08

oct

2014

La presunción de inocencia de la Dimayor

Y finalmente el 2015 tendrá 20 equipos en primera división: los 18 clasificados para disputar la liga más los ganadores de dos cuadrangulares que enfrentarán a los ocho viejos conocidos de la A que hoy están en la B: América, Quindío, Cúcuta, Pereira, Tuluá, Unión Magdalena, Real Cartagena y Bucaramanga. Si alguno de ellos llega a ascender este semestre (los cuyabros son líderes, por ejemplo), el octavo pasajero será el mejor equipo de la reclasificación de este año

Sí, es una Dimayorada; un invento más de la dirigencia de nuestro fútbol, pero quiero jugar al abogado del diablo y analizar a profundidad lo que se nos viene.

Primero que todo, no es la primera vez que la Dimayor cambia las reglas a medio camino. En 2001 descendió Bucaramanga, pero intempestivamente Dimayor decidió que en 2002 jugarán 18 equipos, así que se inventó un triangular en Cartagena en el que jugaron los tres de la A que estarían ese año en la B: Unión Magdalena, Cúcuta y Bucaramanga.

Los samarios aprovecharon el regalo, le ganaron a los dos rivales y ascendieron sin ganar la B, y Bucaramanga, sin marcar un sólo gol pues venció en los penales al Cúcuta, evitó el descenso que se ganó tras pésimas campañas.

Vamos a ver cómo sale esto de los dos cuadrangulares de clubes de la A que no se han ganado el derecho de ascender, pero a quienes se lo están regalando. Porque eso es: un premio por tener hinchas, prender televisores y dar de qué hablar en una liga que fecha a fecha pierde más interés ante la masiva presencia de clubes sin taquilla y sin ráting.

No, no es una medida justa con lo deportivo, pero es un pedido a gritos del negocio. La triste moraleja es que de nada sirve que hagas bien las cosas como Equidad o Águilas Doradas: si un grande desciende y es incapaz de subir, el sistema se va a encargar de subirlo.

Pero hablemos del nuevo sistema: 20 equipos, un campeón semestral tras una fase de ida de todos contra todos y fecha de clásicos, liguilla final, dos descensos directos por promedio… No suena mal, pero se le apuesta de nuevo a la emoción de la liguilla, del ‘mata mata’, en vez de a la justicia de darle el título al mejor del semestre.

El descenso por promedio, sin embargo, ratifica el miedo de que se repita la historia del América; es decir, un grande puede tener un mal semestre, pero es muy raro que tenga tres años malos, así que se seguirá cuidando la integridad de los que mueven la taquilla.

Ahora bien, con 20 equipos se abre la posibilidad de que vuelvan dos viejos conocidos, pero a la vez, en un futuro muy cercano, es muy probable que volvamos a sufrir descensos dolorosos para el rating y ascensos que en nada le ayudan.

Lo que quiero decir es: ¿y si junto a la liga de 20 equipos se plantearan exigencias administrativas y deportivas para tener un campeonato con equipos serios, estructurados, con sede propia, con inferiores, con solvencia económica?

Estoy seguro, porque uno tiene que presumir siempre de la inocencia de los acusados, que la Dimayor hace esto para salvar una liga que se nos está muriendo, que la intención es buena, que los dirigentes quieren ver lo que todos esperamos: espectáculo, buenos partidos, fiesta, ¡nivel! Pero no dejo de preguntarme si no sería mejor tomarnos esto del FPC en serio y tener una liga de pocos equipos, pero bien organizados, capaces de subir el nivel, de llamar la atención, a una de 20 que sólo están ahí porque tienen hinchas.

En Twitter: @PinoCalad 

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25

ago

2014

Estamos dejando morir el fútbol profesional colombiano

Fortaleza vs. Uniautónoma en Techo. No voy a decir que fue malo. No quiero decir que fue malo. Sólo voy a decir que se escuchaban más los gritos de los visitantes al vecino Mundo Aventura. Fue un partido contra el descenso pero que suena a B… y eso, pues en la B uno tiene hoy en día a históricos como América, Unión, Bucaramanga, Pereira o Quindío, mientras en la A están hoy por hoy diez equipos que nacieron en la segunda división. Claro, algunos representan fuertes identidades locales como Pasto y Huila (especialmente Pasto, siempre rechazado por todos al ser la plaza que queda lejos y por tanto siempre perjudicado en cualquier decisión), otros se han ganado un lugar gracias a su trabajo como Envigado, Chicó y Equidad, pero otros llegaron a primera división sin hinchas y sin plaza.

Claro, una hinchada no se construye en una semana, pero es muy difícil ganarla cuando un día te llamas Itagüí Ditaires y al otro eres Águilas de Pereira. Lo mismo aplica para el campeón de 2008 que es un oxímoron en su nombre: Boyacá Chicó (y sin embargo ya tiene hinchada en Tunja), con Alianza Petrolera de Barrancabermeja que juega en Floridablanca (y ascendió jugando en Guarne), con Rionegro que juega en Bello…

No sé, me disculparán si divago, pero es que este fútbol profesional colombiano lo veo tan triste, tan apático, tan alejado  de los hinchas, que me preocupé. Lo estamos dejando morir, y no financieramente, a fin de cuentas ahí sigue existiendo plata y poder. Estamos dejando morir la pasión por el FPC y eso es el camino hacia el lado oscuro.

Por supuesto, lo primero que dirá un dirigente es que es la crisis natural que genera un Mundial, pues siempre “tras una Copa del Mundo los aficionados quedan saturados de fútbol y por eso no van a los estadios ni ven fútbol colombiano”. Por supuesto, es paja. Paja barata, además.

Tras el Mundial en Gol Caracol hemos transmitido partidos de clubes internacionales con un magnífico resultado de rating, y las cifras de tráfico que generan las actuaciones de los jugadores colombianos en el exterior no duplican, quintuplican (y a veces más) los números que deja cualquier cubrimiento sobre el fútbol profesional colombianos en Golcaracol.com.

Eso demuestra que la gente no está saturada de fútbol: al que le gusta el fútbol ama el fútbol, el buen fútbol. Y algo está pasando acá, porque la gente no solo se aleja de los estadios, sino que no ve el FPC: el rating de los partidos por RCN y el hecho de que WIN ni siquiera marque en Ibope (la empresa encargada de medir el consumo televisivo en Colombia) lo demuestran.

