04

ago

2016

El amor por el fútbol me lo enseñó una mujer

No es muy común encontrar hoy en día mamás futboleras, y menos si son madres cabeza de hogar, pero en esta vida he sido tan afortunado que una de esas mujeres que son edición limitada, yo la tengo como madre.

Ella, desde que tengo uso de razón me alcahuetea todo lo que yo quiera; me vestía con cuantos uniformes de fútbol yo pedía, me compraba cientos de balones y me pagaba la escuelita de formación, siempre me daba lo mejor desde que se pudiera. 

Por allá en el año 1995 Rene Higuita protagonizó el tan famoso ‘Escorpión’, ella y yo estábamos en el patio de la casa, yo acompañándola mientras ella lavaba mi ropa sucia manchada de pasto de tanto jugar fútbol. Tomé uno de los tantos balones que tenía y quise imitar al arquero colombiano pero mi maniobra salió mal; me abrí la cabeza y una vez más (porque no fue la primera y única vez) tuvo que salir corriendo conmigo para llevarme al hospital.

No quiero presumir, pero yo era buen delantero, quería ser como ‘El Tino’ Asprilla y mi mamá, como siempre apoyándome me compró el uniforme de Colombia con aquel número 11 que usaba el jugador tulueño.

Recuerdo que para el Mundial de Francia 1998 pudimos estrenar televisor a color. Viví y disfruté de ese torneo junto a ella, recuerdo también que fue la primera vez que vi a una mujer llorar por el fútbol. A nadie le gusta ver llorar a la mamá y ese día vi como el sentimentalismo que hoy en día tengo yo por ese deporte, lo tenía ella. Lloraba y lloraba al ver como también lo hacía Mondragón después de que Inglaterra nos eliminara de aquella competición.

Me acompañaba a mis partidos, gritaba, sufría por los golpes que recibía y se emocionaba por mis goles. Éramos ella y yo solos por distintas canchas de fútbol y siempre al finalizar los encuentros sin importar el sudor o lo embarrado que estuviera me abrazaba. Aunque jugará mal para ella era siempre el mejor.

Jarocha, como le dicen de cariño a ella, fue la primera que llevo a Esteban (un primo) al Estadio quien posteriormente sería el encargado de llevarme a mí por primera vez al Campín. Mi madre hincha de Santa Fe, Esteban y yo hinchas de Millonarios. ¡Qué bonito es el fútbol!

En momentos discutimos por la Selección Colombia, cuando el tiempo lo permite tenemos largas y buenas charlas de fútbol, hay partidos que ella prefiere no ver porque los nervios y la angustia le ganan. Es ‘Falcaista’ como yo, pero dice que ‘El Pibe’ Valderrama fue un tronco. Ama a David Ospina, vive enamorada de Faryd y no gusta mucho de Teófilo Gutierrez y de vez en cuando le tira sus críticas a James Rodríguez.

Hoy en día me sigue consintiendo; me sana los golpes que el fútbol me deja, es mi masajista y mi motivadora personal. Me molesta cuando Millonarios pierde, siempre vive preguntándome los resultados de Santa Fe y siempre le hace fuerza a los equipos colombianos que participan en competiciones internacionales.

Esto es un pequeño homenaje a la mujer que me dio la vida, que me cuidó y me cuida. Un homenaje a esa mujer que daría su vida por mí, que ha hecho mil sacrificios por darme lo mejor, la que me enseñó el fútbol y me dejó practicarlo libremente. ¡Feliz cumpleaños Madre!

Díganme ustedes ¿cómo no amar el fútbol si la persona que más amas te inculcó ese sentimiento?

 

Por: Sebastián Sarmiento   Twitter: @sarmientoosorio  

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02

ago

2016

Millonarios, es hora de mirar el reloj

Después de caer eliminado ante Junior en la temporada anterior, Millonarios dejaba una sensación agridulce; había un equipo con 14 varios jugadores nuevos que no tenía una idea clara de juego, pero mostraba ganas de llegar lejos. La hinchada se ilusionaba con que el club reforzaría la base del plantel y sería protagonista en el segundo semestre.

Y pues si, en ilusión se quedó. Los dirigentes dejaron ir jugadores y a la hora de contratar hicieron la fácil contrataron lo más baratico y no lo que se necesitaba realmente. No quiero desmeritar el talento de los jugadores que llegaron, ser profesional del fútbol en Colombia no es tan fácil, yo lo intenté y no lo logré, pero como lo dice la hinchada “estamos hablando de Millonarios, uno de los más grandes” y los que llegaron no están a la altura.  

Me alegra demasiado el regreso de Pedro Franco, quien ha demostrado un nivel bueno en sus presentaciones, pero un equipo que anuncia como su máxima contratación a un defensa central no está en nada.

Es normal ver ‘El Campín’ con 15 a 20 mil hinchas en un partido regular del ‘albiazul’, si es un clásico o partido importante las gradas de este lugar deportivo son concurridas por más de 35 mil hinchas, por eso duele ver las gradas del estadio capitalino con tan solo 9 mil personas. ¿Pero qué se puede decir o pedir? si el equipo es una decepción total.

