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28

abr

2016

9 razones por las que vale la pena ser hincha de un equipo ‘chico’

Seguir a un equipo que pierde más de lo que gana puede ser una carga difícil de llevar, pero no todo es paridera y sufrimiento, y aunque usted no lo crea, formar parte de este selecto grupo tiene algunas ventajas.

Inicialmente, debo aclarar que yo formo parte de este grupo de ‘infelices’ y más que por elección, fue una cuestión de herencia familiar; mi abuelo fue hincha del Deportes Quindío, mi papá igual, por su puesto yo también y, espero tener los argumentos suficientes para convencer a una futura generación de hacer lo mismo, de ahí la idea de escribir este texto.

Acá, les dejaré constancia de esas situaciones en las que hacer fuerza por un equipo sin fama y sin gloria, puede no ser del todo malo. Si usted es de los míos, seguramente se sentirá identificado, sino siéntese cómodo, lea cuidadosamente y déjese tentar:

1 El bullying no le afecta. Su equipo tiene tan poca trascendencia que si gana o pierde a nadie le va importar. Sin embargo, puede que en alguna ocasión alguien intente hacer uso del ‘matoneo futbolístico’ en su contra, cosa que a usted le va a dar lo mismo, su club casi nunca gana y usted está acostumbrado a verlo perder.

2 Tiene libertad para hacer bullying. Seguramente, algunos de sus amigos son hinchas de equipos que ganan títulos y juegan torneos internacionales, por eso, cuando estos queden eliminados o pierdan alguna final, usted podrá con toda libertad hacer uso del matoneo contra ellos.

3 Ir a ver a su equipo es un plan económico. Normalmente, las entradas para ver a un club que no pasa de media tabla o que juega en la ‘b’, son baratas, por lo que su bolsillo no se verá muy afectado si decide ir al estadio. Aunque si a su equipo, en un acto de locura, le da por clasificarse a unos cuadrangulares o una copa internacional, es posible que ese valor incremente, pero es una situación poco probable, usted y yo lo sabemos.

4 Ponerse la camiseta de su equipo no significa un peligro. A diferencia de lo que ocurre con los hinchas de equipos grandes, que cuando usan la camisa de su club se convierten en blancos fáciles de una puñalada; usted puede salir con ella, caminar con total libertad y sin correr ninguna clase de peligro, es más, algunos lo verán como un irreverente y hasta lo tildarán de ‘crack’ por su atrevimiento.

5 No más filas ni multitudes. Si hacer largas filas y estar en medio de mucha gente no es lo suyo, entonces ser hincha de un club pequeño lo es. Cuando quiera un plan relajado y sin mucho ajetreo, entonces vaya al estadio; la entrada es fácil, va poca gente y ya dentro del estadio se encontrará con un plan tan tranquilo y sin emociones, hasta puede quedarse dormido.

6 Jamás se creará falsas esperanzas. Aunque en algunos casos se nieguen a aceptarlo, los fanáticos de este tipo de clubes tienen muy claro para que está su equipo en cada torneo: perder, vender jugadores del mayor accionista del club, ser un equipo ascensor (ascender y descender cada 4 años, más o menos) y ser el mamarracho del campeonato.

7 Gastará muy poco dinero en indumentaria. Por más deseo que usted tenga de comprar una camiseta oficial de su equipo o algún objeto relacionado con el club, no lo va a encontrar a la venta. Entonces relájese, su bolsillo se mantendrá intacto.

8 No tendrá que aprenderse ninguna canción. Los clubes pequeños tienen poca hinchada y por ende, los canticos para animarlos son fáciles, poco creativos, cortos y repetitivos, por lo que no tendrá que hacer un uso sobrenatural de su memoria para alentar a su equipo.

9 Jamás tendrá problemas con un barra brava. Si el número de seguidores de estos clubes es limitado, entonces imagínese el tamaño de la barra brava; habitualmente está integrada por ‘10 gatos’ que saltan todo el partido pero que no lo obligarán a tener puesta la camiseta de su club o a que sea de determinada región del país para que pueda entrar al estadio.

Por: Andrés Felipe García // @siranfega

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28

oct

2015

El fútbol de Colombia, ese enfermo…

No es una revelación que el fútbol es un negocio, siempre lo ha sido y eso no va a cambiar; pero… ¿por qué no disimular un poco por el bien del espectáculo? Como diría mi vieja: para la muestra un botón, y ese botón se llama Torneo Águila: un equipo grande y otros no tan grandes, pero de tradición, hace varios años son inquilinos de un campeonato que puede dejarles dinero a sus dirigentes, pero que llena de vergüenza y dolor a sus hinchas. Si no que lo digan los fanáticos de un club con tanta historia como el América de Cali, que vienen pidiendo respeto y como mínimo volver a ver a su equipo en primera, pero se han encontrado con una realidad muy distinta en los últimos años.

