del fútbol colombiano: debo admitir que tengo una gran debilidad por este libro, ya que admiro muchísimo a su autor Alberto Galvis, el hombre que más sabe de historia del deporte colombiano. El gran periodista santandererano hace una recopilación de un siglo de vida de nuestro balompié llena de datos brillantes. Galvis también es el autor de “Grandes hazañas deportivas de Colombia”, otra joya de referencia obligatoria para todos los que estamos metidos en esto.

- ABC del fútbol colombiano: si lo que quiere es el dato exacto y puntual, este libro tiene que estar en su biblioteca. El viejo Guillermo Ruiz, la mayor autoridad de estadísticas en Colombia, escribió con la colaboración de varios colegas, entre ellos su hijo, estos cuatro tomos que se constituyen en la gran enciclopedia del balón en Colombia. Lo mejor son los datos curiosos y el hecho de que existan reseñas hasta de los periodistas legendarios que han tratado el tema del fútbol.

- El día en que el fútbol murió: querido hincha del Junior, no deje de leer esta novela de Andrés Salcedo que retrata la Barranquilla de los 50 y la rivalidad entre los tiburones y el Sporting con el telón de fondo de la historia de Heleno da Freitas vestido de rojiblanco. Es una delicia de relato.

- Cuentos de fútbol: Federico Díaz Granados, poeta y terriblemente santafereño, selecciona siete maravillas de grandes autores hispanoamericanos como Rubem Fonseca, Roberto Fontanarrosa, Camilo José Cela y Mario Benedetti. Recomendado a más no poder.

- Nuestro fútbol: hablando de bichos raros, este casi que incunable de Hernán Peláez es tan difícil de conseguir, que si lo ve no dude en comprarlo. El famoso periodista del Pulso del fútbol lo escribió en 1976 y tanto sus fotos como sus textos son una delicia.

- El milagro del fútbol colombiano: también de Hernán Peláez, vale la pena tenerlo sólo para ver cómo la fiebre triunfalista de la Selección Colombia antes del Mundial de 1994 se le subió a la cabeza a todos, incluso al considerado mejor periodista deportivo del país. En esta joya don Hernán dice, sin pelos en la lengua, que la Tricolor tenía que ser al menos semifinalista de USA 94…

- Colombia Gol: de Pedernera a Maturana, grandes momentos del fútbol colombiano: tipos tan pilos como Andrés Dávila, Eduardo Arias, Gonzalo de Francisco y José Arteaga cuentan de la mejor manera (con la pasión del hincha) la historia de los grandes equipos colombianos, desde el Millonarios de los 50′s hasta la Selección de comienzos de los 90′s. Es otra perla rara de conseguir.

- Emoción, control e identidad: las barras de fútbol en Bogotá: rara vez la academia colombiana le para bolas al fútbol y esta es una de esas excepciones. Con un claro carácter antropológico y sociológico, María Teresa Salcedo y Omar Fabián Rivera exploran el mundo de las barras bravas en la capital de la República.

- Dios es redondo: pocas personas escriben tan sabroso como Juan Villoro. Esta recopilación de escritos es, simplemente, una maravilla. De la misma línea de “Balón Dividido”. Otro libro infaltable de Villoro (aunque ojo, en este no sólo habla de fútbol, también toca otros temas con gran propiedad) es “Los once de la tribu“.

- Cuentos de Fútbol I y II: si bien Jorge Valdano, ex jugador argentino, ex técnico y ahora conferencista escribió “Los cuadernos de Valdano“, “El miedo escénico y otras hierbas” y otros libros, estas compilaciones de cuentos son, para mi, de lo mejor que hay en el mercado. Lastimosamente conseguirlos es un reto porque viven agotados, pero buscarlos vale la pena siempre.

- 155 historias del fútbol mundial que debería saber: así se llama en su versión corta, pero en la larga se llama “365 historias del fútbol mundial que debería saber”. Como sea, Alfredo Relaño, el editor de AS y uno de los periodistas más importantes de España, nos llena de datos simpáticos, de anécdotas inolvidables y de historias que valen la pena, todas con la excusa de ser contadas en cada uno de los días del año.