Millonarios tiene una de las mejores hinchadas del país, me atrevo a decir que la mejor, la más fiel, la que siempre está presente, la que tiene la boletería más costosa (teniendo en cuenta que no se juega ningún torneo internacional), por esa misma razón no se conforma y es de las más exigentes de Colombia.  

El rival de patio, Independiente Santa Fe, se coronó campeón de la Copa Sudamericana. El eterno rival, Atlético Nacional, consigue su segunda Copa Libertadores, cosas que han logrado con una buena administración, una administración que tiene sentido de pertenencia que sabe en dónde está parada y hacia dónde quiere ir, ¿y Millonarios?… perdiendo con Jaguares y empatando con Águilas Rionegro. ¡No debería ser así!

El segundo semestre del equipo no pinta nada bien de seguir así, creo que hay un buen equipo; un gran arquero con Vikonis, la defensa comandada por Franco y Henao, un medio campo con Silva, Estrada y ‘Manga’ Escobar ¡se puede pelear algo!, pero aquí entra otro punto negro: el cuerpo técnico, quienes son los únicos que celebran un empate.

Señor Rubén Isrrael; es hora de mirar el reloj le está cogiendo la noche para poner a jugar a este equipo. Otra cosita, usted está dirigiendo a un equipo grande, espero no se le olvide ese detalle.

La hinchada no abandona, simplemente se hace sentir, exige respeto, exige resultados, exige lo que se le exige a un equipo con historia y con fanaticada. Que no les coja más la noche señores dirigentes y cuerpo técnico, es momento de enderezar el camino.

Señores ‘directivos’ no se aprovechen de lo lucrativo que puede llegar a ser un equipo como Millonarios, no se aprovechen de la fidelidad de la hinchada. Están desangrando poco a poco al equipo convirtiéndolo en un conjunto de media tabla. Como decía una pancarta en las graderías: “Estamos de luto, nos están matando al equipo”.

¡Devuélvanle el lugar, el respeto, la gloria a este club!

 

Por: Sebastián Sarmiento   Twitter: @sarmientoosorio

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12

jul

2016

Fernando Santos: el arquitecto, artífice y absoluto merecedor del campeonato de Portugal

Pocos tienen conocimiento amplio de su trayectoria como jugador y entrenador; al contrario, muchos no tenían ni idea de quién estaba realmente sentado en el banquillo de los lusos. Sin embargo, él desde siempre ha sido conocedor no solo de cada una de la historias de sus jugadores, sino también del lugar dónde está ‘parado’. Voy a intentar explicar el por qué Fernando Santos no solo merecía ganar un título de semejante importancia, sino también por qué él fue la verdadera figura de la Portugal campeona de Francia 2016.

A sus 61 años de edad, Santos ha sido exitoso con los tres grandes equipos de su país, lo mismo ha hecho en Grecia, desde el banquillo del AEK, Panathinaikos y PAOK. Ni hablar de su influencia en la selección griega y la histórica participación en el Mundial de Brasil 2014.

El luso es conocedor de la fisionomía de los jugadores que dirige. Sabe de dónde vienen, qué les gusta, cuál es su tope como futbolistas y sobre todo conoce cómo tratarlos, ganarse su confianza e inspirar respeto por sus decisiones. Este es el primer punto de su éxito.

Poder manejar un camerino con Cristiano Ronaldo como jefe y tenerlos a todos contentos y al CR7 feliz y cómodo, es todo un reto. En su vestuario no existe el egoísmo, no hay rencor y siempre se habla de nosotros, de muchos, de todos. Nunca de uno solo. Ver a Cristiano dar charlas motivacionales, apoyar desde la distancia a sus compañeros de equipo y proponerles la forma de hacer bien las cosas sin que él esté incluido en el plan, es algo que nunca antes visto. Aplausos para él y para su entrenador que supo cómo manejar su personalidad, sus caprichos, su manía con su propia imagen y la enfermiza obsesión de demostrar que es superior para romper récords personales. Convirtió a un crack como Ronaldo, en un jugador de equipo y no obligó al equipo jugar por el individuo.

Punto dos: Fernando Santos es un convencido de la teoría de si no puedes ganar un partido, por lo menos no lo pierdas. Y cuando vuelves a este dogma en tu estilo de vida, las cosas empiezan a darse solas. Sus equipos han sido de todo menos flojos, vagos, perezosos. Al contrario, se corre hasta sudar la última gota de sudor que puede extraer el cuerpo, se piensa hasta que la cabeza se estalla y se ejecuta sin miedo, sin temor, sin dudas, sino con convicción, con carácter y determinación. Así se gana en los penaltis, así se gana en la prórroga y así se superan los obstáculos y las adversidades.

No es cuestión de suerte. Así como tampoco fue cuestión de suerte el campeonato de Grecia en 2004, con Otto Rehagel como técnico, otro un maestro de la estrategia y la disciplina deportiva.