El ejemplo claro es el amistoso Manchester United vs. Real Madrid del sábado 2 de agosto transmitido en Caracol: marcó 4.6 en rating… ningún partido del FPC transmitido en las seis primeras fechas ha superado el 3.5.

Y ahí va el problema mayor: el bajo impacto del FPC nos está haciendo replantear los contenidos en los medios… tristemente hay que decirlo: no está vendiendo. Y esto de los medios, aunque en las universidades parece que les dijeran todo tipo de romanticismos pendejos a los estudiantes de Comunicación, es un negocio en el que debes vender.

¿Ven la dimensión del círculo vicioso? Como el FPC no vende, los medios poco lo cubren, y como poco lo cubren, vende menos… Lo peor, lo más cruel, es que hay una indiferencia generalizada, empezando por los dirigentes y continuando por nosotros los periodistas (mea culpa) que me tiene aterrado. Por eso voy a tratar de plantear ideas sueltas y puntuales sobre la situación y sus protagonistas:

- El hincha:

Tolima es el mejor equipo de esta Liga Postobón y, como ha pasado desde hace casi 30 años, cuando el maravilloso ‘Tolimita’ incluso llenaba en Bogotá, sus hinchas no lo acompañan. Es un problema endémico de Ibagué, en donde la gente se malacostumbró a no ir al Murillo Toro, un estadio decadente al que de verdad no dan ganas de ir. Pero el tema no es de estadio (aunque influye), sino de hinchada y la del Tolima no es precisamente la más fiel, así que vayamos a los ejemplos de “fidelidad”.

Nacional, Millonarios y América han sido los tres equipos más populares de Colombia en los últimos decenios. Tienen hinchadas grandes, organizadas, que acompañan en cualquier plaza… y aún así no están llenando. En el llamado “superclásico” entre verdes y azules, un partido que marcó época, una lucha que trascendió el fútbol y se planteó en lo regional con lamentables resultados, la asistencia oficial al Atanasio Girardot fue 21.428 espectadores. ¡Menos de la mitad del aforo para el partido con más estrellas de la primera división en Colombia!

La siempre fiel hinchada del verde no lo está acompañando, y eso que es el actual tricampeón. Pero lo mismo pasa con Millonarios, que en años recientes era el líder de taquillas en Colombia a pesar de tener la boletería más costosa del país: en este semestre 7.000 almas lo acompañaron frente a Envigado, Chicó y Pasto, y claro, alguien va a decir: “¡pero es que son rivales chicos!”. A ese alguien le recuerdo que por la segunda fecha del semestre pasado, frente a otro “chico” como Equidad, fueron 17.931 personas, y que luego más de 30.000 lo acompañaron frente a Nacional.

Pero no, este semestre ni los numerosos hinchas verdes ni los azules acompañan. Por el lado bogotano las excusas se encuentran fácil: un equipo sin refuerzos que dejó ir a su principal estrella (Dayro Moreno) y no la reemplazó con jugadores que vendan boletas. Y si algo enseñó don Alfonso Senior con el Millonarios grande de antaño es que el show necesita estrellas.

Lo extraño es que por el lado verde, el equipo con la mejor nómina del país, el que lleva tres estrellas al hilo, esa excusa no funciona. Claro, “los malos resultados” dirá otro, pero es que en su primer partido como local en este semestre, un clásico histórico frente al Cali, fueron 14.879 espectadores, una cifra miserable para un club que se precia de una hinchada gigante.

Ahí, justo ahí, alguien va a salir agitando los brazos como la esposa del reverendo Alegría de Los Simpsons cuando grita “¿alguien quiere pensar en los niños?”, y dirá que me estoy olvidando del factor de la violencia y las barras bravas, y sí, es cierto: los comportamientos salvajes de algunos integrantes de estas barras han alejado a mucha gente, sin duda, pero eso no explica cómo se puede caer tanto la audiencia de un semestre a otro. Es una razón del alejamiento de muchos, pero no la verdadera razón de la caída de taquillas y rating.

¿Será en serio que los hinchas colombianos no quieren más fútbol tras el Mundial? Insisto, no lo creo. La muestra está en los hinchas del América, que pacientemente han acompañado a su equipo en la B pero que esta temporada decidieron ponerle un tatequieto a lo que ellos ven como un circo.

Expliquemos esto que es bien interesante: el América se fue a la B y de inmediato recibió el respaldo de su hinchada, que lo convirtió en el club más taquillero del país a pesar de estar en segunda división. En 2012 denuncié el negocio que eso representaba y cómo se iban a aprovechar de eso (y sí, estoy cobrando), y tras perder inexplicablemente los ascensos de esa temporada y de 2013, este año los hinchas por fin se dieron cuenta de que tener al América en segunda le da visibilidad al antes invisible Torneo Postobón y que cada vez que el rojo visita a uno de sus modestos rivales es Navidad para el respectivo club, que cobra por boletas lo que se le da la gana.

Por eso Disturbio Rojo, una numerosa barra escarlata, decidió no ingresar al estadio de Techo en el partido frente a Bogotá. Fue hermoso ver una mancha de hinchas vestidos de rojo en las afueras del estadio cantando mientras en las tribunas no había casi nadie, así que vuelvo a preguntar: ¿los hinchas colombianos no quieren más fútbol tras el Mundial?

La respuesta es NO, sí quieren fútbol, aman el fútbol, pero se los estamos vendiendo mal. El mejor ejemplo es el Medellín y su excelente campaña para que lo acompañen al estadio: en un partido frente al Huila (otro “chico”) llevó 28.132 espectadores; ¡más que Nacional vs. Millonarios!

Los hinchas sí quieren ver e ir a fútbol,  pero no quieren este fútbol porque se mamaron (literalmente) de cómo lo están manejando.

- La organización

Antes de ser Itagüí Ditaires, el club se llamó Bajó Cauca y jugaba en Caucasia, una región primero asolada por la guerrilla y luego de clara influencia paramilitar bajo la égida de Carlos Mario Jiménez, alias ’Macaco’. Por esos años, los primeros de este siglo, el club de la B se dio el lujo de contratar a dos veteranos goleadores como Carlos Castro y Jhon Jairo Tréllez e incluso estuvo peleando el título de la B.