El Torneo Águila o torneo de ascenso se encuentra en su recta final, el próximo fin de semana conoceremos los ocho clasificados y después sabremos cuáles serán los dos equipos que asomarán sus cabezas en la “élite” del fútbol de Colombia -el resto se quedará de nuevo un año más viviendo ese suplicio- que para colmo hace ya varios años no logra un título a nivel internacional, cosa que no habla muy bien de nuestro fútbol profesional y pone en evidencia lo enfermo que está. Y sí, la Selección fue quinta en la última Copa del Mundo, pero aceptémoslo, en torneos continentales no pasa nada con nuestros equipos hace un buen rato.

Pero bueno, regresando al meollo del asunto, ¿cuál es el propósito primario del fútbol? ¿No es acaso entretener? ¿No es acaso ganar fieles? ¿No es acaso conquistar a la gente con un buen espectáculo para que vaya a alentar once jugadores en un terreno de juego? ¿No es acaso lograr que el padre herede a sus descendientes el amor por una camiseta? ¿No es acaso luchar por levantar un título? Pareciera que no, los dirigentes y toda su maquinaria se han convertido en mercaderes de la “fe”, y lo triste es que los fieles cada vez son menos. El fútbol pierde creyentes y eso es lo que más preocupa.

Lo digo especialmente por esos pereiranos, bumangueses, americanos, cartageneros, samarios, quindianos y ahora también cucuteños, que por años han visto como su patrimonio y sus colores han sido pisoteados por unos mequetrefes que lo único en lo que están interesados es en el llenar sus arcas; sí, esos Ángel, Cadena… que como plaga han llegado para quedarse y hasta no sacar el mayor provecho de su víctima no van a soltarla.

Por el bien del fútbol colombiano queremos tener una primera división de prestigio, dónde estén esos clubes que han hecho historia pero que tristemente han caído en las manos equivocadas, donde esos personajes indeseados no manchen más con sus métodos la pelota; queremos que la gente vuelva a los estadios con la ilusión y esperanza de ver a su equipo campeón y no con el temor de escuchar que su equipo se va a otra ciudad; queremos que los hinchas de esos equipos, no piensen dos veces en compartirle a sus herederos el cariño por una divisa; queremos volver a ver esas verdaderas fechas de clásicos; queremos que el espectáculo sea un derecho obligatorio en todo terreno de juego… queremos que la fe no se pierda y que el balompié nacional se levante de sus cenizas.

Por: Felipe García / Twitter: @siranfega

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21

oct

2015

Cúcuta Deportivo, una “cadena” de fracasos

Al término de la fecha 16 de la liga Águila los hinchas del Cúcuta deportivo dejaron caer sobre sus rostros lágrimas que brotaban desde la decepción y el desconcierto más profundo. El motivo apenas justo para que el dolor embargue nuevamente esta ciudad, después de lo sucedido en el 2013. El equipo de sus amores por cuarta vez en sus 91 años de historia descendió a la segunda división del fútbol profesional colombiano y ni siquiera se han cumplido con todas las fechas del calendario futbolero actual.

¿Cómo es que un equipo de tanta historia, con una hinchada noble y leal, campeón de liga, semifinalista en libertadores, puede sucederle lo indeseable para cualquier equipo en menos de un año? ¿Por qué el General Santander, ese escenario majestuoso que vibraba con cada gol, cada pase, cada jugada mágica que salía de los pies de algún protagonista que vestía de rojo y negro se encuentra sólo y abandonado?

Digamos que todo empezó a finales del 2013 cuando luchando por no descender el equipo cambia de dueño y este inicia con su legado de arbitrariedades e injusticias.

Recuerdan algunos jugadores de ese Cúcuta Deportivo que se jugaba el descenso ante el Fortaleza FC, que el señor entró al camerino irrumpiendo la concentración que se vivía en ese momento. Sin mediar palabras con nadie, dejó salir un mensaje poco alentador para los protagonistas de esa noche, con tono amenazante advirtió a los jugadores que pasara lo que pasara no pensaba seguir pagando esa nómina tan costosa y que se venían cambios, el que estuviera en desacuerdo bien podía salir del club. Al terminar lo dicho dio media vuelta y se fue. ¿Qué se puede esperar después de tan fluida intervención? Ese año Cúcuta deportivo descendía por tercera vez en su historia a la primera B.