Punto tres: Sacrificar su imagen por el pro de un equipo. Santos siempre ha sido silencioso y sencillo. Alejado de la polémica, de las declaraciones, la prensa, las portadas. Santos ha preferido que le den palo con las críticas de su falta de protagonismo, incluso de juego vistoso, atractivo, y con resultados responder y decir: “espero que el domingo vuelvan a decir que ganamos inmerecidamente”, por ejemplo. Sabe que en el fútbol se trata de respetar y ganar, punto. Nunca queda en la historia el ‘casi’ y después de treinta años el hecho que Gignac se sacó en el área chica a un defensa y el palo le negó el gol, o que Griezmann tuvo para hacer tres o que Alemania jugó un partido idéntico como contra Brasil en el 7-1 en el Mundial de 2014, pero que no le entró el balón nunca. No. Solo queda escrito el resultado final y el título.

Fernando Santos tuvo bajo su mando la Portugal menos favorita de los últimos 20 años. Pero los sacó campeones de Europa por primera vez en la historia del país. No tuvo a Vitor Baia, no tuvo a Rui Costa, Figo, Pauleta, Maniche, Andrade, Deco, etc. No, él solo tuvo a Cristiano Ronaldo, a Pepe, a Nani, a Quaresma, a Joao Mário y Renato Sanches de 18 años, con el que además hizo un trabajo formidable en su formación como futbolista. No necesita de figuras, no las quiere, él trabajó con el equipo en su máximo esplendor.

Construyó una Portugal despreocupada por su forma de jugar, su imagen y los comentarios de la prensa. Fue un equipo que los mismos lusos no creyeron que iban a lograr algo importante en esta Eurocopa y menos cuando clasificaron de la fase de grupos como terceros. Pero ahí siguieron, fieles en su plan, que al final les ofreció el mejor néctar de su historia, una fiesta para ellos, en tierras ajenas, con recursos de otros. La lección que le dejó Grecia a Portugal en 2004, fue en el 2016 el dogma de los compatriotas de Vasco da Gama. Un triunfo merecido, trabajado y plenamente justo, no desde lo futbolístico, pero sí desde lo filosófico, todo por seguir una idea de vida, de principio a fin.

Por: Constantinos Papailias // Twitter: @locogreek

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Fútbol, Gol Caracol

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20

may

2016

La mala inteligencia emocional en el fútbol colombiano

Minuto 95 del partido, Andrés Ibargüen gambetea a varios jugadores de Rosario Central, levanta el balón, Henríquez la baja de cabeza y Orlando Berrio anota el agónico gol que le daba la clasificación a Nacional a semifinales. Allí se desató la parte negativa que despierta el fútbol en los suramericanos.

Los argentinos siempre han sido rivales fuertes, de esos que rasguñan, pegan, de esos que tratan de intimidar, de esos contrincantes que buscan ‘ablandar’ con golpes y mañas a sus rivales. Siempre han sido iguales y los colombianos lastimosamente siempre hemos copiado lo malo de ellos.

“¿Qué pasa por la cabeza de los jugadores de Nacional?” me preguntaba yo al ver como caían fácilmente en las provocaciones del rival. Era claro que el equipo visitante iba a aprovechar cualquier cosa para bajarle ritmo al partido.

Después del penalti polémico a favor de Central, Alexander Mejía y Sebastián Pérez perdieron la concentración y se dedicaron a cometer faltas y protestar por cuanta cosa pitaba el juez. ¡Señores, eran ustedes los que tenían que tener al equipo concentrado! Esas actitudes en ellos no fueron solo de ayer, ya es como costumbre desde hace un tiempo, por esa misma razón el número 13 de Nacional no ha sido tenido en cuenta en selección Colombia como antes. Y a Sebastián, si es cierto que lo ven equipos grandes de Europa, con estos actos solito, solito se cierra las puertas.

Rechazo los presuntos actos de racismo que se presentaron en contra de Orlando Berrio, pero también resalto que salió ante las cámaras a aceptar su error y pedir excusas. Definitivamente su comportamiento no fue el mejor al momento del gol. David Castañeda, es un jugador menor y con poca experiencia pero tuvo más madurez que él al momento de la celebración.

Alguna vez me dijeron “Te pueden decir mico en la cancha pero usted no debe responder, eso se llama profesionalismo” y para rematar, Marlos Moreno quien estaba haciendo un buen partido, opacó su presentación al gritarle el gol a Sebastián Sosa. Al ‘nuevo Tino’ definitivamente hay que ‘bajarle un poco la caña’ es joven pero hay que corregir desde ya.

Alexander Mejía en varias ocasiones sostuvo agarrones de palabras con Eduardo ‘Chacho’ Coudet y cuando el técnico lo encaró salió corriendo y fue defendido por varios hinchas que invadieron la cancha. Fue un gran gesto por parte de la hinchada proteger a uno de sus jugadores. “Indio que huye sirve para una segunda batalla” pero la plaza puede ser suspendida por este acto y el jugador tiene que dejar esa maña de provocar, es uno de los capitanes ¿no?.

Para terminar con mí crítica que pretendo sea constructiva, los periodistas deben ser imparciales y no ‘meterle más leña al fuego’ lastimosamente y con pena ajena debo reprochar la pregunta y la actitud de un comunicador al momento de preguntarle al técnico de Rosario: “Ustedes los argentinos por qué son tan malos perdedores, hombre”.