En 2008 (vea usted, justo el año que extraditaron a ‘Macaco’) el Bajo Cauca pasó a ser Itagüí Ditaires, una de las gratas revelaciones futbolísticas de las campañas recientes, y a pesar de haber hecho todo un trabajo de base para ganar hinchada y desarrollar inferiores en la ciudad del Valle del Aburrá, este semestre vuelve a cambiar de nombre y se llama Águilas de Pereira, pues jugará en esa ciudad bajo el permiso de Dimayor y el Deportivo Pereira, dueño de la plaza.

Ahora, el Pereira está en la B y en una situación financiera absolutamente insostenible. Desde que en 2006 se denunció que alias ‘Macaco’ estaba detrás del poder del club (mira tú, ¡qué casualidad!) el grande matecaña entró en una caída libre que lo llevó a la B y que mandó a sus dirigentes a la cárcel (el presidente Ramón Ríos fue vinculado con narcotráfico y paramilitarismo, ¡rarísimo!), y hoy está ad portas de desaparecer.

¿Se va a quedar Pereira, una ciudad futbolera, de gran hinchada, con uno de los mejores estadios del país, sin equipo de fútbol? No, Águilas, que ya juega con los colores matecañas en una muestra de ganas de ganarse a la afición hasta tierna, será el Pereira cuando el Pereira haya desaparecido.

Es así de simple, así de crudo, así de fácil, y con el visto bueno de la dirigencia. ¿Cómo se espera que tenga respaldo popular un fútbol profesional en el que sus dirigentes muestran tal importaculismo bajo la mirada bizca de la ley? Porque ojo, Coldeportes ha dejado hacer y deshacer en el fútbol colombiano: acá se violan las leyes laborales y no pasa nada, los castigos administrativos se cumplen en los recesos de campeonatos, los dineros oscuros entran y salen y no pasa nada… ¿Cómo va a pasar? Es decir, aunque no estén yendo los clubes tienen cientos de miles de hinchas, en algunos casos millones, y permitir que desaparezcan Millonarios (que llegó a tener deudas que en cualquier otra empresa habrían representado quiebra y desaparición) o América (que estaba bajo Ley Clinton y aún así seguía funcionando y ganando títulos) es algo que nunca se le permitiría al gobierno.

Es irónico, mientras la Federación Colombiana de Fútbol pasa por su mejor momento administrativo (y eso hay que reconocerlo, la parte gerencial que lleva años captando grandes socios y patrocinios por fin se encontró con el éxito deportivo de la mano del proyecto Pékerman), la Dimayor es un desmadre.

Y claro, cómo no va a ser un desmadre si en esa supuesta “democracia” mandan los chicos a los que sólo les importa que les paguen su porcentaje de derechos de televisión para armar equipos baratos con los cuales salir a no descender. Es una apuesta por la mediocridad respaldada en la millonada que pagaron RCN y DirecTV por los derechos exclusivos del FPC. Y si la media es la mediocridad, los grandes van a entrar en ella: ¿para qué grandes contrataciones si el jugoso cheque de los derechos de TV igual va a llegar seas primero o último?

Propuestas como las de Millonarios o América de manejar sus propios derechos de TV (como en cualquier liga importante) han sido recibidas como insultos en las asambleas de Dimayor por eso, porque perjudican a la masa de chicos, así que los grandes tienen que financiarse de otra forma para seguir siendo grandes, y eso ha llevado a que algunos hayan vuelto a caer en manos de otro tipo de delincuentes.

Ahora, muchos dirán que la gran responsable es la organización Ardila Lule que es dueña del aviso de la liga, de la transmisión y del club más poderoso de la misma. Claro, no se ve bien, no es cómodo el ‘monopolio’, pero sin el dinero del Grupo Postobón el FPC habría quebrado de verdad hace rato, así que hay que reconocerle que su inversión ha sido importante y, qué pena sonar mamón, el problema no es el patrocinador, es la organización, el sistema del fútbol colombiano.

En Alemania también hay un equipo más rico que todos los demás y que se sabe que siempre va a ganar a menos de que algo extraño pase, pero a pesar de la presencia todopoderosa y multimillonaria del Bayern Munich la Bundesliga es un campeonato en el que siempre hay estadios a reventar, en el que se potencian las divisiones inferiores (lo que se ve reflejado en la selección alemana y en el propio Bayern, el gran comprador de la liga) y en el que hay una estructura que convierte a la liga en un espectáculo capaz de cautivar audiencias a pesar de la existencia del Barcelona, el Real , la Premier, etc. Tanto así que ya tiene su propia audiencia internacional.

El problema acá es de estructura, y en eso tenemos todos que ver.

- Los medios:

Este es el punto más importante, para mi, del problema. Los clubes grandes venden periódicos, prenden televisores, dan clics… son los que mueven al fútbol como negocio y por eso la importancia estratégica de que América esté en la B o de que en las finales de la A estén Nacional, Junior, Millonarios, Santa Fe, Cali… Sin embargo, por sus propios fracasos administrativos y la permisividad de la Dimayor y Coldeportes, clubes de gran peso local en sus regiones se fueron a la B y, como ya lo dije, en la A estamos llenos de equipos sin historias y por tanto sin hinchas.

Por ejemplo, ¿cómo volver atractivo comercialmente un Boyacá Chicó vs. Equidad? No sé, es labor del departamento de mercadeo de Dimayor y del club local, pero lo que sí sé es que poner ese partido a la 1:45 pm no es la mejor forma de venderlo. Claro, lo dieron por TV en WIN (y no sé cuántos lo vieron porque repito: no marca en Ibope), pero al estadio de Tunja fueron 600 personas.

¿Cómo esperas que vaya gente al estadio si pones partidos a la hora del almuerzo familiar de los domingos, los viernes por la noche o los domingos a las 8 p.m cuando los colombianos culturalmente estamos acostumbrados a ya estar en familia?

Alguien debe salir a decir: “pero todos los partidos van por TV”, y sí, es cierto, en ese multimillonario negocio de los derechos se creó un buen canal cerrado llamado WIN, que tiene a grandes periodistas que admiro y respeto en su mayoría (varios amigos, además), pero que tiene el problema enorme de no tener penetración.