- El fútbol de ayer y de hoy: Jorge Barraza, periodista de fama internacional y gran columnista, escribió este curioso ensayo en el que defiende que el fútbol que vemos hoy es el mejor posible. Es muy interesante, sobre todo para los nostálgicos que piensan que todo tiempo pasado es mejor.

- La vida es un balón redondo: lo compré sólo porque su autor, Vladimir Dimitrijevic, fue el fundador de la editorial L’Age d’Homme, y me encontré con una lectura deliciosa de un hombre culto que, como buen yugoslavo, ama el fútbol, vivió en su infancia para él y aún cree que con la pelota se puede arreglar cualquier día. Y yo estoy de acuerdo.

- Fútbol postnacional: el título es raro, pero el libro es interesantísimo. Ramón Llopis es el editor de una serie de ensayos sobre el papel del fútbol en el sistema mundo actual. Si está interesado en la relación de lo que es mucho más que un deporte con mercadeo, globalización, política, nacionalismos y otros temas actuales, búsquelo.

- Fútbol-espectáculo, Cultura y Sociedad: siguiendo la línea anterior, Samuel Martínez hace una recopilación de textos de notables intelectuales latinoamericanos (ojo, hay algunos en portugués) analizando el papel cultural y político del fútbol en sus respectivos países. Si bien hay un par de ensayos que caen en facilismos nacionalistas, hay muy buenos trabajos de análisis sociológico y cultural, especialmente en el tema de las barras bravas.

- 1001 anécdotas de Millonarios: Jorge Mario Neira, hincha azul hasta la médula, nos ofrece un catálogo de deliciosas historias breves que deberían ser obligatorias para los seguidores embajadores.

- Un siglo de pasión roja: querido hincha del DIM, búsquese esta belleza de libro que recopila en fotos, historias y personajes el centenario de la institución. Gran trabajo del colega Jaime Herrera.

- Volveremos, volveremos: tras finalizar una sequía de tres décadas con la estrella de 2012, los hinchas de Santa Fe recibieron otra grata sorpresa con este libro de Daniel Samper Ospina, hijo de un ícono cardenal como Daniel Samper Pizano e hincha foribundo del rojazo.

- La octava maravilla: haciendo una curiosa continuación -sin serlo- del anterior, este libro de Carlos Eduardo González no sólo cuenta cómo Santa Fe consiguió la octava estrella en 2014, sino que hace una breve historia del primer campeón y sus glorias.

- De Millonarios me enamoré: Mauricio Silva es muy azul, tan azul que tras la estrella 14 en 2012 publicó esta joyita junto a los también embajadores Diego Caldas y Andrés Felipe Valderrama.

- Pasión verdolaga: Ramón Pinilla hace este recuento de la historia de Atlético Nacional cargado de anécdotas y datos valiosos que todo hincha del verde antioqueño debería tener en casa.

- Fanático Escarlata: es una joya de diseño y pasión sobre lo que representa ser hincha del América de Cali. Publicado por la Universidad Javeriana de Cali, el profesor Carlos Andrés Carrillo hace un maravilloso trabajo de recopilación iconográfica. Recomendadísimo para los diseñadores y, obviamente, los hinchas del diablo.

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18

mar

2015

El fútbol me dejó

Carlos me miró algo preocupado, se puso de pie y me pasó ese cubo de cartón que he visto en su consultorio durante los dos años que llevo yendo a hacer terapia para controlar el estrés, para descargarme del trabajo, para hablar de mis angustias y problemas de crianza, y que nunca entendí muy bien para qué era hasta que él, mi “analista” -como dirían los argentinos-, me lo entregó para que yo tomara un pañuelo de papel y me limpiara las lágrimas.

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26

feb

2015

El primer campeón: breve homenaje a Santa Fe

Este 28 de febrero Independiente Santa Fe cumple años; 74 para ser más exactos pues fue fundado en 1941, en un momento de confusión política y transformaciones sociales que el país nunca había visto. Por eso hoy quiero contar la otra historia de ese primer campeón, porque a Santa Fe uno puede decirle de muchas formas (incluso insultándolo como hizo el supuesto editor de otro medio), pero lo único que no puede quitarle a ese equipo que hoy tiene ocho títulos, que para mi como hincha de Millos es fundamental en términos de rivalidad y de apuesta de que sí se puede vivir el fútbol en paz, a esos colores que tantas veces me han hecho celebrar a su costa y otras tantas me han humillado (sí, yo vi el 7-3), es que es el primer campeón del fútbol colombiano. Acá va la historia detrás de esa estrella:

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21

ene

2015

Lazaga, nuevo protagonista de Sobre héroes y ‘tumbis’

Marco Lazaga mide 1.80, estatura insuficiente para ser un voleibolista profesional, pero su manotazo frente a la red del Quindío, que definió el ascenso del Cúcuta al convertirse en gol sin que el flojísimo árbitro Ulises Arrieta dijera nada, mostró que tiene toda la vocación para ser también delantero de un equipo de voleibol. Eso y que es un tramposo más en un deporte de tramposos. Porque duele aceptarlo, pero si hay algo que le falta al fútbol es lo que románticamente llamamos “espíritu deportivo”.

En tenis ves que el jugador que le tira la pelota al cuerpo a su rival e inmediatamente ofrece disculpas y es censurado por todos, en rugby te puedes romper la crisma pero tras el partido los equipos se hacen pasillo y luego comparten un tercer tiempo para afianzar la camaradería, el escándalo del doping en el ciclismo dejó claro que ganar a cualquier precio no puede ser… pero en fútbol la trampa es el día a día.

No se trata sólo de Lazaga, Diego Armando Maradona hizo la mano más famosa de todos los tiempos para anotarle a Inglaterra en México 86, Thierry Henry manoteó el balón que terminó en el gol que dejó a Irlanda sin Mundial, Torsten Frings impidió con su extremidad superior izquierda el gol de EEUU que a lo mejor habría eliminado a Alemania en Japón/Corea 2002, Schnellinger hizo lo mismo en un robo descarado de Alemania a Uruguay en Inglaterra 66… y no pasó nada, así como nada va a pasar con Lazaga, el Cúcuta y el Quindío. Porque eso es el fútbol: el deporte de los vivos que viven de los bobos (rivales, árbitros, aficionados, periodistas).

Lo vemos seguido: cuando los futbolistas celebran goles que no son, cuando los delanteros hacen la ‘gran Piojo Acuña’ (léase: tirarse en plancha como si le hubiesen pegado un tiro en el área para que el árbitro pite penal), cuando al mejor jugador de un equipo sus rivales lo van moliendo a patadas sistemáticamente para ‘neutralizarlo’…

Lo más triste es que los hinchas lo permitimos. Bajo el lema de la ‘malicia indígena’ (¡qué imagen terrible la que tenemos de nuestros indígenas!) muchos aplauden a los piscineros, celebran a los matones que van directo a la rodilla del crack del rival, cantan los goles que no cruzaron totalmente la línea, gozan con las rojas injustas y las amarillas y penales inventados… En fin, el fútbol está justificando una forma de ver la vida en la que importa simplemente ganar, sin importar los medios y sin importar si se logra haciendo bien las cosas.

Claro, hay excepciones. Miroslav Klose, por ejemplo, desperdició adrede un penal inexistente que sancionaron a favor del Werder Bremen y en el 2012 hizo un gol con la mano para Lazio, pero luego le dijo al árbitro que lo anulara. Era el 0-1 y Napoli terminó ganando 3-0.

Pero de Lazaga a Klose hay mucho, y no sólo porque el alemán sea el máximo goleador en la historia de los Mundiales. Porque no sólo se trata del paraguayo, se trata básicamente del entorno. Si el delantero del Cúcuta hubiese hecho lo del atacante de Lazio, seguramente sus compañeros lo habrían recriminado, la hinchada lo habría puteado y más de un periodista lo habría tratado de pendejo porque así somos en Colombia: en la mayor herencia cultural del narcotráfico y el éxito fácil, el fin justifica los medios, no importa si por delante nos llevamos lo que sea. No importa si con una mano ganamos un partido.

No ve que el vivo vive del bobo…

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19

nov

2014

Ramón Hoyos Vallejo, el hombre que reemplazó al Dorado

La era del mito en el fútbol colombiano tiene pocos nombres colombianos y muchos llegados del sur. El Dorado, ese momento ubicado temporalmente entre 1949 y 1953, pero eterno en la memoria de todos los hinchas que nos llenamos de sueños imaginándonos a Di Stéfano y Pedernera con la camiseta de Millos, Pontoni con la de Santa Fe, el gran Heleno con la de Junior, Tito Draco con la del DIM, Vides Mosquera y Valeriano López con la del Cali, Villaverde y Barbieri con la del Cúcuta, Deambrossi con la del Bucaramanga… fue mágico, sin duda, pero prestado.