Creo que estas actitudes sobran, no son necesarias, simplemente no deben estar. El mal ambiente de violencia no se debe alimentar por parte de jugadores, hinchas ni periodistas, es momento de cambiar eso en el fútbol colombiano. ¡Que no sea una constante!

 

Sebastián Sarmiento Twitter: @sarmientoosorio

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03

may

2016

El amor imposible de James y Real Madrid

El 10 necesita un equipo que se adapte a su fútbol y no un club que le exija adaptarse al estilo de otras estrellas. James es un jugador de selección y en la Copa América Centenario tendrá una nueva oportunidad para recordarle al planeta fútbol que es el goleador del último mundial.

Por Héctor Cañón Hurtado (Facebook: Héctor Cañón Hurtado)

 

La relación de James Rodríguez y Real Madrid parece uno de esos cuentos rosa de la farándula hollywoodense, donde todos nos sentimos con derecho a opinar sin saber los pormenores detrás del telón.

Iván Mejía, un comentarista que usa el micrófono para despotricar a los cuatro vientos, aseguró que alguien de quien no puede revelar el nombre le contó que James habló mal de Zidane en los camerinos y ahora está pagando las consecuencias en la banca.

Es posible que eso sea verdad o que no lo sea, pero el asunto tiene más profundidad –y a la vez sencillez– de la que ofrecen las recientes opiniones.

El Pibe Valderrama alega que no lo quieren, la esposa lo defiende diciendo que es un súper papasito y Esteban Jaramillo escribe una columna, que parece una carta de amor, en la que le pide al genio buscar otros rumbos. Yo coincido: ojalá se vaya. Pero también advierto: irse no es garantía de éxito.

Mientras tanto, la prensa deportiva española no para. Sin embargo, no es un asunto personal como lo quiere ver la hinchada colombiana. Su tarea es vender frivolidad y el crack y la absurda situación de ser suplente de los suplentes son un culebrón perfecto para darle rienda suelta a la especulación y facturar con títulos amarillistas.

Además, el 10 dio papaya al declarar, después de la pasada fecha eliminatoria, “cuando te ponen y te apoyan es más fácil”. Tal vez no midió las previsibles consecuencias antes de quejarse ante la prensa nacional: enfrentar con un micrófono, desde Suramérica, a uno de los clubes más poderosos del mundo no es una muestra de la diplomacia que necesitan las súper estrellas del fútbol para moverse en el espinoso camino de la fama

Es posible que Zidane le esté cobrando con intereses una declaración revanchista, que no sería bien recibida en ningún camerino y mucho menos por un director técnico que apenas está aterrizando en un lugar más incierto que el maravilloso País de Alicia.

Más allá de las diferentes perspectivas y del error mediático del futbolista, la verdad es más sencilla de lo que parece. El amor de James y Real Madrid es imposible. Lo mismo le sucedió a Davor Suker, goleador de Francia 1998, cuando después de dos temporadas de roces con Raúl y su séquito incondicional, salió por la puerta de atrás. La lista es larga, se remonta a varias décadas y con ella se podría armar uno de los mejores equipos de todos los tiempos: Eusebio, Ruggeri, Robinho, Kaká, Seedorf, Owen…

Señores, la pareja perfecta para el mejor jugador en la historia de esta tierra es la Selección Colombia. ¿Por qué? Vamos por partes. Primero, porque en el equipo merengue manda Cristiano Ronaldo en la cancha y en los números, en la venta de publicidad y de camisetas, a la hora de cobrar tiros libres, en el corazón de una hinchada que, más que exigente, es ingrata. (Y eso mismo podría pasar en la Juve  de Pogba en caso de que cierren negocio).

Todo eso opaca al 10. Si James no es consentido decae, pero si el equipo gira en torno a él, estalla. Ya lo vimos en Brasil convertirse en el segundo goleador más joven de la historia de los mundiales, jugando dos partidos menos que Muller y Messi, sus perseguidores, y sin tener socios tan experimentados como ellos.

Ya lo vimos llevando a Colombia a soñar con las semifinales. Ya lo vimos convertirse en el mejor jugador de la fase de grupos y también inventarse el golazo del 2014, en octavos de final, ante la complicadísima selección Uruguay.

La paradoja es que Zidane, el último 10 clásico (una de las ideas más bellas y en vía de extinción del fútbol), lo haya marginado de su equipo, que juega sin 10 y con tres puntas hiperveloces que ven el fútbol desde una perspectiva europea pragmática y desde sus gigantescos y conflictivos egos.

Y ahí está la segunda parte de la explicación. James, por su parte, es más corazón que cabeza fría y necesita un equipo que juegue a asociarse, a compartir el balón y la gloria, a tener un baile colectivo preparado para la celebración, a ponerle pausa y cerebro al juego cuando se cierran los caminos. James necesita un entorno humilde para sentir el fútbol como lo siente.

Si el 10 ha de brillar será en un club donde su particular forma de ver el fútbol lo convierta en el capitán del barco como sucede en la selección. James mostrará su mejor fútbol (aunque pueda tener temporadas destacables en clubes como las que tuvo en Banfield y Porto), en la Selección Colombia.