Esta es la parte en la que de DirecTv y WIN llaman a mi jefe para que me regañe o me eche (si lo han hecho de clubes, ¿por qué no de los que ponen plata?), pero es que es inevitable decirlo: el sistema de difusión de WIN no tiene la suficiente clientela como para que el FPC sea un producto televisivo popular.

Además, no se trata sólo de eso. Antes no teníamos transmisiones de TV de todos los partidos y el FPC era muchísimo más popular que ahora. Una razón que quiero plantear es que la exclusividad ha afectado la difusión. ¿Recuerdan cómo eran las secciones de deportes de los noticieros de los domingos en la noche? Estaban llenas de crónicas, de notas de color, de historias que acompañaban a los goles. Ahora sólo se pueden dar los goles, por derechos, y no todos (ejemplo: los goles del partido de los domingos a las 8 pm sólo se vienen a ver en los medios que no son dueños de derechos hasta el lunes al medio día). Como no se pueden meter cámaras a los estadios que no sean las de los dueños de los derechos, el color desapareció, y toca agarrarse a lo que pasa afuera del estadio, donde sí se puede grabar.

No nos digamos mentiras, mientras cada vez es más fácil ver y saber todo sobre el fútbol internacional (y acá el crecimiento de la penetración de canales internacionales por cable y el mayor acceso a los dispositivos móviles han sido definitivos), al mismo tiempo es más difícil y anacrónico enterarse de cualquier cosa del fútbol local. ¿Cómo no va a tener más hinchas colombianos el Barcelona que el Huila si es más fácil ver un partido de los catalanes que uno de los opitas, si en internet hay un bombardeo de información permanente al que accede sin problemas un joven de Neiva que seguramente no escucha radio ni lee el periódico local, que son en las únicas partes en donde le hablan del Atlético?

Porque eso es lo otro: la cultura futbolera necesita medios de difusión. En México no sólo hay dinero y clubes con grandes figuras (muchísimas de ellas colombianas), hay una estructura de medios sólidos que te hacen vivir el fútbol mexicano: múltiples emisoras especializadas (acá hay una), decenas de diarios deportivos (acá hay uno, es español y el 70% de la información es sobre liga española), programas de análisis y debate en todos los canales nacionales (acá tenemos La Telepolémica en Canal Uno y Cancheros en RCN) y medios digitales poderosos y de gran alcance (el portal de fútbol más grande de Colombia es Golcaracol.com y sigo en la lucha para que pueda compararse en tráfico y desarrollo de producto con un gigante como mediotiempo.com, por ejemplo).

Y claro, sumemos el nivel. Si usted es un joven colombiano que ve un partido del Bayern Munich frente al Borussia Dortmund en ESPN y luego compara todo, el fútbol, la producción y demás, con un Fortaleza vs. Uniautónoma, seguramente se va a quedar viendo la Bundesliga.

Y métale la falta de estrellas al paquete. Esto -ya lo dije- es un show, y en ese show se necesita brillo como el que viene con nombres como los de Messi, Cristiano, Balotelli, Pirlo, Bale… ¿dónde encuentra un colombiano un referente similar? Afortunadamente en las estrellas de la Selección. Por eso la tendencia marcada en este semestre es que la información de fútbol le da prelación a los colombianos en el exterior por encima al tema del FPC que incluso ya puede estar en un tercer nivel.

¿Qué estrella tiene el Junior para mostrar este semestre, por ejemplo? Ninguna que llame tanto la atención de las audiencias de la Costa como lo que pase con Teófilo Gutiérrez en River Plate o Carlos Bacca en Sevilla.

Perdón si me extendí, sé que lo hice, pero necesitaba sacar este miedo que tengo entre pecho y espalda con el FPC. Se nos está muriendo la pasión por él, estamos dejando entre todos que se muera y, sin pasión, el fútbol es sólo otro programa de TV.

Y en este caso uno que no da rating…

Discutámoslo en Twitter: @PinoCalad

 

 

 

 

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09

jul

2014

Los periodistas también lloran

La noticia era monumental: semifinal de una Copa del Mundo, las dos mayores potencias en la historia del fútbol frente a frente, un resultado abrumador, un reto periodístico enorme y, de pronto, el centro de medios quedó en silencio. Un periodista brasileño, con la camiseta de su selección, la misma que acababa de ser eliminada humillantemente de la Copa del Mundo, estalló en llanto.

Por supuesto, no fue el único. Un país gigante lloró por la peor humillación que ha sufrido en su casi siempre gloriosa historia futbolística.

El día había comenzado, claro, de otra manera. Brasil recibió con batucada su undécima semifinal. Claro, no tenía a Neymar, no tenía a Thiago Silva, pero 200 millones de brasileños pensaban en todo menos en ser eliminados por Alemania. A fin de cuentas, en el único duelo entre los dos en una Copa del Mundo, la canarinha había logrado su pentacampeonato mundial con un 2-0 en Japón y Corea 2002, y esta vez, con todo Belo Horizonte de su lado, con todo el Mundial de su parte, no había por qué pensar que iba a ser diferente.

No importaba la condición social, no importaba el lugar, Brasil era uno solo, un gigante de 200 millones de cabezas que iba por su hexacampeonato Mundial tras eliminar a Colombia en el partido de la polémica. Sin embargo, la alegría pronto se convirtió en tristeza y la tristeza en una sensación de estar viendo lo imposible.

No fue uno, ni fueron dos, fueron siete los goles de Alemania y los brasileños, entusiastas en un comienzo, fueron retirándose de los lugares en los que decidieron acompañar a su selección.

Era increíble: 5 goles en 30 minutos, algo nunca visto, algo que ni el más optimista de los alemanes habría pensado, algo para la historia, pues nunca se había dado en un partido de Copa del Mundo.

Pero la cifra fue peor. No sólo se trató de que Miroslav Klose le quitara el récord de goleador de los Mundiales a Ronaldo convirtiendo el segundo de la tarde; desde 1930, cuando Uruguay aplastó 6-1 a Yugoslavia y argentina hizo lo mismo con Estados Unidos, nunca una semifinal del torneo más importante de la FIFA había tenido tal paliza. Y esta fue la peor.

Los brasileños, por supuesto, pasaron de la frustración a la negación, y de ahí a la risa nerviosa de quien prefiere burlarse de la tragedia para no hacerle frente.