El afamado empresario para quien el fútbol es un negocio y sólo piensa en llenar sus bolsillos a costa de los equipos y el sentimiento futbolero del país, armó para la temporada 2014 una nómina modesta con jugadores de su empatía y circulo maquiavélico e inició las competencias con un mensaje a los hinchas del doblemente glorioso: “Es una nómina para jugar y ganar la segunda división, el otro año jugaremos en la A”. Esa excusa ridícula que tienen algunos directivos de decir que se deben armar para jugar la segunda división con jugadores con características específicas (baratos, veteranos y acomodados) omitiendo lo que otros equipos en el mundo como River Plate o la Juventus hicieron lo contrario y lograron prontamente su ascenso.

Inició la temporada y el que prometía cambiar empezó a demostrar que nadie camba solo aprende a mentir con mayor perfección. Contrató para ese primer semestre, una cantidad importante de jugadores dirigidos por el técnico Héctor Estrada. En las tribunas los hinchas gritaban con furia alentando al equipo de sus amores, mientras tanto desde una oficina lejos de Cúcuta el presidente del club manejaba a su antojo la nómina y la titularidad de cada encuentro.

Irónicamente con la excusa de malos resultados el técnico Estrada dio paso al profesor Alberto Suarez, quien sería el timonel rojo y negro hasta la mitad del 2015 en la primera categoría, logrando el ascenso polémico en los cuadrangulares de enero.

El equipo en la primera división, ríos de gente saliendo alentar en las calles a jugadores con hambre de gloria y una ciudad que volvía a disfrutar del fútbol en primera después de .un año complicado, ¿Qué faltó, qué salió mal? Como en todos los equipos productivos si todos no apuntan a un mismo objetivo nada sale bien, y mientras el objetivo de cuerpo técnico, jugadores e hinchas era revivir viejas épocas de gloria y felicidad, los objetivos de su dirigente estaban lejos de lo futbolístico y pasaban más por lo económico. Entonces se inició la liga 2015 con un partido en el General ante Junior. Nómina nueva jugadores de bastante recorrido, entre los que se destacaban Gerardo Bedoya, Edwards Jimenez, Franco Sosa y Marcos Lazaga. Ese día cuarenta y dos mil almas en un estadio y casi 700.000 mil más en la región, saltaron de emoción con el gol de Bedoya que le dio el triunfo al Cúcuta contra el poderoso Junior y que ponía a soñar con el cambio de mentalidad del dirigente.

Con el correr de los partidos algo pasaba dentro del equipo. Mientras la prensa Nacional extrañada titulaba que por problemas administrativos jugadores de peso abandonaban el club y la prensa local investigaba que pasaba realmente, dentro del camerino los jugadores debían aguantar el mal trato por parte de la dirigencia y la falta de lealtad por parte de algunos de sus mismo compañeros que para congraciarse con los de arriba, comentaban hasta el más mínimo detalle de lo que pasaba.

Mal presagio para un equipo de tan magna historia. Con el paso del tiempo Alberto Suarez cansado del maltrato y manoseo también abandonó el equipo, en su reemplazo un argentino que poco conocía el fútbol local y que nunca había dirigido en primera. Marcelo Fuentes tomaba un equipo sin forma, sin jugadores y sin alma. Después de varios compromisos sin obtener buenos resultados el gaucho también abandonó. Carlos Quintero el gerente del club, tomó entonces el mando del equipo mientras terminaba la temporada. Con 15 puntos finalizó esa pobre campaña, una de las peores en su historia. La gente se preocupaba, el equipo no tenía ni siquiera un patrocinador y su presidente, dueño y dirigente se la pasaba de coctel en coctel en la capital de país.

Para el segundo semestre nuevamente con gran elocuencia salió el presidente a presentar sus refuerzos prometiendo mantener la categoría. Todo el equipo había sido cambiado, exceptuando extrañamente unos cuantos jugadores que parecían inamovibles e intocables. Flabio Torres llegó para hacerse cargo del equipo y con él jugadores de alta trayectoria y de clase como Germán Centurión, Luis Delgado, Jhon Hurtado, Jhon Montaño, Gustavo Bolivar, Martín Morel y el ecuatoriano Marlon de Jesús Pabón. Pintaba bien el proyecto, Flabio había realizado una excelente campaña con el Pasto y la gente confiaba en su criterio, además los jugadores confiaban en su palabra y manifestaron venir al equipo sólo por Flabio Torres.