Lo único que necesita es un equipo que se adapte a su estilo y no tener él que adaptarse al estilo de un equipo.

¿Será mucho pedir? No creo, estamos hablando de un jugador que, a diferencia de Messi, Neymar y CR7, saca lo mejor de su repertorio cuando se quita la camiseta de un club para enfundarse la de su país. James, señores, no es jugador de club. Es un jugador de selección y la verdad es que eso no debería molestarnos ni ponernos a fantasear con conspiraciones inexistentes. Esperemos la Copa América Centenario y ahí hablamos.

Por fortuna, aunque los dueños del negocio piensen lo contrario, el fútbol no se limita a la Champions League y los campeonatos locales de España, Inglaterra e Italia. Por fortuna, aún existen los torneos de selecciones y ahí, en pleno mundial y con solo 23 años de edad, James la rompió.

Mientras Messi y Cristiano, los divos del fútbol de clubes, han anotado 5 y 3 goles respectivamente en 13 partidos mundialistas, el colombiano metió 6 en tan solo 5 cotejos. Así que la tarea de la hinchada, por lo pronto, es alentar cuando James se ponga la amarilla. Él, seguro, también hará lo suyo.

¡Vamos, genio!


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28

abr

2016

9 razones por las que vale la pena ser hincha de un equipo ‘chico’

Seguir a un equipo que pierde más de lo que gana puede ser una carga difícil de llevar, pero no todo es paridera y sufrimiento, y aunque usted no lo crea, formar parte de este selecto grupo tiene algunas ventajas.

Inicialmente, debo aclarar que yo formo parte de este grupo de ‘infelices’ y más que por elección, fue una cuestión de herencia familiar; mi abuelo fue hincha del Deportes Quindío, mi papá igual, por su puesto yo también y, espero tener los argumentos suficientes para convencer a una futura generación de hacer lo mismo, de ahí la idea de escribir este texto.

Acá, les dejaré constancia de esas situaciones en las que hacer fuerza por un equipo sin fama y sin gloria, puede no ser del todo malo. Si usted es de los míos, seguramente se sentirá identificado, sino siéntese cómodo, lea cuidadosamente y déjese tentar:

1 El bullying no le afecta. Su equipo tiene tan poca trascendencia que si gana o pierde a nadie le va importar. Sin embargo, puede que en alguna ocasión alguien intente hacer uso del ‘matoneo futbolístico’ en su contra, cosa que a usted le va a dar lo mismo, su club casi nunca gana y usted está acostumbrado a verlo perder.

2 Tiene libertad para hacer bullying. Seguramente, algunos de sus amigos son hinchas de equipos que ganan títulos y juegan torneos internacionales, por eso, cuando estos queden eliminados o pierdan alguna final, usted podrá con toda libertad hacer uso del matoneo contra ellos.

3 Ir a ver a su equipo es un plan económico. Normalmente, las entradas para ver a un club que no pasa de media tabla o que juega en la ‘b’, son baratas, por lo que su bolsillo no se verá muy afectado si decide ir al estadio. Aunque si a su equipo, en un acto de locura, le da por clasificarse a unos cuadrangulares o una copa internacional, es posible que ese valor incremente, pero es una situación poco probable, usted y yo lo sabemos.

4 Ponerse la camiseta de su equipo no significa un peligro. A diferencia de lo que ocurre con los hinchas de equipos grandes, que cuando usan la camisa de su club se convierten en blancos fáciles de una puñalada; usted puede salir con ella, caminar con total libertad y sin correr ninguna clase de peligro, es más, algunos lo verán como un irreverente y hasta lo tildarán de ‘crack’ por su atrevimiento.

5 No más filas ni multitudes. Si hacer largas filas y estar en medio de mucha gente no es lo suyo, entonces ser hincha de un club pequeño lo es. Cuando quiera un plan relajado y sin mucho ajetreo, entonces vaya al estadio; la entrada es fácil, va poca gente y ya dentro del estadio se encontrará con un plan tan tranquilo y sin emociones, hasta puede quedarse dormido.

6 Jamás se creará falsas esperanzas. Aunque en algunos casos se nieguen a aceptarlo, los fanáticos de este tipo de clubes tienen muy claro para que está su equipo en cada torneo: perder, vender jugadores del mayor accionista del club, ser un equipo ascensor (ascender y descender cada 4 años, más o menos) y ser el mamarracho del campeonato.

7 Gastará muy poco dinero en indumentaria. Por más deseo que usted tenga de comprar una camiseta oficial de su equipo o algún objeto relacionado con el club, no lo va a encontrar a la venta. Entonces relájese, su bolsillo se mantendrá intacto.

8 No tendrá que aprenderse ninguna canción. Los clubes pequeños tienen poca hinchada y por ende, los canticos para animarlos son fáciles, poco creativos, cortos y repetitivos, por lo que no tendrá que hacer un uso sobrenatural de su memoria para alentar a su equipo.

9 Jamás tendrá problemas con un barra brava. Si el número de seguidores de estos clubes es limitado, entonces imagínese el tamaño de la barra brava; habitualmente está integrada por ‘10 gatos’ que saltan todo el partido pero que no lo obligarán a tener puesta la camiseta de su club o a que sea de determinada región del país para que pueda entrar al estadio.