Fue 7-1. Una paliza histórica.  La peor en la historia del pentacampeón del mundo, cuya derrota más abultada había sido el 6-0 a manos de Uruguay en la Copa América de 1920 disputada en Chile. La más dolorosa desde el Maracanazo de 1950 frente a los celestes, que hoy parece un dulce de mora.

Brasil, la selección más poderosa de todos los tiempos, sufrió una goleada que nunca será olvidada ni por sus hinchas ni por el fútbol, ni por los periodistas que la vimos y presenciamos cómo un colega no la pudo resistir.

Todos los que hemos perdido sabemos qué se siente.

En Twitter: @PinoCalad

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07

jul

2014

La historia secreta de Di Stéfano en Colombia

Este 7 de julio de 2014 murió Alfredo Di Stéfano, el mejor jugador del mundo antes de que Pelé eclipsara al planeta, el responsable de que el Real Madrid se volviera la superpotencia internacional que es hoy en día y, antes de eso, el hombre que convirtió a Millonarios en el equipo más poderoso de un país en el que el fútbol estaba en pañales.

Di Stéfano llegó en 1949 a Colombia e hizo 96 goles en 111 partidos oficiales (Liga y Copa), aparte de los 51 con los que maravilló al planeta en 61 partidos de exhibición o amistosos. Fue campeón en 1949, 1951, 1952 y comenzó la campaña que llevaría a Millos al título de 1953 antes de irse a cambiar la historia del Real.

Un crack en la cancha, un tipo de duro temperamento fuera de ella, esta es la verdadera historia de su paso por nuestro país vestido de azul:

 

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01

jul

2014

La ‘febre amarela’ en Brasil

Una de las sensaciones de la Copa del Mundo ha sido Colombia. No se trata sólo del fútbol de James Rodríguez, de las ya convertidas en .gif y coreográficas celebraciones que conduce Pablo Armero, del emotivo récord de Faryd Mondragón que en medio de las lágrimas y de una ovación generalizada del estadio de Cuiabá se convirtió en el jugador de más edad en actuar en un Mundial con 43 años y tres días, se trata, por encima de todo, de su hinchada.

Periodistas de todo el mundo quedaron impactados cuando la mancha amarilla que se tomó el Mineirao para el Colombia-Grecia del 14 de junio siguió cantando el Himno Nacional a pesar de que los acordes de la ceremonia oficial habían terminado. A partir de ese día la prensa local e internacional ha estado pendiente de la llamada “febre amarela”, pues muchos están sorprendidos con la pasión de los colombianos, presentes masivamente en cada partido y en todos los Fan Fest.

Se estima que en Brasil viven cerca de 45.000 colombianos, la gran mayoría estudiantes, pero con los 60.000 que viajaron desde Colombia y otros rincones del mundo para acompañar a la Selección hay más de 100.000 compatriotas haciendo sentir local al equipo en cada ciudad, como bien lo dijeron los jugadores desde el primer partido.

No sólo se trata de haber sido prácticamente locales en Belo Horizonte, Brasilia, Cuiabá y, especialmente, en el mítico Maracaná de Río de Janeiro; se trata de calles pintadas de amarillo, azul y rojo a miles de kilómetros de casa, del Himno Nacional entonado a capela en diferentes esquinas de Brasil, de la unión de un pueblo que sueña…

El problema está en que entre esos 100.000, por supuesto, se colaron varios que aprovecharon el Mundial para mostrar esa otra cara de Colombia, la que no nos gusta aceptar. Las noticias fueron saliendo como en botica: 18 compatriotas arrestados en Belo Horizonte por atracar en modalidad de pandilla, dos más detenidos en Brasilia por robo, dos que terminaron en la cárcel al ser capturados vendiendo boletas falsas en Río de Janeiro, cuatro más siguieron esa suerte por estar vendiendo droga, otro se hizo famoso al quedar en YouTube robándole a un compatriota la boleta de entrada al duelo en Cuiabá… incluso en medio de la celebración que significó para todos los presentes el estar en Río de Janeiro en la primera clasificación de Colombia a unos cuartos de final en una Copa del Mundo, apareció la mancha y otra vez en YouTube quedaron registradas las trompadas entre unos tipos con la camiseta de la Selección y otros evidentemente uruguayos en pleno Fan Fest de la FIFA.

También se colaron otros que sí son malandros profesionales y con PhD en crimen. Los organismos de seguridad internacionales aprovechan los Mundiales para cazar delincuentes perseguidos en todo el mundo y, según fuentes de la Policía Nacional, que por supuesto también tiene a varios representantes suyos acá pendientes de esto y de la seguridad de los colombianos, a estas alturas ya cayeron tres capos centroamericanos y se espera que antes del viernes caiga uno de los herederos de la Oficina de Envigado, que se metió a Brasil desde Montevideo.

Sin embargo, estas manchas no logran ensuciar el brillo de la fiesta tricolor, y Colombia y sus hinchas se convirtieron en unos consentidos de la afición local, que celebró como si fuera propia la victoria sobre Uruguay. Claro, ahora el duelo es con ellos y es claro que el objetivo es hacernos sentir por primera vez visitantes en esta Copa del Mundo, pero como bien lo dijo uno de los miles de compatriotas que se tomaron la playa de Copacabana el sábado pasado no para irse a las manos contra los uruguayos sino para celebrar con el alma un hecho histórico: “si vamos a soñar, ¡deliremos!”.

Y acá seguimos delirando…

Noticias desde Brasil 2014 en Twitter: @PinoCalad

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17

jun

2014

Diario del Mundial: los miedos de Brasil

GOL! El rugido sacudió las calles de Sao Paulo y miles de camisetas verdeamarelhas se unieron en abrazos. Lo curioso del asunto es que la anotación no había sido de Neymar, Oscar o Fred, sino del poco conocido bosnio Vedad Ibisevic, pero no importaba, lo importante es que ese hombre vestido de azul le había convertido a Argentina, a la odiada rival.

Así es la cosa en Brasil. Todos quieren el ‘hexa’, todos sueñan con el título mundial a pesar de criticar a la selección, de cuestionar el esquema de Scolari, de señalar la mayoría que la Copa ha sido un despilfarro del gobierno, y por eso todos los brasileños están públicamente del lado de los rivales de sus mayores adversarios.