Pero nuevamente todo salió mal, presionados con la misma consigna de aquel juego ante Fortaleza el presidente, dirigente y dueño entró al camerino después del empate en casa ante Millonarios, con las mismas amenazas y el mismo tono pronunció las palabras mágicas y el equipo se vino abajo. Flabio salió sin recibir el pago por su trabajo junto con su cuerpo técnico, Germán Centurión, Luis Delgado y otros jugadores denunciaron doble contratación y falta de pago, y nuevamente Quintero tomó el equipo que descendió en la fecha 16 contra once Caldas.

Ahora bien apartándonos de lo futbolístico, administrativamente el equipo tampoco anda bien, la superintendencia de Sociedades estudia detenidamente cada paso, se espera una penalización por parte de Dimayor por el incumplimiento en el pago de parafiscales, el estadio General Santander está deteriorado y abandonado por parte de la administración municipal y el IMRD que son los encargados de su mantenimiento y adecuación, el equipo fue desalojado de las oficinas que tenían sede en dicho estadio por el no pago de arrendamiento y otros cánones administrativos y ahora parece tendrá que pagar por usar sus instalaciones para cada juego, porque no van a ser más permisivos con su uso.

La historia irónicamente terminó como inició, con un equipo en agonía que espera la ayuda salvadora de un empresario y no un mercenario del fútbol.

Por: Eduard Lizcano Tamayo // Twitter: @drlizcano

 

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23

ene

2015

Métale mano a la lotería, se la puede ganar, sin comprarla… “Dimayor”

Mientras en Europa hay países que buscan reducir cupos en algunas de las ligas e intentar hacerlas más atractivas y competitivas, acá en Colombia le apostamos a premiar la mediocridad, lo fácil, lo injusto; regalando 2 casillas a los equipos tradicionales que por capricho de la Dimayor jugarán el cuadrangular de ascenso y estarán este año en la máxima categoría del Fútbol Profesional Colombiano.

El argumento es que equipos como Alianza Petrolera, Patriotas o Uniautónoma, atentan contra el espectáculo, pienso yo que desmeritando la gran labor administrativa que han venido realizando sus dueños. Acá critican el porqué ascendió Jaguares, pero ninguno entra a evaluar la razón por la que los equipos tradicionales siguen en la B. Siempre me ha parecido injusto y siempre he creído que un equipo “chico” asciende por el esfuerzo, dedicación e inversión en su proyecto, mientras que los “grandes” que se van a la B, son por pura y física falta de criterio en sus modelos de mercado. Además de robar, por supuesto.

¿Acaso la Dimayor quién cree que son, a quién le ganaron para entrar en la feria que rifaba 2 ascensos?

Injusto además con el resto de equipos de la B, hasta infame con aquellos que vienen realizando grandes administraciones pero que en lo deportivo no se ha logrado el objetivo. (Me recuerda cuando en el barrio los muchachos grandes no dejaban jugar a los chicos porque “estamos completos” decían)

Era evidente que este tipo de inventos iba a traer como consecuencia alguna tragedia, y este no fue la excepción. Sin embargo, quiero felicitar a los equipos que lo asumieron con mucho profesionalismo y que, ya entrando en gastos, los mínimo por hacer era dejar la vida por ganarse el cupo en la A.

La mano de Lazaga

Todo lo bueno que se diga de este Cúcuta Deportivo entorno a su fútbol, refuerzos, trabajo y táctica, es verdad, es merecido, un equipo que para mi gusto y el de muchos, fue el que mejor se reforzó para estos cuadrangulares. Pero dejémonos de pendejadas, y quiero aclarar que esto no tiene absolutamente nada que ver ni con el trabajo, ni con los hinchas del Cúcuta Deportivo, pero lo de Lazaga es algo de tramposos, de miserables, de traicioneros.

Uno como hombre debe tener el peso testicular necesario para reconocer sus errores, mientras haya gente que obre de manera correcta, el que no lo haga, se convierte en ladrón. No estoy diciendo que el Cúcuta ascendió por esa mano, porque adivino no soy y no voy a entrar en el juego de que eso le cambiaba el trámite al partido o no, además que eso no lo sabe nadie. Esto va más allá, esto es repudiable.

Hace poco leí un libro precioso de Jorge Valdano donde decía: “La mano de Dios. Símbolo de eufemismos que empleamos para disfrazar conductas difíciles de defender desde un plano ético” ¿Qué hubiera pasado si Lazaga sacaba al árbitro del error? Seguramente los hinchas del Cúcuta no se lo hubieran perdonado nunca. ¿O definitivamente una acción de tal magnitud iba a contribuir a un fútbol colombiano limpio y un país mejor? Eso lo dejo a la interpretación de cada uno.

