08

abr

2016

Hinchas indeseables

Mala idea esa de cambiar de ubicación mis tres (3) abonos que juiciosamente pago cada semestre.

Llegué el primer partido en El Campín frente a Patriotas y encuentro que la nueva ubicación coincidía con la ubicación de una barra en oriental alta que lleva sus banderas, sus trapos, sus instrumentos y su buena onda para alentar a Millonarios durante los partidos.  Mala puntería la mía al escoger unas sillas donde se ubica esta barra, no digo su nombre pero la respuesta fue del siguiente calibre cuando interpelé cordialmente al ocupante de las sillas de mis tres (3) abonos:

“Yo de aquí no me muevo, yo vengo con esta banda y haga lo que quiera, llame al que quiera que de acá no me muevo…..¿O qué va a hacer…?”

Era un tipo con la misma camiseta que la mía, compartimos el mismo amor por un equipo de fútbol pero con una mirada de buscarme y provocar una pelea, claramente con modales de taxista de Uldarico.  Este personaje no estaba dispuesto a ceder debidamente el asiento a quien honestamente lo había adquirido.  Para no hacer largo el cuento decidí irme como gitano a buscar ubicación en otro lado  y así he deambulado con mi esposa e hijo de aquí para allá en Oriental Alta de El Campín en estas fechas de local. Porque la logística sirve de muy poco apoyo y la policía pareciera estar más para demorar la salida de los hinchas al final del partido que para proteger a un ciudadano como dice (Ja!) la constitución de este país.

“Ah! mucho ingenuo, es que en Oriental nunca se respeta eso, hay que madrugar”, dirá la mayoría.  Hay sectores de Oriental Alta en donde sí se respeta ese derecho a una silla escogida, valga la pena decir.

Las barras populares en Norte y Sur (y algunas en Oriental) están repletas de gente predominantemente joven y buena.  No digo que santos y monjas, porque esa no es la realidad.  Gente que en su mayoría va a ver a su Millonarios del alma, cantar, saltar y hacer parte de la buena fiesta en las tribunas.  Pero al lado de esos muchos buenos conviven unas lacras que desde hace más de 20 años echan a rodar el nombre de Millonarios en los medios de comunicación y en los últimos años también en redes sociales por su delincuencia rampante.  Lacras como la que me logró intimidar, a mi esposa y a mi hijo de diez (10) años al pedirle amablemente que me cediera las sillas en virtud de la adquisición de unos abonos.

Esos delincuentes mimetizados entre los grupos de barras numerosas, particularmente la Blue Rain y Los Comandos Azules, logran un indeseable efecto de grupo que es la adopción de un comportamiento individual agresivo y multiplicarlo hasta llevarlo a niveles exponenciales y masivos.  Tal como ocurrió en el partido de local Vs Deportes Tolima cuando un grupo de -qué se yo-, 100, 200 muchachos de la Blue Rain (el número no importa finalmente) se bajaron a la lateral sur baja a buscar bonche con la barra visitante ubicada en Oriental Sur.

Son esos indeseables los que se van en bus a cualquier estadio a ‘hacer el aguante’ pero también a otras cosas.  Camuflados entre el grueso de una barra desatan comportamientos estúpidos masivos.  Son provocadores, se salen de un libreto establecido de ir a apoyar a un equipo y generan desórdenes, piedra va, piedra viene, vidrios rotos, corridas, carros afectados, vecinos inocentes con sus fachadas destrozadas, en Bogotá y en cualquier ciudad, en cualquier peaje, en cualquier carretera.