La derrota de Uruguay frente a Costa Rica, por ejemplo, se asumió como un triunfo canarinho. El hecho de que el equipo de Jorge Luis Pinto complicara el camino del fantasma del Maracaná fue motivo de júbilo popular y las portadas de los diarios registraron al otro día no la histórica victoria costarricense sino la patética actuación del que podría ser el rival brasileño en cuartos de final.

Eso por supuesto, por no hablar de la goleada sufrida por España a manos de Holanda. Si bien la naranja mecánica es una de las pocas selecciones que tiene un historial positivo frente a los brasileños en los mundiales (dos victorias frente a una derrota, con un empate, mientras que a ‘la roja’ le ha ganado tres de cinco juegos), los locales prefieren que el actual campeón del mundo se quede en el camino y el 5-1 abrió esa posibilidad.

Pero a pesar de la sombra del Maracaná, de la amenaza de España, de la potencia de Holanda, el enemigo popular tiene nombre en esta Copa del Mundo brasileña: Argentina.

“Messi necesitó tres Mundiales para alcanzar los goles de Neymar”, dice un hincha paulista con la cara pintada de amarillo y verde mientras mastica el mal sabor de boca que le causó el segundo gol de Argentina frente a Bosnia, anotado por el 10 argentino, el mismo que apenas había hecho un gol en las Copas del Mundo en la ya lejana Alemania 2006.

Todos hablan de una final frente a los gauchos y todos ponen por encima a su Neymar de ese crack al que él secundó sin mucho éxito la temporada pasada en el Barcelona . “El problema de Ney en el club está en que todos juegan para Messi, no para él”, señala Mayara, otra hincha brasileña la mañana siguiente de la victoria argentina. “Messi es crack, pero no en Argentina”, agrega.

Sin embargo, la bronca con Argentina parece pasar a un segundo plano tras el aplastante debut de Alemania frente a Portugal. El 4-0 fue celebrado por la nutrida colonia de germanobrasileños que, sin embargo, tienen claro que el campeón tiene que ser Brasil. “Alemania es fuerte, muy fuerte… ojalá no lo tengamos que encontrar”, dice al respecto Gustavo, hincha de Gremio, el equipo fundado por los alemanes hace 111 años en Porto Alegre. Gustavo lleva la camiseta alemana y bebe cerveza con los bávaros que viajaron hasta su país para estar en el Mundial. Todos lo abrazan tras su frase.

Brasil se juega varios Mundiales en su Mundial. Está el de la política, que no ha logrado eclipsar al fútbol, pero sobre todo está el del temor a volver a perder una Copa en casa. Un Maracanazo sólo puede pasar una vez…

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13

jun

2014

Diario del Mundial: Brasil 3, Croacia 1, Dilma 0

“¿Vocé árabe?”. Van cuatro veces en dos semanas que me preguntan lo mismo en las calles de Sao Paulo y ya estoy reflexionando sobre si quitarme la barba o no. Esta vez el escenario era un vagón del Metro, justo saliendo del Itaquerao en donde miles de brasileños iban ligeramente alicorados gracias a la venta de la cerveza socia de la FIFA en el estadio pero, sobre todo, gracias al sufrido triunfo sobre Croacia en la primera cita de esta Copa del Mundo.

Los ojos rojos y perdidos de mi interlocutora la denunciaban casi tanto como la colección de vasos de Brahma que llevaba en su mano (edición especial del Mundial, cada vaso es conmemorativo del partido en que se usó), pero sobre todo la denunciaba el decirme que quería hablar en inglés -aunque yo le dije que era de Colombia-, porque quería practicarlo con “un árabe”, y en el trayecto sólo me habló de política y de lo corrupto que era el PT (el partido de gobierno). En fin…

El balance del partido no fue bueno ni para ella, ni para los demás pasajeros de ese tren rumbo a Sé, pero todos decían lo mismo: “lo importante es que ganamos”. Y sí, fue un 3-1 con Neymar convertido en ídolo por su doblete, aunque la verdad creo que es a Julio César y a Oscar a los que deberían corearles el nombre, pues Croacia encerró a Brasil en el segundo tiempo y sólo las atajadas del primero permitieron que el segundo marcara el gol definitivo.

Eso sí, lo más curioso es que apenas Neymar anotó el penal (bueno, eso dijo Nishimura, quien descaradamente sacó a Brasil del problema de ir empatando en el primer partido de su Mundial, ese que le costó a los brasileños US$15.000 millones gracias a un derroche de corrupción nunca antes visto), todas las tribunas del Arena Corinthians se dieron vuelta para recordarle a Dilma Rousseff, presidenta del país, que se van a gozar esto pero que no le van a perdonar botar tanta plata.

“¡Hey, Dilma vai tomar no cú!”, gritó el estadio repetidas veces mientras los asistentes quedábamos atónitos. Esta es la hora en que no sé si la transmisión oficial de la FIFA mostró esto, pero apostaría a que no. Si no mostró el emotivo y anunciado saque inicial del parapléjico que pudo caminar gracias a un traje robótico, mucho menos se iba a meter en política, algo que de por sí evita la FIFA a toda costa.

Tanto así, que este es el primer Mundial en el que no hubo discurso de apertura. Sí, salieron esos árboles que caminaban y esas flores que bailaban, luego salió J Lo con la chusca de la Leite y el lobazo del Pitbull,y luego el fútbol. Por primera vez no hablaron un representante del gobierno del país anfitrión ni el presidente de la FIFA, pues tanto en un lado como en el otro querían evitar chiflidos y señalamientos por haber hecho el Mundial más caro de la historia, cuya inauguración se realizó en un estadio que todavía tenía partes en obra gris, aunque costó más de US$300 millones.

“¡Hey, Dilma vai tomar no cú!”, siguió gritando la gente mientras salía en un río de camisetas amarillas con algunas franjas de otros colores rumbo al Metro o el tren. La mayoría de ellos se enteraría hasta esta mañana, seguramente con el guayabo que dan los litros de cerveza, que mientras asistían con esperanzas al estadio, miles de sus compatriotas protagonizaban protestas contra el gobierno y la organización del Mundial, las cuales terminaron incluso con heridos.