Lazaga en sus últimas declaraciones anunció que asumiría su falta como un “profesional”, también denunció amenazas en su contra y hasta dijo que rescindiría su contrato si la situación continuaba caliente. Él, al igual que muchos tramposos que hay el fútbol es un simple resultado del sistema, del medio, del entorno que patrocina estas barbaridades. Esto va muy lejos, es muy triste y de corazón lo siento mucho por los hinchas del Deportes Quindío, a los del Cúcuta solo me resta felicitarlos e invitarlos a repudiar esta acción que lastimosamente manchó el ascenso.

Todos estamos esperando que este acto tenga sus consecuencias, ojalá esto vaya ante FIFA y se asuma con la seriedad que requiere, porque no se trata de que hoy ascendió el rojo y descendió el verde, mañana le puede pasar al equipo de sus amores.

¡Es el fútbol, estúpidos!

Twitter: @FelipeLuceroG

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27

oct

2014

Del #AsambleaYa al #NoMasLigaPostobon: El poder del hincha

Quienes somos fanáticos del fútbol sabemos que existe una conexión diferente con el deporte rey. Durante toda nuestra vida apoyamos a nuestro club y a nuestra Selección con pasión, entusiasmo y con unos niveles de lealtad inimaginables. Lloramos, reímos, sufrimos y celebramos. Invertimos nuestro tiempo, dinero y emoción con la satisfacción de representar la identidad del club que amamos. El fútbol y los hinchas se basan en una relación recíproca y dependiente; sin los fanáticos, el fútbol no tiene razón de ser.

No obstante, la creciente popularidad de esta disciplina ha conllevado un cambio de identidad. Hoy en día, el fútbol pasó de ser un evento local que congregaba a la comunidad de cada barrio, ciudad o país; a ser un medio muy importante en la industria del entretenimiento y con un foco comercial de alcance global sin precedentes.

El mayor representante de este nuevo modelo a nivel internacional es el fútbol europeo. De acuerdo al último informe financiero de la UEFA, el ingreso generado en todas las ligas adscritas a esta Confederación ronda los USD 18 billones en la temporada 2012/13, de los cuales USD 12.5 billones pertenecen a las cinco principales ligas del Viejo Continente (English Premier League, Bundesliga, La Liga, Serie A y Ligue 1).

En ese marco, el exuberante crecimiento de la industria del fútbol se ha cimentado en una apertura de los clubes a nuevas fuentes de ingreso tales como los derechos televisivos y la estrategia comercial. Así, la transformación en el rol del fútbol y el cambio en su modelo de gobierno debido a la priorización de una estrategia extremadamente comercial y ligada a la excesiva monetización, ha sido denominada por el sociólogo inglés Robert Giulianotti como “hipercomoditización”.

Bajo este nuevo escenario, el afán desmesurado por convertir al fútbol en un mecanismo de generación de riqueza para ciertos actores del ecosistema futbolero implica que los activos para alcanzar los objetivos económicos y deportivos se vuelvan cada vez más escasos. Los jugadores se han convertido en bienes de lujo, y los clubes se empeñan en sostener unos costos y salarios que están creciendo a ritmo desorbitante, con el fin de garantizar el entretenimiento. A manera de ejemplo, Deloitte menciona cómo en la Serie A y la Premier League el índice financiero de salarios/ingresos está en un preocupante 71%.

Este panorama per se no se vislumbraría tan alarmante si la totalidad de los actores de la industria se viera equitativamente beneficiado. Sin embargo, aspectos como malos manejos de los directivos, especulación financiera a corto plazo, bajos niveles de transparencia, corrupción, crecimiento de la deuda de los clubes y aumento de los precios para los hinchas dentro y fuera del estadio, entre otros; son cada vez mas recurrentes.

A manera de ejemplo, la BBC publicó en Octubre de 2014 #PriceOfFootball,  un estudio sobre los precios del fútbol en 176 clubes del Reino Unido y 31 de Europa, arrojando datos relevantes: es más costoso comprar un abono anual de un equipo de la quinta división de Inglaterra que algunos tipos de abonos del Real Madrid o Barcelona; o que el precio promedio del abono anual en Inglaterra ha crecido en un 716% desde 1989, promovido primordialmente por el enfoque comercial de la Premier League.

En esta nueva dinámica es el hincha el que más se ve afectado: su relevancia ha sido relegada a temas secundarios y la influencia en el proceso de toma de decisiones de los clubes y del fútbol en general es casi nula, pues aquellos actores que detentan el acceso al capital son quienes dictaminan el devenir del deporte. Esta situación contrasta irónicamente con la razón de ser de los hinchas del fútbol: apoyo incondicional, lealtad y voluntad de gasto en el club sin necesidad de éxito; es el estado del arte de cualquier tipo de cliente y/o consumidor de una marca.