Si uno repasa las sensacionales nóminas de la época se encontrará con pocos referentes nacionales: ‘Cobo’ Zuluaga en Millonarios, ‘Caimán’ Sánchez en América, Cali y Junior, ‘Chonto’ Gaviria en Santa Fe, ‘Memuerde’ García en Junior, el mítico ‘Turrón’ Alvarez en Nacional… los verdaderos ídolos colombianos estaban en la acera del frente, en el otro deporte que desde que en 1951 nació la Vuelta a Colombia se robaba la atención de un país que no quería saber más de violencia política. Y entre todos los nombres del ciclismo había uno que generaba amores y odios pero nunca indiferencia, la primera superestrella de las bielas, el hombre que falleció esta madrugada en Medellín, cerca a su natal Marinilla, una leyenda llamada Ramón Hoyos Vallejo.

En 1953, cuando El Dorado dijo adiós al comenzar el éxodo de los cracks de otras nacionalidades, encabezados por Di Stéfano y su novela entre Barcelona y Real Madrid, Ramón Hoyos Vallejo comenzaba su leyenda ganando la primera de las cinco Vueltas a Colombia que quedaron a su nombre, récord que sólo superó en los 70 Rafael Antonio Niño. Sin embargo, ‘El Marinillo’ se convertiría en mito dos años después.

Ramón Hoyos Vallejo llegó a los Juegos Panamericanos de Ciudad de México como el mejor ciclista nacional. Sus títulos en las ediciones de 1953 y 1954 de la Vuelta a Colombia lo habían convertido en el mayor ídolo deportivo del país, y habían convertido al departamento de Antioquia en la tierra de los más grandes pedalistas de esos tiempos. Pero el problema es que en México estaban los mejores de todo el continente, comenzando por el extraordinario equipo anfitrión, comandado por Rafael Vacca.

Sin embargo, Colombia tenía lo suyo. Hoyos Vallejo no sólo tenía la experiencia local, sino que ya había tenido la oportunidad de conocer el trabajo de los grandes pedalistas europeos. Además, a ‘Don Ramón de Marinilla’ lo escudaban el cundinamarqués Benjamín Jiménez, soldado de profesión y legendario trepador de montañas, Justo ‘Pintado’ Londoño, su gran coequipero en la Vuelta a Colombia, y el mítico ‘Zipa’ Forero, el ciclista colombiano más famoso en el mundo por esos días.

Ellos cuatro, operando como una máquina perfectamente aceitada, destrozaron a los cuartetos de México, Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Guatemala, y lograron las dos primeras medallas de oro en la historia del ciclismo colombiano en unos Juegos Panamericanos.

Colombia, que en la primera edición de estas justas había logrado un solitario oro en atletismo con el gran Jaime Aparicio, alcanzaba gracias al ciclismo su mejor figuración deportiva internacional con los primeros lugares en el podio de Hoyos Vallejo y del cuarteto que él conformó. Además, Benítez obtuvo una más que meritoria presea de plata y en la pista Octavio Echeverri también logró el segundo lugar en los 1.000 metros contra el reloj.

Ese año, además, se disputó la más legendaria Vuelta a Colombia de todos los tiempos y Ramón Hoyos Vallejo, ‘El Campeonísimo’, logró una gesta que nadie ha logrado superar 55 años después: fue campeón del certamen ganando 12 de las 18 etapas disputadas, las seis primeras de forma consecutiva.

De nada valió la presencia del ex campeón Bayaert, ni el trabajo del ‘Zipa’, ni la notable actuación del equipo mexicano de Rafael Vacca; la superioridad de ‘Don Ramón de Marinilla’, como lo llamaba el locutor Carlos Arturo Rueda, era incontestable y no sólo por sus condiciones, sino por el respaldo de un equipo excepcional, la famosa ‘licuadora paisa’.