Por: Andrés Felipe García // @siranfega

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28

abr

2016

El inicio de la verdadera Copa Libertadores

Es la hora de la verdad para los 16 equipos que siguen en carrera para cumplir el deseo supremo de tener la Copa Libertadores en sus vitrinas. Llegó el momento de demostrar la jerarquía que llevan a cuestas la gran mayoría de ellos, o también para ratificar el excelente juego mostrado en fase de grupos, o simplemente para mantenerse con la suerte que los puso en esta ronda de octavos de final.

Desafortunadamente para nuestro país, de los 3 cupos alcanzados desde el 2015 para este torneo, sólo el club Atlético Nacional de Medellín sigue haciendo uso del suyo, con una participación en  fase de grupos casi perfecta, mostrando un juego efectivo, colectivo y agradable a la retina del espectador suramericano, donde muchos, inclusive, lo perfilan como uno de los favoritos para quedarse con el trofeo continental. Santa Fe, el equipo de la capital del país se quedó a mitad de camino con la sensación de que la historia pudo haber sido diferente y haber merecido más, perdiendo su último chance de ingresar al selecto grupo de octavos de final al caer derrotado con un equipo inferior en fútbol y nivel como lo fue Cerro Porteño de Paraguay. La historia con el Deportivo Cali definitivamente merece un análisis aparte, puesto que la Copa jamás fue la prioridad para jugadores, cuerpo técnico ni para los directivos, mostrando una imagen que no concuerda con la historia e importancia del club de la capital del Valle.

Para el onceno paisa, la presentación del día martes fue aceptable, desde el punto de vista resultadista, entendiendo que por la lógica del fútbol, aquella que a veces no existe, debería cerrar sin problemas esta llave con un triunfo ante su público en Medellín frente a un Huracán que definitivamente sigue debiéndole en espectáculo al prestigioso torneo. Atlético Nacional fue claro dominador del partido, sin embargo un tanto más de ambición y buena suerte faltaron en el Parque Patricios de Buenos Aires.

En la noche del miércoles los dos equipos que completan la llave de cuartos de final y que enfrentarían al ganador de la serie entre paisas y bonaerenses se encontraron en la ciudad de Porto Alegre. Gremio y Rosario Central de Argentina midieron fuerzas para buscar acercarse a la fase siguiente. Desconocido lució el equipo brasilero, errático en su fútbol, en su propuesta y en su definición, mientras que Rosario Central, un equipo con oficio, sacrificio y pasajes de buen fútbol (De ese tan escaso por estos días en el torneo argentino), lo paseó en su propia cancha. El resultado de un gol de diferencia no concuerda con lo visto en el terreno de juego, donde perfectamente los Canallas pudieron llevarse un botín mayor. Tanto fue así que el local salió silbado por sus torcedores, quienes curiosamente, acompañaron a medias en las tribunas a su equipo en esta jornada copera.

Así las cosas, esperamos con la poca lógica que deja el fútbol que el club colombiano siga avanzando camino al gran objetivo de traer de nuevo para Colombia el trofeo continental y que Rosario Central no tenga problemas en quitar del camino a un disminuido y deslucido Gremio, para verse las caras en cuartos de final del torneo que sin duda es uno de los más emocionantes, disputados y difíciles del planeta. Comienza la verdadera y apasionante Copa Libertadores. A disfrutar cada sorbo de ella.

Por: Iván Liévano // @ivanlievano

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02

abr

2016

¿Hasta dónde hemos llegado con la rivalidad Millos-Nacional?

Tras leer un artículo del diario El Espectador, titulado “En el Campín mandan los barrasbravas”, donde recopila el testimonio de varios asistentes al partido entre Millonarios y Atlético Nacional, quienes afirmaban haber sufrido discriminación al interior del recinto deportivo, junto con lo que yo mismo pude constatar, ya que asistí al evento, he decidido escribir esta pequeña reflexión sobre hasta dónde la rivalidad entre los dos equipos más grandes de primera división, ha pasado a ser un odio, diría casi que irracional, entre simpatizantes de sendos equipos.

Antes de empezar, me gustaría precisar que no hay nada más malo que el hecho de generalizar, y que por tanto no todos los hinchas azules realizan estos penosos actos de los cuales fui testigo. Porque así como habemos quienes queremos vivir la fiesta del fútbol en paz, hay otros que dejan mucho que desear.

Desde el momento en que bajamos por el puente de Transmilenio se podía ver la prevención en algunos hinchas, ya que estaban en estado de alerta, si se puede llamar así, ante cualquier posible infiltrado.

Ya una vez dentro del estadio, la cosa fue a mayor. Yo me encontraba en la localidad occidental lateral sur alta, asistí con mi mamá y un amigo. De un momento a otro, se empezó a escuchar un montón de improperios hacia los paisas, el cual provenía de la tribuna oriental, sector norte.  Se podía ver un tumulto de gente; habían encontrado un Paisa en la tribuna, y le estaban pegando entre varios hinchas, la policía aledaña al sector corrió rápidamente al sector para rescatar así al hincha infiltrado, quien salió escoltado por la policía bajo una lluvia de insultos. Más adelante vendrían escenas más vergonzosas. El papelón no había hecho más que empezar.