A lo anterior se debe agregar el impacto de las nuevas tecnologías y el boom del Internet, que ha reforzado y refrescado el deseo de algunos hinchas por retomar la importancia de su voz. La posibilidad de acceder desde cualquier lugar a información al instante  permite al fanático estar continuamente involucrado con la actualidad del fútbol, generando un canal de doble vía entre el club y el hincha.

En ese orden de ideas, la  nueva ecuación “fútbol-tecnología-negocio” ha moldeado nuevas categorías de hinchas. La agencia Repucom en su estudio “World Football 2014” menciona cómo el 32% de los fanáticos utiliza internet móvil para mantenerse informado, mientras que 1 de cada 4 accede a las redes sociales para interactuar en torno al fútbol. A partir de ello, Giulianotti identifica los principales segmentos de hinchas en función de su grado de involucramiento y lealtad con un equipo de fútbol (ver Imagen 1).

Imagen 1: Categorización de los hinchas

Dentro de estas 4 categorías, resalta el liderazgo del segmento de “fanáticos”, aquellos que tradicionalmente acompañan al equipo dondequiera que vaya y quienes han tomado la vocería en torno al desencanto que ha derivado de una relación desbalanceada hacia los hinchas. A través de acciones concretas que buscan despertar el sentimiento colectivo, este segmento enfatiza en una interacción más directa y transparente con los demás actores de la industria del fútbol, en pos de la consecución de objetivos tangibles que influencien el proceso de toma de decisión.

No obstante, y a pesar de estas iniciativas, el status quo del fútbol se mantiene renuente en una alta proporción a ser más inclusivo con los hinchas. Por tal motivo y frente a sucesos que han afectado a equipos, comunidades e hinchas por mala gestión de los clubes y un alto grado de desinterés frente a sus puntos de vista, un nuevo movimiento social ha venido consolidándose durante los últimos años: el “punk football” o activismo de hinchas.

El aspecto fundamental de este nuevo movimiento se centra en la organización colectiva de hinchas en torno a un mismo propósito, generalmente fomentando la acción y el cambio frente a una situación particular que está afectando sus intereses. Sumado a ello, aspectos como el empoderamiento, la co-creación y las redes de colaboración en esta era digital les permite diseñar, organizar e implementar acciones colectivas que reviven el poder del hincha, fomentando mecanismos de presión online y offline.

Este “lobby” se segmenta en dos dimensiones. La primera, denominada movilización, se centra en situaciones en las que los hinchas acatan la estructura de propiedad de los clubes y/o el marco institucional del fútbol, pero tienen interés en modificar aspectos puntuales del día a día (experiencia en el estadio, decisiones directivas impopulares) o a nivel estructural (cambio de sede, precios, cambio de nombre del equipo, entre otros). Muchas veces, incluso, estás iniciativas son bien recibidas por clubes y otros actores del fútbol, derivando en estrategias conjuntas que benefician a todos.

La segunda categoría, denominada propiedad, sí tiene reparos frente a la estructura de poder y, bajo la premisa de que los hinchas contribuirían con un mayor grado de transparencia e interés a la gestión de los equipos, se concentra en acciones colectivas que  les permitan acceder a una porción parcial o total de la propiedad de los clubes; una insurrección directa de los hinchas hacia el poder.

La aplicabilidad de una u otra opción depende igualmente del marco institucional y las externalidades que existan en cada situación. Por ejemplo, casos en los que el marco legislativo provee más atribuciones a los hinchas (como Alemania o Suecia, donde la ley promueve que los hinchas sean los dueños de por lo menos el 51% de cada equipo), son más proclives a utilizar la movilización como evidencia del poder del hincha. Por el contrario, escenarios en los que prima la desregularización como el caso de Inglaterra, y en menor medida Colombia, tienden a fomentar una mezcla de movilización y propiedad, con el objetivo de influenciar cambios en el marco institucional que permitan rescatar el poder del hincha y su voz y voto dentro del fútbol.

A pasos lentos, el poder del hincha ha resurgido y ello se evidencia con logros a nivel institucional e individual en algunos clubes. En el caso de Europa, por ejemplo, algunas pequeñas victorias institucionales a nivel UEFA como el Fair Play Financiero (que por más fallos y vacíos que tenga, busca atacar situaciones de descontrol de intereses privados que perjudicaban al club y sus hinchas) o el Oficial de Enlace con los Aficionados -SLO- (impuesto por la UEFA, se trata de un nuevo cargo obligatorio dentro de la estructura de todo equipo europeo, responsable de la relación entre los hinchas y el club), denotan una senda hacia el cambio.