El Metro paró en la estación Carrao, la misma que en mi trayecto de la mañana estaba llena de policías y en la que el tren de ida no se había detenido pues allí iba a comenzar la manifestación que terminó con embestida de la policía y dos colegas de CNN heridas. Sin embargo, a esa hora, las 8 pm, todo parecía en calma. Una calma chicha, dirían los familiares de mi abuela en Santander, pues a pesar de la fiesta del fútbol el malestar sigue ahí, las elecciones son el 5 de octubre y, como me lo dijo en un inglés chapucero una compañera de viaje de mi alicorada interlocutora, por supuesto también con varias cervezas encima y tras aclararme que ella no hablaba árabe, “si ganamos el triunfo es de los jugadores y del pueblo, no de Dilma ni del PT: ¡vai tomar no cú!!”.

Sí, tal vez deba hacer algo con la barba…

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11

jun

2014

Diario del Mundial: cuando hasta J Lo sirve para la ansiedad

Finalmente J Lo dijo que sí iba a cantar en la inauguración del Mundial y la noticia, si bien de última hora pues lo confirmó a horas de la ceremonia, y absolutamente insignificante para los que queremos ver fútbol y no nalgas, es uno de los temas del día en Sao Paulo, sede del evento y del partido entre Brasil y Croacia con el que comienza esto.

Porque sí, el Mundial se nos vino encima y la ansiedad empieza a pesar. No se trata sólo del regreso de la Selección Colombia, lo que de por sí ya es muchísimo, pues de 20 mundiales apenas hemos ido a cinco -lo que demuestra que haber llegado a Brasil 2014 es muy importante-, se trata del Mundial en sí.

Es decir, no sé ustedes, pero yo era de los que en mes de Copa del Mundo vivía en acuartelamiento general, sólo hablaba de eso, a veces no me bañaba hasta que terminara la jornada (lo que es señal de que no iba al colegio o a clase en la universidad) y en esa extraña versión de Japón y Corea no dormí, con lo que básicamente perdí como tres kilos y comencé una extraña tendencia noctámbula que sólo mi mujer me quitó hace un par de años.

Después de ese 2002 empecé a trabajar en esto y el Mundial se convirtió en el mes de mayor sadomasoquismo posible: un exceso de trabajo casi esclavista, ¡pero cómo lo disfrutas! Y ahora estoy acá, en Sao Paulo, cubriendo en persona mi primera Copa del Mundo, y cuando el reloj se acerca a esa maratón que arrancará con las nalgas de J Lo al ritmo de Pitbull en la canción oficial más mala que recuerdo de las Copas del Mundo, me pregunto en dónde está el Mundial. Dónde está mi Mundial.

Hace una semana hice esta pequeña crónica en video buscando el ambiente mundialista en la ciudad más grande de Brasil y, como se ve, no lo encontré. Hoy no ha cambiado mucho entre los brasileños, todo gracias a las sombras que envuelven a esta Copa y su organización, pero al menos hay muchísimos más turistas y con ellos llegan las camisetas multicolores y te sientes mejor. Pero Mundial, esa fiesta de alegría desbordantes y banderas en cada calle, no hay.

Lo dijo Maradona ayer en Río de Janeiro (que de por sí es muchísimo más alegre que Sao Paulo): “llevo dos días acá y no siento el Mundial”. Y él, que está en Mundiales desde 1978 como hincha, 1982, 86, 90 y 94 como jugador, 2010 como DT y el resto como foco de atención, algo debe saber.

Es decir, hablamos del Mundial, esa vaina que hace que uno sueñe con grandeza, que nos convierte a todos en expertos de fútbol, que vuelve a cada oficina un pequeño Las Vegas con jugosas apuestas, que potencia desde mayo la venta de televisores y de suscripciones a DirecTV, y yo, como hincha eterno, apostador constante y dueño de un TV de esos delgaditos en los que es físicamente imposible que se acuesta alguna de mis gatas, me imaginaba otra cosa.

Espero y apuesto a que con el fútbol esto cambiará, pero tengo miedo a los rumores que sacuden las redes brasileñas y los bajos sitios en donde los periodistas encontramos información: que las protestas contra la corrupción en la realización de esta Copa del Mundo y la cantidad absurda de dinero invertida se incrementarán con el primer partido. Incluso a pesar de que juega Brasil. Incluso a pesar de que J Lo dijo que sí.

Llegó el día de la verdad y debo decir que no me gusta mucho el escenario de fiesta contra justicia social; yo soy un iluso y quiero que ganen los dos. Ya les estaré contando…

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09

jun

2014

Diario del Mundial: la ciudad de la furia

Es difícil que Sao Paulo le quepa a uno en la cabeza. 20 millones de habitantes repartidos en una zona metropolitana que abarca 8.000 km², cientos de kilómetros de trancones, barrios muy elegantes y arribistas separados por una calle de sectores muy pobres… Esta ciudad, en la que llevo ya doce días es una capital de caos en donde un bus cuesta $3.000, los mismo que el metro, pero si vas a un sector periférico el pasaje puede subir a $7.200, (por no hablar de un taxi en el que una carrera que en Bogotá es de $5.000 acá vale seis veces más); en donde en cada esquina hay quioscos con miles de revistas, periódicos y libros que también te venden una gaseosa en lata a $4.000 o una cerveza a $5.000; en donde un almuerzo de los que en Colombia llamamos ‘corrientazo’, con sobredosis de frijol y arroz, no baja de los $11.000…

Ahí es cuando uno empieza a entender por qué en la semana en la que arranca el Mundial los principales diarios brasileños no tienen en sus portadas noticias sobre la preparación de su selección o hermosas fotos sobre el ambiente de fiesta que uno como futbolero asumiría que se debería estar viviendo, sino que, por el contrario, traen duras informaciones sobre paros, manifestaciones, protestas y peticiones del gobierno de Dilma Rousseff para que los brasileños se comporten “a la altura del reto”. En Brasil, donde el salario mínimo es el equivalente a $700.000 de Colombia, todo está carísimo y, además, las clases populares ven con esperpento cómo el gobierno ha despilfarrado US$15.000 millones en la realización del Mundial más caro de todos los tiempos.