Un rato más tarde, ocurrió un caso similar, también en la tribuna de oriental, sólo que en el sector central de la misma. La diferencia respecto al caso anterior, es que fuese por la proximidad policial al sector, tratarse de una mujer, o lo que sea (no lo sé con exactitud) la persona infiltrada fue retirada del recinto deportivo solamente tras recibir insultos.

Cuando salió Atlético Nacional a hacer su calentamiento, fue como si la gente descargara toneladas de odio acumulado hacia unos jugadores  que lo único que hacen es jugar en uno de los máximos rivales. Se repitió la escena que recoge el diario El Espectador en su artículo previamente mencionado en el testimonio al ex jugador de Independiente Santa Fe quien dice “el insulto más bajito fue HP…”, pues bien,  yo alcancé a escuchar gente que le deseaba la muerte a los jugadores. Sinceramente, sentí vergüenza ajena.

Una vez comenzado el encuentro, las barrasbravas entonaban un cántico bastante reconocido, en el cual se burlan de la muerte del ex defensor colombiano Andrés Escobar Zaldarriaga, quien desafortunadamente fue asesinado por sicarios tras su autogol en el mundial del 94. Había quienes sólo atinaban a seguirles el ritmo.

Justo en este momento, ya que estoy narrando todo lo que observé en orden cronológico, entran las dos escenas más vergonzosas, penosas y bochornosas que pude haber visto y haber tenido conocimiento del día de ayer: la primera sucedió en el estadio, en el entretiempo, en la misma tribuna donde yo me encontraba. Repentinamente  se presentó una lluvia de insultos hacia una persona a quien, en principio, no pude identificar quién era, pese a que una gran multitud les señalaba. Luego, de un momento a otro, entre un montón de personas, se levanta un hombre, quien bajo los gritos de “fuera, fuera, fuera” y uno que otro insulto, levanta un niño pequeño quien, al igual que su padre, no llevaba camiseta de Millonarios; el niño no tendría más de 6-7 años, y pese a ello, la gente no dejaba de insultarles y pedir su salida. Del segundo episodio bochornoso tuve conocimiento  al llegar en la noche a mi casa, tras entrar a redes sociales para revisar lo acontecido en el partido: por redes sociales  pude ver un video en el cual un grupo de hinchas en la tribuna oriental popular sur, hacían lo posible para que un hombre hincha de Millonarios, quien portaba su camisa, fuese retirado del estadio, por el hecho de que dicho hombre había asistido con sus dos hijos, quienes no llevaban ninguna camiseta o prenda alusiva al equipo capitalino. Dichos niños, a mi parecer, no superan los 7 años de edad.

¿Hasta dónde hemos llegado como sociedad  cuando desde antes del partido se empieza a generar violencia con el simple uso del lenguaje en redes sociales?

¿Hasta dónde hemos llegado cuando desde antes de ingresar al estadio se empieza a “hacer cacería” a posibles hinchas de Atlético Nacional?

¿Hasta dónde hemos llegado, cuando la rivalidad deportiva pasa a ser un factor de odio, xenofobia  y violencia en las tribunas?

¿Hasta dónde hemos llegado cuando se hacen cánticos ofensivos sobre un hecho desafortunado como el asesinato de una persona por haber cometido un simple error?

¿Hasta dónde hemos llegado como sociedad cuando se le desea la muerte a un jugador, que lo único que ha hecho es jugar en un equipo rival para así poder ganarse la vida y sostener a su familia?

¿Hasta dónde hemos llegado cuando ni siquiera los niños, quienes –quizás-  apenas están teniendo sus primeros contactos con el ambiente del fútbol, se salvan de los insultos, la discriminación, el odio, y la xenofobia?

Sería bueno que todos los hinchas que participaron en estos penosos hechos, recordaran que esto es un deporte, y que por tanto la rivalidad se queda en la cancha. No hay motivo para hacer esto, ya que a la larga esto sólo genera más violencia, lo cual corrompe nuestra sociedad.

Por: Santiago Acosta González // @saacgo

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Fútbol, Gol Caracol

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01

abr

2016

La inteligencia de Millonarios. La incomodidad de Atlético Nacional

El clásico pendiente por la novena fecha de la Liga Aguila generaba miles de expectativas. No sólo por lo que representa el choque entre los dos más grandes del fútbol en nuestro país sino por el momento actual de cada uno de ellos, ubicados antes de la contienda en el tercer y cuarto puesto. El buen momento de Nacional en liga y Copa Libertadores y el repunte del “ballet azul” en las últimas fechas del rentado local invitaban a sentarse detenidamente a observar el desarrollo y desenlace del partido de partidos en Colombia.

Un primer tiempo parejo, con llegadas de ambos bandos, donde los arqueros debieron esforzarse en varias ocasiones para evitar la apertura del marcador. Un primer tiempo que invitó a las 2 hinchadas a soñar con llevarse el rótulo de ganadores del crucial juego.