Logran el mismo efecto lamentable y generalizador de decir que todos los colombianos son traficantes, que todos los argentinos son soberbios o que todos los que viven en un litoral son perezosos, solo por unos pocos.  Logran consecuencias dolorosas para Millonarios como el cierre tribunas, cierre de ciudades (cosa absurda en estas épocas), cierre de estadios para hinchas que de verdad sí quieren ir a ver jugar al glorioso azul y blanco.  Logran que se generalice con estigmas a una grandísima hinchada.  Logran que se el odio se arraigue por años y años contra nosotros por los comportamientos de unos imbéciles con poca materia gris.  Hay hinchas que viven en otras ciudades y que van con su familia a ver jugar a Millonarios una (1) sola vez al año y se ven directamente afectados por esos mamarrachos.

Dicen de las barras Blue Rain y Comandos Azules que van -ahora sí- a carnetizar a sus miembros.  Está bien, no sobra, claro.  Pero el asunto así puesto como una identificación no soluciona de fondo el asunto.   Para eso ya está hecha la trampa: esos pocos indeseables van a filtrarse de nuevo suplantando a otro y/o duplicando esos carnets.  No muchachos, el asunto va muchísimo más allá.

Por supuesto que en un clásico contra Nacional todo El Campín sea local, azul y con hinchas azules, de camiseta y alma azules.  Pero no es sacando a patadas a gente que no lleva un código de vestuario que nadie está obligado a usar.  No será lo que ocurre regularmente en el Atanasio Girardot lo debe marcar la manera como debemos responder al maltrato de allá para nuestros hinchas, creo yo.  No podemos olvidar que la gran prensa está es en Bogotá, la que hace visible y con mayor volumen las cosas malas que ocurren en El Campín.

La Ley 1445 de 2011 http://wsp.presidencia.gov.co/Normativa/Leyes/Documents/ley144512052011.pdf firmada por JMSantos establece en sus artículos 14  y 15 sanciones económicas y castigos de prohibición de ingreso a escenarios deportivos hasta por tres (3) años. Para ser crueles parece que nada de eso se aplica pero el asunto pasa más, creo, por un profundo y exigente escenario de control desde lo institucional (Azul y Blanco S.A.) y de las propias barras a su interior.

Le corresponde al grupo directivo de Azul y Blanco S.A. una estrategia de empadronamiento o censo de los hinchas, con huellas dactilares y reconocimiento biométrico para vender la boletería a quien sí corresponde: a la hinchada con la logística necesaria y operativamente eficiente que así lo permita. ¿Que eso cuesta y demora mucho, Señores Serpa y Camacho?, Sí, pero es necesario.  Que la policía sepa quien entra y quien ocasiona líos para individualizarlo (que hoy no ocurre porque vaya uno a saber quien protege el hampón).    Pero eso de mandar a la calle boletas disponibles, diciendo vagamente que “solo se permite el ingreso de hinchas de Millonarios” es para que se produzcan cosas desafortunadas dentro del estadio.  Nadie controla nada y sí hay mucha desgracia junta.

Que cada quien grite lo que quiera en un estadio de fútbol porque este deporte está repleto de hinchas que desahogan su pasión por unos colores. Pero que las barras tengan el suficiente rigor y autocrítica permanente, liderazgos visibles y decisiones valientes para que erradiquen PARA SIEMPRE a los delincuentes que hacen parte de ellas.  Sean los que sean, amigos de quien sean, vivan donde vivan y tengan el negocio que tengan a favor de la barra.

Más que una pérdida futbolística me duele que el nombre de mi amado Millonarios esté de micrófono en micrófono por culpa de agresores de personas, infraestructuras de estadios.  El que se atreva obrar como delincuente llamándose hincha de Millonarios es indigno de portar sus colores y escudo.  En cualquier tribuna, en cualquier estadio, en cualquier partido.

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Minuto 91:  Lanzar camisetas a una hinchada que acompaña genera desmanes y peleas.  Y es bien tribunero. Como en Manizales.

Minuto 92: No faltará el que no sepa leer y mucho menos entender lo anteriormente escrito y empiece a lanzar descalificaciones e improperios.  Debe ser uno de esos que logró que cerraran las tribunas norte y sur de El Campín por cuatro (4) fechas.

 

 

 

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