“Corrupción” es la palabra de moda y la larga lista de funcionarios destituidos en los últimos cuatro años la justifican. Sudáfrica 2010 costó US$6.000 millones en un país en el que no había estadios para fútbol ni infraestructura, y por eso apenas Brasil anunció ese año que su cifra iba a ser de US$10.000 millones muchos se preguntaron por qué; a fin de cuentas, en el país pentacampeón del mundo había estadios de talla mundialista que sólo necesitarían una remodelación. Sin embargo, en una combinación de populismo y malos manejos administrativos la cifra ya pasó de largo por los US$15.000 millones y, vergonzosamente, en la semana en la que arranca la XX Copa del Mundo de la FIFA, aún no se ha terminado el estadio inaugural.

Me bajo del bus en la estación de Armenia listo para tomar el metro, pero la puerta está cerrada y sólo se ven carteles que dicen “Greve” (huelga). Desde la semana pasada los trabajadores del más eficiente e importante medio de transporte de Sao Paulo reactivaron una huelga de vieja data y hoy sólo funciona el sistema a un 50%. Quieren un aumento en sus salarios basado en en incremento del costo de vida, pero como me lo dijo un operario: “Si hay plata para robarse con el Mundial, hay plata para subir sueldos”.

El gobierno ofrece 8,7%, ellos quieren 12,2%, y con la inauguración del Mundial encima saben que tienen la sartén por el mango pues, como ya lo han demostrado en estos seis días, pueden paralizar a una ciudad que necesita de su Metro. Tanto así que la forma más fácil de llegar al Arena Corinthians, el estadio inaugural y aún en obra de esta Copa del Mundo, es en uno de sus vagones.

El también llamado ‘Itaquerao’ por el sector en el que está construido, ubicado casi al extremo oriente de la ciudad, lo que lo hace muy lejos de casi todo, es también señalado como una fuente de despilfarro. Hagamos cuentas: Sao Paulo tiene al Morumbí, un templo del fútbol mundial que pertenece al Sao Paulo FC, al Allianz Parque (o nuevo Palestra Italia, recién inaugurado, gigante, hermoso, del Palmeiras) y al Pacaembú (este sí Municipal, viejo, pero una joya arquitectónica), todos con capacidad para más de 40.000 espectadores y, al menos los dos primeros, sin necesidades de mayores refacciones. Pero la organización propuso hacer un nuevo estadio para el Mundial y, en vez de gastarse un par de millones en la remodelación de lo que ya estaba, invirtió US$430 millones. Por cierto, a la hora que escribo esto, el escenario sigue en obras.

Ahora bien, es indiscutible que esa inversión tendrá réditos a futuro pues es el nuevo estadio del Corinthians, uno de los equipos más populares del país, así que será una obra con vida; no como el Mané Garrincha de Brasilia. El fabuloso y monumental estadio de la capital brasileña costó US$900 millones, lo que lo convierte en el segundo más caro de toda la historia tras Wembley, con la sutil diferencia de que el de Londres es la casa de la selección inglesa, de las semifinales y finales de la mítica Copa FA, de la “Supercopa” de Inglaterra (Community Shield) y de la Copa de la Liga, mientras en Brasilia juegan el “temible” Brasiliense de Taguatinga y el no menos “legendario” Gama. Si no le suenan familiares, no hay lío, el primero está en la D y el segundo en la B, y ninguno lleva más de mil espectadores a su cancha, lo que va a hacer que el Mané Garrincha se vea particularmente triste con sus 72.000 sillas prácticamente vacías.

Pero la molestia de los brasileños no se trata sólo de obras innecesarias y de sobrecostos en ellas (¿se acuerdan de las sillas del Mundial de Colombia 2011 que en una ciudad costaban tres veces lo que en otra? Acá es peor), hay un fuerte movimiento que reclama porque el Mundial afectó a sus integrantes directamente. Se trata de los “Sin techo”, miles de brasileños, la gran mayoría pobres, que fueron desplazados por el propio gobierno que los sacó de sus casas para construir en esas zonas obras de infraestructura para el Mundial. Ellos, vestidos de rojo, arman protestas monumentales como la del jueves pasado que paralizó a Sao Paulo pues llegó hasta el Itaquerao, y ya amenazaron con boicotear la inauguración de la Copa este 12 si no les responden por viviendas dignas.

Lamentablemente, la policía militar brasileña no ha respondido a la altura ante las protestas y, recordando sus días de dictadura y Operación Cóndor, se ha sobrepasado en muchísimos casos mostrando una brutalidad que llevó a que Amnistía Internacional se pronunciara (recomiendo ver este video). Las calles están llenas de grafitis contra la PM y la Copa, y en redes sociales hay una invitación a una movilización general este 12 en todas las ciudades antes y durante la inauguración del torneo y el partido frente a Croacia. El discurso es claro: Brasil es el país del fútbol, pero el Mundial no es para el pueblo. Y como no lo tienen en cuenta, el pueblo se tomará las calles.

Mi abuela llamó a mi mujer preocupada porque las noticias de disturbios ya llegaron a Colombia. No me lo dice, pero sé que ella, mi esposa, también está preocupada. Hay un Mundial, el de las marcas, el del deporte como espectáculo, el que nos gusta a los hinchas con su álbum, los partidos por TV, la sobredosis de información futbolera, las camisetas… pero en Brasil hay otro Mundial, el de las protestas, el de los paros, el de la gente gritando que el fútbol no lo puede ocultar todo, el que está logrando lo que tal vez nunca había pasado: que durante una Copa del Mundo se hable de algo diferente al show de la pelota.

Por supuesto, ese segundo Mundial tiene su primer partido definitivo el 12 de junio, con la inauguración de la Copa. Ese día veremos si la marea de camisetas rojas, si los “grevistas” del Metro, si los opositores de Rousseff, si los que saben que todas las cámaras del planeta estarán en Sao Paulo, logran robarse el show.

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14

abr

2014

Cómo abusar del fútbol con fines políticos: Santos y Pékerman

Las encuestas van mal y la reelección no pinta como Juan Manuel Santos pensaba. Claro, hay cifras que defienden la gestión del presidente, así como hay muchísimas que la condenan -comenzando por los falsos positivos de cuando era MinDefensa de Uribe (yo no olvido)-, pero en general eso de caerse de una bicicleta, el episodio de la incontinencia y la desfachatez de las elecciones parlamentarias no le ayudan mucho en su campaña. ¿Qué hacer en la Unidad Nacional para solucionar esto? Pues acudir al fútbol, al circo nacional, a lo único que medio nos une, para ver si capta votos que hagan que valga la pena la inversión en botox.

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