El segundo tiempo, sin embargo fue diferente. El inteligente planteo de Ruben Israel y sus dirigidos, evitando la salida de Nacional por los costados y cortando la conexión del cerebro Macnelly Torres con la ofensiva verdolaga logró la incomodidad del conjunto paisa que no se halló en la grama del Campín, la misma que tantas alegrías le ha dado. Robayo y Estrada, los artífices de esa incomodidad. Marlos e Ibarbo fueron intrascendentes y no pesaron gracias a ellos. Millonarios presionó desde bien arriba la salida de Nacional, lo invitó al error, lo sofocó y lo arrinconó. Dos presiones, dos errores, y dos goles vitales de David Macalister Silva, un jugador que ayer en especial sudó su camiseta, y que permiten que el cuadro embajador pueda encarar lo venidero desde la tercera posición, gane confianza y se consolide su forma de jugar, a veces criticada por muchos, pero eficiente. Un párrafo aparte fue el gol del descuento nacionalista. Tan aparte que fue producto de un descuido del arquero Vikonis que no trascendió, salvo por la actitud arrogante de su autor, Berrío, quien lo cantó a rabiar sin entender que faltaba hacer otro para salvar la noche.

Ganarle a los grandes y más de la forma en que se logró ayer tiene que tener al hincha azul contento. Ellos sí que saben corresponder a los buenos resultados y al buen fútbol adornando y coloreando de azul el estadio, como lo hicieron ayer. Esta es la forma en que los hinchas de Millonarios piden que su equipo juegue y demuestre pundonor por los colores que defiende. Para el fútbol nuestro, siempre será mejor ver a los grandes arriba en la tabla y peleando el título, siempre. Atlético Nacional deberá entrar en un periodo de reflexión, puesto que ayer nada salió, ni la calma, ni la definición, ni la paciencia ni mucho menos, el fútbol. Felicidades a todos los Embajadores, dueños del último clásico. ¡A disfrutarlo!

Por: Iván Liévano // @ivanlievano

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Fútbol, Gol Caracol

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09

mar

2016

Atlético Nacional: un fútbol que ilusiona

Entender que la Copa Libertadores es un torneo complejo, lleno de factores ajenos a lo futbolístico, aguerrido y competitivo es tan fácil como caer en el juego de la ilusión. Atlético Nacional despierta hoy entre sus seguidores esa sensación de: “Y si no es ahora, ¿cuándo?”; “ Si con este equipo no es, ¿entonces con cuál?, y preguntas por el estilo.

La realidad es que cada partido que vemos de esta máquina verdolaga -porque todo hay que decirlo, es una máquina de variables, de fútbol, de propuestas, de táctica y velocidad- genera cierta ilusión que debe hilarse muy delgado para no caer en confianzas ni agrandamientos. El de ayer ante el histórico Peñarol, cuyo fútbol quedó en eso, en historia, fue un partido complejo, con un rival que vino a especular, guardarse y esperar a ver qué pescaba si se le presentaba un río revuelto. Atlético Nacional propuso fútbol desde el vamos, con varias aproximaciones que no llegaron a feliz término, sin embargo “ El Manya” con cada minuto que pasaba se sentía más cómodo en la grama del Atanasio Girardot con su doble línea de 4, inclusive a veces defendiendo con 9 hombres ubicados por detrás de la línea de la pelota. Los espacios no se daban, cada vez era más difícil traspasar el cerco defensivo montado por el “Polilla” Da Silva. Sin embargo, una jugada de otro partido, el tiro de Bocanegra en el segundo tiempo y un gran gol para él, confeccionan otro partido.

A partir de ese momento los uruguayos entienden que hay que proponer, sin entender por qué no lo habían hecho antes. Los espacios se crean y las gacelas comienzan a divertirse. Ibarbo, Marlos Moreno y Copete fueron de nuevo demoledores, con un Guerra y un Sebastián Pérez respaldándolos. El segundo gol llega fácil: un contragolpe letal, yo te la doy, freno implacable,  tú me la devuelves, y adentro, para seguir consolidando a este jovencito Marlos Moreno como una de las figuras no sólo del equipo, sino del torneo continental.

Con el  marcador a favor: tiempo para variables, tiempo para confundir más al rival y experimentar otras cosas. Macnelly Torres ingresa enchufado y propone más colectividad. Un par de movimientos más se generan dentro de la cancha. Reinaldo Rueda sabe lo que hace, y este equipo le permite hacer cosas que no se habían visto con la exitosa versión de Juan Carlos Osorio. Fin del compromiso, un gran resultado que permite liderar la tabla del grupo 4 que comparte con equipos que la verdad no han ofrecido mayor cosa, aunque eso no es culpa de Nacional, y permite que el hincha hoy amanezca diciendo: ¿Será que me ilusiono? ¿Será que puede ser esta vez?

La ilusión se consigue gratis. Es fácil obtenerla. Dicen que es mala. Sin embargo este gran Atlético Nacional, entiendo que el camino es “largo y culebrero” y que la confianza en exceso es perjudicial, puede regalar grandes alegrías a toda su hinchada y al país. Y si es gratis, entonces ilusionémonos.

Por: Iván Liévano Martínez // Twitter: @ivanlievano

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Fútbol, Gol Caracol

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