De igual forma, la formalización de Federaciones de hinchas en algunos países europeos realzan el interés por volver más tangible la voz del hincha a través de un órgano de gobierno que recopile intereses de los fanáticos y los traslade a los otros actores del ecosistema futbolero. En ese ámbito, quizás el mayor logro que se ha generado en el marco de la institucionalidad se refiere a la posibilidad legal de crear asociaciones de hinchas (por club/ciudad) que a través de una arquitectura legal y administrativa, manejen un fondo financiero común que les permita organizarse para explorar oportunidades de acceso a la propiedad de clubes. En el caso más extremo, que es el del Reino Unido, los Supporters’ Trusts (asociaciones de hinchas con personería jurídica) emergieron precisamente como una respuesta a esos malos manejos que por falta de control y transparencia se le daban a los clubes, llegando hasta el punto de quiebre en el que los hinchas decidieron hacerse con el poder, basados en las premisas del “Punk Football”.

La experiencia inglesa (sumada a las buenas prácticas ya existentes en países pro-hinchas) ha sido un caso excepcional, puesto que significa revertir la estructura de poder de agentes privados hacia los hinchas. Según Supporters Direct, la entidad que fomenta el modelo cooperativo de propiedad de hinchas en el Reino Unido y Europa, actualmente existen 35 equipos en el Reino Unido que son propiedad exclusiva de los hinchas y más de 220 asociaciones que realzan la voz del hincha con o sin participación en las juntas directivas de los clubes.  Hoy en día, los ejemplos más representativos se encuentran en la League 2, es decir la cuarta división inglesa, donde cuatro equipos  son gestionados por los fanáticos: AFC Wimbledon, Exeter City, Wycombe Wanderers y Portsmouth (el mismo equipo que ganó la FA Cup en 2008 y por desastrosos manejos financieros descendió 3 categorías y estuvo a punto de la extinción, hasta que el Pompey Supporters’ Trust decidió comprar el equipo).

De manera similar,  casos  representativos como el Swansea City (equipo de la Premier League en el que los hinchas tienen el 20% de la propiedad y una silla en la Junta Directiva) o el FC United of Manchester (equipo creado por los hinchas en contraposición a la compra del Manchester United por la familia Glazer de Estados Unidos), exhiben un cambio de paradigma. Ello, sumado al ejemplo de clubes alemanes, algunos españoles (Real Madrid, Barcelona o Athletic Club), portugueses (Sporting de Lisboa), entre otros; contribuyen al replanteamiento de un nuevo orden dentro del fútbol europeo.

A nivel de iniciativas lideradas por hinchas en clubes o ligas, el caso de Inglaterra es el más diciente, dado el valor que tiene el fútbol y el resguardo de la tradición que se busca con esta disciplina. Apalancados por las nuevas tecnologías, campañas  nacionales como #PriceProtest, #FootballWithoutFansIsNothing, #NoToGam£39  se han centrado en fomentar la reconsideración de los altos precios de boletería para los hinchas o enfrentar medidas unilaterales de los entes institucionales para explotar comercialmente el fútbol inglés. Igualmente, iniciativas como #Safestanding#WatchingFootballIsNotaCrime o la campaña #KickItOut, entre otros, buscan fomentar una mejor experiencia en el estadio y mayor armonía en la relación de los hinchas con autoridades y/o frente a temas como racismo y diversidad.

Asimismo, iniciativas colectivas que han generado resultados tangibles demuestran que la voz del hincha está cada vez más fuerte. Tal es el caso de #CityTillWeDie, campaña liderada por los hinchas del Hull City, en contra de la iniciativa del dueño del equipo, Assem Allam, de cambiar el nombre a Hull Tigers. Tal fue el éxito de esta manifestación iniciada en Internet pero implementada en el mundo real, que la FA (Asociación de Fútbol de Inglaterra) denegó el cambio de nombre al dueño. Éste, en represalia con esta decisión, puso el equipo a la venta. Otra campaña con éxito fue #BringCityHome, mediante la cual hinchas del Coventry City  presionaron a los dueños del club para que el equipo retornara a su estadio original, el Ricoh Arena, que había sido cambiado por motivos comerciales. Después de marchas, manifestaciones en el estadio y una fuerte exposición mediática, los dueños decidieron acatar la demanda colectiva.