El técnico argentino Julio Arrastía Bricca formó un pelotón de escuderos que garantizaron el triunfo de Hoyos o, de no ser este posible, de un pedalista antioqueño. Eran ellos los que determinaban cuándo se atacaba o en qué momento se debía ir con calma, y el término de licuadora nació porque aquel que no cumplía con sus mandatos simplemente era ‘licuado’ del lote. Por eso mismo fue que entre los siete primeros de la general no había nadie que no hubiera nacido en ese departamento.

Hay una anécdota espectacular de esa Vuelta que muestra el impacto que tenía la presencia de Hoyos Vallejo en las carreteras del país: La etapa Pasto-Tulcán fue un infierno. La lluvia había deteriorado un camino de herradura y los ciclistas se resbalaban y caían por doquier. Sin embargo, al día siguiente, cuando la prueba regresaba de Tulcán por ese mismo camino, el pelotón que comandaba ‘El Marinillo’ se encontró con lo inesperado: la vía estaba perfecta. Apenas cruzó la meta el último ciclista de la etapa, el ingeniero jefe de la zona, Luis Palacios, convocó a todos los hombres de la región y en un tiempo récord lograron drenar la carretera, aplanarla y eliminar cualquier riesgo que esta tuviera para los pedalistas. La Vuelta a Colombia había obrado su primer milagro.

Hoyos lograría su cuarto título consecutivo un año después, y lo volvería a obtener en 1958. La corona del 57 fue para el español José Gómez del Moral, quien aprovechó el retiro de la armada antioqueña para dar el segundo golpe extranjero a nuestra gran prueba.

Ese 1958 fue el último episodio de ese mito nacido en Marinilla. El furor por el ciclismo en el país había dejado atrás al fútbol y los periódicos y las emisoras le dedicaban más páginas y tiempo a los pedalazos que a lo que sucedía en un campeonato de pelota en el que incluso los excampeones Nacional y Medellín se habían tenido que fundir en un mismo equipo, el Independiente Nacional, para poder participar ese año. Por eso cuando Angelo Fausto Coppi aterrizó en el Aeródromo de Techo el 18 de diciembre de 1957 Colombia entera se paralizó. A fin de cuentas, se trataba nada más y nada menos que del campeón mundial del 53, del dueño del récord de la hora por catorce años y del hombre que al pisar el Hotel Tequendama, en donde se alojó, contaba con dos títulos del Tour de Francia y cuatro del Giro de Italia. Era el mejor ciclista del mundo, el ‘Campionissimo’, y fue la primera superestrella de las bielas que llegó a nuestro territorio.

Coppi llamó tanto la atención, que incluso en el diario El Tiempo dieron como un hecho su participación en la Vuelta a Colombia de 1958, ya que varios empresarios estaban reuniendo el dinero para montarle un equipo y acabar así con la hegemonía antioqueña del multicampeón Ramón Hoyos Vallejo.

Esto, por supuesto, no se dio. Pero lo que sí se vivió en las carreteras del país fue el duelo particular entre Coppi y Vallejo en la tercera edición de la Clásica El Colombiano, organizada por el tradicional diario de ese nombre.

Varios patrocinadores respaldaron a Coppi, y su presencia atrajo a la más nutrida delegación de figuras extranjeras que hubiera visto Colombia. En la prueba doble entre Medellín y La Pintada estarían el italiano, sus paisanos Ettore Milano y Luigi Casolla, y el suizo Hugo Koblet, campeón del Tour en 1951 y tres veces campeón de la Vuelta de su país.

Sin embargo, a pesar del favoritismo y de la increíble experiencia de los europeos, el campeón fue Hoyos Vallejo. Koblet y Coppi impusieron condiciones, no se descolgaron en los ascensos y dieron cátedra sobre cómo descender, pero en el segundo y último día de la prueba, en pleno ascenso, el italiano no pudo aguantar el ritmo y ‘Don Ramón de Marinilla’ logró vencer al mejor ciclista del mundo con una ventaja escandalosa.

Hoy murió esa leyenda, el primer deportista capaz de eclipsar al fútbol en un país en el que a veces pareciera que no hay otro deporte. Por eso desde esta lejana esquina de internet lo único que puedo es darle las gracias por el mito, por la gloria, por el ciclismo, y asegurarle a la memoria de Ramón Hoyos Vallejo,  ‘Don Ramón de Marinilla’, que nunca será olvidado.

En Twitter: @PinoCalad

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