En ese orden de ideas, la combinación de un entorno adecuado, la existencia de una infraestructura y marco favorable para la difusión de la voz del hincha junto con una exposición mediática, generan un resultado que sí está forjando cambio. Está más en la conciencia y convencimiento de los propios fanáticos en llevar a cabo acciones colectivas que en la factibilidad o no de la consecución de los objetivos. Por ello, en industrias de fútbol nacientes como la latinoamericana o la misma colombiana, esta tendencia hasta ahora está iniciándose.

De un lado, en el caso colombiano, la nueva Ley del Deporte (Ley 1455 de 2011) busca formalizar en primera instancia el marco institucional del fútbol. La mencionada ley promulga, entre otros apartes, que toda entidad deportiva debe tener al menos 5 socios y ninguno contar con más del 20% de capital suscrito y pagado, lo que implica que las actuales empresas o asociaciones de equipos profesionales migren hacia un nuevo modelo de negocio, específicamente hacia sociedades anónimas o corporaciones sin animo de lucro.

No obstante, esta transición no ha sido tan efectiva y todavía muchos equipos incumplen con esta prerrogativa y tienen en su haber malas prácticas de gestión. O, como acaece en otros apartes del derecho, utilizan el marco legal para eludirlo. Tal es la razón de ser de la campaña #AsambleaYa, promovida por los accionistas minoritarios de Millonarios y que busca reunir a este tipo de socios para lograr el 10% mínimo de las acciones que permita citar a una Asamblea Extraordinaria en la que los accionistas con mayor peso en la institución rindan cuentas sobre los manejos administrativos, financieros y accionarios dentro del equipo.

De igual forma, la iniciativa #NoMasLigaPostobon, fomentada por representantes de diferentes hinchadas, tiene como objetivo desplegar un mecanismo de presión y exposición sobre la condición de Postobón como patrocinador oficial de la Liga, poseer acciones en los canales de televisión que transmiten el rentado nacional y además ser dueño de un equipo de fútbol (aspecto que, cabe resaltar, en otros países es prohibido).  Si bien estos dos ejemplos muestran una reacción de los hinchas contra el status quo de la industria en Colombia, casos como el del cambio de sede reciente de las Águilas Doradas o la situación del América de Cali podrían ser canalizadas de una manera más eficiente a través de iniciativas de los hinchas.

Si bien estas iniciativas han sido efectivas en muchos casos y realzan el poder del hincha, poseen unas desventajas tácitas como su naturaleza reactiva (siempre en respuesta a una situación extrema en contra de los hinchas) y/o su falta de interrelación con otras iniciativas (generalmente el hincha se preocupa por sus propios problemas). No obstante, está comprobado que si se fortalece el trabajo en conjunto y se fomentan aspectos como colaboración en red, co-creación y empoderamiento de los hinchas en un espacio virtual, el impacto de estas iniciativas puede ser aún mayor.

Por ello y para ello nace FanVox, una iniciativa creada por dos estudiantes colombianos de posgrado en el Reino Unido que, unidos por la pasión por el fútbol e incentivados por esta problemática, decidieron conceptualizar e implementar una plataforma digital que centraliza la voz de los fanáticos del fútbol, con el fin de rescatar su relevancia en la industria. En ella, los hinchas pueden expresar, compartir y consolidar sus opiniones, al mismo tiempo que establecen una red de cooperación para influenciar el proceso de toma de decisiones de los principales protagonistas de la industria del fútbol, a través de la proporsición de iniciativas. Con un lanzamiento piloto en noviembre de 2014 en versión web y mobile app, FanVox será el espacio privilegiado para canalizar la voz del hincha y promoverla a la audiencia general e industria de manera asertiva, para así fomentar una interacción mucho más balanceada dentro de la industria del fútbol.

Así las cosas, se puede aseverar que el poder del hincha está en un punto de inflexión muy interesante que le permitirá a los fanáticos, de manera organizada y centralizada, generar un cambio para bien en la industria del fútbol. El hincha, no obstante, debe darse cuenta que sin violencia y bajo unas premisas claras, definitivamente puede innovar y generar disrupción en el fútbol. Ello, igualmente, debe venir acompañado de ciertos aspectos del entorno, y por ello es sumamente importante que en Colombia se empiece a pensar en un cambio institucional hacia la creación de una federación de hinchas, como también el fomento a aquellas asociaciones que de manera transparente quieran involucrarse mucho más en la gestión de los clubes. No se debe olvidar que el fútbol se ha cimentado en el capital social durante los últimos 150 años; la industria del fútbol no puede obviarlo.

#LaVozDelHinchaSeraEscuchada

 

Por: Daniel Velásquez

Co-Fundador de FanVox

@FanVoxCo

 

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Fútbol, Gol Caracol

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